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miércoles, 1 de mayo de 2019

El odio al Salvador.

(Arriba, pintura de Maxim Sukharev)
 

Se comparten vídeos monos sobre animales que se ayudan o se rescatan unos a otros, pero cuando se trata de un ser humano ayudando a otro, y es alguien cercano, la ideología del momento sopla enseguida este pensamiento:
- Bah, esta persona tiene complejo de salvadora. O de Jesucristo.

Y a veces surge incluso hostilidad, manía, rechazo hacia quien se implica con otros. O va a terapia y le intentan sacar de la cabeza lo de ayudar a otros. Lo de implicarse.

O si sufre a causa de eso, le dicen:
-¿Ves? Eso te pasa por meterte a ayudar a otros.

Se ha hablado del anticristo como si fuera una persona concreta. Yo no sé si tal persona existirá. Lo que sí sé es que, en términos de energía, es anti-crístico todo lo que va contra la esencia crística. ¿Y qué es lo crístico? La compasión. La ayuda. La justicia, la comunidad... Es decir el amor aplicado en actos, en las relaciones y vínculos que cada uno tiene. Y el cuidado de los vínculos.

Los que han convertido lo crístico en una cuestión de mero mirarse el ombligo y de "salvarse a si mismos" (como si eso fuera posible), no han entendido nada y encima están colaborando con lo anti crístico. Pues no existe nada como "salvarse a uno mismo" "en separado" o de manera independiente. Y además el "yo" no llega a la altura de lo requerido para "salvar" nada. Ni mucho menos la vida interior.

Salvarse a uno mismo...¡Ay, criaturas! ¿Se salva una célula a si misma, o no es cierto que co-depende del corazón que anima al cuerpo?

¡Criaturas...! Si supiérais que "lo crístico" es el corazón que impulsa al colectivo, al "cuerpo" humano, nadie diría lo de "salvarse a uno mismo", ni sugeriría que cada uno se puede salvar así, sin más. Pues si el corazón dejara de latir, ni con todo el esfuerzo del mundo, una celulita del cuerpo podría salvarse a si misma.

Toda aquella persona que siente en su interior el impulso de ayudar a otros o de rescatar a los que lo están pasando mal, puede estar equivocada en el enfoque o en ciertos puntos, debido a su ignorancia y limitaciones. Pero el impulso en si mismo no es un error y forma parte del diseño humano. Y es natural hasta en muchos animales (esos cuyos vídeos se comparten tan alegremente, porque a ellos sí se les permite ser "rescatadores" y ayudadores de otros)

Pero nos hace falta aprender a ayudar. Es necesario aprender de cero todo esto. Asumido esto, una cosa es reconocer los errores que se cometen en la ayuda, y otra querer desterrar el impulso de ayuda y rescate, todo porque tantas veces ha sido mal vivido, se ha distorsionado, o ha dado lugar a actos errados, sufrientes o desgraciados.

¡Cuántos incendios devastan la naturaleza cada año, o arrasan hogares! Pero ¿decimos por esa razón, que el fuego es malo? ¡Cuánta gente se quema por el sol! Pero nadie dice que el sol sea malo ni niega que, sin él, no estaríamos vivos, ni habría vida sobre la Tierra.

Las fuerzas anti crísticas apuntan sus flechas a los que sienten nacer en su interior el impulso de ayudar, de implicarse con otras personas y sus problemas vitales. Las personas "hijas del Sol" que se le parecen y lo imitan, son burladas y ridiculizadas en algunos ambientes modernos, o rechazadas, o las intentan reformar por su condenada manía de dar calor, dar energía a otros, de irradiar algo... Me quedo sin palabras.

Cuando nuestros hijos e hijas crezcan y sientan el impulso de ayudar, de implicarse...de hacer "algo" por "los demás"...¿También les diremos que cada quien debe ayudarse a si mismo nada más, y que ese impulso que sienten es un "complejo de Jesucristo" o de "salvador" o de "madre teresa" o lo que sea?

(Post suscitado por la enésima historia que llega a mi de persona "perjudicada" por ayudar a otra, en un contexto de "pensamiento progre" y "espiritualidad" de última ola. Ayer vino alguien y se desahogó conmigo, y básicamente percibí esto y muchas otras cosas)

miércoles, 3 de agosto de 2016

Compartir sueños y visiones, algo polémico en nuestro mundo.


Hay cosas que no sé ni cómo contar. El camino chamánico es indescriptible, poco traducible a la cultura mayoritaria de la sociedad en que vivimos. No nos han educado para hablar de la realidad del espíritu, ni para entender el "lenguaje del alma" visionario y sensitivo...

Y sin embargo quiero intentarlo, porque creo que una de las razones de que estemos como estamos es la pérdida de la costumbre de hablar, en el entorno próximo (de amigos/tribu/familia o clan) de los sueños, las visiones internas, las sensaciones, lo "intangible"... 

En todas las tribus que conservaron la certeza de que el mundo natural es sagrado, y coexistieron con la naturaleza amándola, y sin acabar con ella, existía la costumbre de hablar acerca de lo que va más allá de la mente racional. No era un tabú, como entre nosotros. No estaba mal visto decir "He soñado que..." ni decir "He sentido en el bosque que una flor me hablaba", y cosas así.

En mi mundo, está mal visto por doble partida. El sector cientifista de la sociedad toma estas cosas como reflejos del un "pensamiento mágico" que convendría erradicar como mala hierba, porque impulsa a la gente a lo irracional. (Sin tener en cuenta que, aunque mucha gente haya, efectivamente, caído en aberraciones por sentir "la magia", no es así en muchísimos casos; y además también muchos científicos han caído en otras aberraciones peores, como cuando se creó la bomba nuclear o con el exterminio eugenésico en época nazi)

Pero incluso en el sector de gente que sigue el camino llamado "espiritual", a menudo está mal visto compartir determinadas experiencias internas. En parte porque se considera que lo íntimo debe siempre ser secreto (lo cual solo es cierto a veces) y en parte porque se piensa que compartir experiencias místicas fuertes, vivencias chamánicas reveladoras, puede ser un síntoma de engreimiento, de buscar admiración o seguidores, de querer parecer importante. 

Se repite hasta la saciedad que "Quien sabe, no lo anda diciendo". Pero esta afirmación es inexacta y peligrosa. Pues es cierto que existe el fenómeno de la soberbia, del deseo de acaparar aclamaciones sólo para servir al "yo", pero la Tierra diría: hijos míos de mi vida, si no compartís lo que sabéis, ¿de qué sirve el conocimiento y visiones que se os dan?

Cristianos, ya lo dijo Jesucristo (por ponerme épica, lo menciono): La lámpara se enciende para que otros vean la luz. No para esconderla en una casa cerrada y que nadie tenga acceso a ella. Brillar no es malo, y mostrarlo, ¡menos aún! Eso es SERVICIO, ni más ni menos, y lo digo por los que temen que brillar sea "cosechar" halagos. 

En fin, que lo que no sé es cómo, si se piensa esto de los que brillan, no se da la espalda al Sol. ¡Habráse visto ser más arrogante y vanidoso, todo el p. día brillando! Qué poca humildad. Debería estar escondido bajo las piedras, para que NADIE notara su luz y no pudieran elogiarlo, amarlo y agradecerle nada. Que eso del amor, el agradecimiento, y la búsqueda de la luz que OTRO ser irradia es muy malo, y todos lo sabemos. Eso es "seguir a gurús" y no seguir "la propia luz". Asco de Sol, ¿quién se ha creído que es, qué pretende? Impertinente, egocéntrico, venga a brillar! Y mira, la naturaleza, ¡qué BORREGA es, haciéndole caso al Sol y absorbiendo esa luz! ¿Es que las plantas y animales no tienen criterio personal...? ¡Debieran atacarlo o darle la espalda, para darle una lección de humildad!

¿Os estoy removiendo cosas en la cabeza? Me alegro, porque siento en mí a la Vieja Chamana que anda harta de tantas cosas, entre otras de todo este puritanismo del "No contar, no mostrar, no compartir nada, salvo en casa cerrada y con siete llaves, y sólo a los que demuestren (dando casi su vida por mí) que MERECEN que les comparta algo de mi interior". Acabáramos, para vivir así no se necesita arder, ni brillar. Podemos seguir todos como fantasmas escondidos en los rincones, porque total...

En muchas tribus de cultura chamánica se compartían las vivencias chamánicas o espirituales que la inmensa mayoría de los miembros tribales tenían, inclusive los niños. Porque es natural soñar, percibir cosas más allá de ciertos sentidos, intuir, sentir... Sólo cuando esto se convierte en tabú desde la infancia, se convierte a su vez en realidad sombría y, ocasionalmente, enfermiza o desequilibrada. La luz no se hizo para estar escondida, ni el fuego para que lo encierren en una caja hermética. Hay que dejarle salidas o si no, se apaga, y te daña por dentro.

El único modo de cambiar nuestra cultura en este sentido es empezando a compartir otra vez lo que sentimos, intuimos, percibimos y soñamos. La única manera de que un niño aprenda que los sueños contienen destellos de vida e información que, posiblemente, en ocasiones sea útil, es hablando nosotros sobre nuestros sueños como algo natural. Y así con todo. 

Por supuesto que debe haber una prudencia, sobretodo de cara a la gente que no comparte nuestra visión de la vida. A los cientifistas les gusta atacar a los "mágicos", tanto como a la Inquisición le gustaba perseguir herejes. Es una pena, pero efectivamente es mejor no mostrarse ante determinadas mentes que se sienten en el deber de "luchar" contra un hemisferio cerebral cuyo funcionamiento no entienden. Porque si no, es muy cansado y desgastante estarse defendiendo o protegiendo de sus ataques, tan estériles como innecesarios. 



Por lo demás, compartir la información que nos llega, sea por el tipo de sentidos que sean, nos podría sanar como sociedad, o como colectivos dentro de esta sociedad. Un día Miguel me explicó que los seres humanos, en cierto nivel de nuestro ser, estábamos diseñados como "neuronas". Una neurona sana está emitiendo o compartiendo con otras, constantemente, la información que le llega. No la atesora, no la esconde. Por supuesto, no la comunica a todas las neuronas a la vez, sino en orden: lo hace a través de las redes, transmitiendo su información a las neuronas que tiene pegaditas al lado, y ellas a su vez retransmiten a otras, etc.

¿Cuál es el problema de la humanidad mayoritaria en mi mundo, entonces? Pues desde un punto de vista "Migueliano", tiene que ver con que este "sistema nervioso" o "de comunicación" está enfermo. Las neuronas no comunican apenas nada. Muchas reciben información, pero no saben qué hacer con ella. Muchas no comunican nada, viven encapsuladas, aisladas, con miedo a estar vivas, es decir a "funcionar" y transmitir. 

Otras, retransmiten pero forzando la interpretación, con lo cual manipulan e impiden que sea el sistema nervioso quien haga el circuito al completo y elabore, al final, sus conclusiones. Son neuronitas ensoberbecidas, que creen que ellas solas bastan, y que el cuerpo de la humanidad debe escucharlas nada más que a ellas, cuando en realidad sólo son una parte.

Es normal que sea difícil entender "del todo" lo que nos llega como neuronas, porque somos una partecita del Todo, nada más. La comprensión global de algo cuesta un tiempo: el necesario para que la información y los impulsos se difundan, se conecten con otras informaciones e ideas, y se produzca progresivamente un "pensamiento" colectivo que será más o menos acertado en base a la cantidad de neuronas que "sirvan" y "compartan". 
Cuantas más partes del Todo se activen y actúen como neuronas saludables, más acertado será el pensamiento colectivo final. Pero claro, si en el cuerpo de la humanidad solo funciona la tercera parte de su sistema nervioso...o ni eso...pues el diagnóstico será malo.

Los chamanes somos como neuronas especializadas, o como centros nerviosos un poco más grandes, con más redes conectadas y en activo. Nunca somos la totalidad del sistema nervioso, pero sí que abarcamos un poco más. Por eso nuestra responsabilidad retransmisora es más grande, y por eso es un contrasentido andar este camino y encerrarse más. Lo que hay que hacer es lo contrario: "funcionar" de una puñetera vez. Entregarse a "servir" sin tanto miedo. Con prudencia, con equilibrio, con discernimiento, sí, pero sin tanto rollo del "Ay, ay, ay, igual estoy cayendo en el servicio a mi ego".

Al "malo" le encanta la incomunicación. El aislamiento entre partes causa el deterioro enfermizo del cuerpo colectivo de la humanidad. Las células que se encriptan y aíslan generan enfermedad, tumores, necrosis. La humanidad sufre porque le falta, literalmente, información. Información correcta, además. Y no de un solo tipo (no sólo científica, no sólo emocional, no sólo psicológica, sino también "la otra", la que para la mayoría es "sombra" porque nos educaron en el tabú de lo que se "sentía" y no obedecía a nuestros sistemas de creencias)

Sí, puede parecer un caos cuando se activan muchas retransmisiones desde muchos puntos, de acuerdo, produciendo una sobreinformación no siempre agradable, ni limpia, ni útil. Pero es como abrir una presa que está contenida desde hace milenios, saliendo toda el agua a presión, revuelta y sucia. O sea, es lo normal, pero también es el único camino para que "el agua/información" fluya, las cosas se decanten, los cauces se recuperen, y para que se despierte el cuerpo colectivo "sintiente" de la humanidad. De manera que, un día (no todavía) se complete TODO el circuito, y se llegue a alguna conclusión correcta.

Los chamanes trabajamos "para" el Cuerpo Colectivo de la Humanidad. Nuestro deber es retransmitir lo que nos llega. A mí me tuvieron que inisistir y convencer por largo tiempo, para que empezara a escribir, porque me daba miedo hacerlo (pues sabía que me iba a complicar mucho la vida, y que sería muy mal juzgada si contaba ciertas cosas) Pero no tenemos escapatoria: compartir información forma parte de la "misión y sentido" de ser chamán. Eso sí: hay que aprender mucho y, de entrada, metemos la pata una y otra vez. Hay que llegar a compartir en orden, con criterio y respeto, pero el caso es que hay que hacerlo. 

Finalmente, hay que decir que, estrictamente hablando, aunque no todos sean especialistas en esto, todo el mundo posee estas capacidades en cierto grado, y es "neurona" en una parte de su ser. Con lo cual compartir también sana a quienes no son "chamanes", y nos sana a todos. No hay que interpretar el hecho de que algunas personas trabajen en "nodos de la red" donde se movilizan cantidades mayores de información, pensando que sólo ellos deben percibir, sentir y decir "lo que hay". 


Es más: los propios chamanes necesitan el feedback, la comunicación de todas las neuronitas que están a su alrededor, para poder comprender mejor lo que sucede, contrastar y seguir aprendiendo y ampliando consciencia. 



jueves, 2 de octubre de 2014

Los -letales- ojos de Miguel.

                                                      (Arriba, pintura de Alex Grey)

Creo que esto ya lo he contado otras veces, pero a riesgo de repetirme vuelvo sobre ello porque lo siento necesario.

Cuando se te despierta la sensibilidad, empiezas a sentir "lo de los otros" y lo primero que haces es pensar que tienes un problema. No fuimos educados para sentir tanto, sino para lo contrario. Y si ya es sospechoso sentirse mucho a uno mismo, ya no digamos sentir lo ajeno. 

Para confirmar lo que digo, basta con ver que hay hasta personas que imparten talleres, clases, cursos y hasta escriben libros, donde te riñen por eso: ¿Cómo se te ocurre sentir lo ajeno? ¿Qué ganas con eso, por favor? Habráse visto cosa más poco práctica. Es más: ¿No estarás cayendo en una especie de engreimiento mesiánico? ¿Qué te crees, una especie de Jesucristo? 

Se enseña y repite que "lo evolucionado" no es "vibrar con las masas de energía baja" de sufrimiento, ira, etcétera. Cosas del tipo: Lo evolucionado, queridos, es sentir sólo lo que a uno le interesa y crear cuanto antes un cielo a la medida de nuestros mejores deseos. Pero allá cada cual, y allá los que elijan seguir sintiendo "de más", es decir sintiendo cosas ajenas, y queden "enganchados" en cosas feas que ya debieran haber desaparecido hace siglos. (Jopé con la evolución humana, qué lenta es, ¿no?) Hay que centrarse únicamente en uno mismo, en el dios interior (porque todos somos dioses, además, y si no lo sabes eres un retrasado espiritual) Todo lo demás es distracción y pérdida de tiempo.

Bien, pues de esto que voy a contar hace 9 años. Compartía casa de pueblo con un par de amistades. Así ahorrábamos gastos y de paso nos apoyábamos emocionalmente frente al cambio que intentábamos hacer en nuestras vidas, recién huidos de la gran ciudad. A menudo yo no tenía ni dinero para pagar el alquiler, pero habíamos pactado una especie de intercambio "en especie": yo podría aportar mis "sesiones" de terapia, escucha del cuerpo y ayuda y canalización espiritual. Y como éstas eran muy apreciadas por mis amigos, no tardaron en hacerse habituales.

Llegaron momentos de dificultad emocional y psíquica, o sea, dicho en plata, "crisis", y mis colegas de convivencia reclamaban mi ayuda cada dos por tres. Yo tenía además mis propias "movidas", todo un proceso de metamorfosis interno en marcha que ya me parecía muy exigente de por sí, así que también tuve unos días de crisis. Porque sentía que no podía más. No podía estar haciendo sesiones a los otros cada día, pero sobretodo no podía estar "sintiéndolos" constantemente. 

Y es que eso era lo que me sucedía desde que se había despertado mi sensibilidad y había empezado a "oir": que día si y día no, sentía emociones y sentimientos ajenos. Soñaba sueños de otros, notaba dolores de los demás, me llegaban ecos de sus pensamientos. Jooooopé. ¡Pero si es que hasta tenía sueños contagiados del gato que teníamos en casa! Yo lo que quería era estar tranquilita con mis guías maravillosos, sumergirme en las aguas anubísicas y angélicas y navegar en calma en esas nubes de amor... sin más. Así que me empecé a impacientar con los dolores, penas y agobios de mis amigos, porque estorbaban mi bienestar interior y se somatizaban en malestares físicos (pues mi cuerpo lo expresa todo) Y como en mi sociedad ya existía toda esa propaganda anti-sentir "lo ajeno", empecé a pensar muy en serio que yo tenía un gran problema. ¿Qué podía hacer?

No era la primera vez que entraba en crisis a causa de juzgar mal mi sensibilidad, pero esta fue la definitiva. ¡Quería acabar con esa situación, se me antojaba insoportable! Así que una tarde que estuve sola, me acomodé en el sofá del comedor, junto a la estufa de leña encendida (era invierno) y me dejé caer allí, exhausta y desesperada. Entonces llamé a mis guías con mucha angustia y les dije que no lo soportaba más. Que, sencillamente, no podía vivir más sintiendo tanto lo ajeno, y que encima no aguantaba tener que convivir con otras personas que pedían mi ayuda. Sus problemas y líos saltaban sobre mí, y yo, lo que quería, era vivir en paz. "Ayudadme a encontrar otra manera de ser y de vivir", imploré, esperando que me abrieran una perspectiva para, o bien dejar de sentir tanto, o bien lograr vivir sola e independiente en todos los sentidos, y sin distracciones de ese tipo.

Entonces sentí que Miguel se acercaba mucho e intensificaba su presencia. Algo así como si subiera el "volumen" o la intensidad de su campo de energía, o como se diga. Lo tenía pegado a mí, vamos, y sentí su tono contundente. Cuando me habló, su voz sonó casi atronadora en mis oidos internos, pero era más por lo que me dijo que por lo que era su voz en sí. Y es que su frase me dejó ko: "Vengo a matarte. Necesitas morir. ¿Lo aceptas?".

Impacto total. Titubeé. Por suerte, ya sabía por experiencia que lo que dicen los ángeles no suelen ser de significado literal. Seguramente Miguel no quería decir que me fuera a matar de verdad... ¿no? Uf. Volví a dudar.
- ¿A qué te refieres? -le pregunté, por clarificar.
- Has pedido ayuda, y esta es la respuesta a tu oración: lo que necesitas es morir. No temas.

No temas, dijo. Uf. Morir. Espera un momento.

Recurrí entonces al comodín Anubis, quien siempre lo ve todo desde otra perspectiva y resulta un buen contrapeso desde "las tripas" cuando uno se "vuela" demasiado. Pero Anubis me miraba asintiendo a lo que decía Miguel. Era cómplice de él, y me dijo que no tuviera miedo y le escuchara. 

Me quedé pensando. Mi corazón, sin embargo, no tenía ningún miedo. Lo sentí muy anhelante por la "muerte" que venía a traerme Miguel. Misterios del corazón, que nota cosas que la cabeza no siempre entiende o imagina, y se entrega enseguida, cuando lo que llega viene de Lo Uno. Así que opté por hacer caso de mi corazón. Y en cuanto tomé esa decisión, me invadió una emoción profundísima, ¡un deseo de morir impresionante! ¡De repente anhelaba la muerte con todo mi ser!...

- Está bien, mátame- casi rogué a Miguel- Estoy dispuesta.

Una vocecita racional protestaba en mi cabeza, pensando en asuntos prácticos, en despedidas que no había hecho, en el testamento que no había escrito, y se imaginaba que podía quedarme fiambre en el sofá... Pero el resto de mi ser sólo queria morir, morir...¡Uf!

Miguel, yendo al grano como siempre (jamás dice una palabra de más, los rodeos no son lo suyo) me dijo, entonces:
- Mírame.
- Pero...- protesté yo, porque además de que no le veía, él mismo me había dicho en el pasado que en principio no me convenía mirar en dirección a los ángeles a los ojos, porque podía ser "demasiado". Y yo nunca miraba en dirección a "los ojos" de Miguel (aunque no le viera, sentía dónde estaban esos ojos)
- Abre los ojos y mírame, porque así es como te voy a matar- respondió Miguel.

Ostras, ¡iba a morir por una mirada! Qué fuerte. Pero abrí los ojos y miré hacia donde "él" se suponía que estaba, aunque sólo lo sentía. Y entonces me encontré viendo, o mejor dicho sintiendo la vida y el mundo desde "su" perspectiva. Durante unos instantes, ¡Dios mío!, estuve en la dimensión o perspectiva de La Unidad. Miguel, al mirarme a los ojos, me había "contagiado" su visión, su modo de ser. 

Y realmente fue demasiado para mi ser, o mejor dicho para mi "yo" habitual. De repente ví, supe, comprendí con una certeza radical lo natural que era sentirse mutuamente. De hecho, experimenté que en la dimensión de La Unidad no había ni "tú", ni "yo", y que por norma se sentía todo lo de los demás: dolores, penas y alegrías, todo era compartido, todo era sentido, porque todos éramos como celulitas de un cuerpo inmenso y lo que le sucedía a otra celulita era muy de nuestra competencia, ¡totalmente asunto nuestro! ¡Lo absurdo era pretender vivir separados! Era aberrante, desde ese estado o dimensión, decir "tus" sentimientos, "mis" emociones, es "asunto tuyo", o "esto es sólo mío".

Se me fundieron las neuronas y con ellas se murieron todos los preconceptos y preocupaciones respecto a "el problema de mi sensibilidad" y "el problema de las emociones negativas o difíciles "de" mis amigos. Mi corazón experimentaba otra cosa: amor y compasión, y un anhelo fuertísimo de ayudar en lo posible. Desde ese estado, mis dos amigos no eran una molestia, sino solo ...partes queridas de esa Unidad... celulitas vecinas que formaban parte de mí en cierto nivel del ser. ¿Cómo había fantaseado con la idea de cerrarme a ayudarles, de racanaear con mis sesiones, o de irme a vivir sola para huir de "el infierno de los demás"? Más bien debía agradecer que se me diera esta oportunidad de compartir, ayudar y aprender de todo aquello, de paso. Porque en las sesiones en las que ayudaba a mis amigos, también aprendía y recibía cosas yo. 

Arrepentimiento, eso es lo que sentí. Y lloré... mientras mi corazón ardía y sostenía la invisible mirada de Miguel, quien, cuando consideró que ya estaba suficientemente muerta y rematada, y que no hacía falta seguir con la "dosis" (no se me fueran a fundir todos los plomos y dejarme tan ko que fuera incapaz de gestionar mi vida cotidiana), dijo: "Está hecho" y se separó de mí. Y se esfumó entonces el Estado de Unidad, pero ¡ay!, ya estaba tocada. La muerte había sucedido y ya nada era igual.

Yo ya no tenía nada que decir.

Mi petición de ayuda había sido escuchada, y la Medicina de Dios que me fue enviada había sido la correcta. Y eficaz a largo plazo también, porque, desde entonces, nunca más he vuelto a lamentarme por el hecho de "notar" cosas "ajenas". Me lo tomo como lo normal, lo natural. Eso sí, he aprendido a seleccionar un poco, a apartar asuntos a un lado para poder enfocarme en otros, porque hay luego todo un aprendizaje para discernir dónde es bueno estar, y dónde no; y con quién es bueno mezclarse, y con quién es mejor separarse en un momento dado. Porque si no, no te concentras en lo que quieres realizar, y es preciso seleccionar dónde inviertes la energía y la atención. 

Pero todo esto lo he aprendido de otra manera, y ya sin la creencia de que debía mantenerme aparte de "lo ajeno". Postergar ayudar a otros, o saber decir "no puedo", cuando realmente no puedes darlas, no es lo mismo que negarte a ayudar, o pensar que eso de sentir a los demás no te debería estar pasando. Y sí, a veces me he separado de la compañía algunas personas, pero no porque creyera que fuéramos a estar realmente "separados" en el Todo, sino porque la excesiva cercanía en lo cotidiano generaba roces y sufrimientos mutuos que no beneficiaban a ninguna de las partes. En Lo Uno sigo sintiéndome vinculada a todas esas personas, y sé que allí seguimos nuestra relación de un modo misterioso, y allí nos reencontraremos en el Más Allá. Pero en lo físico, o corporal del asunto, y en lo cotidiano, en mi casa no entra todo el mundo y así ha de ser. 

Y a veces, cuando, por la fuerza de la inercia y del contagio del pensamiento colectivo más común, vuelvo a encontrarme diciendo "esta emoción es algo de fulanito, es algo de menganito", me recuerdo a mí misma que aunque en este nivel del ser, ciertamente existen fronteras, barreras y separaciones, y está bien así (porque lo físico se organiza así), esto no es así "siempre", ni en todas partes. 

En la dimensión de La Unidad a la cual todos pertenecemos en un nivel del ser, no existe "lo mío" ni "lo tuyo". Y cuando regresemos ahí, tal vez desearemos no haber racaneado con lo que, en esta etapa de vida en la Tierra, consideramos que era solamente "nuestro". Y también anhelaremos haber dado más... haber compartido todo, hasta el aliento casi, y haber ayudado más, aunque sólo fuera enviando desde el corazón compasión, escucha, apoyo moral y fuerza a otros que la necesiten.

Me gusta recordar esa experiencia porque muchas veces la olvido y vuelvo a vivir como si no hubiera sucedido. Es lo normal, porque cuando se siente y comparte todo, ¡te vuelves a dormir y a olvidar, si la mayoría a tu alrededor duermen! Si sientes "lo ajeno", te duermes fácilmente si estás con quienes duermen. Pero bueno, no pasa nada: gracias a haberlo vivido y hasta escrito, puedo recordar ese despertar. 

Evocar aquella muerte que he contado me resitúa en la verdadera naturaleza del querer de mi corazón, y en la perspectiva final, definitiva. Compartirla sin medir a quién llega, dándola "al colectivo", a través de un escrito abierto al público, es un modo de afirmar que no hay nada que sea del todo "mío", ni siquiera lo que llamo vulgarmente "mis" experiencias con los ángeles. De hecho, ellos siempre me dicen: "Ahora, dalo al resto, porque estas experiencias tampoco te pertenecen". Yo no sé cómo se hace eso de "darlas" al resto, pero escribir tal vez es un buen principio. ¿Quién sabe, después...?

Pero fíjate lo que pasa con los ángeles al servicio de Lo Uno: pides ayuda para recrear tu "realidad" o un cielo particular, pues quieres ser feliz de la manera en que crees que vas a serlo y, ¿qué hacen? Romper esa fantasía en mil pedazos, pero sin que sufras -¡oh milagro!- por la destrucción de aquel paraíso imaginado, pues descubres que era falso. 

El Cielo es otra cosa, el Cielo es un estado de ser y está en el arder del corazón entregado, compartiendo ese fuego sagrado con los demás.