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lunes, 6 de febrero de 2023

¿Quién te salva del Apocalipsis? Piensa, piensa.


(Post rescatado del 2022, y a su vez del 29 de setiembre del 2018) 

 Rebuscando en mis archivos he encontrado un post del 2018 que me ha parecido genial, digno de rescatarse. Incluye una pregunta de mis guías y una toma de consciencia. Me viene muy bien releerlo al día de hoy, 9 de agosto del 2022

29 setiembre 2018 

Estoy a vueltas con lo apocalíptico, porque hoy acabé de leerme online un libro de una señora del mundillo "contactado" con entidades espirituales "x". No digo nombres porque no quiero hacer cotilleo, sino hablar del fondo del asunto. (Yo es que me leo todos los libros autobiográficos que encuentro, de personas a las que les "pasan cosas raras". Aunque no soy fan de los sectores en los que se mueve esta señora, de todo relato vital aprendo) 

Resulta que la mujer cuenta que tuvo un sueño apocalíptico super intenso y terrible siendo adolescente (más o menos a finales de los años 70), en el que todo era arrasado con bombas nucleares, un panorama devastador. La angustia en el sueño desaparecía cuando, al cabo de un tiempo, vio unas luces en el cielo, pensó que serían helicópteros del ejército que venían al rescate (aunque era improbable, porque la devastación era casi continental) y resultó que no, que eran ovnis. De ellos salieron unas personas guapas y maravillosas que, en un clima de "paz, amor y bien", se dedicaron a cuidar a los heridos y a sanar a todo el mundo con "la energía" y sin necesidad de nada más. 

La joven fue tocada en el corazón por la energía de esos seres y eso cambió su vida... Aunque aparcó el sueño durante años, más tarde, a raíz de adentrarse en el yoga, desarrolló ciertas sensibilidades, y el resto de su biografía es un deambular por toda clase de vivencias, en las que el elemento sanador/extraterrestre aparece una y otra vez. 

La cuestión es que recibió mensajes reiterados, a través de diversos médiums, supuestamente de parte de esos "extraterrestres" de su sueño, según los cuales la tierra viviría una devastación similar a la del sueño, y eso sucedería en breve y por esa razón ella debía convertirse en sanadora, para poder ayudar cuando eso pasara. "En breve" significaba alrededor de los años 80, pero pasaron los 80, los 90, y nada. 

Ante las preguntas de qué pasaba con la catástrofe (porque la mujer sí hizo todo lo aconsejado para volverse sanadora y creó círculos de sanación, etc) los seres aquellos le decían que había sido aplazado, pero era "inminente". Y así hasta el 2012, con aquella retórica que hubo sobre la tan mentada "Ascensión" planetaria y final del mundo, y de nuevo todo se aplazaba... la catástrofe del Fin del Mundo no llegaba, aunque toda la vida de esta mujer, la de su marido y muchas más personas, había sido rehecha y reconstruida desde la base, supuestamente para prepararse para el final. Y así siguen... 

Todo junto me recuerda a cuando, en los primeros años 80, muchos vivimos con el terror de las bombas nucleares que hubo durante la Guerra Fría. Entre los 70 y los 80 muchas personas llegaron a construirse refugios anti atómicos, subterráneos, en sus terrenos particulares. Luego aquello pasó... 

Realmente, si hubiera habido una catástrofe de tal magnitud, no sé yo si es bueno o malo sobrevivir en un refugio, o morirse a la primera, porque la agonía sería más corta. Depende del tipo de apocalipsis que uno se imagine, sobrevivir es casi peor que palmarla rapidito. En fin... 

Pero traigo esto a colación porque, tras leerme este libro, he pensado en la recurrencia en todo el tema de alienígenas y extraterrestres, de los anuncios apocalípticos. Es que es un clásico. 

 Por ejemplo, en el libro "Abducciones" del psiquiatra John Mack que me leí hace meses, varios de sus pacientes relataron sueños similares al que vivió esa mujer, tras su shock post traumático: TODOS esos pacientes pensaban que había un Apocalipsis inminente, pero el libro narra acontecimientos de los años 60´-70´. 

Todos esos pacientes han ido haciéndose mayores sin ver el apocalipsis anunciado para "ya, enseguida". Cosa de la que me alegro mucho ¿eh?. En serio. Porque prefiero que no hayamos explotado en pedazos o muerto en masa. Pero el tema da qué pensar. 

Estaba pensando todo esto y he revisado de nuevo mis propios sueños apocalípticos. Los primeros fueron hace muchos años, y trataban sobre inundaciones, tsunamis y cosas así. Los segundos, eran  terremotos y tal. Los de ahora, son con fuego. En todos ellos, sobrevivo y nunca lo hago sola, sino que al final me veo buscando un nuevo lugar para vivir con un pequeño grupito. 

Entonces, revisando esto, mis guías, muy agudos ellos, me han preguntado con tono de maestrillos: "¿Y bien? ¿Quién te ha salvado en esos sueños?"

Ah, interesante pregunta. Porque claro, la gente que sueña con Apocalipsis y ovnis, son rescatados por naves espaciales o ayudados por seres de otros mundos que aterrizan para ayudar. Los cristianos mesiánicos creen que pronto vendrá el fin del Mundo y Jesús les salvará, etc. Pero ¿Y mis sueños...? ¿Quién me salvaba?

Pues nadie me salvaba. Me salvaba yo gracias a una especie de sexto sentido, siguiendo una sensación profunda que me iba alertando o inspirando. Y luego con esfuerzo, ya en un grupito de supervivientes que nos íbamos juntando, abriéndonos camino por un mundo en caos. Pero ni ovnis, ni Jesús, ni nada. A mí no me salvaba nadie. 

Bueno, espera, ¿he dicho nadie? Un momento, porque tal vez sí hubo alguien... De golpe me he acordado de un sueño que tuve hace muchos años en el que huía de Barcelona debido al anuncio o presentimiento de un terremoto o destrucción total e inminente, y me acababa encontrando con unas misteriosas "niñas" que no eran tales, porque entraban y salían de la tierra, en un barranco junto al camino. Y entendí que eran una especie de "hadas", aunque realmente no sabía cómo llamarlas. 

Esas "niñas" se burlaron de los zapatos de tacón que llevaba yo en aquel entonces: "Así no vas a poder ir muy lejos". Yo me enfadé y les dije, desafiante, que si fueran hadas de verdad me ayudarían en lugar de burlarse de mí. Entonces ellas me llevaron a un lugar al que se entraba por unas raíces de árbol y allí se convirtieron en ancianas milenarias y antiquíiiiisimas, que vivían en un mundo subterráneo, fusionadas con la tierra y las raíces. 

Las "ancianas/niñas" eran amor y sabiduría profundísimas, tanto que no se podía ni soportar aquello y mi mente colapsaba. Me regalaron un librito minúsculo, vivo, que cabía en la palma de mi mano. Se titulaba "El libro de las flores pequeñas" y parecía que trataba de las flores, pero en realidad trataba del florecer en lo pequeño y del poder de lo pequeño. Era un libro de tapas blancas del que brotaban diminutas flores blancas, porque estaban vivas. La energía que desprendía el librito con sus florecitas era de tal tipo, entre ardiente y sagrado, emotivo y viviente, que me costaba soportarla y yo nada más lloraba. 


De golpe me encontré de regreso en el camino, sin poder recordar cómo fue la entrada ni la salida, ni apenas nada de lo sucedido en ese mundo subterráneo sagrado y maravilloso (como si mi mente no fuera capaz de enfocarlo o abarcarlo) Pero el librito vivo sentí que estaba "dentro de mi" (como si hubiera entrado a mi interior atravesando la palma de mi mano) y con mis manos agarraba otro regalo de las "hadas" o ancianas-niñas de las raíces: un par de botas de cuero, para que me las pusiera y anduviera por los caminos del campo. 

Moraleja: lo primero son los pies. Y por favor, no lleves más esos tacones horrorosos y anti-tierra. Y deja el mundo fashion, hazte un favor, ponte unas buenas botas de montaña o de caminante y vete al monte. Fin.

Al recordar este sueño hoy, (gracias a la pregunta de mis guías) he entendido que, en realidad, sí recibí ayuda, pero no fue un acto de "salvarme" en plan "hacérmelo todo" sino que consistió en darme visión/inspiración y semillas para un futuro. Porque me desperté de aquel sueño cambiada y maravillada. Aun vivía en Barcelona, tenía mi vida de fashion victim-diseñadora, etc, pero aquel sueño no me dejó igual. Yo huía de una catástrofe devastadora y acabé en un mundo de raíces y seres sagrados con flores blancas diminutas brotando de un libro ... Uf. 

¡Aquello chocaba tanto con mi vida...! Y de algún modo, me encontré añorando la vida del sueño, y sintiendo lo estéril y condenada a la "destrucción" que era la otra. 

Hoy he comprendido que, así como en la vida de esa señora del libro que me acabo de leer, su sueño le mostró los extraterrestres salvándola y al final resultó que iban a ser recurrentes en su mundo interior, a mí los sueños me mostraron -ya hace muchos años-, que mi camino tendría que ver con la Tierra, con las ancianas ocultas (Las Abuelas Primeras, y Las Abuelas Tierras) y con las raíces de los árboles y de todas esas cosas arborescentes. 

Claro que en su dia no lo entendí, porque me faltaba mucho por vivir y aprender. Así que durante un tiempo me atasqué pensando en el concepto "hadas", tratando de entender qué hadas ví, y era una pérdida de tiempo, porque no se trataba de eso. La mente traduce como puede las realidades soñadas que la superan, y yo pensé en "hadas" solo porque ví "niñas mágicas" y, en mi cultura, ambas cosas tenían una conexión. Por lo demás, ni siquiera he entendido aun hoy el significado del librito aquel... Aunque puedo sentir su energía si lo evoco. Y me vuelvo a emocionar. 

 Pero hay más. Porque en los sueños que he tenido este año de devastación por fuego, si me fijo, ¡también he recibido ayuda! Ángeles... Solo que además de eso, era como si yo estuviera siendo llamada a formar parte de una especie de defensa de un lugar. 

Ahora he estado observando este lío de sueños últimos de destrucción por fuego, y al juntarlos con el de las ancianas-de las raíces y los de los extraterrestres que narra tanta gente, he visto un patrón. Tiene sentido que cuando huía de terremotos (elemento tierra) hace décadas, me ayudaran unas entidades subterráneas, es decir "de la Tierra". Ahora estoy en el elemento fuego, y es distinto porque además mi rol en los sueños es más activo y hay una encrucijada en la que se me ofrece implicarme en una especie de "defensa". 

Ha sido inquietante soñar a veces con ángeles destruyendo algunos espacios con fuego, pero ¿No tuve en el pasado varios sueños chamánicos en los que yo misma fui destruida por el fuego, todo para quemar lo viejo de mi ser, y renacer de otra manera? ¿No existe un fuego que transmuta y sana? ¿Y si estos sueños se refirieran a eso? ¿Y si reflejaran una posibilidad, que es participar en la "destrucción" de lo caduco, lo podrido, lo tóxico? 

Cada elemento funciona de una manera. Y para mí, los ángeles siempre han sido de fuego, de manera que es normal que, en mi mundo onírico, salgan asociados con el fuego. Y existen algunos ángeles destructores. Podrían verse entonces como "fuegos destructores". Serían como la fiebre. Incomodan, pero purifican. Así que me he dado cuenta de que los sueños en el fondo, se cumplen, porque expresan verdades que laten con nosotros, solo hay que saberlos interpretar. La destrucción del mundo suele reflejar la destrucción de nuestras vidas internas, de nuestros esquemas o, a veces, de familias o sociedades enteras debidos a grandes crisis. 

Por suerte, estos sueños rara vez responden a hechos materiales tipo guerra o catástrofe literal. No es que sea imposible que suceda (y a veces, pasa) pero vamos a decir que no es lo más común que los sueños apocalípticos se cumplan "material y literalmente". Y cuanto más fantásticos son los elementos del sueño, más visos hay de que estén simbolizando otra cosa y haya que interpretarlos en otro nivel. 

Extraterrestres, hadas, ángeles, viejas en las raíces... Los extraterrestres simbolizan sin duda un camino de manejo de energías 100% mentales, sin mucho contacto con la Tierra. De hecho, la señora del libro afirma que aquellos seres le dijeron una vez que nunca habían estado encarnados. Lógico. Me cuadra. Y por eso los grupos de personas que "siguen" a los et´s como guías, añoran las naves espaciales y tienen tanto déficit de tierra. Pero las viejas en las raíces son otra cosa. 

¿Y los ángeles? El fuego creador que late en cada cosa. Una energía difícil de describir, que quema y da vida a la vez. Amada y buscada en su faceta hermosa y vivificante, pero temida y aterradora cuando hace con tu vida una hoguera de la que no queda nada, salvo el huevo del ave fénix, y eso si lo incubaste dentro con cuidado alguna vez. 

                                       

En resumen: si ahora sueño tanto con destrucción por el fuego, será que mi vida interior actual se va a ir al traste again (qué le vamos a hacer), pero como en esos sueños también me ofrecen implicarme, será que hay "huevo" y bueno, habrá un renacer y una nueva etapa en alguna parte, esperándome. 

Puedo oir a mis guías haciendo guasa, Anubis el primero, aplaudiendo y diciendo: ¡Bieeen, lo has entendido por fin! (Plas, plas, plas)

Y la pregunta para quienes lean esto y también tengan sueños de catástrofes, es: ¿Y tu apocalipsis cómo es? ¿Te ayuda alguien? ¿Quién o qué te salva...? Porque lo que salga en tus sueños, tiene que ver con tu alma y con las energías y realidades que te van a acompañar en los años venideros. 



jueves, 2 de octubre de 2014

Los ángeles guerreros y los niños.




(Arriba, fragmento de pintura de Oleg Korolev)
 

Hay quien cree que nunca ha notado la energía de los ángeles, pero se me ocurre que tal vez no sea así. Podría ser que algunas personas hubieran sido visitadas por ángeles y no se hubieran dado ni cuenta. ¿Por qué? Pues porque nos han metido en la cabeza la idea de que los ángeles son criaturas de aspecto antropomorfo y sereno, bonito, casi divertido o en todo caso elegante, de colores pastel y ademanes...como de bailarinas con tutú. Casi. Ejem.

Ahí va una anécdota para romper esquemas en honor a los ángeles guardianes y sus muy variadas formas y estilos.

Diciembre del 2004, un día cualquiera por la tarde. Me encontraba sentada tranquilamente en mi cafetería favorita de mi barrio de aquel entonces, en Barcelona. Con mi té de jazmín, y mi diario de "movidas" relativas a mi proceso espiritual, sumergida en la escritura de las últimas cosas que había vivido. Era mi manera, en aquel entonces, de reflexionar y también tomar distancia mental de las experiencias internas que tenía, ya que era muy, muy novata, y estaba muy, muy sola en aquello. Así que, para no sentir que se me iba la pinza, me lo tomaba todo como un detective que anota pistas extrañas, enigmas. Y lo anotaba para investigar cada cosa, para reflexionarla. Eso tranquilizaba a mi parte racional.

Bien, pues estaba yo toda racional con mi escritura, cuando de repente noté lo irracional: un cambio en la energía. "Oh, oh, una presencia se acerca", me dije. Miré hacia la puerta de cristal de la cafetería y no ví nada con mis ojos físicos, pero con los ojos del alma sí, porque ví una figura de fuego, o mejor dicho hecha como de materiales incandescentes, color naranja, como las brasas del fuego o el metal fundido, o algo así. 

Ese "ser" atravesó la puerta, se plantó ante mí y, sin decir nada ni darme tiempo ni a saludar, ¡zas! metió una de sus, hum, extensiones (¿eso era un brazo?) en mi pecho y me agarró el corazon. ¡Ras, ras, zas...! Casi sentí el crujido de mis costillas y mi corazón que entraba en ignición espontánea, como si fuera estrujado, retorcido y recolocado por una especie de zarpa ígnea.

Luego, el "ser" sacó su, hum, extremidad-mano ardiente de mi cuerpo. Yo estaba sin palabras, tratando de procesar, no me atrevía ni a preguntar. Quería mirar al "rostro" de eso para saber cómo era, pero en realidad no me era posible. Era como si una fuerza enorme me dejara noqueada, con mis ojos mirando hacia la mesa y mi libreta de notas, y me impidiera, ese campo de energía, levantar la vista para buscarle los "ojos" a esa entidad. No era miedo lo que yo sentía, era vértigo interior. Intuía que incluso aunque hiciera un esfuerzo, mirarle hubiera sido...

- No puedes mirarme -dijo la entidad.- Soy un ángel guerrero y no estás preparada para afrontar lo que mis ojos podrían comunicarte.
- Ah -respondí, sin saber qué más decir.

(Recuérdese que yo estaba en una cafetería, por la tarde, es decir en un espacio público, y que eran mis primeros meses en ese camino de percepción y de escucha, ignorante total. Así que no estaba ni remotamente esperando una aparición así, ni tenía un referente para lo que estaba percibiendo)

El "ser" me dijo luego:
- He hecho algo en tu corazón porque necesitas más coraje. Coraje viene de corazón. Y te faltaba coraje para lo que te vamos a pedir que hagas.
- ¿Qué me vais a pedir? - pregunté casi con miedo.
- Que vayas al hospital "tal" a buscar unos niños que están atrapados ahí. Sufren.
- ¿Niños... muertos? -pregunté, aunque por la trayectoria que yo llevaba, intuía la respuesta afirmativa.
- Sí. Niños muertos con demasiado miedo, que han sido presa de monstruos que los mantienen aterrorizados.
- Pero...-protesté yo, que empezaba a recuperar mi "tono" y presencia- Un momento, creí que los niños estaban bien protegidos espiritualmente. Más protegidos que nadie, de hecho. Por ejemplo por ángeles.
- Si un niño muere a solas y con demasiado sufrimiento y miedo, "otros" seres se acercan y se los llevan a sus pesadillas. No podemos llegar a ellos sin ayuda humana, porque la vista y la atención de esos niños está más fija en los mundos humanos que acaban de dejar, que en el nuestro.
- Pero ¿y sus padres y madres? ¿No pueden ayudarles ellos? ¿No es su amor una protección?
- A veces los padres y madres también han sido pasto del miedo, la angustia y la desesperanza. Es un tema complejo. Otras veces ni siquiera están ahí para los niños porque los han abandonado. Si te ven a tí, irán contigo. 
- ¿Y porqué ángeles guerreros? -pregunté yo, que tenía un preconcepto muy marcado de cómo debía ser un "ángel de la guarda protector de niños", y no me ebcajaba con un ángel guerrero (es que yo aun estaba imbuída por las tonterías de la cultura flowerpower que imagina angelitos de algodón rosa o azul)

En ese instante, el ángel guerrero me miró intensamente. No lo ví, lo noté, porque me sentía casi atravesada por su consciencia, que me transmitía demasiadas cosas, realmente, para mi entendimiento del momento. (Téngase en cuenta que este diálogo es una reconstrucción posterior... la mayor parte del mismo fue sin palabras. Y han pasado muchos años)

El caso es que sentí un mareo, mucho calor (¡uf, uf!) pero la respuesta me llegó: "El sentido de ser de los ángeles guerreros es proteger a los inocentes. Sobretodo y principalmente a los niños. Ahora ya lo sabes. ¿Vas a ir al hospital?"

Procesé el dato: guerreros/niños. Ah. ¡Era muy distinto a la idea que tenía de los guerreros! Pero aquello tenía sentido. Un profundo sentido. Lo podía notar aunque todavía no lo entendiera. 
Acepté y dije:
- ¿Y qué tengo que hacer?
- Basta con que entres en el hospital tras haberte entregado a las "Fuerzas de Ayuda", y vayas a la sección tal. No tienes que hacer nada más. Los niños te notarán y te verán y serán atraídos por tu energía. Tú solo manten tu foco en el amor, y no pienses nada, ni visualices ni imagines nada, ni intentes "escuchar" nada. Porque no podrás ni oir. Y es que en cuanto entres por la puerta del hospital, serás asediada por los niños, pero también por sus perseguidores y otras "cosas" peores. Tú ni caso. Te das un paseo despacio, pero sin pausa, por ese lugar, y cuando termines el recorrido, sales sin detenerte. Nosotros haremos el resto.
- ¿Y cuál es vuestro papel, si es tan simple como que los niños vendrán a mí? - pregunté.

El ángel volvió a mirarme y me llegó algo así como una idea de "liquidar/ exterminar/ destruir". En una palabra: iban "a muerte". 

Y uf, me dio miedo. Yo era no-violenta en aquel entonces, tenía el cerebro lavado como tanta gente y creía que toda violencia era mala, siempre. 
El ángel me escuchó pensar y me respondió:
- Tú entras, y nosotros vamos contigo, porque al aceptar este encargo, y con lo que te he hecho en el corazón, vamos a estar unidos de manera irrompible. Y sacamos a los niños de allí, sí, o sí. No habrá negociación. Esos "monstruos" no querrán soltarlos, porque ¿has visto algún depredador que suelte deliberadamente a su presa? Sólo por obligación lo hacen. Así que no les vamos a dejar opción. Esto consiste en sacar a los niños de ahí y ya está.
- Pero ¿no podíais haber estado ahí antes, cuando esos niños murieron, para protegerles y evitarles el horror? (Yo no paraba de argumentar, porque mi cabeza estaba llena de ideas prefijadas)
- Es necesario el eslabón humano. Cuando alguien sufre demasiado, no tiene consciencia despierta, y muere solo, desamparado y sin consuelo, da igual si estamos ahí, porque no nos va a sentir. Estos niños murieron en completa soledad y desesperación. Ya lo entenderás.
- De acuerdo, iré.

En cuanto acepté el asunto, sin decir ni adiós, el ángel se marchó dejando un rastro de luz incandescente anaranjada. El corazón me dolía, y en el centro de mi pecho (allí por donde había sido "atravesado" por el brazo angélico) notaba tirones y tensiones, una movida intensa. Pero me sentía eufórica, como si me hubieran inyectado una energía espectacular, fuego, intensidad. Además, descubrí que a una parte de mí le gustaba ese "estilo" angélico, esa contundencia. ¿Acaso no merecían eso los niños...? 

Fui temporalmente contagiada de la contundencia y pasión que tienen los ángeles guerreros, entendí por primera vez lo que es el auténtico "ardor guerrero" y me quedé pensando en ello los días siguientes. 

Hoy pienso que tal vez muchas personas de mi mundo son visitadas e incluso acompañadas, impulsadas e inspiradas por ángeles, pero no lo saben. No saben que sus ataques de indignación, de contundencia, y su deseo de acción eficaz pueden proceder de un contagio angélico. No hace falta sentirse con alas en los pies y envuelto en color rosa o dorado para preguntarse si hay un ángel por ahí cerca. La vena justiciera, la voz que no puede reprimirse más y suelta una verdad como un templo que deja a todos ko, también puede ser reflejo de una inspiración angélica. 

Hay muchos tipos de ángeles y todos son necesarios. Viene bien un reposo con suavidad para dormirse (con los guerreros ¡imposible! ja ja), pero viene bien un guerrero letal para sacar a alguien de las garras de un infierno, caiga quien caiga en el camino. Porque, tal y como ellos me han dicho luego más veces, un alma humana no tiene precio y en ocasiones no hay opciones: se hace algo sí o sí, y pobre del que se meta por el medio a intentar impedir el paso de esos ángeles. Terminator es un aprendiz al lado de los guerreros, aunque se le parece un poco en el estilo, ja, ja. 

En nuestro cómputo de tiempo lineal, puede pasar mucho tiempo entre una caída en las garras de algo dañino, y una liberación, pero al final la libertad llega. La justicia se realiza. Faltan, eso sí, humanos que acepten ser eslabones entre el cielo y los infiernos. Humanos que se entreguen para canalizar los aspectos más feroces e inteligentes de lo angélico, porque para ir a ciertos infiernos y salir de allí con éxito, no se necesita menos.

***

Mi incursión al hospital fue muy sencilla, tal y como me habían dicho. No me enteré de nada, pero la movida vino después. Salí entumecida, densa, pesada, "espesa". Luego, ya sentada y a solas, empecé a sentir las energías que iban conmigo y empecé a entender mejor el asunto. Eran fantasmas de bebés... y cuando me pregunté de dónde salían tantos, escuché que muchos eran "abortos tardíos"...Uf. Otros no, pero igualmente eran demasiado pequeños, y demasiado abandonados como para saber nada, ni entender nada. 

Esas presencias lloraban agarradas a mi cuerpo y se veían como lapitas grises, aferradas desesperadamente a mis caderas y mis piernas, esperando y deseando que yo fuera su mamá, o hiciera de mamá para ellos, aunque solo lo sentía telepáticamente porque no hablaban. Y entendí entonces el asunto. ¡Por eso los guerreros me vinieron a buscar, se necesitaba una mujer! Ante una mujer amorosa, esos bebés le saltarían encima sin poderlo evitar, porque todo su instinto era buscar el refugio de mujer que pueda ser mamá. Y una mamá, si es amorosa, si está muy presente y está segura de sí, porque además va rodeada de bestias guerreras (como era mi caso) siempre puede más que los monstruos. 
¡Faltaría más...!

Luego, mis Guías me ayudaron a amar a los bebés, pero sin apegarme a ellos. Porque claro, no podían quedarse conmigo demasiado tiempo. Yo no podía ser su madre más que fugazmente. Hubo un proceso ahí, y jugué realmente un rol de "eslabón humano" porque luego los entregué suavemente en brazos de otras presencias espirituales más adecuadas, que se los llevarían a otra dimensión o mundo donde iban a poder, por fin, sanarse, reposar y encontrar la paz.

Nunca más he vuelto a vivir una cosa similar (un ser de fuego irrumpiendo en mi rato de lectura en una cafetería), ni me han vuelto a pedir nada así (ir a un hospital para rescatar almas), aunque es muy común que si hay algún espíritu infantil allá donde sea que voy, se venga corriendo hacia mí y me de cuenta después, o dias más tarde. En cuanto a los espíritus de abortados, ¡uf! No han cesado de llegar a mi espacio, pero eso es otro tema, enorme, que merecería un libro entero. 

Sea como sea, ha pasado mucho tiempo, y ya no tengo una barrera o un miedo hacia esa clase de cosas. Son procesos que ya funcionan "solos" en mi energía, por así decirlo, y solo soy informada de un evento cuando las particularidades de los muertos requieren que yo tome consciencia de algo, o escuche algo que ellos me quieren decir.

Algunas peticiones que acepté realizar, relativas a "rescates de almas", me están llevando años y no sé ni siquiera si podré culminarlas. En fin, se hace lo que se puede. Para todo esto se necesita más consciencia. Más perspectiva. Y llego hasta donde llego. 

Y eso es todo por hoy, que no es poco. Vaya historia os he contado. Parece un cuento, y sin embargo no lo es. ¡Nunca un té de jazmín dio para tanto...!