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domingo, 2 de enero de 2022

San José, hombre abierto al Infinito. (Mitología niñista)


(De mi muro de face, publicado en abril del 2018)

Voy a seguir con el tema del buen padre iniciado hace dos posts, utilizando la figura (o el arquetipo, según lo quieran algunos interpretar) de San José, el padre de Jesús.

Por supuesto que puedo afilarme la lengua y la mirada y mirar el lado imperfecto del mito de José. Pero no existen los mitos perfectos. Existen tan solo las grandes historias, y no pueden abarcarlo todo. Hoy tengo la faceta sentimental subida de tono, y además con el fueguito angélico por ahí azuzando las llamas de algo menos ñoño. Y no toca hoy sacarle "peros" a la historia de José, sino sus cosas maravillosas.

Según la historia mítica, una de las facetas de José es que no es un hombre impulsivo. Es capaz de posponer sus deseos inmediatos si hay un bien mayor que puede alcanzarse con ese esfuerzo o con ese "sacrificio" temporal, por qué no decirlo así. Si José hubiera sido un hombre vulgar, hubiera dicho: A María que le den, puesto que ni siquiera sé si el niño es mío.

Esta faceta reflexiva no depende solo de tener desarrollado suficiente neocórtex como para razonar y buscar maneras de no dañar a la mujer que ama, sino que además está unida a la apertura espiritual de José. 

José es un hombre ABIERTO AL INFINITO. Por eso sueña con ángeles, y además se acuerda del sueño, y además sabe interpretarlo o traducirlo de manera que su mente ordinaria pueda entender algo. ¡Eso ya es un cierto nivel! Finalmente, y como colofón, hace caso del mensaje. Y es que soñar con ángeles es una cosa, pero saber interpretar lo sañado y más aun, seguir las pautas del mensaje recibido, eso ya es más raro.

José es símbolo del hombre que reflexiona (cabeza), escucha con el corazón y ama (corazón), siente y desea (con sus entrañas) pero que también es capaz de abrirse al Misterio, al Infinito, y actuar de manera ordenada en consecuencia, atendiendo al bien más elevado para todos, que se resume en este caso en el bien más elevado para el bebé que se gesta y su madre. José es un gran hombre mítico "niñista", porque finalmente lo hace todo por el niño, ya no solo por María. 

La Navidad es mitología niñista, pues el mayor derecho, honor y reconocimiento en ese relato, es para el ser que va a nacer. Por lo tanto los adultos, llenos de amor y respeto a esa vida futura, se adaptan como pueden y como saben a ella y sus necesidades.

Pero, finalmente, José es mito y representante del hombre que PERMANECE. No hubiera sido "José" si al poco de nacer el niño, hubiera abandonado a la díada madre-bebé. O si lo hubiera hecho a los pocos años del niño.  No. José ES el hombre que permanece. Tanto así, que la leyenda tradicional lo considera patrón de la buena muerte, porque se cuenta, se rumorea, que vivió para siempre sosteniendo emocional y económicamente a la madre y al niño. Y al final murió en sus brazos. Junto a ambos. 

Se considera que no hay muerte más bella posible que morir junto a tus seres amados. Y si encima has "realizado" una paternidad-de-cuidados superando tantas dificultades iniciales como él (luego del nacimiento aun tuvieron que emigrar huyendo de persecuciones y líos, etc, etc), pues es doblemente una buena muerte. Y si encima de haber realizado una paternidad fructífera y dichosa, has realizado el camino de ser compañero amoroso o esposo de la mujer a la que siempre amaste, pues para qué quieres más.

                           
 

José no solo era un hombre sensato, carnal y pragmático cuidante de la materia (trabajaba para sostener a la familia); amoroso; reflexivo; espiritual... es que encima era y es (para los cristianos) el símbolo de un esposo que ama de veras, que frena su impulsividad para entender a la mujer y cuidar del niño, y que es determinado y persistente: "Se moverá el mundo, pero yo permaneceré. Estaré contigo hasta el final". José, hombre pilar, hombre fuerte, hombre montaña.

Y lo hizo. Por eso la leyenda habla de la Buena Muerte. Porque fue una culminación.

Como tengo el dia ñoño me permito colgar algunas imágenes románticas y vintage de San José, toma ya. Hoy toca fiesta visual kitsch. Menos la pintura del sueño de José y los ángeles, que eso ya de ñoño tiene poco... y la del fuego en el corazón de José.

Finalmente he encontrado una inusual y rarísima imagen de San José rescatando almas perdidas. Que esa faceta no la tenía yo registrada...



Por qué no uso la palabra "patriarcado" (San José y el Buen Padre)


(Escrito en mi muro de facebook, Marzo 2018)


¿Por qué me niego a usar la palabra "Patriarcado" para definir los sistemas de dominación?

Esa es una de mis divergencias respectos a loS feminismoS: me niego a atribuirlo todo al "Patriarcado", ni a definir como "patriarcado" lo que vivimos.

¿Por qué? Bueno, en parte debido a mi cosmovisión, que es muy chamánica, es decir no depende de lecturas de libros sino de experiencias "perceptivas", a través del sentimiento profundo del cuerpo y la escucha de sensaciones, o de la misma "energía" que me rodea (no solo escucho a mi cuerpo y lo que hay en mi interior, sino también a lo que me rodea)

Y desde esa percepción en estado de escucha profunda, lo que llamamos "ser humano" a menudo ni siquiera lo es, sino solo un simio "mal desarrollado" o que no ha alcanzado su real potencial humano. Del mismo modo, lo que llamamos "padre" muchas veces tampoco es tal cosa, sino solo un "hombre que ha puesto su semilla o sus genes" y nada más. A veces ni es un hombre-hombre (ser humano cabal, íntegro) ni es un padre, porque SER padre significa cuidar, co-criar a la cría humana pero sobretodo cuidar a la madre y a los hijos.

De manera que, en mi cosmovisión, para ser padre, primero hay que ser humano de veras. Y luego, además, hay que perseverar durante años realizando ACCIONES CUIDADORAS, protectoras, sostenedoras de los hijos y la madre. Pero si no tenemos delante un hombre-hombre, sino a alguien con sus capacidades segadas, mutadas, retorcidas, dañadas o seccionadas, o simplemente incompleto, es difícil que esa persona dé a luz al padre real y potencial que lleva dentro. 

En cambio, cuando estamos ante un hombre plenamente humano, y plenamente padre, es imposible no ver que hay mucha diferencia entre lo que es el padre y un hombre que solo ha contribuido aportando semilla a un embarazo, y que luego, incluso aunque permanezca presente, hace más daño que bien y casi sería una bendición que se alejara de la familia, de los hijos.

Algo muy parecido sucede con las mujeres. Es decir, no toda madre ha podido nacer en plenitud al parir un hijo, porque muchas mujeres están profundamente dañadas y eso la lleva a no hacer de madres sino algo más parecido a una madrastra malvada, como las de los cuentos.

La comparación entre las madres que maltratan a sus hijos (golpes, insultos, humillaciones) y las madrastras, sin embargo, no es solo una idea mía. Existe en la moderna literatura feminista. Creo recordar que autoras como Victoria Sau lo mencionan así. Dicen que la madre que muchas hemos conocido, esa mujer que nos gritaba, insultaba, pegaba, no es la verdadera madre sino una madrastra. De este modo, rescata la maternidad como ideal, argumentando que cuando encontramos en nuestras vidas -y las vidas de nuestras relaciones- esos ejemplos terribles de madres que abofetean, insultan y amenazan, eso es una especie de intrusión psíquica de la "madrastra", no la verdadera madre.

La madre está muerta, dicen estas autoras. La madre "no está", está ausente de este mundo.

Bien pues yo digo: El padre tampoco. Y es casi increíble a mis ojos que a esas teóricas intelectuales les cueste tanto comprender que con el padre sucede EXACTAMENTE lo mismo que con la madre. Que el VERDADERO padre ni está, ni se le espera en muchas ocasiones. Porque hombres cuidadores hay pocos. Pocos con compromiso y capacidad para quedarse, para permanecer y hacerlo en el amor que cuida, un amor delicado que se vuelca hacia las crías y la madre en sus momentos de mayor vulnerabilidad, un amor que protege el nido cuando madre e hijos lo necesitan, que aporta lo necesario para que los hijos lleguen a ser adultos de plena capacidad.

Me parece ciego e injusto rescatar a la madre (diciendo que está muerta, pero que sigue siendo una realidad en otra parte), disculpar a las madres maltratadoras o negar su crueldad, derivando todo a la figura psíquica de la madrastra, pero luego concluir que los padres que maltratan y someten son "el" Padre, y que claro, lo que vivimos es su poder, su dominación. El Patriarcado. Porque ha sido El Padre quien ha matado a la Madre y nos trajo a la Madrastra, dicen.

(Pintura de Gaetano Chiericci)

¿Cómo...? No, perdona, esta no es mi visión. No firmo, no acepto, no transijo con esto. Y cuantos más años pasan, más me reafirmo en ello. Mi manía a la palabra "patriarcado" no se me pasa, sino que crece, y eso que entiendo que se utilice porque entiendo lo que se quiere expresar con esa palabra. Pero la raíz del asunto, tal y como yo la veo al menos, está equivocada. 

 Lo que tenemos es un "sistema de dominación" de unos humanos sobre otros, con sus variantes: Clases sociales, castas, ricos y pobres, racismos, etcétera. Y una de las variantes, además, es el problema de los padrastros dominando una parte del escenario. Es decir, en caso de llamar a este problema con nombre masculino, yo lo llamaría "Padrastriarcado". Y aún y así no lo veo muy claro porque muchos padrastros están sometidos a su vez por humanos que dominabn colectivos enteros, pero no en función de su ser padrastros, sino en función de su codicia, su ansia de controlar el mayor número de recursos posibles, etcétera.

Y esa competencia por los recursos la he visto tanto en hombres como en mujeres. Aunque con distintas estrategias, está presente, incluso en el tan idealizado mundo animal. Las hembras no siempre son inocentes. Depende de su nivel de estrés y de si sienten que tienen recursos suficientes para criar. En caso contrario, pueden pelear, competir y hasta matar a las crías para sobrevivir ellas. Yo lo he visto hasta en las gatas que he tenido (y tengo) Es decir: en situaciones ideales donde hay abundancia y facilidad de acceso a recursos, es fácil que surga lo bello, armonioso y amoroso de todos. Pero en situaciones de malestar la cosa cambia y ya no está tan clara ni la paternidad, ni la maternidad.

Es más, desde mi óptica, mucho del maltrato ejercido por madres a hijos, creo que surge de esta parte animal herida, estresada o agobiada, que ve a las crías como competencia, o siente por dentro (sin saberlo nombrar) que acaban con su energía, que "acaban con ella" (esa frase es muy típica de algunas madres, y les dicen a sus hijos: "Vais a acabar conmigo"), y que si no se impone o no las marca con golpes, castigos o demás, se la "comen". 

Esto es el reino del miedo, de sentir que se trata de "o tú o yo", que no se dispone de suficiente poder, es decir de suficiente energía... En el fondo esto tiene que ver con las fuerzas crudas de la naturaleza en estado salvaje, cuando pulsan en contextos difíciles, de sufrimiento interno, y no son contrarrestadas o matizadas con otras fuerzas del ser que podrían equilibrarlas. Como el corazón y su compasión (sentir lo que el otro siente) y la cabeza, razonando y tomando todo en una perspectiva mayor y más amplia, que quita hierro a muchas cosas y comprende otras.

De manera que pienso que NO vivimos en un patriarcado sino en un sistema de dominación/es variadas, con "padrastriarcado" incluido.

José, en contraste, representa a un hombre con criterio, con discernimiento, y además, ya rizando el rizo, un iniciado espiritual, pues ¿cómo si no, soñaba tan fácilmente con ángeles y era capaz de escuchar y comprender su mensaje? Sin esa vertiente sensitiva, exquisitamente sensitiva y bien integrada, José hubiera abandonado a María, y el mito, la historia de Jesús simbolizando al hijo pleno y bien parido, bien criado y bien cuidado, (que por eso fue compasivo de adulto) no hubiera podido ser. Porque en aquel contexto, una mujer embarazada sin marido lo tenía crudísimo. Y porque además, José permaneció al lado de los dos.

José es el summum, para nuestros mitos culturales (de origen cristiano) del Hombre-Hombre, el hombre que cuando nació "el hijo" (simbolizando a un niño o niña que nace, pues hablo en términos universales) dio a luz en sí mismo al PADRE. No al padrastro. El padre con su altruismo, con su generosidad, con su humildad, su apoyo, su coraje, su protección, su rol de sostener y sí, porqué no, también de proveer, por lo menos en tantos contextos donde las mujeres paren y no pueden dedicarse a la vez a criar y a ganar dinero o conseguir comida. Que me llamarán machista o anticuada por hablar del rol de proveedor del padre, pero me la pela. La realidad ha sido (y es) la que es para millones de mujeres, y la realidad dice que millones de nuestras antepasadas pudieron criar en gran parte gracias a que había hombres "proveyendo", sino todo el sustento, al menos una parte.

José es vientre, corazón y cabeza. Tiene los 3 centros del ser activos, plenos e integrados, en armonía. Y por eso actuó como actuó y la historia (real, mítica o legendaria, qué más da) fue la que fue. Lejos de ridiculizar esa figura o burlarme del mito, yo lo veo grandioso, lleno de significado.

He soñado a veces con José encarnado en hombres de clase humilde que amaban entrañablemente a sus hijos. También he tenido algún sueño con "sombras" malévolas que odian a José y desean que no exista ni se redescubra en mi sociedad, porque quieren que creamos que los hombres son "solo lo que vemos" (y que pensemos que todo lo hacen mal) y que los padres son "esos malos padres" o padrastros malvados o tiránicos... Hay un interés sombrío y feo deseando que creamos que no hay ningún padre, que no existe, o que ni se debe buscar porque ni siquiera es necesario. Para qué.

Pero existe. 

Soy tozuda como Galileo. Él se murió diciendo "Y sin embargo, se mueve" (refiriéndose a la tierra girando alrededor del Sol, una idea novedosa para su mundo) y yo me moriré diciendo "Pero el BUEN Padre existe", aunque la intelectualidad feminista diga que no y que el poder del padre es lo que daña  al mundo. El padre cuidador existe, y su poder real no lo conocemos. Que mucha gente no haya visto al buen padre debido a la desgraciada situación del mundo, es otra cuestión, pero él existe. Tampoco los antiguos creían que la tierra girara alrededor del Sol. 

 A veces hay que alejarse de lo que tenemos frente a los ojos, y mirar en perspectiva como hacen los astrónomos, para tener una perspectiva mayor y descubrir mejor la realidad, eso es todo.

 


 

lunes, 1 de agosto de 2016

De la película "Poltergeist" como metáfora. Enseñanzas espirituales/chamánicas.

(Mis Guías Espirituales son aficionados a utilizar metáforas, parábolas, símbolos, mitos e historias para enseñarme cosas o enfocar mi atención en determinados temas. Y como el cine y la TV han pasado a ser generadores de nuevos mitos, se han convertido en algo habitual sus alusiones a películas que he visto para señalarme algunos temas o suscitarme reflexiones sobre otros. En este sentido, no importa tanto la calidad de una película como que sea útil para reflejar determinadas realidades. Aquí os dejo unas notas de mi cuaderno campo, escritas en abril del 2014, sobre la vieja película "Poltergeist-1")
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Tal vez la moraleja más importante de "Poltergeist", aquella película de miedo ochentera, es que lo fundamental para ayudar a cualquier niño o niña es la unión amorosa y sin fisuras de sus padres, o de las personas con las que este niño esté afectivamente más vinculado. (Su familia o cuidadores directos)


Y es que no sólo existen personas con gran capacidad de sembrar discordia y romper parejas o familias para llevarse algo a su terreno (desde parasitar la energía del nido familiar, hasta llevarse al "huerto" a alguno de sus miembros, o en el peor de los casos seducir a los niños y abusar de los mismos) sino que también en el mundo de la energía existen entidades o "espíritus dañinos" que son expertos en sembrar discordia entre los padres, o entre los amigos del niño, o entre su pequeña tribu de afectos... ¿Todo para qué? Para "comerse" mejor la energía del inocente, o para llevarlo a su terreno y dominarlo de algún modo.


Decía Jesucristo: "Velad y orad, para no caer en tentación" y aquel consejo sigue siendo eternamente válido para esta clase de temas, porque en la naturaleza siempre hay depredadores y oportunistas, y el mundo psíquico y el espiritual no son algo diferente de la naturaleza. Es decir, la receta es: amar...y volverse vigilantes del amor. No sólo "en" el amor, sino vigilar las relaciones amorosas, su estado, para repararlas cuando acusan las primeras grietas o fisuras importantes.

Otra moraleja de "Poltergeist" es que, de entre las personas, tal vez sólo una madre amorosa y consciente pueda entrar en el infierno para rescatar a sus hijos. Aunque, eso sí, la cuerda idealmente la sostenga el padre (la otra "mitad" que creó al hijo, y que idealmente debiera seguir ahí para amarlo y sostenerlo todos los días de su vida hasta que crezca lo suficiente para defenderse a sí mismo) 

¿Y porqué digo que "tal vez sólo una madre puede"? Pues porque se necesita un hilo de Ariadna irrompible y no hay nada comparable a la fuerza del vínculo amoroso/afectivo entre madre/hijos, si éste está bien afianzado. 

"¡No toques a mis hijos!"- le grita la madre protagonista a "la bestia". (Se lo dice a la entidad que se muestra para aterrorizarla, en la escena de abajo) Una madre así no le teme nada, ni al mismísimo demonio.


Otras personas ajenas a la familia se hubieran muerto de miedo, pero ella...ella es la madre (consciente y amorosa) Y existe un tipo de coraje guerrero que sólo surge cuando una mujer se convierte en madre con amor total. Por eso ella, en la película, no sólo se atreve a ir al infierno, sino que además el vínculo irrompible con su hijita hace que "pueda" cruzar el infierno para encontrarla. Que esa es otra cuestión, pues querer no siempre es poder. Algunas personas tal vez querrían, o se atreverían a ir, pero... ¿Encontrarían a la niña? O...¿serían capaces de resistirse a las seguras seducciones del infierno para despistarlas, o a las visiones de terror para disuadirlas o enloquecerlas?


La madre, si es amorosa, si es lúcida y consciente, es la persona más indicada para "rescatar" a sus hijos de las garras de seducciones espirituales destructivas o prisiones del alma varias, por el vínculo casi carnal antes descrito. Pero a veces una madre sola no puede con todo. Necesita a la comunidad. La película muestra el éxito de un trabajo en equipo, y esto es importante remarcarlo. Es otra moraleja que se extrae de esta historia. Sin una mínima comunidad o equipo, no se logra vencer a un infierno.

Arriba vemos al intrépido padre sosteniendo la cuerda, también "con un par", pues no hay más que ver el aspecto de la "entidad", que atemorizaría a otros. Pero el padre de esta película no flaquea y sostiene la cuerda aún sintiendo que su vida podría estar en riesgo, porque sabe que madre e hija están en una situación mucho peor y que sostenerse en su firmeza, su estabilidad, su ser como un pilar inamovible, son el único modo de que ellas salgan con vida. 

Esta firmeza en sostener la cuerda sin importar el escándalo y la parafernalia efectista que organizará (sin dudarlo) el infierno a tu alrededor, es un símbolo fuertísimo de la estabilidad emocional necesaria para resistir a los embates de toda aquella energía (expresada a veces a través de terceras personas, o de circunstancias varias) que se acerca a una familia con la secreta intención de llevarse a parte de la misma. Lo cual equivale a romper su unidad, su cohesión, y además cercenar su totalidad llevándose de mala manera a alguien.

Si una madre no tiene un vínculo amoroso y afectivo solido con sus hijos, algún "infierno" se los puede llevar con seducciones insospechadas, buscando las grietas o fisuras en la realidad de la familia por las cuales pueda colarse dentro de su espacio. Pero también, si un padre no tiene suficiente solidez o estabilidad en sus emociones y convicciones amorosas, el hogar tampoco estará a salvo. Es más, incluso aunque un padre ame a su familia, no será capaz de estar ahí, firme y a prueba de infiernos, cuando éstos se presenten, si no es estable emocionalmente. Los "demonios" harán con él lo que quieran, o lo despistarán y lo alejarán para dejar más desprotegidos a los hijos o sola a la madre en la crisis "infernal" de turno.

En el peor de los casos, un padre que no sólo es seducido por infiernos sino dominado por los mismos, puede terminar convirtiendose en un peligro real para su propia familia, la cual deberá protegerse de quien se suponía que debía ayudar a sostener, proteger y nutrir el hogar común. (Aunque por la misma regla de tres, una madre desvinculada o carente de amor, también puede ser seducida y dominada por infiernos varios, hasta convertirse en un peligro para sus hijos)

En la película, la grieta entre mundos utilizada se genera a través de la televisión (otro símbolo potente de la irrupción dentro del hogar de energías exteriores, que no siempre son beneficiosas. Depende) Pero existen muchas otras maneras de "entrar" en el sagrado espacio de un hogar de manera disimulada y seductora al principio, hasta lograr atraer y llevarse fuera a los pequeños...o a otros miembros de la familia. Y la mayor parte de maneras son psicológicas, tentaciones, seducciones, cosas que entran en nosotros a través de nuestros puntos flacos, nuestras obsesiones, nuestros miedos, o nuestros deseos más inconfesables.



En la película queda muy bien reflejada la estrategia típica: al principio, la irrupción del "poltergeist" parece graciosa y resulta fascinante. La familia se siente llena de curiosidad, casi halagada o interesada en los fenómenos que su pequeña hijita parece provocar. No sospechan para nada lo que está detrás de todo eso, lo que está intentando "entrar". Ni sus intenciones. 

Esta estrategia se repite en muchisimas historias de ruptura familiar conflictiva e "infernal" en la que han entrado en juego energías intrusivas (externas a la familia) a las que en principio se dejó entrar porque parecían fantásticas, apetecibles, divertidas, seductoras o prometedoras, sin sospechar que no toda la realidad es lo que parece ser en un primer momento, o que no todo el mundo muestra de manera transparente sus deseos o intenciones.

Otra última moraleja de la película trata de lo delicado que es mantener el estado de "mediumnidad" adecuado para percibir bien "las energías". Cuando entra la médium en la casa dice que le abran paso y se alejen un poco de ella porque "están perturbando sus frecuencias".


Y es que para ser plenamente "perceptora" hay que llevar una vida muy especial... Muy..."limpia" y consciente. Y también silenciosa y bastante solitaria, por lo menos en determinados momentos. El cuerpo del médium se parece a un sismógrafo. Si hay agitación y movimientos constantes en su entorno, le va a costar percibir otras ondas de movimiento, separar unas de otras, discernir, enfocar con claridad. 

Hay un pasaje de los evangelios (hoy los cito, porque son textos ricos para aprender "demonología") en el que los seguidores de Jesús se quejan de que ellos no han podido expulsar a un "demonio" (lo pongo entre comillas porque habría mucho que hablar de lo que son los demonios, y sobre esta palabra en sí) Entonces Jesús les dice que no pudieron "expulsarlos" porque algunos demonios "sólo salen con mucho ayuno" por parte de los que van a ayudar a la persona que sufre. 

Este "ayuno" no debe ser interpretado necesariamente de manera literal. Ayunar quiere decir limpiarse, abstenerse de acciones, palabras, pensamientos o situaciones que puedan "ensuciar" la energía del que pretende ayudar a alguien en un trance muy difícil (un "endemoniado" se experimenta a si mismo viviendo en un infierno literal) De manera que ayunar quiere decir "limpiar y afinar" el instrumento perceptor que somos en potencia. (Por cierto, un instrumento que también puede ser emisor de las energías amorosas y sanadoras más altas, pero ése es otro tema)

De manera que para los "mediums", pero también para los terapeutas de diferentes tipos, la película da un buen consejo: ante determinados casos dificiles, no hay otro camino salvo distanciarse de cualquier distracción, limpiarse al máximo, centrarse y no permitir interferencias de ningún tipo. Y es que una de las características universales de cualquier infierno (físico, psíquico, o espiritual) es que en él hay confusión, y que genera estados de confusión en las personas que se le acercan o que se vuelven sensibles al mismo sin la adecuada concentración y protección. Es preciso tener una voluntad férrea para no dejarse atrapar por distracciones y sostener la intención sanadora. Austeridad y silencio son dos armas eficaces para afrontar las masas de confusión mental emanadas por los infiernos, cuando se presentan ante tí.

Finalmente, el propio final de la película resume y simboliza en imágenes muy potentes lo que algunos "infiernos" quieren en el fondo: la destrucción de los hogares. La desintegración y desaparición de la casa familiar es muy gráfica. No voy a entrar a discutir las causas para este odio al hogar. La película muestra sólo una posibilidad entre cientos, una historia posible entre muchas, y es todo aquello del hogar construído sbre un viejo cementerio... Bien, ése sería motivo para otro post, pero no lo voy a escribir hoy. Lo que quiero señalar sólo es que algunos infiernos desean destruir familias, nidos, hogares. Pues la casa u hogar familiar sólo es un reflejo externo (y un símbolo, a su vez) del espacio psíquico, emocional y espiritual que una familia no sólo habita, sino que también cuida y construye para sí misma. Para tener un lugar donde reposar y criar con seguridad a los pequeños.

La destrucción del nido sería una tragedia para cualquier animal que cría. Y cuando se cría en pareja, como sucede en muchas aves, la muerte o desaparición de uno de los miembros también es trágica y compromete la supervivencia de las crías. 

Criar es, idealmente, asunto de más de una persona. Por eso para defender a los niños, no sólo hay que cuidar sus cuerpos y emociones, sino también proteger y respetar sus hogares y no hacer nada que pueda lesionar de algún modo la relación entre las personas que cuidan y crían con amor a esos niños, y la unidad de la familia en general. 

Si amas a los niños, y quieres que tu amor sea algo más que buena intención o palabras, ayuda a sus padres o cuidadores directos. Sostenlos en sus conflictos y dificultades si te es posible. No arrojes piedras a su nido. No interfieras entre ellos. No pongas en riesgo su hogar, sea cual sea éste. No les despojes de hogar. Dales un hogar si no lo tienen. No te lleves al niño a tu casa, o a tu campo, dejando a los padres "fuera". No te creas ni por un momento que ayudarás a un niño si atentas contra la estabilidad, la salud o el bien de su padre o de su madre, ya sea de pensamiento, palabra, obra u omisión (esquivando actuar para evitar un desastre, cuando está en tu mano impedirlo) Porque los niños necesitan su nido, necesitan sus vínculos, necesitan su integridad, y ésta, al tratarse de pequeños seres "en construcción" y vinculados de manera total a sus criadores amorosos, se construye y se mantiene con el aporte de quienes aman y crían a esos niños. Los niños necesitan a su familia más que a nadie en el mundo. Más que a tí o a cualquier otro "de fuera". 

Para ayudar a los niños hay que ayudar a sus madres y padres, a sus hermanos. A la familia que cuida esos niños cada día, sea del tipo que sea. Al hogar. Y esto no tiene vuelta de hoja. Mientras no se entienda que un niño no llega a adulto "bien" si se estropea su nicho ecológico natural (el nido, la unión con la madre, el padre si está, u otros cuidadores si se da el caso) una y otra vez, seguiremos sin entender en qué consiste verdaderamente ayudar a la infancia. Amarla, en definitiva.


Los "espíritus" llenos de odio de la película consiguen romper el hogar físico de esta familia, pero por fortuna, al menos en esta primera película, la cohesión entre sus miembros no ha sufrido grietas, sino que el matrimonio sale reforzado en su amor y con los niños a salvo. Se podrá entonces construir o buscar un nuevo nido, porque el hogar esencial es la estructura o espacio de energía que se crea con la sinergia amorosa familiar.




lunes, 9 de marzo de 2015

La ley del silencio social o familiar.

 
Ando reflexionando sobre la manera que tenemos de relacionarnos en esta sociedad, con tanta ocultación de las verdades íntimas, y cómo eso nos acarrea sufrimientos gratuitos que serían evitados si nuestros códigos de conducta fueran distintos.

Leí hace tiempo una entrevista a Sobonfu Somé, (abajo, en la foto) una maestra espiritual africana, en la que ésta hablaba sobre su sociedad tribal. En ella lo normal es compartir todas las preocupaciones y problemas, incluso o sobretodo las que aquí consideramos íntimas. Así, cuando una pareja se pelea, lleva sus asuntos al centro de la tribu y todos escuchan, opinan, ayudan... Porque se considera que el problema de uno, es de todos. No existen las cuestiones "aisladas". Del mismo modo, cuando una pareja se casa, allí todos se re-casan a su vez, volviendo a celebrar sus unión.


Aquello me llamó mucho la atención, porque me di cuenta de que nuestra manera de funcionar, que damos tan por sentada como si fuera lo mejor, lo ideal o incluso la ÚNICA forma de hacer las cosas, no es más que un producto cultural, y por lo tanto, no es inevitable. Puede que ni siquiera sea el mejor.

¿Qué acarrea nuestra forma de funcionar? Por ejemplo, si una pareja tiene conflictos, generalmente los oculta ante los demás. Se considera que contarle tus problemas de pareja a los otros miembros de la tribu o a los amigos comunes es una especie de traición al otro miembro de la pareja. Los maridos, pues, callan ante sus amistades comunes sus problemas reales con sus mujeres; y las mujeres los que tienen con sus maridos. 

Solo se rompe esta ley del silencio cuando la situación es tan sofocante para alguno de los 2, o para los 2, que generalmente ya es muy difícil de arreglar. Y de todos modos se rompe el silencio siempre con un sentimiento de que se hace algo que no está bien de cara al otro miembro de la pareja: hablar. Contar lo que duele de una relación, lo que no funciona.

En nuestra sociedad siempre se prefiere seguir aquel dicho de "los trapos sucios se lavan en casa", que resume una creencia muy arraigada: no se deben exponer los problemas íntimos ni relacionales. Uno debe apañárselas a solas con eso, porque la "norma" social dice que siempre es prioritario salvaguardar el "honor" o la buena imagen que del otro puedan tener, y además, se entiende por buena imagen no tener defectos. Como si esperáramos inconscientemente estar relacionándonos con dioses o diosas sin tacha y, al poner de relive las disfunciones, errores o vulnerabilidades de otras personas, obligara de inmediato a apedrearlos, darles la espalda o desdeñarlos como si fueran un fiasco. Cuando en realidad, no hay nada más natural que estar "a medias", es decir: en proceso de desarrollo, con algunos potenciales alcanzados y otros sin germinar; con virtudes ya actuando pero también con sombras, errores e ignorancia a tutiplén.

Todo este modo de pensar, este mito social acerca del encubrimiento de "la verdad" de los otros y de nuestras relaciones íntimas afecta no solo a parejas, sino a otros grados de parentesco y líos familiares. El resultado de esta "ley", aunque parezca bueno en algunos aspectos (nos otorga cierta tranquilidad, cierta sensación de "no pasa nada") es el aislamiento emocional de las personas cuando sufren, algo que es, de por sí, dañino. Si ya es triste y doloroso sufrir, peor me lo pones si te toca aislarte en ello porque vives en un lugar donde reina la ley del silencio o, como mucho, la de "Si me lo vas a contar, que sea en secreto y que nadie más lo oiga". Como si se fuera un delincuente por desahogar un dolor, una duda, un problema.

Pero otro efecto dañino de esta práctica social "ocultativa" es que, al desconocer las personas "de fuera" de una familia o de una pareja sus reales conflictos ocultos, generalmente meten la pata y dañan inadvertidamente a las personas que sufren. Dada la intensidad de la ley del silencio, desde fuera es muy, pero que muy difícil adivinar los resortes psicológicos que se esconden tras los rostros de amigos y familiares y los infiernos domésticos o interiores que algunos llevan a la espalda. Una cosa es conocerse y relacionarse cuando se vive de manera "independiente", y otra cuando uno empieza a entrar en esas leyes silenciosas, según las cuales "se debe" primero a la pareja, o la familia, y entonces deja de poder decir las cosas tal cual las siente; deja de mostrarse tal cual es; deja de actuar como lo haría si estuviera solo, expresando sin más lo que le pasa por dentro.

En estas condiciones, es muy, pero que muy fácil, que se haga daño por omisión, por ejemplo no ayudando en algunas cosas, al pensar que la otra persona tiene más fuerza y medios de los que realmente tiene, porque los apoyos externos que aparentemente se le suponen, no son tales. O también se puede dañar sin querer pero de manera activa: a veces uno actúa como un elefante en una cacharrería. Una agresión verbal "pequeña", que sería una tontería para alguien en una situación de fortaleza y emocionalidad saludable, se puede convertir en la nefasta gota final que derrama el vaso y lo convierte todo en insoportable, todo porque esa persona ya está muy socavada por dentro, pero desde fuera esto no es perceptible.

Se leen muchos artículos sobre maltrato familiar hacia niños, ancianos, parejas...Pero casi nadie parece percibir este aspecto de nuestro modo de relacionarnos como una de las causas fundamentales que prolongan el maltrato y el sufrimiento intrafamiliar. ¿Cómo se va a poder solucionar un problema que, de entrada, se tiende a ocultar? ¿Cómo van a romper la ley del silencio los niños, los ancianos, las parejas, los amigos...si pesa sobre ellos no sólo el miedo a represalias familiares o de pareja, sino también la sensación de que "decir", señalar a esa persona "tan maja y a la que todos quieren" no va a ser algo bien recibido de entrada, porque "los trapos sucios se hablan en casa, y está muy feo murmurar o criticar a otros a sus espaldas"? 

De acuerdo, no quiero hacerlo a sus espaldas, entonces decidme dónde lo hago, cómo lo hago, si sólo yo parezco ser la persona que siente necesidad de hablar acerca de esto. La cruda realidad es que no tenemos, como sociedad, mecanismos o espacios de diálogo y desahogo "seguros", terapéuticos incluso, que no pasen por crear grupos cerrados y casi clandestinos, en plan "alcohólicos anónimos", y eso cuando existen.

No voy a ser tan poco realista como para imaginar que nuestra sociedad pueda o quiera cambiar toda su cultura de la noche a la mañana y, por consiguiente, su manera oscurantista de funcionar en lo relativo a las relaciones íntimas y familiares. Pero sí pienso que es bueno generar conciencia sobre este handicap que tenemos y, teniéndolo en cuenta, adoptemos un "principio de prudencia" a la hora de relacionarnos. 

No estaría mal ser más consciente cada vez de que, de lo que vemos en el exterior o en las apariencias de una pareja o familia, no debemos fiarnos demasiado. Y no porque la apariencia de una pareja o familia sea necesariamente falsa, sino porque nunca es (en nuestra sociedad) más que un pedazo de una realidad mucho mayor, y generalmente lo que vemos es sólo la parte bonita o positiva (porque la ley del silencio exige mostrar solo lo que hace "quedar bien" al otro o a uno mismo)

Esta parte positiva, insisto, no tiene porqué ser mentira, pero desde luego no es todo lo que hay, y puede ser bastante contradictorio con lo que se oculta, ya que la parte difícil o menos "presentable" se suele esconder. Por eso, fiarse de lo que se ve implica interpretar de manera inexacta lo que hay y, en consecuencia, equivocarse muy fácilmente al opinar y actuar con los demás.

El principio de prudencia implica ser más suaves y cuidadosos en nuestro trato con los otros, y no precipitarse dando por sentado con qué fuerzas cuentan en su interior, o cómo son las cosas dentro de su casa o dormitorio. También implica no juzgar mal a alguien si finalmente se atreve a "hablar" de lo que sucede "de puertas adentro", pero también ser doblemente cuidadoso con la información recibida, tanto hacia el que habla como hacia el que calla y no se encuentra presente.

Finalmente, no estaría mal complementar el principio de prudencia con un principio de acogida respetuosa y silenciosa. Me refiero a acoger los conflictos ajenos si por casualidad una familia, pareja o cualquier persona opta por exponerlos y pedir ayuda para los mismos. Hay que romper tabús: escuchar, acoger e implicarse para ayudar a quien pide ayuda para conflictos relacionales no es ser "metomentodo" ni ir de "arreglavidas", ni "meterse a romper parejas o familias". Porque insisto: dado que la Ley del Silencio es muy fuerte, generalmente sólo se pide ayuda o se "grita" cuando la situación ya está muy deteriorada, y en ese contexto, si luego sucede una separación o una reordenación de relaciones, uno no rompe nada que ya no esté roto.

Es más: a menudo es muy difícil reunir fuerzas para hacer lo que se siente necesario. Separarse, o abordar un conflicto de manera terapéutica, o reubicarse, o decir "hasta aquí y basta", no son cosas fáciles ni sencillas cuando uno tiene ya las fuerzas muy minadas y vive el aislamiento social producto de la dichosa Ley del Silencio.

Ayudar, escuchar, acoger, es, sencillamente, vivir la faceta más empática, comunitaria y colaborativa del ser humano. Porque aquellos africanos tienen razón: es imposible no vernos afectados, de manera directa o indirecta, por los dolores y problemas que otras personas cercanas padecen. Pero es que además nunca son casos aislados. Lo que les sucede a unos surge de un patrón colectivo que manifiesta el mismo problema de diferentes maneras y en diferentes relaciones o familias.

En una sociedad donde se viviera un poco más La Unidad, los dramas íntimos no llegarían a los niveles que llegan en nuestro mundo. Pero mientras sigamos callando unos y otros, uno por respetar a su mujer, otro por respetar a su marido, otro por respetar a su padre o su abuelo, y otro por respetar a quien sea, seguiremos aislando a los que sufren, e incluso dañándolos sin querer. Porque pensábamos que iban a poder con las cosas pero, sencillamente, un día no pudieron más y entonces sucedió algo tremendo y nos quedamos espantados.

¿Qué sabemos de lo que viven los otros en su interior? ¿Qué sabemos de los infiernos domésticos? Nada, o casi nada. Las familias, desgraciadamente, actúan como pequeñas mafias donde hay capos y figuras intocables, los clanes forman estructuras jerárquicas más o menos inconscientes, y desde niños absorbemos este modo de funcionar, trasladándolo luego a las expectativas que tenemos sobre nuestras amistades, parejas, hijos, etcétera. No queremos la ley en la que supuestamente creemos (derechos humanos) en casa, sino "nuestra" ley mafiosa (Los trapos sucios lavándose de tapadillo, los crímenes escondiéndose, los micromaltratos o micro lo que sean guardaditos en momentos cotidianos sin testigos externos, etc)

Se hace imprescindible no juzgar a los demás, no interpretar, y tratarse con cuidado. O eso, o iniciar un cambio de mentalidad y de manera de funcionar enorme, un "destapamiento", una vuelta hacia la luz que, sinceramente, me temo que la mayor parte de la gente no quiere realizar. Y como esas liberaciones de sombras en público no se pueden forzar, nos sigue quedando tan sólo lo privado. Escuchar. Nos queda escuchar en intimidad, acogiendo y sin juzgar.

jueves, 30 de octubre de 2014

Las montañas y el arco iris

                 (Arriba, Monte Teleno (en invierno), desde donde llegó el contenido de este post)


(30 octubre 2014)

Y esto va de cómo, durante esta noche y a lo largo del día de hoy, el espíritu de una montaña me ha dicho que el mayor regalo de energía que las Montañas Sagradas (las que aun viven "Al Servicio de Dios") pueden dar al corazón del ser humano, es la posibilidad de experimentar "energía arco iris" cuyo destino es...nuestras familias, y muy especialmente las raíces del árbol familiar.

Yo esperaba que me dijeran: Enfoca esa energía aquí, o allá, en diferentes puntos planetarios...¡Pues no! Es en lo más cercano, en el núcleo de nuestras raíces, en nuestro origen, donde me dicen que debemos "canalizar" o irradiar este maravilloso arco iris. 
Dicen:
"El porqué de esto es sencillo: si cada ser humano sanara sus raíces... Si cada ser humano enviara el Amor con mayúsculas a su origen, a su familia... no quedaría familia, clan, tribu, nación, ni país sin ser bañado por el Sagrado Poder Sanador de las Cumbres, cuyo verdadero nombre (desconocido, hasta ahora) es: Amor Puro y Absoluto.

"Amor Puro y Absoluto es irradiado desde las cimas rocosas de las montañas sagradas, con un único fin: ayudar a los seres a vivir y a trascender...Y, en este caso, ayudar a los seres humanos.
¿Y cómo quieres, oh ser humano que nos lees, sanar nada, ni ayudar a las generaciones siguientes (los pequeños que nacen ahora, o son gestados, y los que nacerán) sin sanar las raíces de tu origen, tu árbol, tu familia?

"Los sueños de sanar a la humanidad que no contemplan esto, son sueños ilusorios, carentes de raíz. Por eso no se podrán materializar, o no lo harán correctamente. Les faltarán fundamentos, cimientos.

"Y con esto no queremos decir que uno "deba" convivir con familias disfuncionales o soportar maltratos, o no mirar a nadie más, salvo a su familia. Lo que queremos decir es: Nosotras, las Montañas Sagradas, os ofrecemos el Arco Iris para que lo enviéis ahí donde más falta hace de vuestra familia, tribu o clan carnal. Hasta a vuestros ancestros (si lo precisan), pero desde luego a vuestros padres y hermanos, para empezar.

"No se trata de esperar determinados resultados. Se trata de Amor. Y ya está. Misión cumplida: una vez enviado el Amor, hecho está. Pero hasta que no hayas amado hasta la última celula de tu origen carnal, aún te faltará algo, lo más importante para fundamentar (enraizar) cualquier proyecto con el que sueñes, cualquier materialización que desees encarnar.

"Si no sabes Amar a lo próximo, ¿cómo podrás amar a lo lejano? El hecho de desconocer lo ajeno, o lo lejano, te puede engañar, haciéndote creer que lo amas, todo porque no conoces sus sombras, sus rasgos desagradables o duros. Luego, cuando al fin los descubras, dirás: "Qué decepción" y dejarás de amar. Pero es que eso no era Amor.

"Hablamos del Amor con mayúsculas. Y de una oportunidad para vivirlo gracias a nuestra ayuda, a la irradiación de nuestras cumbres. Pues hay una parte de nuestro ser que es "para eso", y nuestra vocación es eso: Ser Amor Puro y Absoluto, y ayudar a los demás seres a serlo.

"Hay más secretos pendientes de ser desvelados sobre el Sagrado Camino de las Montañas, pero el primero es éste."

"Desde el Monte Teleno, Montaña Sagrada del Noroeste de España, hemos hablado"