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martes, 21 de mayo de 2019

Aliens e "insectización" humana (Sobre "La Vida Secreta" de David Jacobs)





(Escrito en mi muro de facebook, noviembre 2017)

Estoy leyendo un libro sobre abducciones alienígenas escrito por el historiador David Jacobs (el señor de la foto de la derecha), titulado "La Vida Secreta", y me encuentro a un paso de señalar que los culpables de lo que yo llamo la "insectización" de la humanidad, la ruptura de equilibrio, y el querer hacer colmenas o termiteros de nuestras vidas, criar sin apego, ejércitos, etc, son "ellos". Sea lo que sea que sean "ellos", tanto si son sueños, entidades de energía, pesadillas, monstruos o reales et´s de materia más o menos sutil. Creo que es secundaria la consistencia de su realidad en este sentido, porque el caso es que mucha la gente los ve en su interior, son sus "demonios" y les afecta realmente verlos. Y curiosamente esos seres muchas veces son descritos con aspecto insectoide. Su comportamiento social, esa cosa tan colectiva, sin emociones, tan organizada, también es muy insectoide.

(Esto me trae el recuerdo de una de las visiones chamánicas más perturbadoras de mi historial, y que tal vez cuente en otro momento, sobre seres de energía con aspecto de insecto, inoculando ideas a la humanidad para manipularles)


También llego a la conclusión de que los investigadores de este fenómeno aún andan despistados, indagando con hipnosis en las "imágenes" visuales que recuerdan o no recuerdan los supuestos abducidos, cuando en realidad tendrían que enfocarse en lo que su cuerpo sabe y puede contar, porque las imágenes pueden significar muchas cosas, pero lo que siente y ha registrado el cuerpo en un nivel celular y visceral, es otro asunto. Ahí sin duda estará la verdad. ¡Hay que preguntar AL CUERPO, no a la mente...!

Es muy curioso, también, que al final mucho de este tema gire, como casi siempre en mis investigaciones, acerca de la MATERNIDAD. No esperaba encontrar algunas cosas que estoy leyendo, que parecen estar sacadas de un estudio sobre la necesidad del apego y el afecto con caricias, en la crianza. Encontrar eso en un libro sobre supuestos aliens y supuestos abducidos traumatizados por la experiencia...es muy fuerte el asunto.

Ya voy por la mitad y mira, me está resultando interesante aunque solo sea para reflexionar sobre lo que he dicho, y comprender mejor, desde cerca, uno de los fenómenos psíquicos y energéticos más raros y típicos del siglo XX-XXI. Nuestra cultura está permeada por estas historias, pero es que además hay miles y miles de personas en el mundo afectadas por estas sensaciones "locas e inconfesables". Significativo de algo, sin duda. ¿Pero de qué...?

Vuelvo a la "insectización". Si lo unimos con el factor híper tecnológico presente en las vivencias del fenómeno, nos daremos cuenta de que una gran parte del pack aliens-ovnis gira en torno a seres de comportamiento poco emocional e insectoide, hiper tecnológicos... ¿Y no es esa dirección la que parece tomar nuestra civilización? Entonces me pregunto: ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Las "vivencias" con abducciones y platillos volantes aparecieron porque reflejaban un futuro posible de nuestra sociedad, llevándonos a visiones extremas de esta posibilidad...o llegaron primero estas "entidades" o "pensamientos" al ser humano, y a raíz de su influencia, la humanidad pisó el acelerador del sueño tecnológico-evasivo (inclusive el sueño de huir al espacio exterior) a costa de sacrificar pautas de comportamiento y necesidades netamente humanas (afecto, cuidados, caricias, tierra...) ?

Fíjate tú lo que supuestamente, y según los relatos de los abducidos, les sucede a esos aliens: Tienen graves problemas para reproducirse. No conocen el afecto, el apego. Lo enfocan todo en plan colmena. En plan criadero. Intentan crear bebés en frascos de laboratorio. No tienen sexo o lo tienen con dificultad y sin emociones. Buscan a los humanos para inyectar vitalidad en sus crias aliens o híbridas. Estudian nuestra sexualidad, nuestras emociones, loque les falta y no conocen. Decía una abducida, durante en trance de hipnosis regresiva, indignada, que se sintió como una vaca, como ganado. Otra decía que le recordaba a su pasada y traumática vivencia de Auschwitz, por lo maquinal e industrial, por lo no emocional ni afectivo del asunto.

Curioso, cuando menos, que el conjunto de insectización+hiper tecnología parece estar asociado con la pérdida de sexualidad "sana", de fertilidad, y de emociones amorosas. Al margen de qué significan realmente estas historias y si son verdad literal o mera fantasía, creo que hay unas señales en ellas que pueden ser leídas por todos nosotros. Personalmente veo los signos de la degeneración de un colectivo o de su miseria. Algo de lo que debiéramos huir, en lugar de imitar.

Todas las naves espaciales de ciencia ficción no valen una mierda al lado de la experiencia hermosa, plena, de la vida carnal en el amor, creando vida, siendo madre, criando en el amor, viviendo la sexualidad gozosa, y estando en la Tierra... Lo siento, pero esa es mi perspectiva. Patada al ovni, si ese es el plan que trae para "instruir" a la humanidad. Que puede que existan otros "ovnis" con otro plan, pero esos sin duda ni vienen a insectizar, ni dejan a la gente traumatizada con manipulaciones "por su bien" o "por el bien de la humanidad". El autoritarismo, la jerarquía vertical colmenaria, es otra cosa que no soporto y que me parece una clara señal de algo, o alguien, que solo busca dominar a los demás, o organizar la vida de una manera que no es, definitivamente, HUMANA. La vida de los insectos, que quede para ellos.

lunes, 20 de mayo de 2019

"Comunión" de Whitley Strieber.


(Escrito en mi muro de facebook en setiembre del 2018)

Me acabo de terminar "Comunión" de Whitley Strieber (publicado por Reediciones Anómalas) y no puedo reprimir el impulso de comentar el libro con mis contactos. Estoy impresionada y contenta a la vez. Impresionada porque supera, con mucho, lo que esperaba encontrar. Creía que sería un libro interesante, porque sabía que fue mítico en su tiempo (años 70´) Pero no esperaba ni de lejos la calidad, dado que trata el peliagudo, escabroso tema de los "visitantes de dormitorio" (aliens grises dicho vulgarmente) y todo lo que he leído sobre eso es bastante kk, por decirlo finamente.

Y de repente, este libro. Se nota, y mucho, que Whitley es escritor. De hecho, me queda la duda de si ha contado de veras sus experiencias nocturnas con aliens o "lo que sea" (pues ese misterio no se desvela) o si ha confeccionado una especie de libro híbrido entre la novela y la investigación. En todo caso, mi asombro ha venido por dos motivos:

- Uno, Whitley Strieber "piensa". Y piensa bien. Y es un alivio leer un libro sobre estas experiencias que esté tan bien razonado, elucubrado, analizado, en el que le ha dado la vuelta por todas partes al tema. Tenemos ahí mucha miga psicológica (sesiones de terapia transcritas, una tras otra, reflexiones sobre posibles significados, etc)

- Dos, el máximo impacto, para mi, ha sido encontrar en esas páginas pistas y cosas que yo llevaba un tiempo pensando y rumiando, pero que no habían tomado forma tan claramente, ni las tenía todas relacionadas como lo hace Whitley. Por ejemplo, he sentido euforia al encontrar desplegada toda la hipótesis insectoide, las reflexiones sobre la similitud entre los aliens grises y los insectos. Hablo de ello aquí, en este post.


Y es que el tema de los seres demoníacos con forma de insecto me trae de cabeza desde hace años (es una tipología demoníaca que no pude incluir en "Demonología", mi libro de "bichos", pero hablaré de ellos cuando haga la segunda parte), pero nunca lo había visto plasmado en un libro, de esta manera. Y para mí ha sido como encajar dos piezas de puzzle muy interesantes, que generarán nuevos circuitos neuronales en mi cabeza. ¡Al tiempo...! Claro que Whitley no piensa que los aliens sean demonios, ni escribe desde ese lenguaje tan creyente/religioso, pero da igual. Solo se trata de una cuestión de distintos lenguajes, y a mí me sirve el suyo, lo entiendo perfectamente. Mi lenguaje tampoco es algo en lo que yo "crea" a capa y espada, sino solo el mejor modo que he encontrado de llegar a cierto público. 

Otro tema que él desarrolla, y mucho mejor que otros autores, es la posible interpretación mitológica (la relación entre visitas de dormitorio, hadas, dioses, y demás en las creencias humanas) También he flipado cuando ha sacado el tema del símbolo del triángulo, tan repetido en esos relatos, porque me he acordado de que Miguel me advirtió hace un par de meses acerca de que ese símbolo (a veces) podía estar asociado con ciertas energías "peligrosas". Y aquí dos piezas más de puzzle hicieron "clac" y me dije: tira de este hilo, porque aquí hay algo.

Pero lo mejor es sin duda la parte psicológica. Whitley describe maravillosamente bien los efectos del terror, del pánico físico. Me he quedado muy impactada con eso. He entendido muchas cosas. Siempre me sucede, además, que cuando leo libros sobre este tema, pienso inevitablemente en los abusos sexuales a la infancia y en todas las circunstancias en las que los niños (y los adultos) viven una sensación de impotencia, de incapacidad de controlar o proteger su cuerpo, y lo que otros les hacen. Y las secuelas de todo esto. (Porque lo de las abducciones está casi siempre asociado a una sensación de ser abusado por "cosas" o "seres")

Hay un pasaje donde Whitley describe cómo el pánico es de tal calibre que siente cómo su "yo" se desintegra y solo queda en él lo más primitivo y animal. Pero luego le surge un sentimiento de sumisión hacia los "bichos" que se convierte, inesperadamente, en afecto. Y reflexiona acerca de los mecanismos que conducen a apegarse o desarrollar afecto con seres que tienen tanta autoridad y poder sobre tí, que te han anulado por completo por asi decirlo. Es muy interesante en ese sentido, porque se puede aplicar a la crianza, pero también a la relación con los tiranos, todos esos reyes y gobernantes injustos...hacia los cuales la gente llega a sentir sumisión y afecto.




Tampoco es que recomiende el libro así en general a mis contactos, porque puede dar miedo a algunas personas hipersensibles (hay cosas muy inquietantes ahí, en algunos pasajes del libro) Y segundo porque sé que esta clase de lecturas son cosa de minorías, pues el tema se las trae, y de hecho es tan tabú que lo raro es que alguien admita en público que le da curiosidad o le interesa. Se suele perder mucho prestigio social si sacas en una conversación el tema de los ovnis y tal. Pero si hablamos ya de aliens-bichos es tres veces peor. Y si se trata de bichos paseándose por las casas humanas o llevándose a la gente, acabáramos. "De eso no se habla." Punto.

Yo investigo desde hace meses este tema porque mis Guías me lo aconsejaron y me dijeron que debía comprender algo. Pero hasta el momento solo había leido cosas muy irregulares, desde franca basura-kk, hasta escritos mixtos donde hay una parte buena y una mala, y se nota que el investigador hace lo que puede y tiene buena intención, pero no da para más y el resultado es poco lúcido, un pastel confuso. Por eso me ha sorprendido mucho este libro. Es un tesoro para alguien como yo poder leerlo. Incluso aunque fuera una ficción del autor (y no me lo parece), se le nota muy documentado y mucho más certero que otros en sus hipótesis. Porque además no tiene miedo de plantearse toda clase de posibilidades y deja el libro muy abierto, sin una conclusión cerrada. Eso me gusta. Me da mucha pena cuando un "investigador" fuerza todas las hipótesis para que encajen con su idea, o cuando todo lo ve de un solo color.

Fascinante y suculento, en resumen. Me alegro mucho de haber contribuido con mi donativo hace meses para que Reediciones Anómalas lo sacara a la luz, porque esto era inencontrable en España. Encima la edición está super bien, el libro da gusto tocarlo, es de calidad y a un precio muy asequible.

Eso sí, tras leer este libro, más convencida estoy de que no me fío de todo lo que parezcan "aliens-bichos". Ni un gramo de compasión me suscitan esos seres, energías o lo que sean. Más bien siento una ira fueguina e incendiaria que ya he sentido otras veces, viene de la Tierra y de lo sagrado en mi, y sé lo que significa: ¡Defensa!

miércoles, 3 de agosto de 2016

Sobre la leyenda de José, el Soñador, y la salud del corazón.




(Post del 15 junio 2012, rescatado tras la limpieza de mi muro de facebook)


Cada vez que oigo que vienen "vacas flacas", me viene a la mente la Historia de José (el de la Biblia), porque precisamente es ahí donde nació esa expresión, vacas gordas y vacas flacas.
José era un gran soñador, pero este don no le puso las cosas fáciles. De hecho, los sueños que tenía (y que contaba) fueron una de las razones que detonaron la envidia de sus hermanos, hasta el punto de que decidieron matarle. Finalmente se lo pensaron mejor y lo vendieron como esclavo a una caravana de mercaderes, yendo a parar a Egipto.

El faraón tuvo un sueño que le obsesionaba, según el cual 7 vacas flacas devoraban a 7 vacas gordas. Luego, el mensaje se repetía en forma de 7 espigas delgadas que devoraban a 7 espigas gruesas. Sólo José, que en aquel entonces estaba (injustamente) confinado en la cárcel, supo descifrar el sueño: después de unos años buenos, vendrían siete años de sequía y hambruna terribles que acabarían con todo. Y le dio un consejo al faraón: "Es necesario prepararse, hacer acopio de provisiones". El faraón sintió que José daba en el clavo, y le confió a él la administración de los graneros de Egipto, para que organizara la reserva de alimentos, previendo la carestía.

Todo sucedió como los sueños habían dicho. Fue así que, cuando llegaron las "vacas flacas", los hermanos de José, los mismos que habían querido matarle y le habían vendido como esclavo, tuvieron que ir a Egipto, empujados por el hambre, para comprar grano, porque en sus tierras casi no había qué comer. 

José tenía entonces la oportunidad de vengarse. Castigar a sus hermanos con una negativa a proveerles de grano o con cosas peores, hubiera sido el camino más fácil para un humano vulgar, pero aunque estuvo acariciando qué se sentía al tener poder sobre ellos, no siguió en esa dirección. En lugar de eso, comprendió que, en aquel momento, se cumplían los sueños que tuvo de niño, y que existía una sabiduría oculta como por detrás de la trama de su turbulenta vida, ya que, de no haber sido vendido como esclavo, viviendo luego toda la concatenación de hechos adversos que finalmente lo condujeron a ocupar un cargo de importancia (gracias a su capacidad para interpretar sueños) ahora no tendría la oportunidad de ayudar a su gente (ni a tantas otras personas) La historia termina con José reconciliándose con sus hermanos y salvando a su anciano padre y al resto de su familia y tribu, de la miseria y el hambre.

La moraleja que mis guías me muestran con su interpretación de esta historia, es que existen dos caminos para los soñadores: 

- Uno, el que consiste en intentar emplear los dones únicamente para salvarse y hacer acopio de energía para uno mismo, sin más. Y a los demás, esos que no han entendido lo que era "soñar", esos que se han burlado de tantas cosas, o que han envidiado o dado la espalda al soñador, que les den. Tienen su merecido por ser envidiosos y mezquinos, que espabilen.

- Otro camino consiste en utilizar el propio conocimiento y dones para el bien del mayor número posible de personas (inclusive para uno mismo, pero no “sólo” eso) No amedrentarse por las adversidades, ni dejarse envenenar por el odio o la rabia que las injusticias que uno pueda vivir puedan despertarle en el interior. Apostar una y otra vez por la vida, por el amor. Y seguir el camino que marcan los grandes sueños, ya que a veces, lo que hacen en indicar las sendas para esquivar los desastres, porque a la vida le gusta preservarse, continuar.

La segunda opción, aplicada a estos tiempos de crisis en aumento, plantea la posibilidad de soñar lo venidero y saber prepararse para sobrevivir a las adversidades. Pero también habla de que los grandes sueños, así como "la mano invisible del Poder Sagrado", están siempre con aquellos que tienen el corazón abierto a los demás seres humanos. Aunque los otros se hayan portado “mal” en algunos puntos, o aunque previamente hayan querido prescindir del soñador o soñadores, por soñar cosas que no eran de su agrado. Y es que la trama de la vida no puede soñar a lo grande sin incluir a muchas personas, es imposible.

Por mucho que Dios estuviera "con José" moviendo la trama de su vida para evitar que sus hermanos le mataran y luego, para rectificar su caída en desgracia y aprovecharla, llevándolo hasta lo más alto, si José hubiera optado, en esa última encrucijada vital, por vengarse de sus hermanos o dejarlos morir de hambre, todo hubiera sido infructuoso. Los sueños de José hubieran sido como semillas dadas por la Consciencia Creadora (y que fueron entregadas al mundo a través de un soñador) pero que nunca llegaron a florecer, porque la tierra donde fueron sembradas (José) se saturó de resentimiento, y éste las asfixió. 

¿Qué significa esto? Que creer en los sueños e intentar realizarlos implica mucho más que abrirse a los mundos sutiles: significa preservar y cuidar, cada día de tu vida, la salud de tu corazón.


lunes, 1 de agosto de 2016

De la película "Poltergeist" como metáfora. Enseñanzas espirituales/chamánicas.

(Mis Guías Espirituales son aficionados a utilizar metáforas, parábolas, símbolos, mitos e historias para enseñarme cosas o enfocar mi atención en determinados temas. Y como el cine y la TV han pasado a ser generadores de nuevos mitos, se han convertido en algo habitual sus alusiones a películas que he visto para señalarme algunos temas o suscitarme reflexiones sobre otros. En este sentido, no importa tanto la calidad de una película como que sea útil para reflejar determinadas realidades. Aquí os dejo unas notas de mi cuaderno campo, escritas en abril del 2014, sobre la vieja película "Poltergeist-1")
                                                                     ......



Tal vez la moraleja más importante de "Poltergeist", aquella película de miedo ochentera, es que lo fundamental para ayudar a cualquier niño o niña es la unión amorosa y sin fisuras de sus padres, o de las personas con las que este niño esté afectivamente más vinculado. (Su familia o cuidadores directos)


Y es que no sólo existen personas con gran capacidad de sembrar discordia y romper parejas o familias para llevarse algo a su terreno (desde parasitar la energía del nido familiar, hasta llevarse al "huerto" a alguno de sus miembros, o en el peor de los casos seducir a los niños y abusar de los mismos) sino que también en el mundo de la energía existen entidades o "espíritus dañinos" que son expertos en sembrar discordia entre los padres, o entre los amigos del niño, o entre su pequeña tribu de afectos... ¿Todo para qué? Para "comerse" mejor la energía del inocente, o para llevarlo a su terreno y dominarlo de algún modo.


Decía Jesucristo: "Velad y orad, para no caer en tentación" y aquel consejo sigue siendo eternamente válido para esta clase de temas, porque en la naturaleza siempre hay depredadores y oportunistas, y el mundo psíquico y el espiritual no son algo diferente de la naturaleza. Es decir, la receta es: amar...y volverse vigilantes del amor. No sólo "en" el amor, sino vigilar las relaciones amorosas, su estado, para repararlas cuando acusan las primeras grietas o fisuras importantes.

Otra moraleja de "Poltergeist" es que, de entre las personas, tal vez sólo una madre amorosa y consciente pueda entrar en el infierno para rescatar a sus hijos. Aunque, eso sí, la cuerda idealmente la sostenga el padre (la otra "mitad" que creó al hijo, y que idealmente debiera seguir ahí para amarlo y sostenerlo todos los días de su vida hasta que crezca lo suficiente para defenderse a sí mismo) 

¿Y porqué digo que "tal vez sólo una madre puede"? Pues porque se necesita un hilo de Ariadna irrompible y no hay nada comparable a la fuerza del vínculo amoroso/afectivo entre madre/hijos, si éste está bien afianzado. 

"¡No toques a mis hijos!"- le grita la madre protagonista a "la bestia". (Se lo dice a la entidad que se muestra para aterrorizarla, en la escena de abajo) Una madre así no le teme nada, ni al mismísimo demonio.


Otras personas ajenas a la familia se hubieran muerto de miedo, pero ella...ella es la madre (consciente y amorosa) Y existe un tipo de coraje guerrero que sólo surge cuando una mujer se convierte en madre con amor total. Por eso ella, en la película, no sólo se atreve a ir al infierno, sino que además el vínculo irrompible con su hijita hace que "pueda" cruzar el infierno para encontrarla. Que esa es otra cuestión, pues querer no siempre es poder. Algunas personas tal vez querrían, o se atreverían a ir, pero... ¿Encontrarían a la niña? O...¿serían capaces de resistirse a las seguras seducciones del infierno para despistarlas, o a las visiones de terror para disuadirlas o enloquecerlas?


La madre, si es amorosa, si es lúcida y consciente, es la persona más indicada para "rescatar" a sus hijos de las garras de seducciones espirituales destructivas o prisiones del alma varias, por el vínculo casi carnal antes descrito. Pero a veces una madre sola no puede con todo. Necesita a la comunidad. La película muestra el éxito de un trabajo en equipo, y esto es importante remarcarlo. Es otra moraleja que se extrae de esta historia. Sin una mínima comunidad o equipo, no se logra vencer a un infierno.

Arriba vemos al intrépido padre sosteniendo la cuerda, también "con un par", pues no hay más que ver el aspecto de la "entidad", que atemorizaría a otros. Pero el padre de esta película no flaquea y sostiene la cuerda aún sintiendo que su vida podría estar en riesgo, porque sabe que madre e hija están en una situación mucho peor y que sostenerse en su firmeza, su estabilidad, su ser como un pilar inamovible, son el único modo de que ellas salgan con vida. 

Esta firmeza en sostener la cuerda sin importar el escándalo y la parafernalia efectista que organizará (sin dudarlo) el infierno a tu alrededor, es un símbolo fuertísimo de la estabilidad emocional necesaria para resistir a los embates de toda aquella energía (expresada a veces a través de terceras personas, o de circunstancias varias) que se acerca a una familia con la secreta intención de llevarse a parte de la misma. Lo cual equivale a romper su unidad, su cohesión, y además cercenar su totalidad llevándose de mala manera a alguien.

Si una madre no tiene un vínculo amoroso y afectivo solido con sus hijos, algún "infierno" se los puede llevar con seducciones insospechadas, buscando las grietas o fisuras en la realidad de la familia por las cuales pueda colarse dentro de su espacio. Pero también, si un padre no tiene suficiente solidez o estabilidad en sus emociones y convicciones amorosas, el hogar tampoco estará a salvo. Es más, incluso aunque un padre ame a su familia, no será capaz de estar ahí, firme y a prueba de infiernos, cuando éstos se presenten, si no es estable emocionalmente. Los "demonios" harán con él lo que quieran, o lo despistarán y lo alejarán para dejar más desprotegidos a los hijos o sola a la madre en la crisis "infernal" de turno.

En el peor de los casos, un padre que no sólo es seducido por infiernos sino dominado por los mismos, puede terminar convirtiendose en un peligro real para su propia familia, la cual deberá protegerse de quien se suponía que debía ayudar a sostener, proteger y nutrir el hogar común. (Aunque por la misma regla de tres, una madre desvinculada o carente de amor, también puede ser seducida y dominada por infiernos varios, hasta convertirse en un peligro para sus hijos)

En la película, la grieta entre mundos utilizada se genera a través de la televisión (otro símbolo potente de la irrupción dentro del hogar de energías exteriores, que no siempre son beneficiosas. Depende) Pero existen muchas otras maneras de "entrar" en el sagrado espacio de un hogar de manera disimulada y seductora al principio, hasta lograr atraer y llevarse fuera a los pequeños...o a otros miembros de la familia. Y la mayor parte de maneras son psicológicas, tentaciones, seducciones, cosas que entran en nosotros a través de nuestros puntos flacos, nuestras obsesiones, nuestros miedos, o nuestros deseos más inconfesables.



En la película queda muy bien reflejada la estrategia típica: al principio, la irrupción del "poltergeist" parece graciosa y resulta fascinante. La familia se siente llena de curiosidad, casi halagada o interesada en los fenómenos que su pequeña hijita parece provocar. No sospechan para nada lo que está detrás de todo eso, lo que está intentando "entrar". Ni sus intenciones. 

Esta estrategia se repite en muchisimas historias de ruptura familiar conflictiva e "infernal" en la que han entrado en juego energías intrusivas (externas a la familia) a las que en principio se dejó entrar porque parecían fantásticas, apetecibles, divertidas, seductoras o prometedoras, sin sospechar que no toda la realidad es lo que parece ser en un primer momento, o que no todo el mundo muestra de manera transparente sus deseos o intenciones.

Otra última moraleja de la película trata de lo delicado que es mantener el estado de "mediumnidad" adecuado para percibir bien "las energías". Cuando entra la médium en la casa dice que le abran paso y se alejen un poco de ella porque "están perturbando sus frecuencias".


Y es que para ser plenamente "perceptora" hay que llevar una vida muy especial... Muy..."limpia" y consciente. Y también silenciosa y bastante solitaria, por lo menos en determinados momentos. El cuerpo del médium se parece a un sismógrafo. Si hay agitación y movimientos constantes en su entorno, le va a costar percibir otras ondas de movimiento, separar unas de otras, discernir, enfocar con claridad. 

Hay un pasaje de los evangelios (hoy los cito, porque son textos ricos para aprender "demonología") en el que los seguidores de Jesús se quejan de que ellos no han podido expulsar a un "demonio" (lo pongo entre comillas porque habría mucho que hablar de lo que son los demonios, y sobre esta palabra en sí) Entonces Jesús les dice que no pudieron "expulsarlos" porque algunos demonios "sólo salen con mucho ayuno" por parte de los que van a ayudar a la persona que sufre. 

Este "ayuno" no debe ser interpretado necesariamente de manera literal. Ayunar quiere decir limpiarse, abstenerse de acciones, palabras, pensamientos o situaciones que puedan "ensuciar" la energía del que pretende ayudar a alguien en un trance muy difícil (un "endemoniado" se experimenta a si mismo viviendo en un infierno literal) De manera que ayunar quiere decir "limpiar y afinar" el instrumento perceptor que somos en potencia. (Por cierto, un instrumento que también puede ser emisor de las energías amorosas y sanadoras más altas, pero ése es otro tema)

De manera que para los "mediums", pero también para los terapeutas de diferentes tipos, la película da un buen consejo: ante determinados casos dificiles, no hay otro camino salvo distanciarse de cualquier distracción, limpiarse al máximo, centrarse y no permitir interferencias de ningún tipo. Y es que una de las características universales de cualquier infierno (físico, psíquico, o espiritual) es que en él hay confusión, y que genera estados de confusión en las personas que se le acercan o que se vuelven sensibles al mismo sin la adecuada concentración y protección. Es preciso tener una voluntad férrea para no dejarse atrapar por distracciones y sostener la intención sanadora. Austeridad y silencio son dos armas eficaces para afrontar las masas de confusión mental emanadas por los infiernos, cuando se presentan ante tí.

Finalmente, el propio final de la película resume y simboliza en imágenes muy potentes lo que algunos "infiernos" quieren en el fondo: la destrucción de los hogares. La desintegración y desaparición de la casa familiar es muy gráfica. No voy a entrar a discutir las causas para este odio al hogar. La película muestra sólo una posibilidad entre cientos, una historia posible entre muchas, y es todo aquello del hogar construído sbre un viejo cementerio... Bien, ése sería motivo para otro post, pero no lo voy a escribir hoy. Lo que quiero señalar sólo es que algunos infiernos desean destruir familias, nidos, hogares. Pues la casa u hogar familiar sólo es un reflejo externo (y un símbolo, a su vez) del espacio psíquico, emocional y espiritual que una familia no sólo habita, sino que también cuida y construye para sí misma. Para tener un lugar donde reposar y criar con seguridad a los pequeños.

La destrucción del nido sería una tragedia para cualquier animal que cría. Y cuando se cría en pareja, como sucede en muchas aves, la muerte o desaparición de uno de los miembros también es trágica y compromete la supervivencia de las crías. 

Criar es, idealmente, asunto de más de una persona. Por eso para defender a los niños, no sólo hay que cuidar sus cuerpos y emociones, sino también proteger y respetar sus hogares y no hacer nada que pueda lesionar de algún modo la relación entre las personas que cuidan y crían con amor a esos niños, y la unidad de la familia en general. 

Si amas a los niños, y quieres que tu amor sea algo más que buena intención o palabras, ayuda a sus padres o cuidadores directos. Sostenlos en sus conflictos y dificultades si te es posible. No arrojes piedras a su nido. No interfieras entre ellos. No pongas en riesgo su hogar, sea cual sea éste. No les despojes de hogar. Dales un hogar si no lo tienen. No te lleves al niño a tu casa, o a tu campo, dejando a los padres "fuera". No te creas ni por un momento que ayudarás a un niño si atentas contra la estabilidad, la salud o el bien de su padre o de su madre, ya sea de pensamiento, palabra, obra u omisión (esquivando actuar para evitar un desastre, cuando está en tu mano impedirlo) Porque los niños necesitan su nido, necesitan sus vínculos, necesitan su integridad, y ésta, al tratarse de pequeños seres "en construcción" y vinculados de manera total a sus criadores amorosos, se construye y se mantiene con el aporte de quienes aman y crían a esos niños. Los niños necesitan a su familia más que a nadie en el mundo. Más que a tí o a cualquier otro "de fuera". 

Para ayudar a los niños hay que ayudar a sus madres y padres, a sus hermanos. A la familia que cuida esos niños cada día, sea del tipo que sea. Al hogar. Y esto no tiene vuelta de hoja. Mientras no se entienda que un niño no llega a adulto "bien" si se estropea su nicho ecológico natural (el nido, la unión con la madre, el padre si está, u otros cuidadores si se da el caso) una y otra vez, seguiremos sin entender en qué consiste verdaderamente ayudar a la infancia. Amarla, en definitiva.


Los "espíritus" llenos de odio de la película consiguen romper el hogar físico de esta familia, pero por fortuna, al menos en esta primera película, la cohesión entre sus miembros no ha sufrido grietas, sino que el matrimonio sale reforzado en su amor y con los niños a salvo. Se podrá entonces construir o buscar un nuevo nido, porque el hogar esencial es la estructura o espacio de energía que se crea con la sinergia amorosa familiar.




viernes, 21 de agosto de 2015

Hécate, la que ilumina con fuego los infiernos y cataliza el tránsito.

La relación personal con un mito puede ser, a grandes rasgos, de tres tipos:
1- Buscas el significado de un mito en un diccionario o en internet, te lo dicen, te lo aprendes de memoria y piensas el mito a partir de lo aprendido. Te conviertes en alguien con ciertos conocimientos sobre mitología.

2- Lees un tratado analítico sobre el mito y rastreas diferentes significados, tanto desde lo racional como desde lo simbólico. Luego piensas el mito en base a ello. O lo utilizas como herramienta de meditación "arquetípica". Con eso, te conviertes en alguien con mayor conocimiento que quien sigue el punto 1.

3- Tal vez nunca has pensado en un mito concreto, porque a lo mejor ni siquiera lo conoces, o no has oído gran cosa sobre él, pero su "personaje" principal entra en tus sueños por no se qué puerta misteriosa y te viene a encontrar. Te conviertes en alguien asombrado que siente que empieza a comprender algo, porque lo que creía que sabía ya no le sirve. Se le rompen los esquemas. Esa persona se convierte en conocedora del mito desde adentro. (Más adelante puede unir su conocimiento al punto 2, y seguir experimentando cosas del mito, pero ya de un modo más consciente)

Respecto algunos mitos estoy en el punto uno, en otros en el punto dos, y finalmente en otros estoy en el tres. A veces también se me han mezclado todos los puntos, de manera que he pasado por una etapa de haber aprendido ciertos datos sobre un mito, luego he seguido con una reflexión más amplia e "interdisciplinar", pero finalmente el mito se ha cansado de esperarme por esa vía y se ha presentado en mi casa a la hora del sueño, para decirme: "Mira, en realidad soy esto".

Hoy traigo a Hécate como personaje mítico. Y lo que voy a hacer es contar una vivencia de tipo 3, y no por convencer a nadie de nada, sino porque soy como un pájaro que siempre canta su verdad. Y porque quiero dar testimonio de cómo a veces los mitos actúan sin que los busquemos, y cómo pueden actuar en tu vida incluso aunque no te des cuenta de que lo están haciendo.

Yo ¿qué sabía de Hécate? Nada. Solo sabía algo de diosas más luminosas, terrenales y celestiales, pero no de Hécate, que es como muy oscura y misteriosa y no salía en las historias de la Antigua Grecia que nos contaba mi padre. Ni en las pinturas renacentistas que tanto me gustaban, plagadas de Afroditas, Artemisas, Minervas y demás, todas luz y belleza. Los pintores célebres no se han entretenido retratando a Hécate, la verdad. 

La verdad es que yo era ignorante y escéptica de mucho hasta que empecé a investigar el mundo de los sueños. Soñaba muchísimo con muertos, y me di cuenta de que la inmensa mayoría de conflictos en los que me veía inmersa mientras dormía, eran cosa de muertes mal sanadas, mal vividas o mal asumidas. Vino entonces un mito contundente a encontrarse conmigo: la energía de Anubis, ¡pam!, irrumpió sin que yo hubiera leído nada sobre mitología egipcia. Primera pedrada a mi cristalera de creencias. "Pero, pero...¿los dioses existen?" me pregunté al despertar, incrédula.

Oh, resultaba que había muchas cosas a las que llamamos dios. Pero sí, podíamos decir que, en cierto modo, existen energías a las que a veces la humanidad ha llamado "Dios" o Diosa", "dioses" o "diosas". Aunque no son siempre el mismo tipo de energías y sobre la génesis de dioses y diosas habría mucho que hablar. En todo caso, existen, aunque no en el nivel de realidad que llamamos "realidad".

Después de Míster Anubis irrumpiendo en mis sueños, ya todo se puso muy mítico en general. Y empezaron a pasarme toda clase de cosas. Y un dia, Anubis me dijo en un sueño que él tenía un "libro" que era una especie de "Who´s who" del mundo infernal, del inframundo, la muerte y el tránsito. Me dijo: "Conozco a todas las divinidades y entidades que en todo el planeta y la historia se han ocupado o se ocupan de estas tareas fuerarias y del tránsito. Todos somos compañeros, colegas, y colaboramos entre nosotros. Estamos en lo mismo. Tú, por estar en estrecho contacto conmigo, también lo vas a estar con ellos, y a más de un dios o una diosa los vas a conocer personalmente, porque se te van a presentar".

Uau. Un "Who´s who" del mundo del inframundo. Caray, era como de película. Pero en fin, soñar es gratis, percibir también. Y si empiezas a censurar con la mente algo así, no avanzas ni te enteras de nada, porque cortas el rollo a la película que se quiere mostrar ante ti. Pues toda entidad, energía o ser que se te presente delante, es porque quiere ser conocido, o busca testigos de algo. Nunca se te presentan porque sí. La energía espiritual es muy práctica y no se desperdicia a si misma, así que las experiencias espirituales siempre tienen su utilidad, aunque sólo sea, a veces, vivir cierta belleza. 

Y en esa etapa de mi vida estaba, cuando una noche, en sueños, me encontré reventando a patadas la puerta de unos tétricos hangares abandonados para entrar en ellos. Iba acompañada de un hombre y una mujer ypor lo visto yo sabía muy bien adónde nos dirigíamos, aunque si me pidieran que lo explicara en términos racionales, no podría hacerlo, pues seguía solo a mi instinto. Les fui diciendo a los demás por dónde debían seguir y les guié por intrincados almacenes, pasillos, lugares llenos de polvo añejo, trastos viejos, telarañas.

A mi derecha iba un doberman negro de tal tamaño que su cabeza estaba a la altura de mis hombros. A mi izquierda, un mastín gris oscuro de igual envergadura y corpulencia. Eran como mis guardaespaldas y ayudantes.

Entonces, detrás de mí descubrí una bestia gigantesca que me sobrepasaba en más de un metro y medio de altura y que no pertenecía a ninguna raza animal conocida. Era una bestia peluda como un mamut, maciza como un muro, de color marrón oscuro, con una gran cabeza roma de enormes ojos inteligentes que asomaban tras el pelo y me miraban fijamente. (¡Dios...! ¿Qué era eso?) 

A través de esos ojos entre lanas, con una mirada que se me antojó antigua como el mundo, la bestia me dijo mentalmente: "Llevabas mucho tiempo buscándome".

Y yo asentí, en el sueño. ¡Como si supiera algo de eso! Aquí mi conciencia ordinaria se desdobló y empezó a observar el "personaje" que yo era en sueños, y que no era "yo", porque yo no tenía ni la más remota idea de quién era esa bestia lanuda. O sea que me volví lúcida en el sueño y pasé a ser una conciencia observante dentro de un personaje desconocido. Era como haberse fusionado con la conciencia de una "mujer" que no era yo, y que sabía lo que se traía entre manos en ese misterioso sueño.

Siendo "ella", el animalazo me recordaba cosas que yo no era capaz de traducir con palabras. Tenía la sensación de haberlo buscado durante milenios. En un tiempo pasado fuimos uno, siempre juntos. Algo sucedió, y un día perdí a esa bestia, pero siempre eché en falta su ausencia y la busqué, sin saber bien qué buscaba, o a quién. Ahora por fin nos habíamos encontrado y Ello, Ese Animal Enorme de ojos inteligentísimos (mucho), se quedó a mi espalda. Quedó claro que me protegería en ese sueño de un modo contundente e implacable, siendo una muralla gruesa e impenetrable de músculos, pelo y consciencia despierta.

Continué avanzando con la triple y bestial escolta, y con el hombre y la mujer desconocidos cerca. Al fin llegamos a una sala habitada, llena de imágenes. Las investigué minuciosamente. Buscaba pistas. Al mirar cada imagen comprendía lo que significaba, la energía de la que estaba compuesta, su procedencia, y qué o quién hacía que esa imagen estuviera allí.

Comprendí que estaba en una especie de infierno o mundo de muertos, y que en esos lugares nada está ahí salido de la nada. Lo más habitual es encontrarse con montones de despojos. En los sueños que giran en torno a los mundos de muertos, aparecen objetos de todo tipo que son como excrecencias de los pensamientos, emociones y recuerdos de los seres que deambularon por ahí. En ocasiones los objetos son alimentados por un apego o recuerdo constante y parecen tener vida. En otras, si los muertos se van despojando de ese apego y van dejando su mundo conocido atrás, los objetos van cayendo a sus espaldas, se van llenando de polvo, se deterioran y desaparecen progresivamente.

Así que los muertos dejan un rastro como los caracoles. Allá por donde pasan van dejando restos: cositas, souvenirs, papelitos, fotografías o imágenes, cacharros… Entras en un sitio de muertos y lo sabes aunque no los veas a ellos, porque es la pura imagen de una chatarrería decadente y deslucida, de un mercadillo de objetos de segunda mano medio rotos, de un batiburrillo de despojos inservibles con la pátina del uso y del tiempo, trozos de hogares, historias, situaciones, recuerdos… A veces entras en lugares muy muertos pero ordenados,  otras te encuentras en espacios que literalmente parecen habitados por el peor síndrome de Diógenes.

En fin, seguí observando. Me detuve ante unos dibujos de tréboles negros de cuatro hojas que, al mirarlos, se convertían en símbolos de antiguos escudos nobiliarios, y de repente supe que el hombre que tenía que ver con la presencia de aquel recuerdo o imagen, había matado a alguien. El asesino estaba en esa sala, un poco más lejos, y daba la espalda al grupo que yo guiaba, haciéndose el distraído, aunque había notado perfectamente mi presencia allí. 

Y no le gustaba, porque sabía quién era "yo" (o sea, "Ella") El tipo llevaba mucho tiempo escondido en ese infierno personal, atrincherado en esas naves industriles abandonadas, pero ahora le quedaba claro que la puñetera Fuerza del Tránsito acababa llegando hasta el último rincón del Infierno, valga la ironía. Ni muerto te libras de morir. Es decir, no te libras al final de transitar.

La mujer que me acompañaba en el sueño se preguntaba qué relación tenía conmigo y con ese hombre con el que acabábamos de encontrarnos, porque sentía que no era una casualidad. Y no lo era, pues yo les había llevado hasta ahí intencionadamente. Entonces la mujer obtuvo la respuesta en su interior: resultaba que ese hombre había asesinado a su marido tiempo atrás. Lo hizo muy astutamente, logrando que pareciera un accidente. 

Precisamente era esta tragedia, algo que la mujer nunca sintió que fuera accidental, lo que la mantenía atrapada en el sufrimiento interior, y había hecho que al morir continuara andando en círculos viciosos sin resolución, en su propio infierno personal. Ahora sin embargo descubría al asesino y, muy determinada, sintiendo que algo se liberaba de golpe, se confrontó con él. Lo increpó y quería golpearlo, castigarlo. Su furia reprimida durante mucho tiempo salió a borbotones, sintiendo que por fin podía volcarla en el culpable.

"Yo" (Ella, la del sueño) no juzgué a la mujer. Y es que mi función en el sueño no era juzgar actos ajenos ni aconsejar comportamientos, sino HACER que los encuentros necesarios se produjeran, o que las circunstancias necesarias se dieran. ¿Necesarias para qué? Para romper inercias. ¿Y cómo lo lograba? Seguía intuitivamente señales, rastreaba la energía. La cabeza pensante no tenía mucho que ver con lo que yo hacía. Podría haber aparecido ante aquellos humanos en la forma de un animal o de cualquier otro ser, porque yo podía ser cualquier cosa. Pero para esta gente era necesario ver a alguien "comprensible" en quien confiar, o tener a alguien humano con quien interactuar, así que me aparecí en forma de mujer.

El infierno tiene mucho que ver con sentirse o estar aislado interiormente y no saber salir de inercias mentales repetitivas, viciosas. No importa si estás rodeado de gente, porque a lo mejor sientes que no hay modo de hacer contacto con los demás, o que si lo haces, es erróneo, desenfocado y calamitoso. Por eso yo ("ella") estaba allí, para movilizar las cosas. Para "Mover la movida", o "Hacer hervir la olla" como solía decir en broma, haciendo que lo estancado se desbloqueara, se crearan ENCRUCIJADAS de oportunidad y las cosas SE DECIDIERAN. 

En ese instante supe, no sé cómo (una sensación irracional, del hemisferio derecho) que estaba asistiendo, desde dentro, a lo que era Hécate. Se me estaba permitiendo asomarme a sus ojos o a su sentir, y entendí que hacer de Hécate tenía que ver con actuar como catalizadora, detonadora de encrucijadas vitales, situaciones capaces de resolver antiguas fijaciones y atascos existenciales.

La mujer desconocida había necesitado enormemente encontrar al asesino de su marido, enfrentarse con él, sacar afuera toda su ira contenida. Así que por eso la dejé hacer. La dejé ir contra el asesino, y miré la escena como quien ve cómo se prende la mecha explosiva de una reacción en cadena, en un escenario donde hasta entonces el argumento había permanecido estancado.

Reaccionando ante el ataque de la mujer, el asesino se volvió hacia nosotros y nos miró. Supe al ver su rostro que tenía rasgos de psicópata. Percibía en sus ojos la implacable ausencia de empatía hacia el resto, y un sarcasmo ácido flotando en su media sonrisa. Llevaba en una mano enguantada unas largas pinzas metálicas articuladas, como de cadena de montaje industrial, con las que sostenía, alejado casi a un metro de su cuerpo, un frasco de cristal con un líquido altamente explosivo e inflamable.  Supe que estaba calculando cómo lanzarnos eso sin herirse a sí mismo, puesto que aquel líquido era tan rápido y potente al explotar que, si no tenía un mecanismo de seguridad y aislamiento, aquel que lo manipulaba normalmente se abrasaba. No le daba tiempo a resguardarse, la onda de fuego era demasiado rápida y la sustancia era tremendamente ligera, evanescente…se colaba por todos los rincones.

Entonces intervino el otro hombre desconocido del grupo, que había permanecido silencioso hasta ahora junto a mí. Sin decir palabra, se abalanzó sobre el psicópata y agarró con sus manos el frasco de cristal. En un acto quijotesco y suicida, corrió hacia otra habitación con la intención de lanzarlo lejos, dejándonos a las mujeres al fuera del radio de influencia de la explosión. Todo transcurrió como a cámara lenta. Vi las secuencias separadas de lo que hacía cada uno. La mujer que se había enfrentado al psicópata gritó horrorizada al comprender lo que iba a hacer el hombre que adoptaba el rol de salvador que da su vida por otros. Quiso disuadirle de su intención, gritando con desesperación y horror, porque no quería que se quemara vivo, pero ya no podía evitarlo, pues una vez que el hombre ya llevaba en sus manos el explosivo, y sin otros medios técnicos a su alcance, lo soltara como lo soltara o lo dejara donde lo dejara, bastaría un mínimo roce para que aquello explotara.

Mientras, el psicópata se había quedado un poco sorprendido con el giro de la situación. No esperaba ver aparecer a un "salvador" entre el grupito, eso no entraba en sus expectativas. Capté de sus pensamientos que estaba convencido de que el ser humano era egoísta y cobarde, porque lo había sufrido así en algún remoto momento de su vida. Nadie se había arriesgado por él, nadie había tenido el valor de dar su vida por él, y había experimentado algo terrible mucho tiempo atrás. Tan terrible que lo partió como en dos y abandonó las emociones empáticas para siempre. Había creido que la amenaza de morir por ese tipo de fuego sería demasiado aterradora como para que nadie se atreviera a frenarlo. Esperaba abrasarnos a todos en décimas de segundo y quitársenos así de encima, fácilmente. Seguramente ya lo había hecho más veces con otros que llegaron a su infierno de aislamiento enfermizo.

Me senté aparte, en unas escaleras, sin inmutarme, porque era como estar muy segura de la perfección del momento, a pesar de lo terriblemente trágico del mismo. Observé todo aquello, que transcurría condensado en segundos, aunque yo lo veía en secuencias lentas, perfectamente claras y ordenadas.
El hombre salvador arrojó finalmente el frasco en un contenedor metálico que encontró por ahí pero, tal y como era de esperar, instantáneamente hubo un enorme fogonazo ardiente entre naranja y blanco, de pura incandescencia. El psicópata y la mujer se agacharon y se acurrucaron en rincones para que aquel fuego, velocísimo, y de una naturaleza casi corrosiva de tan abrasadora, no les tocara. Todo fue rapidísimo.

La mujer gritó de nuevo al ver al hombre salvador con la cara y las manos envueltos en llamas, sufriendo por él. Se diría que esa sustancia química atacaba especialmente la carne humana, cebándose con ella. Era sin duda un fuego infernal con muy mala idea, algo anti natural. Tenía un punto ácido, incluso. Pero de repente el psicópata hizo algo inesperado: cogió unos trapos mojados y los arrojó con puntería sobre el rostro y las manos del hombre, y así apagó sus llamas.

Ahí supe que todo estaba hecho. Suspiré. Fin del acto. Se acaba de resolver la encrucijada. 

Al conducir a esas tres personas hacia ese encuentro, había provocado una catarsis en la que cada uno había encontrado respuestas y soluciones a ciertas trabas que mantenían atrapado a cada uno en esa dimensión infernal. 

La mujer había comprendido que su marido, efectivamente, había sido asesinado, y eso era un alivio para ella, pues la duda que la había corroído y mantenido atrapada en círculos viciosos mentales había terminado. Al enfrentarse al psicópata, además, había tenido la posibilidad de expresar su ira y buscar justicia a través de una confrontación. Sin embargo, su acto había tenido una consecuencia destructiva y dañina para otra persona, algo que ella no esperaba, pues la reacción violenta y cruel del psicópata había quemado de gravedad al otro hombre. Obviamente, la mujer compasiva no sabía de qué modo es capaz de comportarse alguien sin empatía cuando se siente atacado o acosado. Eso, has de verlo para comprenderlo. O mejor dicho: has de sentirlo.

Así que para la mujer empática, estar allí durante la reacción violenta del psicópata fue la enseñanza final que necesitaba para comprender no solo cosas relativas al asesinato de su esposo, sino también que la ira no es lo mejor como método de justicia, al menos cuando uno se enfrenta con seres que precisamente se fortalecen, o crecen con la ira que sienten los demás. Gracias a su empatía y compasión ella al final sintió y supo lo que "era" el asesino y dejó de buscar esos caminos para obtener justicia.

El psicópata, por su parte, había sido tan sorprendido por el gesto de auto sacrificio altruista del "salvador", que vio surgir en su interior un inesperado rasgo de compasión, tan sorprendente que casi no le parecía que hubiera surgido de si mismo. Su inercia, su estancamiento en la insensibilidad, habían sido rotos, pues no solo había lamentado (aunque fuera solo durante una milésima de segundo) el sufrimiento del hombre que se abrasaba, sino que había actuado para disminuirlo. 

El había deseado matarnos a todos, partiendo de su idea de que todo el mundo es despreciable, fundamentalmente egoísta y no existe coraje suficiente para arriesgarse por los demás. Pero el salvador le había roto los esquemas, pues nadie hasta el momento se había atrevido a hacer algo así con "su" fuego infernal, símbolo de su ira acumulada y escondida. Ver cómo un desconocido tomaba ese fuego sobre sí mismo y asumía morir para salvar a otros, había incidido directamente en las heridas antiguas del asesino, justo las que le habían convertido en un ser despiadado. 

Al apagar el fuego del salvador, el asesino había dado inicio a una nueva etapa en la que su frialdad y crueldad se habían resquebrajado. Era tan sólo una grieta, de acuerdo, pero por ese resquicio entrarían algo nuevo y mejor. Era justo la primera pequeña pieza de una cadena que iría moviéndose, punto por punto... Se abría una posibilidad de sanación.

Y el salvador… ¿Quién era? Alguien que había vivido toda su vida sin arriesgarse por los demás ni comprometerse jamás con ninguna ayuda humanitaria. Era un hombre que había vivido sólo enfocado en sus asuntos, en su trabajo, en ganar dinero y mantener la estabilidad de su empresa y su familia y poco más. Su corazón estaba bajo mínimos y encerrado en un armario bajo siete llaves, siempre temeroso de implicarse emocionalmente en problemas ajenos para no meterse en líos. Su lema era no involucrarse y no tomarse las cosas a pecho. Al final de su vida se había vuelto un ser apagado y gris pero, tras la muerte (porque estaba muerto hacía años) había percibido las cosas desde otra perspectiva y había lamentado no haber vivido con más arrojo, y no haberse arriesgado por algunas personas.

Ahora, al ejercer el rol de salvador que llega al extremo de dar su vida, acababa de darse a sí mismo la oportunidad de romper de un modo terrible, pero muy efectivo, con su miedo y estrechez. Acababa de matar a su "personaje", pero había sido liberador. Paradójicamente, su sufrimiento de ahora le hacía feliz. Un fuego externo había liberado su fuego interno, el de su corazón amordazado. Una explosión visible era la imagen de su propia explosión interior, la de un corazón atado y relegado al olvido que ya no puede más, y al fin toma las riendas y comete una aparente locura suicida, todo para salir de su encierro, aunque sea con una explosión destructiva. Pero así acababa de romper su infierno personal, su aislamiento. Ahora podría cambiar de etapa y transitar.

Los tres animalazos continuaban a mi lado, cada uno en su puesto, inalterables y sin sufrir daño alguno, como si vieran explosiones de fuego cada día. Supongo que estaban acostumbrados a los infiernos. Su función era tan solo ser consciencia. Es por eso que podían protegerme o protegerla a "ella", por ser consciencia observante, en este caso una consciencia tremendamente instintiva.

Me desperté, salí del sueño y me encontré en mi vida normal. Y acudí a los libros y a las imágenes de Hécate para intentar entender mejor lo que había soñado. Al principio me sentí confundida, pues los datos no encajaban con lo que yo había visto. Que si una diosa de la brujería, que si la luna, que si hechicera... Nada de eso era lo que yo había sentido. Ah, ¡pero las encrucijadas sí salían en los escritos sobre su mito! Y los perros infernales. Lo demás... No me terminaba de encajar.

Sólo cuando encontré las pinturas de las antiguas cerámicas griegas y vi la imagen de una Hécate joven y fuerte, casi una guerrera (porque a veces luchaba contra gigantes, como en la imagen de la izquierda), portando antorchas de fuego, sentí que ahí estaba el punto de conexión o el símbolo de la verdad que se me acaba de mostrar.

Llevar antorchas en los caminos oscuros, nocturnos o infernales,  ¿no significa llevar luz donde no la hay? Una luz que al mismo tiempo es transmutación (porque el fuego purifica) y también energía capaz de reanimar y "hacer hervir" situaciones estancadas.

Así comprendí que se me estaba mostrando la raíz o semilla de un mito antiquísimo relacionado con las energías vitales capaces de transitar e iluminar los estados del ser más infernales y oscuros. Y sentí que, una vez más, el mito nació para reflejar una realidad, pero después fue cambiando y viviendo mutaciones. Mil veces retocado, tomado, utilizado para esto o aquello, al final teníamos una diosa Hécate muy distinta. ¿Dónde estaba aquella joven intrépida de rastro de fuego, con su jauría de bestias, promoviendo catarsis en los infiernos? ¿En qué había quedado el antiguo conocimiento de los que sabían cómo inducir el tránsito o el renacimiento en quienes atravesaban la mayor oscuridad?

La respuesta la tenía en mi propio sueño: Allí seguía estando. Nunca había dejado de estar. Sólo que no se la solía reconocer, porque iba cambiando de aspecto. Ni se la nombraba igual. Pero a Ella le daba lo mismo porque, como bien me mostró en el sueño, podía adoptar cualquier forma de ser, cualquier traje, personaje o disfraz, con tal de seguir siendo ella misma, es decir: La fuerza del fuego divino femenino que atraviesa las entrañas infernales de la dimensión psíquica terrestre y produce (re) nacimientos, liquida bloqueos y que a veces acaba, por eso, con cárceles y tiranías psíquicas de siglos. O de milenios.

Estamos salvados, pues. Las energías sagradas verdaderas, esenciales y profundas, son eternas y permanecen con nosotros. No importa cómo se las nombre o la categoría de ser en la que las clasifiquemos. Actúan sin importar lo que pensemos o creamos, y aunque no creamos en nada, qué más les da eso. Las religiones y los trajes les resbalan, los usan y se los quitan como si nada. Les importa un comino ser nombradas así o asá, vestirse con esto o aquello, que las tengan por divinas, o por demoníacas, porque en realidad, la "adoración" humana ni la necesitan, ni la buscan, porque les "fija" demasiado en un aspecto y les ata. 

A estas energías sagradas (tipo la Hécate que soñé) solo les importar ser, actuar, servir. Ni se les ocurre pedir altares o que las fijen con imágenes. Pero qué dices, si son encrucijada, si son tránsito. "No me quieras agarrar y tener en casa amarrada, que no podrás y encima te vas a quemar". Su energía se te escurre entre los dedos, te rompe el esquema otra vez o se marcha para que no te quedes embobado, intentando fijar tu experiencia con grapas o pegamento para intentar repetirla, o creando una religión estructurada y estable con eso. Pues el mundo, nuestro mundo, no es más que un espacio donde a menudo (o casi siempre) acabamos atrapados en historias, roles, personajes y fijaciones.

Fue así como tomé conciencia por primera vez de las energías divinas o sagradas vivas que actúan según particularidades o virtudes diferenciadas, pero sin estar identificadas con los dibujitos que los seres humanos hacen de las mismas. Son energías vivientes que no habitan dentro de nuestro escenario, ni están sometidas a su influjo. 

¿Dónde vive el aire que nos da vida? Lo tenemos dentro del cuerpo pero nos recorre enteros, y sale afuera cuando quiere, no podemos fijarlo en un punto del mismo, ni atraparlo. Es constante flujo renovador. Así mismo, estas fuerzas sagradas entran y salen de nuestro sistema humano recorriéndolo sin esfuerzo, son energías que tejen y destejen el tapiz de la vida, entrando y saliendo del entramado, o, en este caso, son una fuerza que actúa para deshacer los nudos vitales más infernales. Los nudos que se forman en algunos puntos de nuestra existencia anímica y que amenazan con estropearlo todo y obstaculizar el pulso de lo vivo.

Hécate, deshacedora de nudos (las encrucijadas son hilos entrecruzados) Es normal que la llamaran en los partos, porque a veces éstos también se complican o se "atascan". Y porque nacer es transitar. Y porque es deseable que todo nacimiento se produzca "hacia un estado mejor". Por bueno que sea estar en el vientre materno, es deseable que sea mejor todavía llegar a los brazos de la madre y verle el rostro, tocarla. 

Por eso, la Hécate más desconocida es la que se sitúa al lado de las madres intentando que los niños nazcan a "mejor estado". Y para ello impulsa catarsis emocionales en el corazón materno, o en sus entrañas. Intentando deshacer sus nudos, derretirlos con su fuego, de manera que se conviertan en madres más "cielo" y menos infierno. 

Así, Hécate es suscitadora de removidas parto y pos parto, muestra infiernos y heridas ocultas y por eso hasta se le tiene miedo. Pero Ella lo hace porque es así, y porque las madres piden saber o poder amar mejor a sus hijos, y entonces "Ella" se presenta a su lado. Permanece sin decir palabra, pero cataliza. Detona. Prende la mecha de la catarsis interior. Y las madres tiemblan y se agitan y entran en sus infiernos. Y al fin, algunas, transitan hacia mejor estado y entonces abrazan a su criatura con otro ánimo. Y el niño o niña siente que, por fin, está un poco más en el cielo. Un poco más con mamá "bien". Seguro y en paz.

Hécate se marcha entonces, misión cumplida, impulsada como sangre ardiente a través de las venas de energía de la Inmensa Tierra, latiendo como un fuego viajero a través del basto tapiz de la vida. Llevada y traída adonde hace falta. Sin pensarse. Sin aferrarse. Sin identificarse. Sólo como un pulso de fuego-luz-consciencia navegando por los capilares o tejidos vivos de la Gran Madre, en cuyo interior todos vivimos.