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jueves, 5 de enero de 2023

Dicen que aman lo salvaje, pero no es verdad. (Fantasías espirituales modernas)




(Post de diciembre del 2019)

Hoy pensaba que, como sociedad, en lo "espiritual" tenemos una ignorancia como la del que está acostumbrado a ver solo lindos perros y gatitos domésticos y sale al bosque salvaje presuponiendo que todo serán animalitos de conductas predecibles y amoldadas a nuestros deseos.

Tenemos tal grado de olvido de lo que es la vida en su diversidad salvaje, y vivimos tal enorme domesticación de nuestro mundo y nuestros cuerpos, que la gente extrapola esto a sus ideas y presuposiciones de lo que es el mundo espiritual (y el psíquico) Y por eso también surge el "olvido" de la existencia de "lo otro", la vida EXTERIOR a nosotros y su poder o influencia sobre nuestras vidas.

Se vive en la ilusión continua de tener control sobre lo desconocido, o de que, si hay un desafío o conflicto, será todo domesticable y solucionable en cómodas sesiones a la demanda. (Ja! y ja!)

El chamanismo se pone de moda como se pone de moda el turismo de aventura o ir a ver reservas de la naturaleza a África, América o Australia. La gente suspira por "tener" animales de poder que, casi siempre, ¡oh , casualidad! son SALVAJES. Esta persona se identifica con el lobo, aquella con el jaguar, el otro con el oso, la de más allá con el águila, o la pantera. Pero se les presupone, a esos "espíritus" acompañantes, una presencia "controlada", unas reacciones a nuestra medida, y un comportamiento a la demanda. Cuando en realidad y en general, las personas no soportarían a "eso salvaje" ni dos días a su lado. (Por no decir que tal vez incluso se convertirían en sus víctimas)

Yo ya no me creo nada de muchas historias personales que se cuentan por ahí, sobre el vínculo con espíritus animales, salvo cuando alguien explica que, ante sus animales "del alma", siente no solo amor sino también impresión y respeto, y a veces hasta miedo. Porque si no has sentido nunca miedo ni "respeto" ante un espíritu de lobo, oso, león o águila, es que solo has visto su parte fácil, filtrada por la domesticación de la mente, sesgada por los deseos y proyecciones personales. 

No es creíble conectar con el espíritu de grandes animales salvajes, y no "cagarse" de miedo o impresión en algún momento, sobretodo si son carnívoros, fieros y de zarpazo poderoso. Incluso un caballo salvaje puede infundir RESPETO. 

En resumen, aquí todo el mundo quiere ser poderoso y salvaje, pero muy pocos saben vivir fuera de lo domesticado. Ni siquiera cerca del mundo salvaje. Porque en el monte, ya sé que no sobreviviríamos nadie de los modernos, pero por lo menos se puede vivir junto al bosque, o en el mundo rural. Y oh, ah, eso son palabras mayores, poca gente de la que dice "amo la naturaleza" lo hace, o se ve capaz, salvo en sus fantasías. He conocido tanta gente que se dice lobo y en realidad es perro faldero de piso urbano, que ya no digo ná. Sin desdén de los perros lo digo, ¿eh?

Se aplica lo mismo a los demás animales salvajes. Hay mucha imaginación queriendo domesticar leones, osos, pumas, elefantes, rinocerontes, ballenas, águilas, ciervos, serpientes... Muchas fotos y posts de hombres abrazando leones, humanizándolos, pero no corriendo a cuatro patas como ellos, ni cazando. Todo lo queremos HUMANIZADO, vestido de persona, metido en el salón de casa, o en el jardincito (quien lo tenga), haciéndonos mimitos, complaciendo nuestra "necesidad de naturaleza", de afecto o de poder, o trabajando para resolver nuestros problemas.

Para redondear, muy poca gente se plantea que pueda haber "espíritus o energías hostiles" (y no me refiero a animales, ahora) por ahí. O energías depredadoras. O simplemente que pasan de tí y van a la suya, y si te pisan y te destrozan en su caminar, les da igual. Porque no les importas lo más mínimo. 

Así que cuando te miran raro porque dices QUE TIENES MIEDO (pues yo lo tengo a veces), tienes que estar explicando a esta gente, una y otra vez, tus razones para ser prudente ante las energías desconocidas. Pues a la que dices "hay que tener cuidado", te salen con lo de "Eso son tus miedos, no proyectes miedos". O con lo de "Tú ves demonios o peligros por todas partes". E intentan darte lecciones, salvarte de tu prudencia, de tu instinto y tu miedo natural ante ciertas descomunales fuerzas salvajes. 

Qué gente, todo lo quieren castrar y someter, meter en cajitas con corazones pintados para que no dé susto, ajj. Pero yo huyo de todo eso. El miedo al miedo se pinta con corazones para disimularse, eso es lo que veo. Mucho corazón pintado y poca realidad salvaje, eso veo.

Pero son las mismas personas que te dicen lo de "Dios creó a todos los seres y entonces cumplen su función, no hay peligros, está todo bien". Que es como hablar de la velocidad cuando mentas el tocino. Qué tendrá que ver que algo haya sido creado por Dios, con sus hábitos de alimentación o el nivel de agresividad que pueda desplegar. ¿O los cocodrilos y las pirañas los creó algo distinto de Dios? ¿Y qué pasa, que porque Dios creó a esos animales, ya no son un peligro, no comen carne y hasta gente viva, si tienen hambre?

Me he dado cuenta de que toda esta tendencia surge, en parte, de que rige la costumbre de domesticar animales y de vivir en entornos "controlados", en el mundo de los apartamentos o casas con moquetas, parquet, sofá, gatos castrados, perros con correa que suplen nuestras carencias emocionales y pajaritos o peces en jaulas que solo toleramos o deseamos porque nos dan "cariño" o le gustan al niño interior de cada quien.

Entonces, se espera que tú te comportes igual (que seas toda mimitos y buenas caras) y se espera ídem de los espíritus Guías, sean animales o de otro tipo. (Ángeles, seres iluminados o lo que sea) Todo ha de ser domesticado, manso, mimoso, y no ha de dar susto ni llevar la contraria, ni gritar o levantar la loz (rugir, tronar, sacudir) nunca jamás. 

Pero es que es difícil concebir la diversidad de formas de vida "en la energía" si en tu dia a dia nunca las vives tampoco "en lo físico". Y lo que se ama en verdad no es lo salvaje, sino lo doméstico y el peluche. De ahí que a pesar de las palabritas de amor a lo salvaje, como especie estemos extinguiendo justo eso, y en cambio el número de seres domesticados y castrados crezca exponencialmente.

En este sentido, me ha causado muy buena impresión el chamán/sanador transgeneracional Dan Van Kampenhout en su libro "La Sanación viene desde afuera", porque explica que los espíritus ayudantes de los chamanes no deben ser tratados a la ligera, no debe presuponerse que van a tener un comportamiento predecible, y pueden inspirar mucho respeto, ser exigentes, o poner ciertas condiciones para estar presentes junto al sanador y echarle un cable. Porque eso lo veo REALISTA. Es lo que yo he vivido, también.


Cuando he leido que el autor trabaja principalmente con el espíritu del oso, y he visto qu,e en su escritos sobre esta relación, no transmite nada complaciente, me he dicho: "Ah, entonces lo que dice debe ser verdad. Este hombre está viviendo lo que dice que está viviendo"

P.D: Dicho sea de paso, en el mundillo "sanador" está de moda la osa, porque es muy bonita la estampa de la osa y sus oseznos, y todo eso. Pero el oso macho con sus malas pulgas y su costumbre de marcar territorio ya no mola, ¿verdad?. Porque su terrible agresividad es algo más complicado de aceptar. Lo que pasa es que para asumir con propiedad el vínculo espiritual amoroso con un "animal del alma", lo de dejarse de lado a una de sus mitades limita la cuestión, por decirlo de modo sutil.





 

domingo, 25 de febrero de 2018

Quieren volver a la naturaleza, dicen.

(Arriba, pintura de Gaetano Chiericci)

Una frase atribuida a Petra Kelly decía "Todo el mundo quiere volver a la naturaleza, solo que no a pie". Ayer recordaba esa frase y se me ocurría otra: "Todo el mundo quiere volver a la naturaleza, solo que no al ritmo de la naturaleza, sino a golpe de click". (El tema de la aceleración del mundo civilizado, versus la lentitud natural de las cosas)

Y hoy se me ocurría otra: "Todo el mundo quiere volver a la naturaleza, solo que sin bichos".

Con bichos me refiero a cosas como insectos que pican y tal. Que ya sabemos que todo el mundo adora a los animales que pueden poner caritas monas, o parecer peluches, pero lo de cucarachas, escarabajos, arañas, mosquitos, garrapatas, pulgas, víboras, etc...Como que no mola tanto. Los bichos que no son aptos como mascota (es decir, que nunca van a comportarse de manera que nos guste) no molan ¿a que no?

Todo esto viene a cuento de que "habemus pulga". Bueno, es algo que sucede cada cierto tiempo. De repente amaneces cosida de picadas, tú o tu hijo, y te das cuenta de que alguna pulga se coló en casa, adherida a zapatillas, calcetines o el bajo de los pantalones. Las mantengo muy a raya pero es imposible controlar todo el patio. No es culpa de los gatos en sí (y además, da igual cuántas pipetas se les eche, si hay muchas pulgas las pillan igual) sino de las zonas de maleza , los rincones con hojas secas y restos de leña podrida... Las pulgas van a las "alfombras" naturales y se quedan allí viviendo en ese hábitat calentito. Luego pasas tú por ahí, recogiendo tablones de madera o de camino al gallinero, y zasca. Te llevas pulga pa´casa.

Habemus pulga significa que tienes que entretenerte buscándola escondida en la parte baja de las sábanas de la cama, y si no eres capaz de dar con ella (a veces se ha escapado antes) entonces toca poner a lavar toda la ropa: la de cama (por si acaso está escondido el bicho en un frunce o un pliegue de las sábanas) y la que llevabas puesta (pijama, etc) En caso contrario, la pulga o laS pulgaS (porque podría ser más de una) te seguirá picando y es molesto. Aparte de que podría criar, horror.

Habemus pulga significa, por lo tanto, que necesitas gastar tiempo en esa tarea, y emplear trabajo en hacer coladas con las que no contabas. Además, si metes mucha ropa junta en la lavadora, a la pulga le da igual, sólo se da un baño y no es arrastrada por el agua (hay tanta ropa que se agarra a ella) de manera que sacas lo mojado y puede seguir allí (lo he visto, pulgas saltando de una toalla recién sacada de la lavadora) Con lo cual el truco está en llenar la lavadora un poco más de la mitad, dejando todo muy holgado, para que agua arrastre al bicho.

Esto me lleva a señalar de nuevo que vivir en campo-campo implica gasto de tiempo en actividades que en la ciudad no suelen darse. Salvo que...elijas vivir como la gente de antes "de verdad", que si tenían pulgas se rascaban, sacudían la ropa y amén. Lo de hacer la colada no era como lo de ahora, que a fin de cuentas tenemos lavadora, con lo cual se asumía que era normal ir cosido de picadas de vez en cuando, o durante meses, y no pasaba nada.

De hecho, yo viví en una casa en cuyo patio trasero había un pulguerío tal, que de mayo o actubre SIEMPRE llevaba los tobillos picados. La única solución hubiera sido cementar el patio y erradicar gatos, gallinas y conejos (que no eran mios, tampoco el patio) O salir andando con zancos. Asumí las picadas y ya está.

Dirán los no enterados: bueno, no pasa nada, solo son pulgas. Y yo añado: sí, de acuerdo, excepto que las pulgas hayan picado antes a roedores (ratas por ejemplo) infectadas con algún bacilo chungo. Como la peste. La gente de antes no se alarmaba mucho por las pulgas, pero éstas fueron las transmisoras de las plagas de peste, llevando el bacilo entre ratas y humanos, o escondidas en las mercancías (telas, ropas, etc) que viajaban de ciudad en ciudad. Y así murieron millones y millones de europeos, como moscas. Por las pulgas.


Todo el mundo quiere volver a la naturaleza, pero NO SABEN LO QUE DICEN. No lo sabemos (me incluyo) en realidad. Queremos solo lo bonito de la naturaleza, lo cuchi-cuchi, lo domesticable o lo cariñoso. Ahora los que nos creemos más guays rezamos a la Madre Tierra para que "haga algo" para mejorar las cosas, pero los insectos tipo plaga forman parte de sus sistemas de auto regulación, y si surge una peste, o similar, que barre con todo, eso ya no nos gusta.

¿Queremos volver a la naturaleza...? ¿O sólo pensamos que queremos eso? Llevo casi dos años escuchando en esta Tierra del Teleno a su voz, y a la voz de los primeros pobladores (prehistóricos) de este lugar. Y os puedo asegurar que no tenemos ni repajolera idea de lo que significa "volver a la naturaleza". La Tierrita me consuela, porque dice que en mis "condiciones" y viniendo del mundo que vengo, hago ya bastante, pero yo me siento estúpida, ridícula y mutante. La Tierrita me trata como a una niñita lisiada. No me exige más pero no porque yo esté actuando bien hacia ella, sino porque salí tarada de una sociedad tarada, y las taras no se curan en dos dias, ni en dos años, y algunas ni en toda una vida.

En resumen: he puesto dos lavadoras para erradicar las pulgas, pero no tengo claro de si he hecho bien o mal. Depende de cómo lo enfoque...He priorizado que mi hijo no vaya al cole cosido de picadas, y mi propia comodidad, y eliminar riesgos (poco probables, a decir verdad) de infecciones raras, pero he gastado mucha agua potable, y electricidad, en algo... evitable.

Mi conclusión es: aquí (casi) nadie quiere volver a la naturaleza de verdad. Sólo soñar con ella y visitarla de fin de semana, o irse a los pueblos pero para vivir como en la ciudad, o casi. Es exactamente como lo de la comunidad y crear tribu. De veras que en realidad es muy raro encontrar a alguien que lo quiera. Lo confunden con reunión de fin de semana y ayudarse de vez en cuando, cuando viene bien. Lo que es una tribu o comunidad indígena ancestral, con sus acuerdos constantes, su co-responsabilidad de lo que le sucede al otro, etc, no tenemos ni idea de lo que es, y ni lo queremos, porque a la hora de la verdad es muy limitante de las libertades individuales. Estar tan vinculado es lo que tiene... Querer ir juntos en la misma dirección también.


 Se idealiza todo lo antiguo, creamos nuestra idea de "bien/comunidad/naturaleza", pero no solemos conocer lo que implica de verdad...

viernes, 23 de febrero de 2018

El Imperio contra los bosques...y la mente selvática.


"Venga, pero ¿qué es todo este desorden, este caos? No puede ser, hay que ordenar, limpiar y desbrozar. Aquí no hay quien se aclare. Tienes que elegir a qué te dedicas y qué estudias, y tienes que hacer UNA sola cosa por vez"

Este ha sido el discurso más repetido en mi vida desde que era adolescente. Las podadoras han ido y venido, intentando encajarme en lo "limpio, ordenado y lineal". Una cosa por vez. Un libro por vez. Un estudio por vez. Un tipo de amistades por vez. No mezclar. No juntar unas cosas con otras. Si eres de ciencias no eres de letras, y viceversa. Si eres mujer, no pueden gustarte cosas de hombres. Si eres de izquierdas no puedes ser de derechas. Si te gusta el Norte no puedes tener amigos del Sur, ni entender a Africa. Si eres blanca no puedes tener el corazón también negro. Si eres...si quieres...si te gusta... entonces solo puede ser ESO, y no lo puedes mezclar.

"Escribes como la selva, esto es demasiado exuberante"- me dijo una editora. Y me podó un libro hasta dejarlo por la mitad. Así, sí era aceptable. Pero para mí era como si a mi bebé le cortaran deditos de los pies, manos, pelo...No sé. 

 (Arriba, imagen de redes neuronales)

 El Imperio dice que hay que hacer una cosa detrás de otra y además dice que muchas cosas son mutuamente excluyentes: Una idea sí, y otra no. Se impone la selección, el filtrado, pero de manera forzada, a golpe de hacha (no porque algo se muera y se caiga sola esa ramita del árbol). La lucha contra lo selvático, lo exuberante. 

Y lo mismo que se ha hecho con las mentes (educar en líneas cuadradas y construcciones "limpias", pulidas, desbrozadas y en forma de ladrillitos apilados uno encima de otro) se ha hecho con la naturaleza. Porque para la mente Imperial el desorden exuberante de la naturaleza era horrible. Feo. Sucio. Amenazador. Símbolo de todo lo que falta por conocer, del descontrol, y de la inmensa diversidad de la naturaleza.

Diversidad, arg, y peor si es diversidad mezclada, que es lo que sucede en un bosque: Plantas con herbívoros que se las comen, depredadores con víctimas, mamíferos gregarios con reptiles que van a su puta bola, plantas con hongos, parásitos con mamíferos, todo junto y revuelto, virus, bacterias, barro...humus, líquenes, cacas de jabalíes, sangre de animales cazados por lobos, hierbas verdes, insectos, todo junto...¡sucio! ¡Peligro!

Así que lo que se hizo con las neuronas, por decirlo de algún modo, se hizo con los bosques. En Europa, por ejemplo. Y donde hubo el saber de los bosques selváticos, profundos y exuberantes, que antes eran templos, se desbrozó, taló, y "limpió", y al lado se construyeron templos de piedras cuadradas y alineadas, convenientemente ordenadas y con interiores limpísimos, es decir: sin ser habitados por vida vegetal o animal de ningún tipo. Y también, de paso, han empezado a ir matando bichos incómodos en la naturaleza exterior, o el bosque... Y se sigue haciendo. Lucha contra insectos, contra depredadores, contra cosas que "molestan". Cazar para dominar, o para ostentar, ya no para comer, como cuando éramos parte del bosque.

Ya no somos parte del bosque, nuestra mente se ha separado y ahora vemos al bosque como un objeto aparte al se quiere domesticar y modificar a nuestro antojo.



Desde mi perspectiva /trance chamánico veo que la "MENTE" original que emanaba de la Tierra Continental Europea era el fruto del cruce entre la mente del bosque y la de las cuevas. Los seres humanos hijos de estas tierras una vez tuvieron una mente arborescente y salvaje, exuberante, creativa y profunda. Eran hijos del misterio y riqueza de bosques...y cuevas.

Luego llegó el Imperio bajo diferentes formas. Lo que yo llamo Imperio, quiero decir (afán de dominar y controlarlo todo, ansia de conquista, codicia, amor por el lujo y la ostentación, clases sociales, jerarquías piramidales, etc) Y la mente fue siendo podada, amaestrada, educada, castrada, reconvertida...a través de un proceso lento y sostenido... Y las mentes podadas y ajardinadas al estilo Imperio no soportan la visión de la selva, del bosque originario. Les recuerda lo que fueron y lo que no quieren volver a ser. Y les recuerda el Misterio.

El sagrado Misterio que El Imperio ha querido (ignorante de él) amaestrar, encerrar y controlar dentro de edificios de piedra, sin darse cuenta de que, total, generalmente son edificios MUERTOS que además acumulan capa sobre capa de memorias trágicas, el dolor de las mismísimas piedras (¡yo las he escuchado quejarse tantas veces!) Y que un dia, para esos templos, también llegará el fin.

Mientras tanto, el Misterio, el Sagrado Misterio, seguirá aleteando, libre, allí donde le parezca. Y se comunicará con las mentes humanas allí donde éstas recuerden más su esencia y naturaleza original. Allí donde más puedan "ser"...moverse...en libertad. Espacios salvajes, naturaleza, aire libre...

lunes, 8 de agosto de 2016

Depredación y simbiosis


Un debate polarizado y dualizado es: ¿Cuál es la naturaleza de la naturaleza, valga la redundancia? ¿Se basa la naturaleza en la competencia por los recursos o en la colaboración y cooperatividad?

Llevo años a vueltas con el tema. He pasado de un lado a otro varias veces y al final mis observaciones me van conduciendo a esto: ni una cosa, ni la otra. La naturaleza son las dos. Existe la depredación, existe el parasitismo,. Y existe la cooperación y la simbiosis.

La vida se desarrolla entre las tensiones por ver "quién puede más" y las tensiones del deseo de fusión y colaboración amorosa. Y lo curioso es que al final me parece que, en la naturaleza, ambas cosas no son excluyentes. Sólo en nuestra mente necesitamos dualizar y seccionar la mitad de los comportamientos biológicos para decir: "No, la verdadera naturaleza es colaborativa y amorosa" o para decir: "No, en ella todo es competir por recursos". Es que resulta que cooperar es un modo de acceder mejor a los recursos. Y competir es un modo de entrenarse para fortalecer ciertas características que son útiles a la vida (como cuando los cachorros de león "compiten" en peleas)


La Naturaleza es las dos cosas. Cómo las viva el ser humano es otra cuestión sobre la que no voy a teorizar ahora. Pero de lo otro cada vez tengo menos dudas. Estoy releyendo "Planeta simbiótico" de Lynn Margulis, y al mismo tiempo contrasto con "Contra Natura" del biólogo Arcadi Navarro, y se me están esclareciendo los esquemas de manera total.

También digo: jo, qué nostalgia de cuando empecé la carrera de biología. Si llego a vieja, a lo mejor vuelvo a estudiar y biología estará entre mis favoritas. Sigo emocionándome con la célula y la microbiología. Se me sigue encendiendo el entusiasmo ante las explicaciones de esos micromundos. Recuerdo mi pasión con el microscopio en el instintuto. Esa es una parte de mí que nunca desarrollé, pero que siempre ha quedado ahí, alimentando mi curiosidad por cómo funciona la vida. 
                                  
Y extrapolando la cosa al ámbito de energía psíquica, resumo: me parece que la clave está en distinguir entre lo que nos parasita y lo que, en cambio, puede ser una simbiosis. Fusionarse, juntarse, emparejarse, agregarse...conviene discernir y ver si el resultado es parasitante (del otro u otro, o nuestro, o mutuamente, incluso) o por el contrario se trata de una verdadera cooperación mutua (simbiosis)

                                  

Recuerdo un antiguo amigo medio chamán, que siempre tenía miedo cuando le relataba mis vivencias con la energía espiritual. Le parecía que los "ángeles" eran parásitos mentales que se acercaban a mí o a la humanidad para vivir a nuestra costa. Debatimos mucho sobre eso y al final mi conclusión era: si hay amor y crecimiento por mi parte, no me pueden estar parasitando. Estoy siendo, más bien, alimentada o ayudada. Pero sí podría tratarse de una simbiosis de beneficio mutuo, quién sabe. Y eso es algo sobre lo que meditar.

No hay vuelta atrás en la simbiosis, porque nunca más vuelves a ser el mismo tras una fusión simbiótica. Al mismo tiempo, ese cambio no es limitante ni perjudicial, porque gracias a la simbiosis estás mejor "adaptado" al entorno y te vuelves más "capaz".

"Yo" como escritora, por ejemplo, soy el producto de una simbiosis, porque antes de unir mi ser a otras energías, era incapaz de escribir tanto, ni libros con contenido ordenado (Hay una larga historia ahí, ja ja) La cuestión es que simbioticé por amor, y eso me parece que es lo que nos hace más capaces, más "competentes". También nos permite la experiencia de vivir albergando vida amorosa...o siendo "albergados" por vida amorosa más grande que nosotros. Como la bacteria en las tripas de una vaca, ja ja.

Qué poco romántico ¿eh? Pues así es mi perspectiva. ¡Viva la microbiología!

(La pintura de abajo es de Alex Grey y es un  homenaje a Lynn Margulis y su teoría simbiótica)







sábado, 29 de marzo de 2014

Padezco biofilia, o el síndrome de Heidi.

Llega la primavera y la noto cada vez más, pero por una inevitable asociación de ideas, no puedo evitar vivir una regresión momentánea a lo que es la primavera en "el campo". No puedo olvidar el pack de multisensaciones que he vivido paseando por ciertos paisajes donde la vista se pierde hasta el horizonte sin toparse con edificios, ni carreteras. Suaves montañas o llanuras, amplitud de cielo, una brisa cálida perfumada del dulce olor de las flores variadas...El canto de los pájaros, el zumbido de los insectos, el cricri de los grillos. El colorido de la retama amarilla, el espliego violeta, el brezo blanco y morado, el blancoamarillo de la manzanilla silvestre, el violeta de las campanillas, el índigo de los acianos, el fucsia de las dedaleras, el verde intenso de la tierna  hierba, el verde oscuro de encinas y pinos lejanos, el rojo de la tierra, el negro de algunas piedras brillantes por el hierro que contienen, el blanco inmaculado de los preduscos de cuarzo lechoso...

Sí, estoy describiendo una primavera específica de una tierra específica. Qué pena no poder olvidar a voluntad la belleza y el éxtasis, el recuerdo de lo agradable, perfumado, suave y delicioso de algunos días de mayo. Qué pena no poder eliminar del archivo el recuerdo de los escarceos amorosos en bosques de pinos y robles, la visión fugaz de los corzos saltando entre los brezos, escondiéndose de nuestra presencia. Y de los elusivos y silenciosos lobos, a los que sólo con el rabillo del ojo pudimos detectar. O los tremebundos jabalíes corriendo a galope por aquella pradera...

Qué duro no poder aparcar a un lado el recuerdo de lo que fue gestar vida en esos espacios, y traerla en marzo, y vivir la primera primavera con bebé en brazos inmersa en aquellos campos. Qué dolor sentir que parí un hijo de aquella deliciosa tierra, sabrosa y crujiente en mis entrañas como la mejor empanada del mundo, la mejor torta de pan con relleno que puedo recordar haber comido. A mi vientre le gustaba estar allí. A mi parte animal también. Yo era entonces como hembra que vive lo natural sin problemas, porque todo fluye en la correcta dirección: las hormonas, los sentidos, los huesos y el espíritu. Hasta que...¿Qué? Tengo que entenderlo.

Qué desesperante se me hace no poder seguirle dando a mi hijo lo que siento que le corresponde por herencia "natural". Tal vez sea el hijo más sentido que aquella tierra ha podido tener en las últimas décadas, porque literalmente nació sobre ella, sin otra separación entre su regazo y el tierno cuerpo de mi bebé que una manta y un viejo linóleo sobre el suelo de piedra. Ya no se pare sasí en ninguna parte, porque ni siquiera son así las casas. Aquello fue un agujero de oportunidad a través del cual se coló, en esa tierra, un último vestigio de algo inmenso y sin nombre moderno, un parto a la antigua usanza sin más, celebrado por toda una tribu. Nacía uno "de los suyos", y me colmaron de regalos: comida casera y ropita de bebé.

Pero sin casa propia, sin refugio, desencarnada o separada tanto de la tierra como de la tribu en la cual aquello sucedió, ando por el mundo como aturdida y siempre tan fatigada, a medio gas. Me cuesta un esfuerzo todo, como si hasta enderezar en cuerpo me resultara un desafío en algunos momentos. Qué lejos estoy de sentirme como aquella brava mujer que andaba horas por el monte y el bosque sin cansarse. No soy ni sombra de la que fuí, me sostengo por fuerza de voluntad como una planta medio seca que hace un esfuerzo para no arrugarse del todo y aguantar un poco más.

Me pregunto, entonces, a la luz de todo lo que voy investigando y aprendiendo acerca de la etología animal, el cerebro humano y todo eso, si lo mío tiene arreglo. Si no será tan simple y tan inmutable a la vez como que soy como las hembras animales que vivieron en el libertad y manada, y luego tuvieron que volver al zoo y a la jaula. Si no hubiera salido nunca del cubículo  no estaría como estoy, porque no habría probado el sabor de la plenitud animal salvaje. Pero lo he vivido, y ahora ¿qué? 

Si ya de niña padecí el síndrome de Heidi al marchar de lugares más campestres a la gran ciudad, ahora lo vivo con doble intensidad. Sobretodo porque de niña me aferraba a la esperanza de crecer, independizarme y volver a marchar hacia el campo. Pero ahora ¿qué? Los días de mi juventud se me escurren entre los dedos, ya me queda poco de florecimiento, y la perspectiva de crecer e independizarme ya no existe. Es al contrario. Cada vez me siento más atada por circunstancias que no controlo, y con menos vitalidad.

Biofilia, llaman los científicos a esto que me pasa. Un nombre técnico para definir la oculta (porque casi siempre es inconsciente) necesidad de vivir rodeado de naturaleza, o en contacto con ella. Dicen que se han hecho estudios en hospitales, en los cuales los pacientes que tenían delante de la cama un gran póster con paisajes naturales, mejoraban antes que los que no. Pero que los que tardaban antes en reponerse, o incluso veian tal vez entorpecido el proceso, eran los que tenían ante ellos cuadros de arte abstracto. Justito el estilo de nuestras modernas ciudades, tan abstractas todas ellas. Tan cubistas, tan grises, tan "conceptuales".

Así que me tendré que conformar con pósters y fotos de naturaleza salvaje, pero como resulta que mi cuerpo se acuerda de lo real, no podré morir como aquel viejo de la película "Soylant Green. Cuando el futuro nos alcance", con emoción y expresión beatífica ante la proyección cinematográfica de campos en flor. Yo tendría que cerrar los ojos para recordar lo real, porque lo virtual casi que me da rabia. Me gustaría, por eso, envejecer y morir en un paisaje real. Para tener una muerte animal digna. Pero de no poder ser así, cerraré los ojos para ver mejor "mi" realidad. Qué cosas me da por pensar. Es el síndrome de la primavera a unos 42 años un tanto zarandeados. Me queda mucho por delante aún, supongo, pero siento el paso de las décadas y no me gusta la tendencia que está adoptando últimamente mi trayectoria.

Todo aquello lo hice adrede, con plena consciencia de lo que hacía. Mi elección de lugar, de tribu y tierra, fue premeditada. Lo recuerdo, eso, perfectísimamente, y además lo tengo escrito, así que sé que no me lo invento para rehacer la memoria según mi fantasía caprichosa. Estaba en mi mente hasta el sueño del hijo que tal vez algún día tendría allí, porque había sentido que a él le gustaba esa tierra, ese paisaje. Que le parecía adecuado. 

Son demasiadas cosas intensas y profundas como para que el tránsito, el dejarlas atrás, no resulte duro, no duela. Es fácil morir cuando todo ha sido una p. mierda en tu vida. Pero cuando ha habido cosas muy buenas, es difícil desprenderse salvo que te sientas muy, muy mal, muy acabado. Y tal vez yo me siento demasiado poco acabada como para renunciar aún a recuperar todo eso. Pero mis sueños se estrellan contra los muros pétreos de la realidad. Los caminos permanecen cortados, las puertas cerradas, los corazones demasiado tibios todavía como para arder e incineran esas cerraduras celosamente clausuradas. ¿O es mi corazón el que no arde suficientemente aún?

Necesito poner orden en todo lo que sucedió, para comprender por qué las cosas fueron como fueron, porqué hicimos lo que hicimos y desencadenamos la sucesión de causas y efectos que nos han traído hasta aquí. Tal vez esté en un momento de tránsito tan fuerte que me conduzca hacia otra parte completamente distinta, donde me pueda encarnar plenamente otra vez y la plena vitalidad animal vuelva a correr por mis venas. 

Pero de momento estoy entre tierras, en los limbos, como en esas zonas brumosas y cargadas de energías psíquicas tendenciosas y sugerentes que dicen que cruzan los espíritus de los que van a nacer, antes de ser paridos y de concretarse en el mundo de carne. Son mundos etéreos donde todas las voces y tendencias resultantes de las personas y colectivos de alrededor tiran de uno mismo hacia un lado u otro...intentando hacerle "caer" hacia aquí o hacia allá. Es un trayecto como el de los héroes míticos que atravesaban los inframundos para ir a alguna otra parte, o encontrar algo. 

El consejo siempre era. "No prestes demasiada atención a las voces que surjan de los laterales. Sigue adelante centrado solo en tu interior, en tu corazón, y en tu determinación". Tal vez sea el consejo aplicable a este caso, pues: centrarse en el interior y nada más. Y esperar que el trayecto nos conduzca hacia días de mayor claridad, dejando las brumas del inframundo, o la infra vida, atrás.

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