martes, 11 de agosto de 2015

Santa Marta, San Miguel y la fuerza defensiva de la vida y la infancia. (Mito y chamanismo europeo)


La leyenda de Santa Marta es de lo más curiosa. Por una parte, está la historia del evangelio, que nos pinta a una Marta muy práctica, siempr...e preocupada por satisfacer las necesidades de sus comensales (entre los cuales solía estar Jesús) y poco dada a fantasías. (Por eso la convirtieron en la patrona de la hostelería)

Luego está la leyenda "extra", extraída del fascinante filón apócrifo y los mitos orales, según la cual, tras la muerte de Jesús y su posterior partida a "los cielos", la presencia de Marta, María Magdalena y su hermano Lázaro, (aquel que según el evangelio había sido resucitado por Jesús 2 días después de haber sido enterrado) se convirtió en muy molesta para las autoridades religiosas del momento, ya que Lázaro constituía una prueba viva del poder sanador de Jesús. Y Marta y María hacían demasiada propaganda de sus enseñanzas. Total, que los metieron a los 3 en un barco sin remos ni velas para que murieran en algún lugar del mar Mediterráneo "al azar", sin ser ellos tampoco los verdugos directos. Era un modo de condenar lavándose las manos, dejándolo en manos del Juicio Divino.

Pero quiso el "destino" que, en lugar de perderse por el Mediterráneo y agonizar de hambre o sed, o sucumbir en alguna tempestad, la barquita fuera empujada por corrientes rápidas y propicias hasta el Sur de la actual Francia, donde desembarcaron sanos y salvos los 3. No se sabe qué pasó con Lázaro, o la leyenda no lo dice. María Magdalena se hizo ermitaña, refugiándose en un bosque, donde vivió años y se convirtió en una maestra espiritual visitada por muchos.

Marta, por su parte, llegó hasta la zona de Tarascón, y se encontró con un pueblo deprimido por una desgracia. En el río vivía una serpiente acuática enorme, tipo dragón, que salía de vez en cuando del agua y devoraba a los niños. Marta, que por lo visto tenía un valor enorme o un conocimiento del asunto, se fue hacia el río y amansó al dragón. Yo pienso que no hubiera hecho falta nada más, pero el contexto era muy bruto, así que los pueblerinos, al enterarse de que la bestia había sido aplacada, fueron y la mataron. Sea como sea, se cuenta que desde entonces los niños de aquel lugar estuvieron a salvo.

Esta leyenda ha hecho que muchas veces, en la antigüedad, se representara a Marta con un dragón. Aún es posible encontrar las imágenes de Marta así, y en Tarascón, donde se conserva viva la leyenda, hacen hasta desfiles y procesiones con el dragón y Marta paseando por las calles.

Pero la Iglesia también vivió su tránsito hacia la modernidad. En el siglo XX quisieron dejar de parecer tan mágicos, tan poco racionales, y en el transcurso del Concilio Vaticano segundo "extirparon" del santoral oficial todas las leyendas "sospechosas" de contener enseñanzas no muy afines con los dogmas eclesiales, o peligrosas de inducir a la gente a creer en "extravagancias". Así, se corrió un tupido velo sobre el dragón de Marta, pero también cayeron del santoral figuras interesantísimas desde un punto de vista simbólico, como Santa Bárbara, San Cristóbal, y otras. La Iglesia dijo que se "toleraban" las costumbres o folklore tradicional de los pueblos relativos a estas leyendas, pero que no se podía fomentar más. Que había que ser más riguroso y atenerse únicamente a la verdad histórica.

Para mí, eso fue una gran pérdida, puesto que existen enseñanzas interesantísimas y válidas en algunas leyendas, sean históricas o no, y además pretender defender historicidad en los mitos asociados a las creencias religiosas es absurdo, porque los mitos hablan desde otro nivel de la realidad. Pero en fin, sea como sea, desde entonces lo "legal" para la Iglesia Católica es que Marta sea patrona de hostelería sin más, y ya no se hacen esculturas de la misma con dragones, ni nada parecido. Al menos no en las iglesias "serias". En Tarascón se celebra su fiesta, pero ahí queda la cosa, como un elemento particular consentido, pero no "fomentado". Por ejemplo, en España no veréis en ninguna iglesia carteles donde se fomenten peregrinaciones a la tumba de Santa Marta, ni rezos para que aplaque dragones, o malas bestias devora-niños.

Pero la historia no termina aquí, atentos: la riqueza simbólica y de contenido de la historia con la serpiente y los niños no pudo pasar desapercibida para los africanos que habían sido llevados como esclavos a las islas del Caribe y que externamente se veían obligados a adoptar la religión cristiana, aunque internamente continuaban con sus creencias y su cosmovisión del mundo o, como mínimo, sincretizaban y mezclaban ambas cosmovisiones, la cristiana y la de sus religiones de origen africano.

Para ciertos cultos caribeños, pues, Marta es conocida como "Marta la Dominadora" por su poder de dominar ya no solo a aquel bicho, sino a todas las culebras, sean estas lo que sean o signifiquen. También se la considera protectora de los niños.

Las imágenes caribeñas de "Martas Dominadoras" son muy interesantes y distintas a las Martas cristianas, porque los africanos no tuvieron inconveniente en asociar, también, a las serpientes con lo que para ellos era obvio: el poder de la sensualidad. Y establecieron que Marta, además de defender a los niños de monstruos tipo culebra o dragón, era un "as" o dominadora de la energía sexual, y en ciertos ritos se la reza para eso. Para "dominar" la energía sexual.

La cosa es, para mí, interesantísima, ya que la serpiente es, de manera universal, en casi todas las culturas, un símbolo de la fuerza vital (kundalini, por ejemplo) Los dragones no son exactamente lo mismo, pero están asociados a las fuerzas salvajes de la naturaleza, entre las cuales también está la fuerza sexual "universal", la que hace que los polos se atraigan, las especies se reproduzcan y la "creación" tenga lugar (aunque no es la única fuerza natural a la que pueden simbolizar los dragones)

En mi camino chamánico, el asunto de dragones y culebras gigantes ha aparecido muchas veces. Vamos a decir que, en mis trances, me he visto enfrentada cara a cara con dragones y seres similares. Unas veces de buen rollito, todos amigos y maravilloso y guay. Otras veces ha sido horrible, porque no todas las culebras gigantes están "bien" y algunas atesoran tanto veneno de odio dentro, que la mirada de sus ojos te hiela la sangre. Y mis guías me han empujado a confrontar el enigma, el asunto draconiano, culebriano, serpentino. Y me han enseñado que esta clase de energía o fuerza vital es neutra de por sí, pero que a veces se comporta desde la armonía y actúa para el beneficio de los seres, pero a veces, enferma de malos sentimientos o energías, inocula odio, división y destrucción dañina.

Un día entendí, o comprendí con un estremecimiento, la relación entre los dragones que devoran "doncellas" (mito de San Jorge, por ejemplo) y el dragón acuático que devoraba niños. Fue gracias a Miguel, quien parece que es un experto total en biología de dragones, y por eso en la leyenda cristiana aparece cuando alguno empieza a dañar con odio (y de ahí que en las representaciones cristianas lo pinten matando a un dragón que representa a Satanás) Pero también fue gracias a Marta, ya que estoy unida a ella (es mi nombre de pila) e incluso a la tierra de Francia (tengo cierto vínculo remoto ancestral, ahí)

Así que entre Miguel y Marta, me dijeron:
"¿No lo comprendes? La culebra que devora a los niños es símbolo de la pederastia y también del abuso brutal (en general) de la infancia. La serpiente acuática se relaciona con la energía sexual en estado salvaje. Esta no es ni buena ni mala, pero cuando se encuentra enferma, desviada, corrompida, puede "salir de su lugar" y atacar a los inocentes, los niños. 

"Es el mismo significado para esos dragones que, no casualmente, sólo quieren "comer" doncellas, o sea vírgenes. Estas leyendas, lejos de ser símbolo de una represión sexual dañina, tal y como algunos dicen, son símbolo de un antiguo conocimiento de hombres (Jorge, Miguel...) y de mujeres (Santa Marta, Santa Margarita de Antioquia y otras) encaminado a sanar la energía vital, inclusive la sexual, para erradicar la perversión o desvío de la misma, y sanar los efectos devastadores del abuso sexual infantil en el mundo."

"Pero también son símbolo del conocimiento Guerrero o Defensivo, pues lo primero que hay que hacer ante los abusos es defender al inocente y detener o "atar" al agresor. Impedirle que emplee su fuerza sexual o vital de manera destructiva ara la infancia o la inocencia (vírgenes y niños devorados). Y esto es lo que Marta hizo: confrontó al abuso de la infancia. Deshizo su poder y así salvó a esos niños. "

"La fuerza sexual y la fuerza vital, idealmente no deben estar reprimidas, pero si hacen daño a los demás, sí deben atarse o "contenerse", y luego ya se verá la manera de sanarlas o devolverlas a su equilibrio. En aras de la no represión de la libertad sexual, no se puede tolerar el daño generado a otros, ni mucho menos a los niños. 

"Por eso estas figuras míticas "someten" y "atan" a las fuerzas descontroladas. No porque consideren que la sexualidad u otra fuerza vital sea mala de por si, sino porque algunas expresiones de esa energía sí lo son (si dañan a terceros), y en ese caso lo prioritario es proteger a la vida y la inocencia. Es más importante la protección de los niños que el derecho a la libertad de determinados adultos a realizar sus deseos"

El mensaje me ardió por dentro como un fuego de anhelo, de deseo de vivir eso, de poderlo comprender mejor e integrar en mi ser. Mi vena guerrera se encendió, pero también mi faceta de madre y de salvadora de niños en sueños, que siempre la he tenido. Me entraron ganas de ir a Tarascón a ver la tumba de Marta, a pedir que me enseñara "cómo". Porque en nuestro mundo, el abuso sexual infantil es plaga.

No he podido viajar a Francia desde hace muchos años, pues no he tenido medios para ello, pero es igual. Los viajes del espíritu bien valen y para esos no hace falta más que el querer. Y el entregarse al proceso interno. Hoy cuento todo esto por desempolvar mitos europeos olvidados, pero también por dar a conocer destellos del camino de la Sagrada Defensa. De un ser guerrero o guerrera que nada tiene que ver con pelearse por ver quien puede más, sino por defender la vida, especialmente la de los más inocentes. Ojalá se descomprima todo el antiguo conocimiento para detener o disolver el poder de los abusadores y rescatar el "alma" de los que han sufrido eso en sus carnes.

Hay quienes dicen que no hay que salvar a nadie, que esto trata de salvarse a uno mismo y ya. A mí, mis guías me enseñan otra cosa: hacen falta muchos salvadores y salvadoras adultos, porque la infancia, sola, no se salva.

Las imágenes que he colgado son un resumen del recorrido de Marta y sus virtudes en la mente o psique del "mundo":
La primera imagen y la segunda son de miniaturas medievales, de la época en que aún se difundía en la Iglesia la leyenda de Santa marta (Véanse los pies de un niño pequeñito saliendo de las fauces de la bestia) La tercera es del siglo XIX seguramente, justo antes del Concilio Vaticano II; la cuarta, una Marta Dominadora con niño; la quinta incluye la algo así como una danza con serpientes (Asociación con la fuerza vital y sexual) ; la sexta representa a San Miguel; por último, la séptima muestra a Marta cabalgando triunfalmente al dragón en el agua.

 

miércoles, 5 de agosto de 2015

¿Expresar la propia verdad es bueno o malo? Orden, desorden y conflictos.

           (Abriendo la Caja de Pandora salen cosas que luego no se pueden volver a guardar, pintura de Kirk Richards)

Este mes he estado comprendiendo cosas acerca de la expresión. He asistido a fuerte conflicto expresivo en un muro de Facebook, y he sido co-partícipe de otro conflicto expresivo en mi vida particular, con algunas de mis relaciones. Todo eso se ha unido a la memoria de otros conflictos similares vividos u observados en el pasado, y todo junto ha formado en mi interior algo así como un compuesto químico denso, muy cargado, que al final, dejándolo en quietud y silencio, ha ido decantándose. 

El proceso de decantación físico-química es muy interesante. Cuando aplico a la percepción el "modo chamánico", puedo oir perfectamente a las voces-guías que elogian las bondades y maravillas de la decantación, es decir: del proceso mediante el cual una mezcla hasta entonces caótica, amorfa y aparentemente inservible, da lugar a un mundo ordenado y separado en diversas sustancias, algunas de las cuales son extraíbles y útiles.

La decantación suele asociarse a un precipitado de materia densa y ya estable, que cae al fondo del recipiente. Aplicado a un proceso emocional, psicológico e intelectual (todo junto a la vez) la "precipitación" acontecida gracias a la decantación revela siempre algo estable y verdadero que, hasta entonces, no éramos capaces de percibir, por estar enmarañado en la sopa caótica de un conflicto, o de un desorden, o de un estado de confusión y nebulosa.

Es importantísimo remarcar que la decantación y la precipitación sólo se pueden producir dejando en paz un asunto. Guardando silencio. Apartándose del recipiente caótico o confuso. Dejándolo reposar. Si agitas constantemente esa sopa caótica, no termina nunca de decantarse, ni se produce el precipitado, que es generalmente lo más valioso que podemos obtener tras una vivencia de confusión, caos y conflicto. Es útil agitar el caos al inicio, como quien remueve una mezcla química, pero hay que saber parar. 

La agitación permanente es tan estéril como la quietud permanente. La gracia de la vida sólo se produce cuando se aprende a vivir el tiempo y la medida adecuada para cada cosa, lo cual tiene que ver con la medida necesaria del orden para que la vida sea fructífera. Un excesivo orden, siempre y en todo lugar, impide la vida. Sin permitirnos "desordenar" lo que antes permanecía estable, no puede haber cambios adaptativos, crecimiento ni novedades. Ahora bien, en un desorden constante la vida también sufre y puede, incluso, extinguirse.

Los animales son ordenados. Generalmente, las guaridas animales, los nidos, etc. tienen un orden estable que, aunque varía en cada especie (pues el orden necesario e idóneo para cada especie es distinto, o tiene matices) tiene rasgos universales. Un rasgo universal del orden necesario para la vida es que no se debe cagar en el lugar donde duermes o comes o crías. Es decir: la "Ley" natural que sirve y permite una vida en buenas condiciones, estipula que los excrementos y los desechos personales (vómitos, pelos cortados, cosas muertas, etcétera) deben arrojarse en un lugar adecuado para ello, a poder ser FUERA del nido o fuera del espacio comúnmente utilizado para comer, dormir o criar. De otro modo, la suciedad puede producir enfermedades, parásitos, etcétera.

No se trata de una cuestión moralizante que los seres humanos nos hayamos inventado, tras decidir que los excrementos son sucios o "malos". De hecho, no son malos en absoluto: a la Tierra le son muy útiles, Muchísimo. Ella los recicla y usa para volver fértiles los campos, para regenerar espacios con más vida. Decir que los excrementos son malos SÍ es moralizar de manera cultural acerca de un hecho "neutro" de la fisiología vital. Ahora bien, decir que uno debe sacar los excrementos SIEMPRE FUERA del hogar, o en un ESPACIO mínimamente CONTROLADO, no es moralizar sino seguir el Orden Natural y benéfico. El Orden de la Vida Universal.

Y he aprendido que con la expresión de los sentimientos, emociones e incluso aspectos sombríos que todos llevamos por dentro, sucede igual. A veces cargamos con mucha mierda, con muchas cosas reprimidas que no implican emociones ni verdades agradables para los demás. No son malas. Pero sí tienen o pueden tener una cualidad molesta para los otros. Pueden hacer que la comida les siente mal, que se les revuelvan las tripas, o que pierdan el sueño, etcétera. Uno lo intuye, pero no nos han enseñado a expresarnos en orden ni siguiendo "la Ley" natural. Así que o bien nos aguantamos las ganas de "soltar" todo lo que llevamos por dentro, o bien elegimos descargarnos "como sea y donde sea", sin importar lo que suceda, porque nos puede el deseo de liberarnos de ese peso interior.

Muy a menudo, esta "descarga" se convierte en una vomitona emocional sobre los demás, que también muy a menudo es mal recibida, pudiendo generarse conflictos enormes. Porque al conflicto anterior (expresado en la "descarga" desordenada) se suma un nuevo conflicto, que se podría resumir en el enojo de los demás, porque sienten que se les ha molestado con esa súbita "expresión" o descarga descontrolada, sucia, caótica y perturbadora.

Sucede que vivimos tiempos extremistas. Hasta hace unos cuantos años, y a grandes rasgos, en mi sociedad primaba una educación que enseñaba demasiado a controlar las emociones y a no mostrarlas en público, para no incomodar a los demás. Esto generaba muchísima tensión interna. Era un extremo casi comparable al de no ir al baño, por no ensuciar ni el wc. Aguantar hasta no poder más, y entonces...hacérselo encima, provocando el caos y un conflicto traumático (explosión emocional, discusiones, etc) Actualmente, sin embargo, existe una tendencia, cada vez más en auge, que enseña a no guardarse nada, y defiende que uno debe expresar todo lo que siente "de verdad" en el momento. Porque eso es ser honesto y verdadero. Y porque hacer lo contrario es vivir dominados por un yugo represor y castrante de la "expresión personal".

Lo que los conflictos de este mes pasado me han enseñado, tras la decantación y el precipitado de los mismos, es que no es bueno ni un extremo, ni el otro. Desde luego, expresarse es necesario. No es bueno retenerlo todo, o retener cosas que sintamos importantes. Pero tampoco es bueno esgrimir la libertad de expresión para soltar cualquier cosa en cualquier lugar y momento. Las emociones acumuladas durante largo tiempo, generalmente, se han convertido en un producto interno enfermizo, viciado por el encierro. Además, muy a menudo estas emociones conllevan ira, rabia, tristeza o deseos tan centrados en el propio querer que resultan desazonadores para otras personas, porque resultan o parecen demasiado egoístas.


(A la izda. pintura de Oleg Korolev)

Todo esto hace que lo "acumulado" y sin expresar durante tiempo (meses, años) sea un producto "peligroso" que no puede arrojarse sin más en cualquier parte. En origen esas emociones no tenían nada de sucio o dañino, pero la acumulación e intensidad de las mismas las ha transformado. Así que, para expresar eso, hay que elegir el lugar y el momento en que se hace. Y a poder ser, debe ser un espacio controlado, en el sentido de que debemos intentar asegurarnos de que no vamos a vomitar en la cama, el nido, o el plato de otro. Vomitar es necesario, no es malo. Pero hacerlo en "desorden" sí. Y más si luego, al recibir la queja del "ensuciado", uno se rebota y defiende su acto con argumentos del tipo "es que no apoyo la represión emocional" o "tengo derecho a expresarme". Aquí el conflicto aumenta y puede acabar en una separación o ruptura de relaciones: Sí, tú tienes "derecho" a expresarte, pero no de cualquier manera y no violando el orden y la limpieza que el otro cuida en ciertos espacios íntimos. Mejor pregunta antes de saber si tienes "derecho" a arrojar tus emociones a presión en determinado momento o lugar. Porque el argumento del derecho expresivo no es un argumento solido. Escudándose en él se pueden cometer atrocidades. ¿No es el racismo una expresión emocional? ¿Y el asesinato...?

Así que no: no existe un derecho universal a toda forma de expresión, solo porque uno la "sienta" dentro de si y resulte "verdadera" para uno mismo y además desee mostrarla al mundo. Hay unas normas. Se pueden desconocer esas normas, y de hecho eso es lo que nos sucede: que nadie nos las ha enseñado. Pero si observamos a la naturaleza y nos sentamos en silencio a "decantarnos", las percibiremos. Las porquerías, lo reprimido y lo muerto, se "ventilan" y lavan fuera del nido y de los espacios tribales comunes, y especialmente lejos de donde juegan, comen y duermen los niños. Esto significa que hay que crear espacios controlados y "seguros" ara la expresión. En realidad no es complicado: basta con elegir momentos de mutuo acuerdo y buscar maneras expresivas mínimamente lesivas. Si el material que queremos expresar sabemos que es claramente conflictivo para la otra persona a la que queremos decírselo (u otras personas, en plural), es mejor hacerlo en presencia de mediadores o personas expertas en el manejo reposado de conflictos.

Voy a hacer una comparación distinta, pero que conduce a lo mismo. Tenemos una piedra: no es ni buena ni mala en si misma, sino neutra. Son nuestras emociones y como las manejemos las que pueden convertirla en un regalo o, por el contrario, munición de guerra. Hay una gran diferencia entre dársela a alguien con tranquilidad, desde tu mano, para mostrársela, y arrojársela a la cabeza, o arrojar una piedra contra una ventana para que así entre en un hogar y la "vean" de una puñetera vez sus habitantes. En ambos casos la piedra puede simbolizar a algo "concentrado" en nuestro interior que queremos expresar, revelar a otros. Si eliges el orden, vas a entregar la piedra eligiendo el momento, cuidando el gesto, y sin dañar a terceros. Si eliges el "no importa cómo" y estás tan incómodo por haber llevado años esa piedra contigo, tal vez tu acto de expresión sea como una pedrada que destroce algo.

Los dos conflictos vivenciados este mes (tanto el que he visto desde la barrera, como testigo, como el que he vivenciado como personaje inserto en el caos) me han mostrado cuán afiliado al Orden y "La Ley" está mi camino. He aprendido que si bien expresarse es necesario, la educación y el respeto son también necesarios, y no un adoctrinamiento "represor". Cuando he puesto mi conciencia en modo chamánico, no he podido evitar escuchar a las Abuelas Primeras, tajantes, señalando que toda familia, y toda comunidad de personas amigas, necesita del orden y de La Ley...Natural, pero Ley a fin de cuentas. Me decían aquello de "el desconocimiento de la Ley no exime de su complimiento". Y me explicaban que cuando uno rompe la Ley Natural, sufre consecuencias adversas y las genera para otros, las dos cosas a la vez, porque la Ley Natural no es otra cosa que lo necesario para cuidar la armonía y el equilibrio mínimo que mantienen esa estabilidad imprescindible para la vida. Por lo tanto, si rompes la armonía, obtienes suciedad, infección o hasta guerra. Todo lo cual siempre tiene efectos dolorosos.

El ser humano actual (de mi sociedad) desconoce por completo La Ley de la que me hablan las Abuelas. Por defender su "necesidad expresiva y creativa" ha creado realidades como por ejemplo la energía nuclear. Se ha atrevido a expresarse rompiendo el átomo. Esto ha generado, genera y generará un desorden insoportable para la Naturaleza. La Vida necesita una gran dosis de estabilidad. También necesita cambios, pero si observamos la naturaleza veremos que éstos son más o menos cíclicos, y además no "cualquier" cambio sirve a la Vida. Si suceden cambios demasiado nuevos, demasiado rompedores, la Vida también se rompe, porque los seres vivos son sistemas que se auto-regulan para ser estables. No pueden seguir vivos en una inestabilidad constante. Por eso tenemos piel, esqueleto y un orden interno. La Vida incluye al Orden en su definición. En la sopa caótica primigenia no existía vida, porque no había Orden. El caos primigenio no era malo (moralmente) ni bueno, sólo era "lo que era". Pero observemos que en cuanto se inició un orden , y en cuanto se estabilizaron ciertos sistemas, surgió la Vida. Por lo tanto siempre dependeremos de "cierta dosis" de Orden para estar "bien". Y para seguir vivos.

Un ejemplo extremo es, de nuevo, la manipulación del átomo. La Vida en la Tierra no soporta determinados niveles de radioactividad. Tal vez a copia de millones de años algún ser vivo de los que conocemos podría llegar a adaptarse a ella y soportar, así, la radiación de una central de Fukushima humeante, o de una bomba nuclear. Pero de momento esto no es así, por la sencilla razón de que en la Naturaleza salvaje jamás los átomos se rompieron o separaron por sí solos tal y como ha hecho con ellos el ser humano. La Vida ha elegido patrones afines a lo que, hoy, es estable en la Tierra, y la radioactividad extrema no estaba en ese conjunto. La hemos introducido nosotros. La radioactividad extrema, pues, es contaminación y es suciedad por ser un desorden intolerable o pernicioso para la Vida, no porque sea mala en si misma. Tal vez existan planetas super radiactivos donde haya vida que necesite esas condiciones, pero no es el caso de la Tierra. Por eso es "malo" ser desordenado con los átomos y es "malo" defender el "derecho" del ser humano a expresar su creatividad desbaratando el orden atómico. Porque destruye la vida que conocemos. Y se supone que no queremos eso. ¿No? Sí, con el tiempo, la Vida podría encontrar maneras de "superar" ese desorden e incluso aprovecharlo, pero a veces es demasiado tiempo para ESTA Vida. Su plazo o margen de tiempo es mucho más corto que lo que se necesitaría para recuperarse o adaptarse a las nuevas condiciones, así que se extingue. Temporalmente, al menos. En un cómputo geológico, este "tiempo" pueden ser miles o millones de años.

En los conflictos y explosiones emocionales sucede igual: determinados desórdenes rompen tanto tantas cosas, que luego ya no se pueden reparar "a tiempo". La Vida tiene sus ciclos y sus tiempos. Si, por poner un ejemplo, alguien o algo daña la fertilidad de una mujer gravemente, y el tiempo necesario para reparar ese daño supera los años en los que ella es naturalmente fértil, se habrá extinguido la posibilidad de que tenga hijos. Su vida seguirá, pero quedarán fuera de sus posibilidades y potenciales algunas vivencias que, de no haber sido dañada "en ese tiempo y en ese lugar de su ser" hubieran quedado intactos. Es un ejemplo extremo que me sirve para señalar que el daño que uno puede hacer con una explosión o "vertido emocional" fuera del Orden Natural, rompiendo la Ley, depende no sólo de la intensidad, cuidado y delicadeza (o lo contrario) con la que se haga esa "descarga", sino también del momento vital por el que atreviese la otra u otras personas afectadas por ello, y del tiempo que requiera reparar el destrozo. Porque algunas rupturas liquidan posibilidades, más allá de la buena voluntad que se tenga luego para restaurar los desperfectos del nido. Si destrozas el nido de unas golondrinas en marzo, tal vez les de tiempo a construir otro antes de criar. Pero si lo destrozas en verano, habrás roto mucho más que el nido, y habrás invalidado o esterilizado ese ciclo vital, ese año, ese verano del que disponían las golondrinas para criar antes de su siguiente migración invernal.

Por todo esto, mi conclusión es que nunca sobra el cuidado y la delicadeza con el que idealmente deberíamos manejar nuestra expresión. Hay todo un camino para re aprender a expresarnos con verdad y al mismo tiempo con cariño y sabiduría. Este cariño y esta sabiduría nos conducen hacia el orden y la Ley, o eso me dicen las Abuelas Primeras. En sus tribus se conocía el arte de crear de manera habitual espacios para la expresión, para el desahogo y para el apoyo mutuo, así como para la búsqueda de sanación de conflictos, heridas y "emociones acumuladas". Nosotros no tenemos ni idea, así que nos toca empezar a pensar en ello, para ver la mejor manera de vivirlo.

Creo que es importante hablar de esto porque vivimos un tiempo donde se pregona con mucha fuerza la bondad del "todo vale si la intención es buena" y el "peligro" del orden. Existe una memoria traumática del orden impuesto desde mentes humanas terribles: dictaduras, fascismo, represión ideológica y espiritual...Todo eso está en nuestra memoria colectiva y ese es el orden en el que pensamos, o el orden que tememos. Luchamos por ser desordenados, por hacer las cosas a nuestra manera. Nos congratulamos en la eterna rebeldía al "orden establecido". Hay incluso quien se complace en ir sucio, o en no lavar la cara a sus hijos, porque así le parece que demuestra más cuán liberado está de "prejuicios" y de "programación del orden represor". Es natural que sintamos el impulso de esta lucha, porque el orden fascista y represor no es el Orden de la Naturaleza, ni obedece a su Ley. Es un orden caprichoso y egoico que surge de humanos desconectados de La Vida.

(A la izda. Pintura de Oleg Volegov)

Pero es bueno reconectarse al Orden benéfico y necesario para la continuidad de la Vida. Las madres hembras animales lamen el rostro de sus crías para mantenerlas limpias, y se asean ellas mismas, y mantienen según qué porquerías fuera de la guarida. Por lo tanto, una mujer que es "limpia y ordenada" no es una madre anti natural y sometida a los dictados opresores culturales, sino una madre bien conectada a su animalidad instintiva, siempre y cuando no lleve el orden y la limpieza a un EXTREMO y los convierta en algo exagerado y enfermizo. ¿Me explico?

Por la misma norma, la mayor parte de animales son territoriales (lo cual es otra expresión del Orden Natural) y también el ser humano es territorial, y necesitamos aprender a manejarnos con ese instinto natural sin que se convierta en enfermizo, pero también sin negarlo, porque no es realista pretender que la Vida se puede desarrollar sin un poco de "sensación de seguridad y territorio". Sin Orden ninguno, sin criterio de "espacio propio", corremos el riesgo de esterilizar nuestros espacios y nuestra propia existencia.

Donde el desorden es constante, ningún proyecto puede consolidarse, ni medrar. Donde la incertidumbre es permanente, la Vida no encuentra fuerzas para desarrollarse porque vive en un constante estado de alerta e improvisación, y toda su energía se vuelca en un presente que, cada vez se antoja más absurdo, más surrealista, por estar más desligado del pasado...y del futuro. Es el absurdo que sintió el protagonista de la novela "La Historia Interminable" cuando, tras años de seguir solamente sus deseos, sin importar cuáles fueran, ni medirlos, ni sopesarlos, al final se perdió a si mismo y ya no sabía ni quién era. Seguir nada más que "el deseo del momento" no es garantía de Vida ni de hondura ni de fructificación ni de acierto. Puedes encontrarte o puedes perderte, dependiendo del lugar del que surja ese deseo que tanto te zarandea y que decides perseguir. Los deseos son como mariposas. Ni buenos, ni malos. Pero no somos ellos. Convertirlos en guías, por eso, es una mala opción. Sigue a la mariposa si quieres, pero ten cuidado de dónde pones los pies, no te pierdas, sobretodo, no pises a otros en tu camino.









martes, 4 de agosto de 2015

¿Se pueden "crear" o prediseñar las creencias de una sociedad? (Entorno, crianza y experiencias visionarias)


La cosmovisión religiosa, las creencias de un pueblo, no son algo diseñable a medida ni tan controlable como se podría pensar. Por ejemplo, no se puede pretender o esperar que una sociedad como la nuestra cambie sus creencias religiosas, místicas o espirituales “para que así respetemos a la naturaleza”, simplemente porque comprobamos que en otras sociedades más “ecológicas”, por ejemplo indígenas, las creencias son otras y se las intenta imitar. Y esto no puede funcionar, digo, porque el origen de las creencias está en la experiencia de las personas, inclusive y sobretodo en una experiencia interior.

La religión dominante de la sociedad en la que uno crece puede influir, y de hecho influye en las ideas y la mentalidad de esa sociedad, de acuerdo. Pero también es influida y creada por ella. ¿De dónde surgen las religiones, si no es del interior de los individuos? Pero no de cualquier zona del "interior", esa es la cuestión.

El quid del asunto es vivir que no se puede dar el salto a otra forma de creencia sin una experiencia interna profunda que lo provoque al romperte los esquemas anteriores. Esta ruptura es la primera fase de lo que podríamos llamar revelación interior, despertar de la conciencia o de otras maneras. Sea como sea, así es: sin experiencia interior, no podrá haber un cambio de creencias. La parte intelectual de nuestra mente, por sí sola, es incapaz de “crear” una nueva espiritualidad que mueva al cambio, pues esta espiritualidad "activa" y profundamente encarnada en los individuos debe abarcar a todo el ser, y el intelecto solo es una pequeña parte de nuestra mente.


 
Cuando se dice que muchos pueblos “originarios” adoraban o creían a una forma de divinidad maternal asociada a la Tierra (y esto es mucho resumir) es cierto esencialmente o en bastantes casos, pero es así porque esas personas lo experimentaban así, no porque llegaran intelectualmente primero a esa idea y luego lo vivieran así. Todas las sociedades crearon sus relatos míticos, sus narraciones orales y lo que desde aquí llamaríamos su cosmovisión o religión basándose en vivencias espirituales o internas. No hubo un diseñado previo: simplemente una serie de individuos más visionarios o con tendencia mística que la media (chamanes, personas “espíritu”, etcétera) tuvieron sus visiones, sus trances, sus vivencias relativas a la relación energética o espiritual con el mundo que les rodeaba, después lo narraron a los demás y esto se asumió como una especie de “realidad”. "Nuestra chamana ha visto esta cosa, y ella es una experta en percibir la realidad energética, por lo tanto es bastante probable que lo que nos cuenta sea verdad". "Nuestro profeta ha visto esta otra cosa, debe ser cierto"

Sin ir más lejos, las 3 religiones monoteístas que conocemos mejor: judaísmo, cristianismo e islam, están basadas en las experiencias internas de individuos que narraron a los demás lo que veían y sentían en sus trances visionarios, cosas que estaban más allá de la percepción habitual en su sociedad pero que los demás en su entorno aceptaron como válidas o “creíbles”. (Profetas y patriarcas del Antiguo Testamento para los judíos, Jesucristo para los cristianos, Mahoma para los musulmanes) Solo después de la experiencia personal e íntima de estos individuos se organizan y crean las religiones estructuradas, que a veces adoptaron o integraron en su seno costumbres sociales anteriores, pero otras veces las modificaron.

Tal organización estructurada de las creencias sólo sucedió en algunos casos, no en todos, pues muchos otros sistemas de religiosidad y espiritualidad, como los “chamánicos” puros y duros, no están ni remotamente tan organizados o estructurados (depende de la tribu y de cada cultura) Pero aún y así, sigue siendo cierto que cada cosmovisión espiritual, grande o pequeñita, se basa en las experiencias internas, y así se crean religiones, sectas, nuevas mitologías, etcétera.

¿Adónde quiero ir a parar? A que yo diría, respecto a un hipotético nuevo futuro que pretendemos crear, que sólo si facilitamos una crianza emocional, psíquica y mental suficientemente libre y completa, Y CERCANA A LA NATURALEZA, o directamente inmersa en ella (lo remarco porque es esencial) permitiremos o facilitaremos que los individuos tengan una experiencia personal e íntima “libre, individual, genuina y sin censuras” acerca de su relación con la naturaleza. Y solo así "podrían" surgir experiencias interiores tan rompedoras e intensas que sean capaces de revelar a los individuos su verdadero lugar en la Tierra y el Cosmos, lo cual tal vez se plasmaría en una cosmovisión religiosa y espiritual más simbiótica con la Tierra, no dada al expolio.

Si experimentas que eres parte de una Tierra Mamá que te alimenta con sus millones de tetas, no vas a poder agredirla así como así. Vamos, te lo pensarás muy mucho antes de hacerle “daño”. Pero si por casualidad no experimentas esto, sino una mamá terrible que te puede matar en cualquier momento, la relación con ella a lo mejor es diferente, y hasta puedes querer prescindir de mamá y aferrarte a sucedáneos tecnológicos de la misma, si estos te prometan la supervivencia y tú te lo crees (y querrás creerlo si has experimentado que mamá es peligrosa, no te cuida necesariamente y te puede matar si le da la gana)

Existe una relación entre el medio que una sociedad habita y la religión o espiritualidad que surge en esa sociedad. E incluso existe una relación directa entre medio y modos de crianza de los niños, y otra entre cómo ha sido uno criado y la religión o experiencias visionarios que como individuo pueda tener al crecer. Religiones surgidas en el desierto, con gentes que lidian con escasez y competitividad extrema por recursos, reflejan esa realidad. Religiones surgidas en entornos selváticos de abundancia la reflejan también.

Y conste que estoy resumiendo muchísimo, porque esto daría para un libro entero, pero no soy la primera que señala que podría existir una relación entre, por ejemplo, la tragedia que experimentó Moisés nada más nacer (pérdida de su madre, peligro de muerte, desamparo en el rio) y la severidad de una religión marcada por la Ley escrita; y por ejemplo, el carácter compasivo de Jesucristo con su nacimiento y crianza, que según la leyenda tuvo lugar en presencia incluso de su padre, y no sufrió la separación traumática de la madre, pues la representación icónica por excelencia de gran parte del cristianismo es La Madre con el niño en su regazo.

Pero cuidado con precipitar conclusiones, pues: ¿habría podido ser un rebelde Moisés, de no haber vivido lo que vivió? ¿Hubiera sentido el impulso de "sacar" a su pueblo entero de la esclavitud en Egipto de no tener el trauma de haber sido arrancado de los brazos de su madre a la fuerza, debido a edictos anti judíos? Es más: fijémonos en la perfección del símbolo presente en este mito: ¿No es muy significativo que, en su huida de la esclavitud, Moisés volviera a "cruzar las aguas", pero esta vez no como un niño víctima abandonado en una canastilla, sino como hombre adulto y poderoso? Claro que luego se le pueden achacar rasgos machistas a su conjunto de leyes, pero eso se podría explicar también desde la ruptura forzada con la madre (y haber sido criado en los "brazos" adoptivos del Imperio) y a la necesidad de adaptarse a la dureza de una vida de éxodo por el desierto, donde los valores ensalzados no son ni el apego, ni la seguridad, ni la emocionalidad, ni el juego infantil, sino todo lo contrario.

La religión creada por Jesucristo, sin embargo, fue de otro tipo: no convocaba a la gente para liberarse de los romanos ni de las estructuras sociales. No les impulsó a ningún éxodo ni transformación política (lo cual generaba incomodidad a los judíos, que pensaban que un "mesías" debía ser un rey físico, literal) y fue defensora, en sus inicios, de una visión igualitaria de la mujer y el hombre. Pero es que Jesús había nacido en una familia integrada. En el parto fue  presumiblemente acompañado por el padre, y más tarde la familia fue ayudada por pastores y hasta reyes "magos" (siempre según el mito), lo cual simboliza integración de estratos sociales y conocimientos humanos muy distintos. Pero es que además, el mito de la concepción de Jesucristo lo señala como un hijo "casi" más de María (madre) que de su padre José, que asumió la paternidad en un momento posterior tras ser "convencido" por los ángeles de que María era "sagrada" y de que debía apoyarla incondicionalmente en su maternidad. ¿Podía tener Jesús, en ese contexto, una visión despectiva de la mujer, si se crió en un hogar donde no existían dudas acerca de la bondad y sacralidad de la mujer...?

La integración es una consecuencia lógica si desentrañamos el simbolismo de este mito, y por lo tanto es natural que fuera una característica del cristianismo original. Pero ¡cuidado! En su aspecto positivo, integrar es excelente y deseable, pero también puede tener un aspecto pasivo y negativo, dependiendo de cómo se viva o entienda. Esta pasividad se ejemplifica al máximo en la crucifixión (pasiva) de Jesucristo y el martirio de los primeros cristianos a manos de los romanos (nunca se defendieron, ni hicieron nada por evitar el martirio, pues elegían imitar la pasividad mansa de Jesús) Y ojo, que no cuestiono la validez de esa elección si, ara alguien, es el camino que gritan sus entrañas y, en un momento dado, lo prefiere a la defensa "externa" de su vida física. Pero veo un peligro en la extrapolación sistemática de esta pasividad a otros contextos y situaciones vitales, porque puede generar una perpetuación del poder de la crueldad y la tiranía, y muchas víctimas innecesarias. Con lo cual la integración también puede ser limitante si se convierte en un punto de vista fijo y muy totalitario. ¿Hasta dónde y hasta cuándo se pueden integrar según qué realidades sin intentar cambiarlas?

En resumen, el mensaje del judaísmo de Moisés (e incluso de Abraham, que tras una experiencia visionaria emigró de Ur, Sumeria, buscando un contexto distinto para sí mismo y su descendencia) es: cambia el contexto, libérate si es preciso cambiando de lugar, mientras que el mensaje del cristianismo primordial es: no hace falta que te marches a ninguna parte, ni entables luchas políticas, no te gastes en eso porque la verdadera liberación es la interior, y en la aceptación radica la paz.

Personalmente me adhiero a lo que percibo desde mi "revelación" íntima, que es lo siguiente: la liberación ideal es externa e interna. Las dos cosas. De poco vale moverse de lugar si uno se aferra a sus prejuicios, costumbres y creencias. Pero también es un poco penoso vivir una liberación interna, una toma de conciencia, y no poder plasmar en lo cotidiano esa verdad porque tu entorno te agrede si lo intentas, obligándote a vivir como los primeros cristianos, en las catacumbas poco menos. Con lo cual es natural que te den ganas de buscar o crear un contexto distinto. En caso de no poder realizar esto, pues lo aceptarás, qué le vamos a hacer, pero seguirás viendo que lo ideal sería poder actuar de cara al exterior según tus principios. Y sentirás el deseo de ayudar a transformar tu sociedad progresivamente, de manera que sea capaz de integrar tus principios sin rechazarlos violentamente.

Mi "revelación" interna también dice que las experiencias visionarias intensas de individuos que han cambiado a su sociedad han surgido de la propia Vida buscando nuevas estrategias de adaptación al medio, o de modificación del mismo, para seguir Viva. Y en este sentido, en cierto contexto es natural que la Vida exija cambio y revolución; y en otros contextos es natural que exija más vida interior. O que a veces exija más normas que aseguren un cierto orden favorable a la continuidad social, y otras exija una ruptura con lo establecido. Se trata de la eterna búsqueda de ir equilibrando las carencias, de ir compensando las lagunas, o de ir ensayando modos de organización mental y social que garanticen al máximo la supervivencia en un momento dado. Si estás en una cárcel y sin salida, tu supervivencia emocional tal vez dependa de asumirlo. Si existen salidas, tu supervivencia tal vez te exija que huyas. Y si no te sientes en una cárcel ¿para qué huir? Jesucristo no experimentaba como "cárcel" lo externo. Lo tenía trascendido. (Los teóricos de la crianza con apego dirían que estaba suficientemente seguro del amor incondicional de su madre) Sin embargo sí veía las cárceles psíquicas y se enfocaba en liberar a la gente de ellas.

Todo esto son sólo retazos de hipótesis y elucubraciones personales, pero merece la pena contemplar las relaciones entre los factores contextuales donde surge una nueva religión o ésta vive una modificación (Pues, estrictamente hablando, Moisés no fue el creador del judaísmo, el cual había nacido con Abraham) Y así, si repasamos la biografía pero también el contexto social, histórico y geográfico de las personas que han promovido cambios espirituales en su sociedad o han realizado aportaciones interesantes a la misma, empezaremos a entender de dónde surgen las creencias y cómo pueden cambiar.

No sé cuál va a ser la cosmovisión religiosa que pueda surgir en una hipotética “nueva civilización”, pero estoy segura de que dependerá del contexto ambiental y natural que vivan sus individuos, y también de cómo criemos a nuestros hijos y la libertad con la que se les permita sentir y relacionarse con este medio natural. Inculcar a los niños demasiadas ideas sobre creencias, espiritualidad, etcétera, solo permite la repetición clónica de creencias que surgieron en otros tiempos, épocas y contextos, y que tal vez ayudaron a un grupo humano a adaptarse a su contexto vital y circunstancias, pero no pueden ayudar a los humanos actuales a adaptarse “con eficacia” a las suyas.

En resumen: La adopción de creencias o cosmovisiones de otros pueblos, todo porque entendemos intelectualmente que es "adecuada" o porque nos gusta más que lo que conocemos, siempre será superficial y no será capaz de generar cambios profundos y efectivos, salvo que proceda de experiencias interiores genuinas, únicas capaces de transforman al individuo e impedirle volver a ver el mundo como antes lo hacía.

Desde la intelectualidad hay quien fantasea con pre-diseñar las creencias que “debería” tener una nueva civilización para ser respetuosa con el medio ambiente e igualitaria entre sexos, pero esto es un ejercicio carente de realismo, y además, tal vez, no exento de arrogancia. Volvámonos hacia la naturaleza, pero de verdad, facilitemos que nuestros hijos tengan experiencia de la naturaleza, criémoslos en la máxima libertad interior posible, y surgirá lo que tenga que surgir: lo que mejor les “prepare” para afrontar su realidad natural, ambiental y social.

(Pienso incluso en Fukuoka y su toma de conciencia: nunca hubiera podido dar el salto desde la veneración de la tecnología científica hacia su comprensión de los procesos naturales silvestres, de no haberse ido a vivir al campo, permitiéndose sentir allí sin censuras todo lo que sintió)

Desde un punto de vista técnico o científico, las experiencias místicas, espirituales y visionarias surgen de niveles de la mente diferentes a los empleados en el raciocinio (hemisferio derecho, por ejemplo, frente a hemisferio izquierdo) Pero desde mi punto de vista no son niveles mentales incompatibles sino complementarios, tal como nuestros dos hemisferios cerebrales lo son, pues están unidos por el centro y se comunican entre sí. (De hecho, esta es una pequeña batalla personal que tengo: mostrar que, en realidad, lo místico y espiritual no tiene porqué ser incompatible con lo racional o científico, y que un ser humano pleno ha de poder vivir sin problemas la actividad de sus zonas cerebrales y corporales implicadas en ambos procesos mentales, integrándolas a ambas)

Pero por esa misma razón, no basta con emplear el "hemisferio racional" para cambiar las creencias. Para que exista un cambio profundo, o total, han de vivirse experiencias que vayan más allá del pensamiento, porque si no, sólo una parte de nuestra mente se verá afectada, no toda. La vivencia que moviliza sentimientos y emociones profundas es el único modo de que se vean implicadas zonas cerebrales y corporales que, de otro modo, seguirían igual que antes y por lo tanto tenderían a reproducir las actitudes y comportamientos anteriores, incluso aunque uno intentara cambiarlos. Salvando distancias, es algo parecido a querer cambiar una adicción solo pensando en lo mala o dañina que es. Es útil y necesaria esta toma de conciencia y análisis racional, desde luego, pero las adicciones son muuuuy difíciles de erradicar sólo "mentalizándose", salvo que se añadan al pack actividades o experiencias que “reformateen”, por así decirlo, ciertas zonas profundas de la mente y del ser (sentimientos, emociones, memorias corporales) en las que se enraíza la adicción.

Lo que echo de menos en la mayoría de libros acerca de crianza, o mejor dicho en todos, es que todavía ven al ser humano como un ente desligado de su entorno físico/biológico no humano. Sólo se centran en los cuidados humanos, y muy especialmente (o incluso exclusivamente) en los de la madre. En cambio, desde mi punto de vista, somos el producto de un entorno complejo, tal y como le sucede a cualquier otro ser vivo, planta o animal en el que podamos pensar. ¿Cómo podemos ver nuestros problemas de comportamiento, creencias, etcétera, desligados del contexto en el que nos criamos? Muchísimos “problemas” de la crianza los veo relacionados con el entorno, tanto el social (más allá de la madre, o del padre, inciden en un niño la familia, el clan y las redes sociales en las que se mueve) como el material no humano: el espacio físico es determinante.

¡Es una cuestión tan evidente, hoy, para mí, que influye en la crianza hasta la física geométrica del espacio donde un niño crece...! Somos capaces de ver que un animal enjaulado se estresa mucho y nunca llegar a ser “tal y como podría llegar a ser”, sino que verá mermadas todas sus capacidades e incluso desarrollará conductas de depresión o agresividad, pero aún estamos ciegos para ver que las crías humanas que, por ejemplo, pasan 20 de sus 24 horas diarias encerrados en espacios estrechos pueden sufrir un estrés similar, al menos a partir de cierta edad (cuando ya caminan y sienten el impulso de explorar el mundo) Y así con todo.

Pero en fin, es un tema súper complejo y no me puedo poner a desarrollarlo más ahora mismo (saldría, de verdad, un libro). Porque si encima digo que existen jaulas físicas en las que ilusamente pretendemos criar "sin estrés" a los niños (diseñados, sin embargo, para la vida en libertad) pero también jaulas psíquicas (exceso de normas, por ejemplo, presiones sociales exageradas, etcétera) que generan en los individuos idéntica sensación de estar atrapados en un espacio estrecho, ¿adónde nos conduce esto, sino a más pautas de conducta depresiva (pasiva) o agresiva?

El día que comprendí todo esto, el día que tuve mi revelación particular acerca de lo que realmente sería una crianza que respetara nuestra verdadera naturaleza, comprendí que nunca podría darle esa experiencia a mi hijo. Soy una madre enjaulada, no conozco la libertad. ¿Cómo voy a retransmitir aquello que desconozco? Como mucho puedo ir abriendo la jaula, e iniciar una especie de éxodo particular hacia una vida distinta, más en contacto con la naturaleza salvaje físicamente hablando, pero también psíquicamente hablando. Salir de la caja, literalmente. Y mi hijo, como otros, será un hijo del éxodo. No un hijo de la libertad. A eso no se cuándo llegaremos como sociedad, si es que llegamos. Sólo podemos ir dando pasos en esa dirección...
                                 
                                                              (Arriba, pintura de Cristina Alejos)

martes, 24 de marzo de 2015

Lo que quiere la Tierra

(Imagen de Maxim Sukharev)

Lo de poner oído y escuchar la voz de la Tierra me depara sorpresas sin fin. Estoy escribiendo un nuevo libro que, entre otras cosas, recoge lo que yo oigo, siento o interpreto como "peticiones básicas" de la Tierra hacia sus hijos, y no sé. Una de las cosas que más me está costando encajar es la primera petición. La fundamental, porque además se relaciona con los "fundamentos" o cimientos que, según la Tierra, ha de tener cualquier proyecto vital a desarrollar sobre ella. Si el proyecto de nuestra vida es como un edificio, los cimientos deberían hacerse, según la Tierra, de esta manera: con AMOR a Ella.

"No me uses sin amarme".
Tiene sentido. Considerando a la Tierra como un "ser" o "macroentidad" con conciencia, ¿es raro que pida amor, con lo rico que es el amor...? No es extraño.

Pero de ahí la Tierra pasa a la siguiente petición: "A poder ser, no vivas en una tierra a la que no ames, o a la que no puedas amar con todo tu ser, hasta ser uno con Ella, fundiéndote en Ella, integrándote plenamente en  su paisaje".

Esto ya es mas difícil, porque ¿Cuántos vivimos en un lugar elegido por amor a su tierra? ¿O cuántos nos planteamos el amor hacia la Tierra en un aspecto local...? Amar a la Tierra "en general" está bien visto, es admitido por algunas personas, pero ¿amar a una tierra local? Cuando expresas algo así, siempre se levantan en la audiencia dos reacciones automáticas: una, la nacionalista, tendente a ensalzar la propia tierra, pero a costa de compararla con otras e incluso demonizar a lo extranjero. Dos, la reacción del que teme el nacionalismo y se dice "hijo de la Tierra" en general, ciudadano del mundo y no sujeto a amores particulares ni concretos.

Pero, ¡ay!, la Tierra no quiere eso. Ni lo uno, ni lo otro. Quiere amor, y lo quiere materializado. Concretado en algo palpable. Decir que amas a la Tierra pero sin comprometerte con el destino y la vida de ninguna tierra en particular, porque total, "uno es de todo el Mundo" y porque "atarse es malo", es como decir "amo a la humanidad" y luego no comprometerse con nadie. Ir por la vida saltando de gente en gente, de grupo en grupo, sin llegar a nada profundo ni duradero porque claro, no se ha enraizado. No se han puesto los cimientos de algo sólido. 

Hay todo ese prejuicio hacia la permanencia, todo ese miedo a quedarse "pequeño de mente", debiado a haber amado a alguien, a una persona. A una tierra. Mejor ser "libres como el viento". Mejor no amar nunca a nadie salvo de manera etérea, volátil, sin compromiso. Amar de paso. Muchos aman "de paso" a la gente y aman de paso, también, a La Tierra. Y como se está tan, tan de paso, pues... ¿para qué esforzarse en construir nada, o en arreglar nada? Cuando un paisaje se estropea, nos vamos a otro mejor. Cuando una comunidad entra en conflicto, la abandonamos. Cuando una pareja ya no nos gusta tanto como al principio, la cambiamos por otra.

La mentalidad de "paso" es una de las cosas que ha hecho que la Tierra esté como está. Siempre hubo tierras nuevas por explotar, por desgastar, por exprimir. La carencia de amor concreto hacia una Tierra concreta nos hace abandonarla con demasiada facilidad, pero también esquivar el "arreglo" de sus problemas más profundos.

El nacionalismo no necesito comentarlo tanto. Todos sabemos de qué va. A la Tierra no le beneficia, porque la competición hostil entre vecinos hace que las Tierras se aíslen y los intercambios de personas, energías y materia se obstaculicen o filtren demasiado. La Tierra necesita cierta fluidez en el tránsito entre unas zonas y otras. Pero además, cualquier guerra la destroza, la hiere. Y los nacionalismos son una de las causas que contribuyen a las guerras.

Reivindico la bondad e idoneidad de elegir una tierra (para estar en ella, vivir y trabajar sobre ella) por amor. Que el amor sea el motivo fundamental de esa elección, tal y como lo es en la elección de pareja o comunidad en la que integrarse. La historia que luego acontezca a partir de ahí es otra cuestión. 

Amar no siempre implica tener éxito, en el sentido que comúnmente le damos, hoy, al éxito (enriquecimiento monetario, adquisición de prestigio social, poder, fama), pero siempre nos dará éxito interior. Cuando te mueres, el amor es lo que te queda, así como el enriquecimiento interno que hayas experimentado a lo largo de tu vida. En ese sentido, elegir una tierra por amor, comprometerse con ella y plasmar o culminar este amor con una vida de "obras amorosas" estando integrado en su paisaje, es una gran cosa.

Y eso es lo que quiere la Tierra.

Lo pienso, le doy vueltas y me debato con esta idea, porque choca contra los principios que rigen mi mundo (mi sociedad). Como dependemos del dinero para sobrevivir, y como algunas tierras no dan mucho dinero, es difícil, muy difícil tener el coraje de decir "pues me comprometo con la tierra que amo, aunque eso implique tener menos "ofertas laborales" que en otros lugares". Es como enamorarse, amar a alguien y descubrir que es pobre, o que le falta una pierna. Pero...¿Sería verdadero amor si abandonáramos a esa persona por eso? 

Hay grandes, grandísimas historias de amor que han vivido personas que partían de situaciones muy desfavorables. Del mismo modo, hay grandes historias de amor esperando en las tierras locales...porque cada tierra espera a sus hijos amorosos y a sus amantes, hombres y mujeres que acepten el destino del amor: la fusión o integración con un paisaje, la armonización con el mismo y todo lo que este contiene : elementos físicos, plantas, animales y personas. Historia pasada, presente y futuro potencial. Todo.

¿Hay suficiente amor en el ser humano para dárselo a la Tierra? ¿Hay suficiente amor en los corazones hacia quien muchos eligen llamar "Madre...Tierra"? Si lo hay, entonces hay que elegir alguna madre-tierra local y amarla. Intentarlo siquiera. Como con el amor de pareja, puede que luego la relación con un lugar "local" fracase, o no pueda ir más allá de cierto punto, pero al menos hay que intentarlo. 

Morirse sin haber amado a nadie concreto ¡qué triste! Morirse sin haber amado a la Tierra ¡qué terrible! Nacer en la Tierra y pasar la vida estando tan "de paso" sobre Ella, que ni siquiera la hemos amado hasta el final, hasta el compromiso. Hasta la raíz.

Pero sí, es cierto: dar un valor supremo al dinero es antagonista con esta elección del amor. Así que la vivencia de este amor a "una" Tierra local representa un desafío. Hay que imaginárselo y empezar el camino de cero. Sin referentes cercanos. Porque nos han educado para movernos por el dinero y tras el dinero. Este es un tema amplísimo...

A base de darle vueltas a este desafío, he encontrado referentes lejanos. Para variar, tribales. Exóticos para nosotros. Tribus del mundo que aman tanto a "su" tierra que se sienten parte de la misma, y eligen conscientemente vivir con cuidado sobre ella, sin lastimarla. Protegiendo sus elementos, sus paisajes, sus plantas y animales. El último ejemplo que he encontrado de una vida así de amorosa con la "propia" tierra son los indios Kogi de Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia) Merece la pena asomarse a su cosmovisión, es interesantísima y muy amorosa hacia "la Madre". Pero hay más tribus que han vivido o viven lo mismo...

Y es sólo cuando pienso en cómo viven estas tribus, y lo muy cuidado que tienen su entorno a pesar de haberlo habitado durante siglos, comprendo que la petición de la Tierra de "elegir una tierra por amor y comprometerse con ella" es sabia. Profundamente sabia. Y es que tal vez no se trate tan sólo de que a la Tierra le "guste" ser amada, sino que además Ella sabe que si no amamos algo profundamente, no vamos a ser capaces de hacer todo lo posible para cuidarlo y protegerlo. Todo lo que esté en nuestras manos. ¿Existe una fuerza mas poderosa que el amor?

¿Y si al final fuera verdad que sólo el amor puede salvar al mundo, pero esta verdad fuera literal y aplicada también - y fundamentalmente- al amor hacia la Tierra, inclusive en sus aspectos locales? ¿Cómo dejar de ser "gente de paso" si no amamos suficientemente a un lugar como para quedarnos en él...? Y quien ama... ¿Abandona al primer problema? ¿De qué tenemos miedo?

Yo cada vez sé mejor a qué tengo miedo, pero de veras: a descubrir, en el momento de mi muerte, que "pasé" por encima de la Tierra sin haberla amado y sin haberme integrado del todo en su materia. Sin haberme, en fin, encarnado del todo o de veras. Porque no me comprometí, o lo hice de manera sesgada y parcial: solo con algunas personas, solo con alguna planta o algún animal. O solo conmigo misma. Fui turista, viajera egoísta, únicamente preocupada por obtener "sensaciones, emociones, experiencias" de mi viaje terrestre, y estuve cuidando solo de mi persona y mi maleta personal. Estuve mirando, viendo, fotografiando "para el recuerdo" y ya está. No me quedé en ninguna parte, porque total, me consideré ciudadana del mundo y total, además, como nos morimos, la Tierra no es lugar para estar y detenerse un rato. Solo para "pasar", y cuanto más desapegadamente, mejor.

Humanos turistas, que lo devastan todo, ¡pero cuánto presumen de su "amor" por la tierra de países con los que, sin embargo, jamás se comprometen, y de los que huyen cuando hay dificultad! Somos como turistas en la Tierra, ¡qué pena! No hijos con su madre, no nietos que cuidan de su abuela. Turistas. Viajeros transitorios, que contribuyen con su prisa y su deseo de aumentar la velocidad y las emociones del viaje a explotarla, a diezmar sus recursos llenando la Tierra de líneas de ferrocarril, de gases de aviones, de agujeros para sacar minerales...Todo para que los turistas tengan más comodidad en su "viaje de placer". Para que solo tengan que apretar botones en su tren o avión, y tengan calefacción, y agua corriente a demanda, y además caliente. Y para que todo sea más y más rápido.

Turistas en la Tierra. ¿Para cuándo lo de ser hijos encarnados de verdad y totalmente? ¿Para cuándo seres integrados en "un" paisaje concreto? La Tierra tiene la receta para esto: elegid una tierra "por amor"...y quedaros en ella. Hasta el final. Hasta que la cosa no dé más de sí, y se hayan agotado todas las posibilidades.

"Amadme hasta el fin, mis hijos..."




                                                                      





lunes, 9 de marzo de 2015

La ley del silencio social o familiar.

 
Ando reflexionando sobre la manera que tenemos de relacionarnos en esta sociedad, con tanta ocultación de las verdades íntimas, y cómo eso nos acarrea sufrimientos gratuitos que serían evitados si nuestros códigos de conducta fueran distintos.

Leí hace tiempo una entrevista a Sobonfu Somé, (abajo, en la foto) una maestra espiritual africana, en la que ésta hablaba sobre su sociedad tribal. En ella lo normal es compartir todas las preocupaciones y problemas, incluso o sobretodo las que aquí consideramos íntimas. Así, cuando una pareja se pelea, lleva sus asuntos al centro de la tribu y todos escuchan, opinan, ayudan... Porque se considera que el problema de uno, es de todos. No existen las cuestiones "aisladas". Del mismo modo, cuando una pareja se casa, allí todos se re-casan a su vez, volviendo a celebrar sus unión.


Aquello me llamó mucho la atención, porque me di cuenta de que nuestra manera de funcionar, que damos tan por sentada como si fuera lo mejor, lo ideal o incluso la ÚNICA forma de hacer las cosas, no es más que un producto cultural, y por lo tanto, no es inevitable. Puede que ni siquiera sea el mejor.

¿Qué acarrea nuestra forma de funcionar? Por ejemplo, si una pareja tiene conflictos, generalmente los oculta ante los demás. Se considera que contarle tus problemas de pareja a los otros miembros de la tribu o a los amigos comunes es una especie de traición al otro miembro de la pareja. Los maridos, pues, callan ante sus amistades comunes sus problemas reales con sus mujeres; y las mujeres los que tienen con sus maridos. 

Solo se rompe esta ley del silencio cuando la situación es tan sofocante para alguno de los 2, o para los 2, que generalmente ya es muy difícil de arreglar. Y de todos modos se rompe el silencio siempre con un sentimiento de que se hace algo que no está bien de cara al otro miembro de la pareja: hablar. Contar lo que duele de una relación, lo que no funciona.

En nuestra sociedad siempre se prefiere seguir aquel dicho de "los trapos sucios se lavan en casa", que resume una creencia muy arraigada: no se deben exponer los problemas íntimos ni relacionales. Uno debe apañárselas a solas con eso, porque la "norma" social dice que siempre es prioritario salvaguardar el "honor" o la buena imagen que del otro puedan tener, y además, se entiende por buena imagen no tener defectos. Como si esperáramos inconscientemente estar relacionándonos con dioses o diosas sin tacha y, al poner de relive las disfunciones, errores o vulnerabilidades de otras personas, obligara de inmediato a apedrearlos, darles la espalda o desdeñarlos como si fueran un fiasco. Cuando en realidad, no hay nada más natural que estar "a medias", es decir: en proceso de desarrollo, con algunos potenciales alcanzados y otros sin germinar; con virtudes ya actuando pero también con sombras, errores e ignorancia a tutiplén.

Todo este modo de pensar, este mito social acerca del encubrimiento de "la verdad" de los otros y de nuestras relaciones íntimas afecta no solo a parejas, sino a otros grados de parentesco y líos familiares. El resultado de esta "ley", aunque parezca bueno en algunos aspectos (nos otorga cierta tranquilidad, cierta sensación de "no pasa nada") es el aislamiento emocional de las personas cuando sufren, algo que es, de por sí, dañino. Si ya es triste y doloroso sufrir, peor me lo pones si te toca aislarte en ello porque vives en un lugar donde reina la ley del silencio o, como mucho, la de "Si me lo vas a contar, que sea en secreto y que nadie más lo oiga". Como si se fuera un delincuente por desahogar un dolor, una duda, un problema.

Pero otro efecto dañino de esta práctica social "ocultativa" es que, al desconocer las personas "de fuera" de una familia o de una pareja sus reales conflictos ocultos, generalmente meten la pata y dañan inadvertidamente a las personas que sufren. Dada la intensidad de la ley del silencio, desde fuera es muy, pero que muy difícil adivinar los resortes psicológicos que se esconden tras los rostros de amigos y familiares y los infiernos domésticos o interiores que algunos llevan a la espalda. Una cosa es conocerse y relacionarse cuando se vive de manera "independiente", y otra cuando uno empieza a entrar en esas leyes silenciosas, según las cuales "se debe" primero a la pareja, o la familia, y entonces deja de poder decir las cosas tal cual las siente; deja de mostrarse tal cual es; deja de actuar como lo haría si estuviera solo, expresando sin más lo que le pasa por dentro.

En estas condiciones, es muy, pero que muy fácil, que se haga daño por omisión, por ejemplo no ayudando en algunas cosas, al pensar que la otra persona tiene más fuerza y medios de los que realmente tiene, porque los apoyos externos que aparentemente se le suponen, no son tales. O también se puede dañar sin querer pero de manera activa: a veces uno actúa como un elefante en una cacharrería. Una agresión verbal "pequeña", que sería una tontería para alguien en una situación de fortaleza y emocionalidad saludable, se puede convertir en la nefasta gota final que derrama el vaso y lo convierte todo en insoportable, todo porque esa persona ya está muy socavada por dentro, pero desde fuera esto no es perceptible.

Se leen muchos artículos sobre maltrato familiar hacia niños, ancianos, parejas...Pero casi nadie parece percibir este aspecto de nuestro modo de relacionarnos como una de las causas fundamentales que prolongan el maltrato y el sufrimiento intrafamiliar. ¿Cómo se va a poder solucionar un problema que, de entrada, se tiende a ocultar? ¿Cómo van a romper la ley del silencio los niños, los ancianos, las parejas, los amigos...si pesa sobre ellos no sólo el miedo a represalias familiares o de pareja, sino también la sensación de que "decir", señalar a esa persona "tan maja y a la que todos quieren" no va a ser algo bien recibido de entrada, porque "los trapos sucios se hablan en casa, y está muy feo murmurar o criticar a otros a sus espaldas"? 

De acuerdo, no quiero hacerlo a sus espaldas, entonces decidme dónde lo hago, cómo lo hago, si sólo yo parezco ser la persona que siente necesidad de hablar acerca de esto. La cruda realidad es que no tenemos, como sociedad, mecanismos o espacios de diálogo y desahogo "seguros", terapéuticos incluso, que no pasen por crear grupos cerrados y casi clandestinos, en plan "alcohólicos anónimos", y eso cuando existen.

No voy a ser tan poco realista como para imaginar que nuestra sociedad pueda o quiera cambiar toda su cultura de la noche a la mañana y, por consiguiente, su manera oscurantista de funcionar en lo relativo a las relaciones íntimas y familiares. Pero sí pienso que es bueno generar conciencia sobre este handicap que tenemos y, teniéndolo en cuenta, adoptemos un "principio de prudencia" a la hora de relacionarnos. 

No estaría mal ser más consciente cada vez de que, de lo que vemos en el exterior o en las apariencias de una pareja o familia, no debemos fiarnos demasiado. Y no porque la apariencia de una pareja o familia sea necesariamente falsa, sino porque nunca es (en nuestra sociedad) más que un pedazo de una realidad mucho mayor, y generalmente lo que vemos es sólo la parte bonita o positiva (porque la ley del silencio exige mostrar solo lo que hace "quedar bien" al otro o a uno mismo)

Esta parte positiva, insisto, no tiene porqué ser mentira, pero desde luego no es todo lo que hay, y puede ser bastante contradictorio con lo que se oculta, ya que la parte difícil o menos "presentable" se suele esconder. Por eso, fiarse de lo que se ve implica interpretar de manera inexacta lo que hay y, en consecuencia, equivocarse muy fácilmente al opinar y actuar con los demás.

El principio de prudencia implica ser más suaves y cuidadosos en nuestro trato con los otros, y no precipitarse dando por sentado con qué fuerzas cuentan en su interior, o cómo son las cosas dentro de su casa o dormitorio. También implica no juzgar mal a alguien si finalmente se atreve a "hablar" de lo que sucede "de puertas adentro", pero también ser doblemente cuidadoso con la información recibida, tanto hacia el que habla como hacia el que calla y no se encuentra presente.

Finalmente, no estaría mal complementar el principio de prudencia con un principio de acogida respetuosa y silenciosa. Me refiero a acoger los conflictos ajenos si por casualidad una familia, pareja o cualquier persona opta por exponerlos y pedir ayuda para los mismos. Hay que romper tabús: escuchar, acoger e implicarse para ayudar a quien pide ayuda para conflictos relacionales no es ser "metomentodo" ni ir de "arreglavidas", ni "meterse a romper parejas o familias". Porque insisto: dado que la Ley del Silencio es muy fuerte, generalmente sólo se pide ayuda o se "grita" cuando la situación ya está muy deteriorada, y en ese contexto, si luego sucede una separación o una reordenación de relaciones, uno no rompe nada que ya no esté roto.

Es más: a menudo es muy difícil reunir fuerzas para hacer lo que se siente necesario. Separarse, o abordar un conflicto de manera terapéutica, o reubicarse, o decir "hasta aquí y basta", no son cosas fáciles ni sencillas cuando uno tiene ya las fuerzas muy minadas y vive el aislamiento social producto de la dichosa Ley del Silencio.

Ayudar, escuchar, acoger, es, sencillamente, vivir la faceta más empática, comunitaria y colaborativa del ser humano. Porque aquellos africanos tienen razón: es imposible no vernos afectados, de manera directa o indirecta, por los dolores y problemas que otras personas cercanas padecen. Pero es que además nunca son casos aislados. Lo que les sucede a unos surge de un patrón colectivo que manifiesta el mismo problema de diferentes maneras y en diferentes relaciones o familias.

En una sociedad donde se viviera un poco más La Unidad, los dramas íntimos no llegarían a los niveles que llegan en nuestro mundo. Pero mientras sigamos callando unos y otros, uno por respetar a su mujer, otro por respetar a su marido, otro por respetar a su padre o su abuelo, y otro por respetar a quien sea, seguiremos aislando a los que sufren, e incluso dañándolos sin querer. Porque pensábamos que iban a poder con las cosas pero, sencillamente, un día no pudieron más y entonces sucedió algo tremendo y nos quedamos espantados.

¿Qué sabemos de lo que viven los otros en su interior? ¿Qué sabemos de los infiernos domésticos? Nada, o casi nada. Las familias, desgraciadamente, actúan como pequeñas mafias donde hay capos y figuras intocables, los clanes forman estructuras jerárquicas más o menos inconscientes, y desde niños absorbemos este modo de funcionar, trasladándolo luego a las expectativas que tenemos sobre nuestras amistades, parejas, hijos, etcétera. No queremos la ley en la que supuestamente creemos (derechos humanos) en casa, sino "nuestra" ley mafiosa (Los trapos sucios lavándose de tapadillo, los crímenes escondiéndose, los micromaltratos o micro lo que sean guardaditos en momentos cotidianos sin testigos externos, etc)

Se hace imprescindible no juzgar a los demás, no interpretar, y tratarse con cuidado. O eso, o iniciar un cambio de mentalidad y de manera de funcionar enorme, un "destapamiento", una vuelta hacia la luz que, sinceramente, me temo que la mayor parte de la gente no quiere realizar. Y como esas liberaciones de sombras en público no se pueden forzar, nos sigue quedando tan sólo lo privado. Escuchar. Nos queda escuchar en intimidad, acogiendo y sin juzgar.

viernes, 20 de febrero de 2015

Modificarse para pertenecer a un grupo y sentirse seguro.


A raiz de la última operación de estética de Uma Thurman, en las redes sociales se han disparado los comentarios sobre la presión ejercida sobre las mujeres para modificar su aspecto con cirugía. Yo soy totalmente crítica con estas presiones y no me gusta nada la moda de operarse el cuerpo para amoldarlo a las modas estéticas del momento, así como muchas otras modas que parecen querer convertirnos en muñecas sacadas de un sex shop, o casi. PERO. El pero es que no estoy de acuerdo con tanta gente que dice que ese fenómeno es cosa de la cultura Occidental, bla, bla, blá.


Pues no. El quid del asunto, para mí, ni siquiera es la mujer. Ni si vive presiones así o asá.
El asunto es la tribu, el clan, y las exigencias o presiones psíquicas en un colectivo para que sus miembros adopten, preferentemente, determinado aspecto, que es el más valorado. 
Por sentirse incluidos en un colectivo, o por aumentar su status, muchos individuos son capaces de deformarse. ¿Por qué? Porque es muy duro sentirse "fuera" de algo colectivo. Y es muy agradable sentirse "dentro" de un grupo o colectivo que nos arrope. Además, algunas modificaciones corporales surgen como un modo de elevar el propio valor dentro del grupo (es decir, para tener más puntos a los ojos ajenos) y se reservan para las "élites" o "los mejores" (como sería el caso de los pies deformados de algunas mujeres en la antigua China imperial, los cráneos deformados en algunos linajes, o ciertas marcas en la piel, etc.)
El fenómeno de la deformación corporal con agresiones físicas (autolesiones más o menos dolorosas o incómodas) es más viejo que el ajo, pertenece a todo el planeta, y no es exclusivo de mujeres, ni de hombres. Y para muestra un botón. Mirad todas las fotos que he colgado, de diferentes tribus... Podría colgar fotos de las modificaciones físicas MODERNAS en la cultura occidental, desde la época de los corsés, por ejemplo, hasta los modernos poercings, implantes y operaciones varias, pero en general mi sociedad ya las conoce. Idealiza, en cambio, el mundo indígena, como si no existieran en él "las modas" y formas un tanto autolesivas para encajar o pertenecer, cuando no es así. 

¿Cuál es el mensaje? Que este fenómeno es muy humano, es casi universal y no creo yo que desaparezca así como así. Y que, en su base más simple, surge porque somos gregarios (por mucho que a mucha gente le guste desgañitarse diciendo que el ideal es individual) y eso significa que necesitamos afecto y pertenencia, y creamos a veces "formas" extremas de demostrar visualmente que "pertenecemos", para no vivir el desamparo, la exclusión, la marginación.

 ***

En el libro "Sálvate, la vida te espera", Boris Cyrulnik señala que existen dos tendencias en el interior de cada persona:

- Una, amoldarse a lo que hace un colectivo para ser aceptado e integrado en el mismo y experimentar la sensación, así, de estar arropado y protegido, seguro, con calor humano.

- Dos, diferenciarse de lo que hacen o piensan los demás, deseando experimentar un camino individual, personal.

Esto, aunque lo parezca, no es contradictorio, o incoherente. Se explica por una cuestión de necesidades innatas en el ser humano, firmemente grabadas en nuestra especie debido a que ambas estrategias son las que nos han permitido sobrevivir, adaptándonos a lo cambiante. En cierta parte del libro dice que uno puede tener dentro dos impulsos o tendencias antagonistas sin ser por ello un enfermo o un demente. Lo paradójico es natural. Estas dos fuerzas antagonistas se pueden comparar a las cargas + y - de las partículas subatómicas, o a otras fuerzas de la naturaleza, de cuya tensión o polaridad surge la materia, la vida, etc.

Es muy interesante porque, mientras Boris va desgranando reflexiones y recuerdos de su vida, te muestra lo importante que es el impulso o tendencia de mimetizarse y ser uno con un grupo. Lo fuertísima que es esta necesidad, porque nos aporta muchos vínculos, relaciones de apoyo. El ser humano es gregario y nunca hubiera sobrevivido pensándose a solas o actuando cada uno como lobo solitario. Lo solitario es excepcional y, de hecho, en un niño, es destructivo y mermante de las capacidades. 

 Nuestro cerebro, por ejemplo, se queda estancado si no hay suficiente interacción con lo externo, si no hay lenguaje, si uno usamos la palabra con otras personas que, a su vez, ¡nos respondan! (Hablar con una pared o con alguien que luego no te responde, no surte el mismo efecto)

Los niños no "crecen" bien si están solos. No se desarrollan plenamente. Pero tampoco los adultos pueden sacar su pleno potencial si solo viven para si mismos. La comunidad no es que sea necesaria, sino IMPRESCINDIBLE para el ser humano. De ahí que el modelo comunitario, tribal, gregario, abunde y se repita todo el tiempo.

Ahora bien, la tendencia, digamos, de individuación, de diferenciarse, de personalizarse o incluso de rebelarse, también es necesaria e imprescindible para que, en un momento dado, puedan surgir cambios sociales, adaptaciones y mejoras. Así que todos llevamos dentro, de serie, esa tendencia. No es que unos seamos creativos, independientes y personalísimos: todos lo somos en potencia, lo que cambia es la etapa que vives y tu percepción del mundo, tus necesidades puntuales, etc.

Comenta Cyrulnik que llegan momentos en que un ser humano de repente ve algunas cosas distintas a su colectivo, y vive el típico desgarro o encrucijada dolorosa, difícil, en la que debe decidir si se amolda a un colectivo y "hace lo que todos" o por lo menos sigue "dando la impresión de estar con todos"...o por el contrario se desmarca y dice lo que piensa. 

El problema con mostrar tu perspectiva en esas circunstancias es que, salvo que el colectivo sea bastante tolerante y flexible, capaz de encajar la diferencia, eso te arroja a la soledad. Y en nuestro interior existe un miedo atávico (y comprensible) a quedarnos fuera del grupo de turno, puesto que no se sobrevive fácilmente a solas. Dependiendo también de tu situación y los recursos internos y externos que tengas, enfrentarte a los demás o simplemente no seguir su pulso, puede significar desde tu marginación y empobrecimiento (físico y/o social) hasta, en casos extremos, tu eliminación como individuo (por ejemplo, en una dictadura podrían matarte por pensar de manera distinta al poder)

Así explica Cyrulnik muchas aparentes contradicciones que observó y experimentó durante la Segunda Guerra Mundial, con el nazismo. El vivía en Francia, era un niño, y observó, sin entender nada, cómo las mismas personas que antes eran amables vecinas, se pasaban al nazismo y denunciaban a sus familiares judíos; y luego, acabada la guerra y "vencido" y herido el nazismo, cambiaban y oye, aquí no ha pasado nada. Muchísima gente, simplemente, fue a un lado y a otro impulsada por el deseo inconsciente de pertenecer a un colectivo, y que éste fuera el dominante. 

También experimentó cómo su propio deseo de "encajar" en algún grupo, o con la gente, le impulsaban a modificar su conducta para ser más agradable o aceptable a ojos ajenos. Por ejemplo, comprobó casi siempre que contar su verdad, decir su historia, incomodaba a los demás, así que optó por callarla. En cambio, descubrió que hacer teatro, hacer el payaso o inventarse historias, tenía mucha mejor aceptación, y eso hizo.

Todas estas experiencias se le antojaron tan enigmáticas que decidió estudiar medicina y la mente humana "para entender cómo funcionábamos". Y por eso hoy es uno de los neuropsiquiatras más renombrados, sobretodo en lo relativo a la resiliencia o superación del trauma.

Dice una frase que me ha impactado: "Si un grupo no se define, no protege a sus miembros". 
Todos protestaríamos ante la necesidad de "definir" nada. ¿Para qué definir un grupo de amigos, por ejemplo? Pero a la luz de lo que explica, entiendes que la total indefinición no consigue dar cohesión ni conciencia "de grupo" a esas personas. Y al no existir conciencia grupal, no se restablece un perímetro de energía mental concreta y protectora alrededor. 

A cierta parte de nuestra mente, muy atávica, no le dan ganas de esforzarse protegiendo o ayudando a los que "no son de los nuestros". Así, puedes dejar apartado con sus problemas a alguien cercano, y no hacer nada, o expulsar a una persona de tu espacio, todo porque no terminas de sentir que esa persona forme parte de "tu gente", porque no sigue tus consignas, no aprueba tus decisiones o es crítica...Y eso, tu mente tribal, puede interpretarlo como "no es de los míos, es un lastre, me impide avanzar en la dirección que quiero". Y esto explica muchas cosas... Muchísimas.


Así que no parece malo definirse y adoptar signos de identidad colectiva, siempre y cuando se haga con prudencia, moderación y consciencia de qué clase de fuerzas de están poniendo en juego. Y cuidando de mantener también integradas, en el grupo, un poco de las fuerzas o tendencias críticas, rebeldes, distintas. Pues sin tener una mínima diversidad integrada, el grupo se convierte en algo demasiado cerrado y termina siendo insano.


Si defines demasiado un grupo, puedes crear una secta, o asfixiar al personal en un sistema cerrado, dogmático, y muy poco tolerante al intercambio con "los de fuera", o a la inter relación con ellos; cerradísimo ante la inclusión de nuevos miembros. Cuanto más definido es un grupo, más difícil es pasar "las pruebas" que demuestren que puedes ser "uno de ellos". Y más difícil es para los niños que crecen en él desarrollar sus plenos potenciales en libertad, ya que algunos de estos saldrán, inevitablemente, "distintos" o contestarios a la tónica dominante del grupo.



Después de todo esto: ¿se puede decir que lo del tipo de abajo sea "moderno"...? Más bien solo es un rasgo tribal arcaico, expresado de un modo nuevo, eso sí, mezclando elementos tecnológicos asociados con la ideología "de su tribu moderna".