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jueves, 5 de enero de 2023

Mezclas inadecuadas y apropiación de tradiciones espirituales. Los "wannabes", personas sin tierra.

(Arriba, pintura de Sandy Freckleton Gagon, que representa a la moabita Ruth caminando junto a su nuera judía, como ejemplo simbólico de verdadero amor a una religión "ajena", y una conversión espiritual que fue auténtica, no de wannabe)

(Post rescatado de mi muro de face, año 2019)

NO apoyo ni por activa ni por pasiva la apropiación espiritual/cultural asociada con la enseñanza y aprendizaje de cuestiones relativas a tradiciones espirituales nativas o de otras culturas y religiones de planeta. Y a partir de hoy, tampoco acepto cualquier mezcla.

El detonante ha sido una cosa que leí hace unos días, escrita en un libro sobre cábala que me compré hace poco. Yo inocentemente leía sin más, cuando empecé a notar indignación visceral de la Tierra pero, sobretodo, de los ángeles, que empezaron a decir: "Qué va, esto no es así. Este señor está mezclando cosas que no deben ser mezcladas y está creando más confusión que otra cosa".

Me quedé perpleja, porque daba por sentado que el libro estaba repleto de conocimiento impartido por alguien "con autoridad", y también porque estoy acostumbrada a pensar (por las propias enseñanzas espirituales internas que recibo) que las mezclas, es decir el mestizaje, no es nada malo sino lo deseable.

Pero a mi protesta siguió una explicación angélica sobre diferentes tipos de mezcla. Resumiendo mucho, mucho, entendí que existían mezclas beneficiosas y mezclas perjudiciales. Como en la física y la química, mezclando componentes y sustancias puedes cocinar algo exquisito, o un veneno infecto, y en el medio, puedes obtener mezclas vulgares y otras parecidas a la comida basura, por poner ejemplos extremos. Puedes mezclar agua y barro y hacer arcilla bondadosa y útil (buena mezcla), o puedes mezclar los componentes de algo que te explote en la cara y te deje ciego, o generar algo contaminante que arruine tu espacio. 

Aplicado a las relaciones humanas, aunque el mestizaje puede ser bueno, a la hora de la verdad no puedes juntar a un depredador carnívoro en el mismo sitio que tienes a un herbívoro, si no quieres que uno se coma al otro. Si quieres conservar a los dos, has de mantenerlos con cierto margen o distancia (territorio) para que puedan estar un poco separados. La mezcla genética también tiene su lado maravilloso, y su lado inviable (si fuerzas el cruce entre especies, o juegas con los genes a lo loco, puedes dar lugar a aberraciones y a formas de vida inviables)

Entonces, los ángeles aplicaron esto a lo que yo estaba leyendo sobre Cábala y que, según ellos, era una mezcla "no buena" de elementos procedentes de un sistema espiritual distinto, con los de otro, el Cabalista, procedente de la tradición hebrea. Una tradición, según ellos, que no sólo no necesitaba para nada que le hicieran "añadidos" inventados, sino que además, en este caso, lo añadido eran cosas que, en el fondo, no tenían nada que ver. 

"Esto es una mezcla que genera confusión, no enriquece, sino que nubla el entendimiento. Tú olvídate de esto, este libro no te sirve"-me dijeron, radicales y zanjando el asunto. Y se me formó una visión en la que manos invisibles (las suyas) iban tachando partes del texto, y al final de todo aquel libro me quedaba sin tachar sólo un 20% del texto (¡Ay...! ¡Tiré mi dinero, comprando un libro que enojó mucho a los ángeles!)

No voy a dar detalles sobre el tema, ni diré qué libro era, ni nombraré a nadie, porque pertenece a un sector muy específico cuyo lenguaje y conceptos la mayor parte de mis lectores no domina, y además está muy feo hablar de otros así. No es útil tampoco andar señalando a terceros de esta manera. Desviaría el foco esencial de este post, convirtiéndolo en un escrito "sobre una persona" en lugar de ser una reflexión sobre las mezclas

Pero al margen de mi anécdota y del posicionamiento que los ángeles me pedían (quedarme solo con lo que era Cábala con "raíz espiritual hebrea", y separarla de elementos o culturas que no tenían ni la misma raíz, ni eran adecuados para mezclarse entre sí) su explicación sobre los tipos de mezclas me llevó a reflexionar profundamente. Nunca me había detenido a pensar en el concepto de mezcla en sí mismo. 

Y la Tierra, entonces, aprovechó la ocasión y me dijo que esto tenía que ver con la "apropiación" de elementos de otras culturas y religiones, realizada sin los debidos permisos, respeto ni discernimiento, y también con el "empastelamiento y confusión" de tradiciones, enseñanzas sagradas y herencias y legados espirituales ancestrales propios de cada lugar, de cada linaje, de cada colectivo humano...

Por lo visto, para la Tierra es muy importante hablar del tema porque a Ella le interesa (y necesita) que cada colectivo humano se conecte, PREFERENTEMENTE, con las enseñanzas espirituales propias de cada lugar, o que han florecido en un espacio a lo largo de los siglos. Porque, según dice, existe una relación directa entre la conexión con la Tierra, con los ancestros y las enseñanzas o caminos espirituales que siguieron, y la efectividad y limpieza con la que podemos recibir dichos legados y enseñanzas, para finalmente ponerlos en PRÁCTICA. Y esto es lo que más le interesa a Ella. La práctica.

De manera que, aunque está muy bien interesarse por religiones, tradiciones y culturas alejadas de nuestra tierra local, si esto se hace pasando por alto las propias raíces y el propio legado, o desde su desconocimiento, actuaríamos como quien no conoce a sus antepasados y se busca a otros. O no conoce a su tierra y se va de viaje a las Antípodas con el pretexto de "conocer la Tierra". Son incoherencias, lagunas, evasiones de la realidad material, carnal y sanguínea. Como decir "amo a los niños" y abandonar a tu hijo para crear una ong infantil, diciendo que si no dejas a tu hijo no tienes tiempo para dedicárselo a esa gran causa infantil.

Es decir, no está mal abrirse "a más cosas" que las del propio espacio, pero es un error hacerlo SIN haber conocido y conectado con lo propio, y sin haber integrado en nosotros lo que sintamos útil y beneficioso de ese legado. (Intentando que lo exótico y lejano sustituya a lo propio y ancestral)

Cada Tierra Local alberga las memorias de todos los ancestros que vivieron allí. Y si vives en una tierra donde vivieron tus antepasados (o parte de ellos) Ella puede transferirte el legado, sí y solo sí lo aceptas. 

Y lo mismo sucede en tu cuerpo. En tus huesos está toda la memoria que necesitas, todo tu legado. Si lo aceptas, irás viendo desplegarse desde tu interior las diferentes conexiones con culturas y herencias espirituales ancestrales (que pueden ser varias) Luego, con todo eso, quedará pendiente realizar un trabajo de discernimiento. Del mismo modo que cuando heredas una casa llena de pertenencias antiguas, decides con qué te quedas y con qué no, o qué haces con todo ello, con lo ancestral sucede igual. No es adecuado no mirarlo siquiera, o huir eternamente de ello. Te has de hacer cargo de lo que heredas. De algún modo, tarde o temprano te toca pensar y posicionarte respecto a tu herencia, incluso si es para rechazarla formalmente.

La mayor parte de apropiaciones espirituales de otras culturas y tradiciones, se hacen, según me dice la Tierra, a causa de no haber conocido, integrado ni entendido tus propias herencias espirituales ancestrales. De haberlo hecho, no sentirías la necesidad de ir a la otra punta del planeta para tomar ciertos elementos exóticos y traértelos en la maleta como si fueran tu identidad. O conocerías tan bien tu legado, que sabrías cómo combinarlo y con qué elementos de otras culturas, sin que ello distorsionara su esencia, o estropeara su poder o energía de algún modo.

Es decir: para saber MEZCLAR (y que la mezcla sea beneficiosa y no un estropicio) hay que, primero, CONOCER muy bien lo que se tiene entre manos

Si no te conoces a ti mismo un poquito, no podrás tener relaciones armoniosas (mezclarte bien) con otros. Sucede lo mismo con las tradiciones y enseñanzas espirituales: si no las conoces bien, puedes intentar mezclar agua con aceite y crear un producto que nunca se mezcla bien y en el cual ya no hay TRANSPARENCIA ni, por lo tanto, fluida comunicación de luz espiritual. Por el contrario, todo se ve borroso.

Hay algunas mezclas que son posibles y beneficiosas, pero muy difíciles, y solo se pueden realizar desde una integración interna y un conocimiento profundo de cada elemento. Por ejemplo, aplicado a las tradiciones espirituales, alguien que nace de una madre indígena de Norte América y de un padre , qué se yo, budista, tiene la posibilidad, difícil pero factible, de llegar a extraer la esencia en su interior de cada camino espiritual, y ver similitudes entre ambos, y diferencias. Y, conociendo bien cada camino (pero sólo si los conoce bien) podría llegar a extraer de si mismo una especie de conocimiento fruto de esa mezcla, que sería como un puente de ENTENDIMIENTO uniendo ambas formas de espiritualidad.

Si esa persona , ya con todo eso integrado y consolidado, decidiera enseñar a otras personas cuestiones de la espiritualidad nativa, o del budismo, o de ambas, no estaría incurriendo en "apropiación", ni sería un impostor. Ni un "mal mezclador" que solo añade ruido, confusión y más caos a un mundo ya muy turbio.

Ahora bien, ¿qué pasaría si yo, por ejemplo, decidiera que, puesto que sueño muchísimo con los indios de Norteamérica y resueno con sus enseñanzas, voy a empezar a realizar talleres chamánicos con algunos de sus ritos? Pues entonces muy mal, porque según me dice la Abuela Tierra (y menuda reprimenda me darían las Abuelas Primeras) estaría haciendo apropiación e intrusismo. Sería una IMPOSTORA y estaría faltando, además, al respeto a los indígenas vivos que mantienen activa la línea de enseñanza, los linajes. Indígenas a los que NO he ido a ver, ni a aprender de ellos, ni a recibir su PERMISO, sino que me he creido tanto mis enseñanzas oníricas, las he puesto en un pedestal tan grande, que he olvidado respetar el eslabón CARNAL, el puente de tierra, carne y personas que nadie debería saltarse.
                           
Pero si yo, después de haber integrado bien mis propias herencias espirituales ancestrales, y ya con mi identidad terrenal y espiritual consolidada, ADEMÁS quisiera andar el camino nativo de los lakota, por ejemplo, o de los crow, el camino adecuado, según dice la Tierra, sería ir con ellos. Sentarme con ellos un tiempo. Y esperar. Y aprender de sus líderes espirituales, de su gente. Y respetar sus criterios. 

                       
Y solo si con el tiempo y mi debido aprendizaje A SU LADO, ellos decidieran que estoy preparada y me autorizaran para difundir algunas de esas enseñanzas, entonces sí podría hacerlo sin ser una intrusa o haberme "apropiado". Pero siempre deberia hacerlo en el orden descrito, y siempre debería mencionar con honestidad y con reconocimiento agradecido, quién o quiénes fueron mis maestros, o los que me iniciaron.

La Tierra me dice que cuando alguien se pone a dar enseñanzas de tradiciones espirituales "ajenas" o lejanas, y no dice quién le ha enseñando o transferido los conocimientos, o iniciado en ciertos ritos, ni reconoce con agradecimiento a sus maestros, no sólo no actua tanto por ese amor que dice, sino que además está incurriendo en un error de consecuencias "kármicas" a largo plazo, es decir: esto tendrá un peso, dejará unas marcas, será algo por lo que habrá que responder en el futuro. 

De hecho, la Tierra me dice que un buen baremo para distinguir un maestro o maestra auténtico de alguien que es un aprendiz que "quiere ser" maestro pero no lo es, es su mención de sus FUENTES de aprendizaje. Ha de decir las personas que le enseñaron y le iniciaron, en el caso de haber aprendido de personas vivas. 

El consejo de la Tierra para aprender una tradición espiritual practicada por personas vivas, en la cual hay linajes vivos, y maestros/as en activo, es buscar a alguno de ellos y aprender sin saltarse el eslabón humano de la cadena. Porque la transmisión de humano a humano es importante. Y porque si dices amar a una tradición, a un colectivo o a una tribu, no es coherente que prescindas de ellos y no tengas en cuenta ni sus enseñanzas vivas, ni su opinión, ni su perspectiva, ni nada salvo tu fijación y la idea que dentro de ti te has hecho acerca de su cultura espiritual. 

De nuevo, es como el ejemplo de alguien que dice amar a los niños, y deja a los suyos con una niñera 10 horas cada día mientras se monta una ong de ayuda a la infancia. ¿Amas a los indios? ¿Sí? Vete con ellos, sé humilde, siéntate a su lado y escucha lo que te digan. Y tómate el tiempo de esperar. Y de aprender lo que ellos consideren oportuno enseñarte. No seas un "wannabe" más, por usar la palabra (despectiva) que los nativos usan para esa clase de personas.

Ser un "wannabe"es pretender ser algo, sin serlo (ver foto a la izda). Creerse que por vestirse a lo indio (el colmo: ¡posar con tocados de plumas que solo usan los hombres en esa cultura!) y hacer tipis o hablar de "cabañas de la luna", ya eres india o indio, y ya estás autorizado para guiar a otros en esas enseñanzas. 

También es wannabe quien se cree que por leer muchos libros sobre religiones, y practicar a tu p. bola en casa, por aquello de "todos somos maestros y no necesitamos gurús" ya puedes ser un maestro sufí, un starezt ortodoxo, un rabí, o un maestro zen. O que por tontear en una fiesta santera o palera y tener alguna experiencia en la energía, ya estás iniciado en eso y ya puedes decir que eres "hijo" o "hija" de uno de los orishas o "santos". 

Pero también eres un wannabe si, por experiencias interiores de tipo regresivo, u otro, empiezas a recibir mucha información sobre un conocimiento ancestral cuyo linaje se truncó, o que se perdió, como por ejemplo el antiguo conocimiento espiritual egipcio. Y, con toda esa "información" interna, en lugar de integrarla y nombrarla como lo que es (aprendizaje onírico o a través de transmisión espiritual) te montas una película en la cual eres el último descendiente de no se qué faraón que hizo o dijo...y empiezas a vender cursos o talleres en los que figuras como "sacerdotisa del templo de..." (por ejemplo).

Es decir, según lo que oigo, y si es cierto y quitando la posible distorsión de subjetividad por mi parte, se impone la honestidad. La humildad. Empezar por los propios pies, por las raíces carnales inmediatas, por la Tierra que pisamos. Y luego, cuando te abras al resto, ya lo vivirás de otra manera...

***

Cualquier enseñanza que alguien transmita, debe ir acompañada de una explicación CLARA y CONCRETA del origen de esa enseñanza. Si procede de sueños y vivencias espirituales, hay que decirlo. Si procede de lecturas de libros, también. Si procede de maestros, es imprescindible mencionarlos. 

Finalmente, hay que recordar que si hablamos de tradiciones con linajes de transmisión en activo, con personas vivas implicadas y transmitiendo esos conocimientos, es imprescindible buscar al menos a uno con quien aprender siquiera un tiempo. Puentear el eslabón humano, es una falta contra los protocolos de transmisión, y además nos pone en riesgo de incurrir en errores, en pajas mentales y en soberbia.

Claro que aquí entramos en el punto de ¿quién es buen maestro o maestra? ¿Cómo saberlo? Pues hay muchos factores, pero si esa persona no menciona a quien le enseñó, y encima pertenece a un colectivo o cultura ajena a la que dice enseñar, es sospechoso. 

Volviendo al punto de inicio de este post: entre quienes se llaman a si mismos cabalistas o maestros de "eso", los hay que no han tenido un solo maestro humano, pero han aprendido con éste y con aquel,y han nacido y crecido en la cultura religiosa judía, han mamado su lenguaje, su cosmovisión desde niños, y luego han estudiado con otros en grupos y escuelas, han debatido con varios expertos y maestros, y aprendido de ellos (aunque no haya nadie "especial")... Eso es fiable.

En cambio, alguien que no procede de esa cultura, que no ha integrado la cosmovisión y el lenguaje místico y espiritual de ese pueblo, y que encima no ha contactado (y permanecido) con ningun maestro carnal para aprender del mismo, o que ni siquiera vive una relación amorosa con esa tradición viva, ni tiene un vínculo abierto o vivo con ese colectivo, cuidado. Estos son los más propensos a mezclar lo que, según los ángeles "que oigo", no se debería mezclar. Porque viven en una esfera mental de su propia idea acerca de esa tradición espiritual. No la encarnan, no les sale de la médula ósea, ni de las entrañas, ni tampoco la han recibido bien EN EL CUERPO de manos de un sabio. De manera que toman esto de aquí y lo otro de allá, elucubran y deducen a su aire, y piensan que todo es lo mismo, el zen, el budismo, el tarot, etc (se van añadiendo cosas a la ensalada) 

Pero no. No todo es lo mismo.

Si amas a la Tierra de veras, empezarás por el lugar físico donde estás. La Tierra que hay bajo tus pies. Y empezarás por tus huesos, tu carne y tu sangre. Y escucharás a tus linajes, tus herencias espirituales. Y todo eso te guiará y te enseñará con FUNDAMENTOS y RAIZ verdadera. Con el tiempo, hasta puedes convertirte en maestro o maestra de la enseñanza espiritual de tu tierra profunda, incluso aunque no exista un linaje vivo que te lo enseñe porque se perdió hace mucho. Pero es que entonces estarás bien encarnado y por lo tanto encarnarás 
sí o sí (aunque no lo intentes adrede) los principios espirituales propios de tu tierra.

Y si desde tu encarnación vas conectando con las enseñanzas espirituales de ancestros sucesivos, y te abres entonces a esas variadas tradiciones, lo harás ya CON tierra. Con fundamentos. No serás un impostor ni un wannabé. Harás las cosas como deben ser hechas. En su orden, y contando siempre con el eslabón humano. Quien ama de veras a una tradición "lejana", desea acercarse a las personas que la viven desde su interior, heredada de sus ancestros, y abrazarlas.

"No te creas al que no ha hecho algo así- me dice la Tierra, y me dicen los ángeles-. Porque no les ama. Solo ama la idea que se ha hecho de sí mismo vestido con las ropas de ellos o usando esas palabras exóticas que le hacen sentirse especial. 

"Pero ay de su destino espiritual, porque no pasará mucho tiempo sin que tenga que rectificarlo todo"

(FIN del tocho/posicionamiento)

Os dejo con enlace al trailer de un precioso film corto, que plasma con sensibilidad el inicio de la transmisión de una tradición espiritual, desde una abuela a su nieta, en el contexto de la umbanda brasileña. Un film que, con belleza y sencillez, casi con lenguaje para niños, expresa cómo pueden ser algunas transmisiones espirituales, cuando no hay ruptura transgeneracional, y ciertas cosas son como deben ser.



http://www.thesummerofgods.com/trailer-3

martes, 12 de mayo de 2020

Raíces espirituales de Europa



8 abril 2018

Cada vez que leo cosas del tipo "las raíces Europa están en el cristianismo" un montón de muertos precristianos se remueven en sus tumbas, y los puedo sentir. Indignación, enfado, tristeza, frustración.

Las raíces se supone que son los orígenes, lo más profundo, de manera que todo ese discurso de "hay que dar relevancia al cristianismo porque son nuestras raíces" no es exactamente cierto. o no es toda la verdad. Sí se puede decir que hay una parte de raíces cristianas, pero son solo parte, y además de las últimas. Los cristianos llegaron a Europa cuando este continente llevaba miles y miles de años habitado por una gran diversidad de otras culturas. Y si alguien me dice que lasraíces de Europa son romanas, o griegas, le diré que comete el mismo error que los otros. No, señores, las raíces de la conciencia de los habitantes de este contiente NO son TAN RECIENTES.

Si nos fijamos en qué cosas hacen que un primate pase a ser "un ser humano" podemos decir sin lugar a dudas que una de estas cosas es el sentido artístico, el adorno personal, la creación de arte. Entonces, los primeros humanos que habitaron este continente y que desarrollaron en él su conciencia y su sentido de identidad (pues seguro que algún sentimiento identitario tuvieron, a su manera) fueron los creadores de las pinturas rupestres y todo el arte parietal que hoy encontramos. Un arte que además, posee un estilo propio, con temas recurrentes y motivos que se pueden encontrar en todo este continente (como las figurillas femeninas, por ejemplo)

De manera que las raíces de la conciencia de los humanos europeos no son cristianas, ni romanas, ni griegas, ni bárbaras. Hay que buscarlas en los bosques y las cuevas. Luego ya, desde ahí, podemos ir siguiendo el curso de crecimiento del árbol, y vemos como hay cambios en la población, y añadidos, y mezclas, y podemos añadir a la lista las raíces de todas las tribus pre romanas celtas, nórdicas, germanas, etc; las raíces griegas; las raíces romanas; y solo a partir de ahí, entonces sí, podemos añadir las raíces judías y las cristianas, pues fue a través del imperio romano que estas religiones llegaron a los últimos rincones de Europa. Especialmente la cristiana porque, al contrario de los judíos, los cristianos estaban llenos de proselitismo misionero.

Para el cristiano, es necesario y casi obligado, difundir su religión, para que todos puedan ver la luz o ser "salvados". Para el judío, cada persona nace donde nace y debe adscribirse a la religión de su contexto. La religión de los judíos es para los hijos de madre judía (al loro, porque la de la madre es la que importa más) y para contadas "almas" que por algún misterioso designio, Dios llame a ser judías, pero en todo caso no es algo para atraer a otros, sino muy personal. De manera que es debido al proselitismo cristiano, que pudo cabalgar a lomos del Imperio Romano (como religión oficial del imperio a partir del siglo IV) y sus sucesores, que el cristianismo llegó y se impuso prácticamente en todos los pueblos europeos. De ahí a decir que nuestras raíces son cristianas, hay una larga historia por contar.

Ahora bien, si uno quiere conocer a sus ancestros y la cultura sobre la que está subido o construido todo esto que hoy llamamos Europa, sin duda es necesario conocer todas estas cosmovisiones de creencias e ideas, asociadas a las distintas culturas que he dicho: pre-romanos (con su diversidad), griegos, romanos, cristianos, judíos, los musulmanes que llegaron después y también dejaron su huella y pobladores, y etc, etc, hasta el día de hoy.

Muchos hemos crecido en familias cuyo catolicismo se remonta a siglos, y sería de tontos pensar que podemos entender a nuestros antepasados sin entender sus creencias, su cultura cristiana. Y esos antepasados son parte de nuestras raíces, perio como digo, no todas. A la que permites que aflore en tu ser todo lo que cargas, no vas a tardar en encontrarte con los ancestros judíos, musulmanes, gitanos, pre romanos, etc. Y si sigues tirando del hilo, puede que te pase como a mí, que acabes en los bosques sagrados originarios y en las cavernas, sintiendo lo que de veras es la raíz final. El momento en el que aquellos humanos empezaron a hacer cosas que nos definen como humanos. Enterrar a los muertos. Ritos fúnebres. Adornos corporales. Pinturas en las rocas. Figurillas. Armas. Herramientas.

Si alguien quiere conocer las raíces originarias de los pueblos europeos, entonces deberá llegar hasta las raíces en lugar de detenerse a medio camino. Y si alguien, desde otro continente y cultura, piensa que el europeo sólo puede ser como parece estar siendo en los últimos siglos, pues podría estar equivocado. Porque si en algún momento, suficientes personas conectan con sus raíces y sanan sus cuestiones ancestrales, podrían llegar a tener una perspectiva de la vida MUY distinta a la del Imperio y los imperios. Tan distinta como para sentir las rocas terrestres como al cuerpo de una Madre, y la oscuridad (de las cuevas y la Noche) como algo sagrado, y como para querer vivir en los bosques y cuidarlos como si fueran la viva imagen y representación de Lo Divino creciendo, multiplicando la vida, siendo la vida y al mismo tiempo sustentándola.

Acompaño esto de un vídeo que expresa mil veces mejor que muchos templos recargados y pomposos, el espíritu de sacralidad que vivieron nuestros ancestros europeos, y que aún puede sentirse en los últimos espacios libres y salvajes de este continente.

Atravieso las capas de cultura cristiana de la historia, pero mi destino no es detenerme ahí, sino unir el Fin con el Principio. Reseguir el hilo de la conciencia que late en mi ser, amando y conociendo sus meandros y ramificaciones, pero volviendo hacia el final...que es el Origen. El Origen del que habla el Génesis, por cierto. Porque al final los creadores de las religiones del mundo, todas, han hecho lo mismo que estoy haciendo yo: ir hacia lo hondo y describir como han podido la conciencia, su origen y sus expresiones.

viernes, 23 de febrero de 2018

El Imperio contra los bosques...y la mente selvática.


"Venga, pero ¿qué es todo este desorden, este caos? No puede ser, hay que ordenar, limpiar y desbrozar. Aquí no hay quien se aclare. Tienes que elegir a qué te dedicas y qué estudias, y tienes que hacer UNA sola cosa por vez"

Este ha sido el discurso más repetido en mi vida desde que era adolescente. Las podadoras han ido y venido, intentando encajarme en lo "limpio, ordenado y lineal". Una cosa por vez. Un libro por vez. Un estudio por vez. Un tipo de amistades por vez. No mezclar. No juntar unas cosas con otras. Si eres de ciencias no eres de letras, y viceversa. Si eres mujer, no pueden gustarte cosas de hombres. Si eres de izquierdas no puedes ser de derechas. Si te gusta el Norte no puedes tener amigos del Sur, ni entender a Africa. Si eres blanca no puedes tener el corazón también negro. Si eres...si quieres...si te gusta... entonces solo puede ser ESO, y no lo puedes mezclar.

"Escribes como la selva, esto es demasiado exuberante"- me dijo una editora. Y me podó un libro hasta dejarlo por la mitad. Así, sí era aceptable. Pero para mí era como si a mi bebé le cortaran deditos de los pies, manos, pelo...No sé. 

 (Arriba, imagen de redes neuronales)

 El Imperio dice que hay que hacer una cosa detrás de otra y además dice que muchas cosas son mutuamente excluyentes: Una idea sí, y otra no. Se impone la selección, el filtrado, pero de manera forzada, a golpe de hacha (no porque algo se muera y se caiga sola esa ramita del árbol). La lucha contra lo selvático, lo exuberante. 

Y lo mismo que se ha hecho con las mentes (educar en líneas cuadradas y construcciones "limpias", pulidas, desbrozadas y en forma de ladrillitos apilados uno encima de otro) se ha hecho con la naturaleza. Porque para la mente Imperial el desorden exuberante de la naturaleza era horrible. Feo. Sucio. Amenazador. Símbolo de todo lo que falta por conocer, del descontrol, y de la inmensa diversidad de la naturaleza.

Diversidad, arg, y peor si es diversidad mezclada, que es lo que sucede en un bosque: Plantas con herbívoros que se las comen, depredadores con víctimas, mamíferos gregarios con reptiles que van a su puta bola, plantas con hongos, parásitos con mamíferos, todo junto y revuelto, virus, bacterias, barro...humus, líquenes, cacas de jabalíes, sangre de animales cazados por lobos, hierbas verdes, insectos, todo junto...¡sucio! ¡Peligro!

Así que lo que se hizo con las neuronas, por decirlo de algún modo, se hizo con los bosques. En Europa, por ejemplo. Y donde hubo el saber de los bosques selváticos, profundos y exuberantes, que antes eran templos, se desbrozó, taló, y "limpió", y al lado se construyeron templos de piedras cuadradas y alineadas, convenientemente ordenadas y con interiores limpísimos, es decir: sin ser habitados por vida vegetal o animal de ningún tipo. Y también, de paso, han empezado a ir matando bichos incómodos en la naturaleza exterior, o el bosque... Y se sigue haciendo. Lucha contra insectos, contra depredadores, contra cosas que "molestan". Cazar para dominar, o para ostentar, ya no para comer, como cuando éramos parte del bosque.

Ya no somos parte del bosque, nuestra mente se ha separado y ahora vemos al bosque como un objeto aparte al se quiere domesticar y modificar a nuestro antojo.



Desde mi perspectiva /trance chamánico veo que la "MENTE" original que emanaba de la Tierra Continental Europea era el fruto del cruce entre la mente del bosque y la de las cuevas. Los seres humanos hijos de estas tierras una vez tuvieron una mente arborescente y salvaje, exuberante, creativa y profunda. Eran hijos del misterio y riqueza de bosques...y cuevas.

Luego llegó el Imperio bajo diferentes formas. Lo que yo llamo Imperio, quiero decir (afán de dominar y controlarlo todo, ansia de conquista, codicia, amor por el lujo y la ostentación, clases sociales, jerarquías piramidales, etc) Y la mente fue siendo podada, amaestrada, educada, castrada, reconvertida...a través de un proceso lento y sostenido... Y las mentes podadas y ajardinadas al estilo Imperio no soportan la visión de la selva, del bosque originario. Les recuerda lo que fueron y lo que no quieren volver a ser. Y les recuerda el Misterio.

El sagrado Misterio que El Imperio ha querido (ignorante de él) amaestrar, encerrar y controlar dentro de edificios de piedra, sin darse cuenta de que, total, generalmente son edificios MUERTOS que además acumulan capa sobre capa de memorias trágicas, el dolor de las mismísimas piedras (¡yo las he escuchado quejarse tantas veces!) Y que un dia, para esos templos, también llegará el fin.

Mientras tanto, el Misterio, el Sagrado Misterio, seguirá aleteando, libre, allí donde le parezca. Y se comunicará con las mentes humanas allí donde éstas recuerden más su esencia y naturaleza original. Allí donde más puedan "ser"...moverse...en libertad. Espacios salvajes, naturaleza, aire libre...

jueves, 22 de febrero de 2018

Sobre el Animal de Poder, y la moda del Lobo.

Pues como los lobos están muy de moda, incluso en el campo de la llamada "búsqueda espiritual", ahora todo el mundo que quiere ser guay va de lobo. Resulta que de repente se multiplica la gente que dice que su animal "de poder" (gran concepto, pero del que se tiene escaso conocimiento, por cierto) es lobo. O que son como lobos.

Podría escribir mucho sobre esto, sobre las modas animales. Sobre el sesgo con el que miramos a una especie animal y hoy la encumbramos a un altar, cuando ayer la satanizamos, y viceversa. Otro ejemplo: hoy nadie quiere ser oveja. Ayer ser cordero o carnero era lo más, hoy es el nuevo símbolo de la imbecilidad, casi, casi de lo odiado. Pobres ovejas.

Y nada, que lo cool es ser lobo aunque ....¿cómo decirlo? Tampoco se quiere ser un lobo de verdad. Nada de usar los dientes, ni de comer carne, ni de destripar a 6 ovejas aunque no te las vayas a comer, por aquello de vivir un trance-éxtasis de sangre. Y por supuesto, toda la mitología sobre licántropos y excesos sanguinarios, ná de ná. Tonterías. Eso no existe, son mentiras infundadas. 

 Los lobos, todos lo sabemos (leedlo con sarcasmo "on") son animales siempre inofensivos y veganos, además. Y sólo matan lo justito, justito para sobrevivir. Quiero decir no, no matan...o sea...en realidad comerían zanahorias, lo que pasa es que claro, no siempre las tienen a mano y entonces, pues para eso están las ovejas, las crías de corzo y otros animales que son tan estúpidos como para vivir en rebaños. 

Y cómo odiamos los rebaños, uf, con lo idiotas que vuelven a la gente. No nos gustan los rebaños, ni el gregarismo. Así que ...mira, que se los coma el lobo, y así está bien. Les está bien empleado por ir en grupo y hacer todos lo mismo. Y no, no queremos ver que también los lobos van en grupo. O sea, ese es un grupo distinto ¿no? La manada del lobo es guay, es distinta... (Leer todo el párrafo anterior en modo irónico)

Así que me encuentro con montones de personas que dicen ser lobos, pero oye, lobos solo para lo que consideramos bueno, ¿eh? Aunque luego, lo de la nobleza y fidelidad lobuna, tampoco les interesa (arg ¡los lobos son monógamos! palabra prohibida hoy en el ideario políticamente correcto) Así que eso a veces no aparece en la escena de los autodenominados "lobos/lobas". 

Así que te restriegas los ojos porque en vez de ver lobos, ves zorros. O hienas. O cualquier otro animal. Te preguntas si es que la gente llama lobo a todo animal de cuatro patas y de especie parecida a los canes. También te encuentras con perros rabiosos, resabiados, resentidos, que pretenden ser lobos (pero no) Y con perros simples y tal cual. Esperas su coraje lobuno porque van con el cartel de lobo, pero luego se cagan patas pa´bajo cuando el desafío llega, porque a fin de cuentas el que es perro, perro es, y a lobo no llega, y no se pueden esperar peras del olmo.

Hoy todos quieren ser lobos, pero, sinceramente: no todos lo son. La naturaleza es muy amplia y las cartas que reparte son variadas. Y así ha de ser. 

 Las modas "espirituales", además de ser muy sesgadas y presentar a los animales como les sale del toto, se mueven como una veleta al compás de los vientos psíquicos sociales, los gustos y los intereses. Que para eso hablamos de modas. 

Y hale, ahora todos a ser lobos. O lobas, que como el libro de Pinkola Estés ha hecho historia, los memes de mujeres lobas se han multiplicado hasta el infinito y más allá. Manadas de lobas. Rebaños de lobas. Pero mira, no... No puede ser. Y no es. 

La naturaleza es variada, y tal cantidad de mujeres lobunas no es creíble, y además se demuestra que es irreal a lo largo de la vida. Una cosa es ser inspirada puntualmente por los rasgos "buenos" (según nuestra ideología actual) de las lobas, o los lobos, y otra cosa muy distinta es haber nacido con ese "animal de poder" y estar unida a esa esencia de por vida, y hasta que tu cuerpo se pudra en la tumba, o donde sea.

El chamanismo sabe que lo del animal de poder, el genuino, el congénito, no es el mismo para todos. Otra cosa es que ciertas esencias animales te acompañen durante largas etapas. O que te vengan a ayudar algunos animales como asistentes especiales. Pero es que además, ¿qué necesidad hay de ser todos lobos? Se acabaría el mundo natural.

Finalmente, y tomando como buena la concepción del lobo como animal noble, diré: cuidado, que hay quien pretende ser lobo, pero no llega ni a zorro. O zorra. (Lo digo sin darle connotaciones machistas al término) Y en cuanto te das media vuelta, te ha hecho la trampa.

Yo, cuando me vienen algunos "yendo de lobos", ya levanto una ceja. ¿Lobo tú? ¿Vas a estar donde tienes que estar, o vas a huir como un conejo, o como un perro, detrás de olor del último c. que se te pase por delante?

Al final el "animal del alma" se muestra (y demuestra) a lo largo de la vida, con los hechos y las expresiones del ser. Lo demás son pajas mentales, o inspiraciones, imaginaciones...películas interesantes pero...el animal se demuestra con hechos. Facts. Y estos, se ven solo en perspectiva, con los años. Que cualquiera puede hacer una "lobada" para impresionar o en un arranque de genio y vitalidad puntual, pero luego ¿qué? ¿Se sostiene eso en el tiempo, o no?

Mejor sería que cada uno se encontrara con su animal del alma genuino, el congénito, y le sacara partido y virtud. Cuando todos estamos en nuestra esencia y sacamos brillo a nuestros dones, las cosas van mejor para todos en general, como en la naturaleza.

domingo, 12 de enero de 2014

Morir sin haberlo logrado. (Conocimiento guerrero)



Cerré los ojos para intentar dormir, y entonces me ví tumbada en una barca de madera que se mecía en las calmadas aguas de un estrecho. Avanzaba hacia el mar, y en las orillas ardían fuegos inmensos. ¿O era mi barca, la que ardía? En todo caso, se quemaba mi mundo.

Sollocé mientras contemplaba el resplandor naranja de las llamaradas que ascendían hacia el negro cielo de la noche, sintiendo una pena desgarradora. "Es el final del Norte. Se acaba una era, se acaba mi mundo" Y la nostalgia de un Norte que conocí, en el que fui parte de sus piedras, su nieve, sus aguas, su verde y su silencio, me atenazó el corazón. Ya no habría más de eso. Me había muerto tras una batalla que, además, había perdido la esencia genuina del Norte. Aquel mundo, que había sido el mío, se acababa.

Entregarme a la muerte, pues. No me quedaba otra. Dejar que mi cuerpo inerte fuera llevado por las plácidas aguas, sobre aquella barca, dejando atrás la devastación, la memoria, mi tierra, mi horizonte conocido...todo.

Finalmente llegué al mar. Allí me esperaba la niebla, flotando sobre las aguas. Su espesor húmedo y helado me envolvió. Un silencio absoluto, una quietud, y mi cuerpo ahí, estirado y amortajado sobre cubierta. Más entrega (y qué remedio) 

Es duro ser guerrer@ y morir sabiendo que no sólo no lograste proteger o restaurar tu tierra, sino que nadie mas de tu generación lo va a hacer, porque la guerra ya se ha perdido y el nuevo poder, contrario a lo que era la esencia que defendías, se lo ha comido todo. 

Hoy, muchos libros de autoayuda hablan del ser guerrer@, y dicen "No importa cuantas veces te hieran, o cometas errores. Lo que importa es levantarse cada vez". Son libros falsos y ficticios, no aptos para la guerra de verdad, porque no expresan la posibilidad de que mueras sin haberlo logrado. Insisten en que siempre se logra, inculcan la creencia de que no existe la posibilidad de no lograrlo al final. De que un día no puedas levantarte otra vez, y todo lo que te quede es entregarte a la muerte. Y de que, yendo más lejos aún, todo tu pueblo pierda la guerra, y además no quede nadie vivo capaz de recoger el legado espiritual, ni de reiniciar la defensa, la protección de lo que era justo y bueno preservar.

Perdimos el Norte. Y ya está. Y una "yo" que fui, murió en esa guerra.

Otros tienen al Norte en su poder, hoy. Otros se disfrazan de Norte y hacen ver que son eso, cuando no es verdad. Solo los muertos lo sabemos, claro. Los que morimos intentando detener aquello, lo sabemos. Hoy, muchos hablan del Norte sin saber que en realidad no lo están viendo, ni conociendo. Solo pueden describir a los que usan el poder del Norte a su manera, sin ser ni hijos del Norte, ni mucho menos sus amantes. Pero ¿acaso puedes conocer aquello a lo que no amas?

Amé tanto al Norte... Un dia fuimos uno. Ahora permanezco sol@, flotando en estas aguas, más muert@ imposible, esperando lo que sea que venga. Menos mal que yo sí pude recibir verdaderas enseñanzas guerreras, porque en éstas se me habló no sólo de la posibilidad de perder la vida sin haber logrado mi propósito, sino de que incluso se perdiera la batalla que luchaba mi tribu entera, y la batalla por mi Tierra. 

De esta manera, avisada y preparadaa, me ha costado menos afrontar la realidad. He vivido las peores posibilidades que como guerrera se puede vivir, los capítulos más amargos, pero esto entraba dentro de lo posible, eso es todo. Volvería a hacer lo que hice. Volvería a intentarlo, porque así es mi esencia, así es mi vocación. ¿Podría haber llamado vida a una serie de actos contrarios a mi naturaleza? Sólo puedo ser lo que soy, amante del Norte, guerrera, hija  y esposa del mismo.

Por fin, del silencio, el agua, la negrura y la niebla, surge la forma del Guardián de la Muerte. Se abre un vórtice, un remolino de aguas que empiezan a succionar mi barca y, por supuesto, a mí con ella. El Guardián me dice: "No temas, entrégate". Hace bien en recordarme que está ahí, porque su presencia me tranquiliza un poco ante la perspectiva del remolino. Es duro asumir que vas a ser tragado por un caos de aguas y oscuridad, cuyo resultado es incierto.

El remolino me traga. La barca se rompe en pedazos, mi cuerpo queda libre en las negras aguas. No veo absolutamente nada. Floto en los abismos y abro mis brazos en un gesto de entrega última, dejándome llevar. (De nuevo me digo: ¿Y qué le vamos a hacer? Cuanto antes me entregue del todo, mejor)

Silencio. Oscuridad. Mi cuerpo es succionado aún más profundamente, aguas adentro. Ya no siento nada. Todo desaparece.

...




Cuando abro los ojos otra vez, veo un águila con el cuerpo oscuro y la cabeza blanca. Estoy en otra parte, en una tierra muy lejana del Oeste, en un gran cañón de tierra rocosa y rojiza. Hay unas vistas impresionantes. El águila se fusiona con mi espíritu y abro los brazos, pero esta vez es para volar. Sobrevuelo el cañón, aunque estoy algo desconcertada, porque no entiendo por qué estoy aquí, ni dónde estoy. Pero me dejo llevar. A fin de cuentas, ¿no estoy ya muerta?

Entonces oigo una voz que dice: "Y ahora vas a recuperar tu espíritu". Me pongo en pie sobre un saliente del cañón y me muevo siguiendo gestos con los que reclamo, de manera silenciosa, a mi espíritu. Siento que voy a recuperar algo de alguna parte, aunque no imagino qué podrá ser.

Y aquí se diluye toda visión. Abro los ojos otra vez y se termina todo eco de otras realidades y de otro mundo. Lo nuevo está sin escribirse, y mientras espero que venga a mí lo que tenga que venir, estoy vacía. Inmensamente vacía.





martes, 15 de octubre de 2013

"Cien" vidas pasadas y Anubis dando su opinión. (¿Quién soy?-3)


Años después de aquella regresión espontánea - y aislada- que viví mientras dormía, empecé a vivir toda clase de regresiones durante un proceso de terapia donde no se buscaba recordar "vidas pasadas" pero fue lo que empezó a sucederme sin querer. Durante meses realizamos sesiones terapéuticas semanales, y prácticamente en todas viví una regresión diferente. Después, empecé a "regresar" (¿o "regresionar"?) de manera espontánea, sin necesidad siquiera de estar en sesión terapéutica, relajada ni dormida. Sencillamente, me sucedía en cualquier momento y lugar, siempre que algo en esta vida detonara un recuerdo de "otra".

Llegué a vivir varias microrregresiones encadenadas en un mismo día. A lo mejor me detenía a "sentir" una sensación corporal, ésta me llevaba a unos recuerdos, y éstos, a su vez, me llevaban a otros y a otros, y así sucesivamente. Tomé muchas notas en aquel tiempo, pero nunca fueron exhaustivas y, además, un día me cansé de anotar tantas historias. Perdí la cuenta. 

En definitiva, no he llegado a contabilizar nunca las supuestas vidas pasadas que llegué a recordar, pero fueron muchas, muchísimas. He llegado a pensar que al menos fueron cien, teniendo en cuenta que la etapa en la que "regresaba" de manera espontánea fue bastante larga (unos dos años, luego terminó) y que además llegué a recordar diferentes vidas referidas a una misma época de la Historia (como por ejemplo en el Antiguo Egipto, del cual tenía al menos 4 memorias diferentes, o como con los indígenas de Norteamérica, con los cuales recordaba haber vivido dos vidas mínimo)

Muchas de estas regresiones me marcaron mucho en su día, otras no tanto. Fuera como fuera, todas surgían como "la causa" o la explicación de algunos de mis padecimientos o malestares físicos de ese momento, y todas eran, sin excepción, regresiones traumáticas. Por eso, mi terapeuta, al principio, estaba asustada. Temía que tanto dolor y tanta tragedia me hundiera en la desesperación, máximo teniendo en cuenta que la moraleja que se podía extraer de todos y cada uno de aquellos dramas era inquietante. 

No parecía albergar, mi cuerpo, ni un destello de buenos recuerdos o ni siquiera de esperanza pues, aunque hubo regresiones que mostraron momentos bellos e idílicos de la historia, invariablemente se truncaban y acababan convertidos en una pesadilla con final espantoso. ¿Acaso no era capaz de recordar otra cosa que no fueran cataclismos, muertes, finales, desastres, horrores o fracasos? Sin embargo, y contrariamente a lo que ella temía, recordar tantos horrores me sanaba. ¡Me encontraba cada día mejor, y al cabo de los meses me sentía pletórica!

Algunas de esas regresiones trajeron aparejado un especial sentimiento de identidad que se iba abriendo camino en mí. No estaba segura de haber sido -literalmente- aquella sacerdotisa egipcia, aquella chamana indígena o aquella niña sanadora francesa (por ejemplo), pero... pero era capaz de recordar cómo era "ser ellas", era capaz de sentirme siendo "eso" y, por lo tanto -eso era fascinante- era capaz de acceder a parte de su conocimiento. Aún no sabía cómo expresarlo, cómo "tomarlo" en mis manos, pero lo notaba rebullendo en mi interior, pugnando por ser visto por mí, entendido, captado y quién sabe si utilizado de nuevo. Tal vez por eso cada vez me sentía más fuerte, más poderosa, más capaz.

¡Qué paradoja! Comparando mi vida con aquellas regresiones, yo no había tenido "grandes problemas", pero me había estado sintiendo una mierda. Sin embargo, ahora que había experimentado internamente lo que era acabar cien vidas en trágicas circunstancias, ¡me sentía mucho mejor!
Visto desde mi perspectiva de hoy, creo que aquello de "recordar" otras vidas tal vez me ayudó porque algunas de estas memorias traían aparejado un conocimiento fascinante de la vida. Y recordar otros modos de ser me dio la certeza de que había "mucho mundo ahí fuera", al alcance de mis manos, y que yo podía ser de otras maneras. En definitiva, dejé de sentirme atrapada en mi cárcel mental, y tal vez eso fue lo que me capacitó para cambiar mi vida poco a poco, pero esta vez desde dentro hacia afuera.

Por lo demás, ¿qué hacía con tantos recuerdos? Algunos los dejaba marchar, pero otros, lo admito, se quedaron conmigo durante un tiempo de manera muy intensa. Algunas vidas las sentía demasiado "mías" como para dejarlas pasar así como así. Los recuerdos habían sido demasiado vívidos, largos y detallados. Habían energido de mí con dolores y tensiones que abarcaban al cuerpo entero, y muchas -muchísimas- lágrimas, pero también con la sensación vertiginiosa de estar recordando algo de gran importancia, eventos que - al menos que yo supiera- nadie en la humanidad actual conocía, o perspectivas de la historia completamente opuestas a las que se dan por sentadas. 

Las voces, sensaciones y conocimientos de aquellas mujeres brotaban de mis células con una fuerza sobrecogedora pero además, una vez terminada la regresión, era como si se quedaran conmigo, flotando en mi ser, permitiéndome ver el mundo a través de sus ojos, desde su personalísima perspectiva (¡tan diferente de la mía!)

                             
(A la derecha, imagen de Gilbert Williams)

Así, durante un tiempo viví la "identidad egipcia" (antigua) junto a la mía, y llegué a pensarme como "una antigua sacerdotisa egipcia reencarnada". Más adelante, sin embargo, emergió con una fuerza brutal una anciana india de Norteamérica con una relación especial con los niños (nacimientos, encarnaciones) y entonces volví a sentirme "una india reencarnada". Pasó el tiempo, y entonces me pareció haber sido una desafortunada e imprudente maga europea que se metió en líos terriblemente oscuros, y durante un tiempo mi identidad se vio influída por la suya. Y así con todo, podría seguir repasando vida por vida para descubrir que la cantidad de identidades que he experimentado sería enorme.

Al final, tal y como me sucedió con la búsqueda de "mi gente", me sucedió con los recuerdos de vidas pasadas: hubo un día en el que ya no podía sentirme siendo esto o aquello, porque me era imposible elegir o preferir a una "identidad" por encima de las demás (ni siquiera a mi identidad actual) Con el tiempo, empecé a vivir las regresiones espontáneas sin intentar apropiarme de las identidades o historias, simplemente dejándolo salir todo y comprendiendo lo que hubiera para comprender ahí. (Porque, eso sí, cada regresión traía su lección)

El crack definitivo de mi ilusión de identificarme con alguno de aquellas "yoes" antiguas sucedió cuando recordé haber sido dos mujeres distintas en la misma época: la Segunda Guerra Mundial. Una de ellas, judía y embarazada, murió en un campo de concentración en medio de espantosos horrores. La otra, una niña, quedó huérfana en la guerra civil española y murió poco después. Oh, oh, ¿dos regresiones para una misma época? Tenemos un problema. 

Era obvio que yo no podía haber sido al mismo tiempo una joven judía que vive en un país de Europa y una niña española, pues aún considerando la idea de que el espíritu de la niña muerta se "reencarnara" enseguida en otro país, no había sufientes años de tiempo entre una vida y otra, ambas se solapaban. Más tarde, aún recordé otra vida: la de una joven americana (EEUU) de "familia bien" que sufrió un encierro a la fuerza en un sanatorio mental para ocultar un embarazo no deseado y el subsiguiente trauma del aborto que le practicaron sin darle elección, allá por los años 50. Pues bien: tampoco era posible haber sido esa joven y la madre judía, ya que la muerte de la madre en los campos de concentración (años 40) se solapaba con el crecimiento de la joven americana (si fue internada en los 50', en los 40 era una niña)
Entonces ¿cuál era la explicación? La verdad era que la memoria que más me marcó (y que, de hecho, se convirtió en parte de mi "sensación de identidad") fue la de la madre judía, pero a pesar de todo yo había recordado también las otras dos vidas o experiencias. Podía pensar que sólo una de ellas (la de la madre judía) fuera "mía", pero entonces eso significaba que de todos modos era posible recordar vidas que no eran propias. Vidas de muertos, ni más ni menos. 

Y esta perspectiva lo cambiaba todo, claro. Porque si podíamos recordar vidas ajenas, ¿Cuántos de mis recuerdos de "otras vidas" eran míos? ¿Y si me estaba identificando -y dejando influir por- memorias que no eran "mías"? ¿QUIÉN ERA YO? Oh, oh, la vieja pregunta volvía a emerger otra vez. Las regresiones, lejos de darme una respuesta, habían ampliado o modificado la perspectiva desde la cual surgía la pregunta.

Durante años había "regresionado" tanto, que había llegado a recordar vidas de una era pre-histórica y mítica. Me había sentido recordando "a Eva", es decir, llegando hasta el último origen de lo que llamamos humanidad, y aún más allá. (Incluso había llegado a tener algún recuerdo de supuestas o posibles vidas futuras, un tema que ya implica rizar el rizo, y del que hablaré tal vez otro día) 

Siguiendo la pauta descrita en los libros de moda acerca de la reencarnación, me había hecho la ilusión de que era posible rememorar la "historia de mi alma" en plan relato lineal, saltando de vida en vida, todo para descubrir ahora que tal vez muchas de esas memorias no eran mías. O mejor dicho, que tal vez ninguna de ellas lo era, porque si admitía la posibilidad de que una regresión me había llevado a sentir y recordar la vida de otra persona muerta hacía tiempo, ¿qué impedía que todo cuanto había experimentado fuera "ajeno"? 

(Mario Vázquez)

¿Y si me había pasado AÑOS recordando vidas de MUERTOS...? ¿Y si por eso sacar afuera todas esas emociones y pesos me había sanado, porque eran cosas muertas de muertos, y descargarme me dejaba "como nueva", literalmente? 

Ironías de la vida, fue mi capacidad de dialogar con la energía/consciencia a la que llamo Anubis, algo "adquirido" en parte tras haber recordado varias vidas egipcias (especialmente una), lo que vino a rescatarme en mi crisis de identidad. No deja de ser graciosa la mezcla que concurre en todas las cosas, y lo muy bien que podemos aprovechar cualquier experiencia, sacándole el máximo partido, al margen de lo que creamos sobre ella. Yo tenía dudas (y muy serias) acerca de la verdad de la reencarnación, y de hecho en cierto modo las sigo teniendo, pero...pero precisamente gracias a las regresiones aprendí a dialogar con "algo" llamado Anubis, quien tenía una perspectiva sumamente interesante sobre todas estas cuestiones.

Sin reprenderme por mi escepticismo, (de hecho, más bien muy contento por el mismo) el tremendo e inclasificable Anubis se encargó de abrir un poco más mi jaula mental, al sugerirme que, efectivamente, no sólo era perfectamente posible recordar vidas de otras personas...¡Sino que incluso podías recordar la vida de una persona que aún estuviera viva! De hecho, yo lo había hecho muchas veces, sin darme cuenta de ello, al "sentir" en mi ser las emociones, pensamientos y ecos que otras personas tenían respecto a algunos temas, o por ejemplo al realizar sesiones de terapia para ellos y acceder a recuerdos de sus vidas asociados a sus problemas actuales.

"¿Registros akashicos?"-se rió Anubis, respondiendo a una de mis preguntas sobre el acceso a conocimientos o hechos antiguos- "¡Cómo os gusta ponerle nombres sofisticados a todo y convertirlo en algo misterioso y elitista! ¡Es tan simple como que podéis entrar -y de hecho a menudo lo hacéis, sólo que sin saberlo- en la dimensión donde todos estais unidos! 

"Además, esto no es una capacidad exclusiva de unas pocas personas, sino algo que todas pueden experimentar en algún momento de sus vidas, y en general casi continuamente, solo que no sois conscientes de eso, ni sabéis cómo procesarlo cuando os sucede, y entonces las cosas se viven medio mal o con dosis de error de interpretación. Registros Akáshicos, ja, ja, ja (Y se seguía riendo de esa expresión)"

Así que según él, la cosa es más simple de lo que parece: en cierto nivel del ser todos estamos unidos, y por eso, al menos en la energía, lo compartimos todo. Los cuerpos son, digamos, más independientes, pero la energía va y viene de unos a otros y nos comunica constantemente. Lo hacemos sin palabras, sencillamente nos sentimos. En esa dimensión, lo que vive el otro nos afecta como si lo viviéramos en carne propia, y es entonces que podemos sentir con certeza que "somos él, o ella". (¡Justo lo que yo experimenté en aquella primera experiencia, en la cual me sentí siendo dos personas a la vez, yo y la mujer india agonizante que cantaba...!)

Claro que eso sólo se vive en determinado nivel del ser, y como es un nivel al que normalmente (por educación recibida) no sabemos accedor y cuando lo hacemos, no le prestamos atención, o lo interpretamos sin saber, nos confundimos mucho. Lo interpretamos todo mal, muy mal. Según la perspectiva de Anubis, la identificación con personalidades o "yoes" de otras vidas es normal (natural, digamos) al principio, cuando eres novato, pero no es recomendable alentarla, sino que lo ideal es trascender estas fijaciones porque, en realidad... no somos "eso".

Es más, desde los ojos de Anubis, es una pena fijarse sólo en lo muerto del pasado y otorgarle mayor importancia que a lo que somos y vivimos ahora. Dar tanto poder a los muertos, construirles mausoleos (internos o externos) es una práctica habitual en toda sociedad suficientemente desconectada del Espíritu Vivo como para tener mucho miedo al presente y sus incertidumbres. Se prefiere lo muerto porque parece una garantía, y porque, de hecho, en muchos casos el viejo conocimiento es eficaz. Pero no habría que confundir la recuperación o herencia de un conocimiento ancestral esencial y profundo, con la fijación por las personalidades muertas, querer repetir los estilos de vida en su parte exclusivamente formal, etc.

Por esa razón, Anubis aprobaba que yo "recogiera" de los muertos un legado, una herencia de conocimientos y lecciones esenciales, pero nunca me animó a identificarme con ninguna de aquellas personas que yo había recordado ser en el pasado. Por el contrario, lo mejor para ellas era ayudarlas a morir, a transitar. Y lo mejor para mí era centrarme en esta vida y seguir observando con los ojos del alma la gran pregunta: ¿Quién soy yo?

A esta pregunta, al final, se le cayó un poco el "yo", porque me di cuenta de que no se podía "ser" un "yo" de manera fija. El "yo" "iba siendo", cambiando, transitando, naciendo y muriendo, desapareciendo. Hoy soy un "yo", hace tiempo fui otro "yo", dentro de diez años, si sigo viva, seré otro "yo"...¿Quién soy, entonces? O incluso: ¿Qué soy? 

Ser capaz de preguntarse QUÉ es uno mismo ya es un gran cambio de perspectiva, e implica ser capaz de replanteárselo todo.



lunes, 14 de octubre de 2013

¿Quién soy yo?- 2

(Arriba, ilustración de Francene Hart)

Después de aquella extraña experiencia de haber "sido" simultáneamente dos personas a la vez, lo natural era acercarme a la idea de la reencarnación, y de hecho lo hice.  Me compré lo habitual en esa época: libros de Brian Weiss. Los leí, soñé, fantaseé y también reflexioné. 

Como la verdad descrita en esas páginas es maravillosa, me resultaba fascinante la posibilidad de que yo hubiera "recordado" otra vida. Sin embargo, no acababa de estar segura de haber vivido exactamente una regresión, ya que no encontré en ninguna parte, ninguna experiencia como la mía. Las regresiones descritas en esos libros hablaban de que uno "recordaba" o "revivía" cosas en estado de relajación o trance hipnótico, pero a mí me había sucedido algo muy peculiar: mis sentidos físicos habían literalmente oído afuera la voz de una mujer india cantando un lamento tristísimo. Y esto yo lo había escuchado de manera muy vívida y como si la voz estuviera fuera de mí, mientras mi consciencia permanecía en mi cuerpo real, mi cuerpo presente. De hecho, tardé un rato en "sentir" que la voz de aquella india que yo escuchaba de manera tan nítida era mi propia voz, pero al mismo tiempo, ese descubrimiento me dejó completamente descolocada, porque yo seguía sintiendo mi cuerpo en la cama, y notaba perfectamente que "yo" no estaba cantando.

En otras palabras, mi consciencia había percibido dos vidas a la vez, una pasada y una presente, fundiéndose en un único instante. No era como cuando "recuerdas" dentro de tí algo, o escuchar una voz interior. Eso hubiera sido un fenómeno ya descrito en la literatura de género. Pero...¿Escuchar con los oídos físicos otra voz que luego resulta ser la propia, y al mismo tiempo es la voz de "otra vida", casi como si yo hubiera estado en dos lugares y tiempos físicos a la vez? Eso era muy extraño, la verdad, y no sabía cómo encajarlo ni explicarlo. 

Al final opté por relegar en un segundo plano aquella experiencia, esperando entenderla con el tiempo, y descarté también todo el asunto de la reencarnación. Resultaba tentador intentar indagar qué vidas había vivido yo, si es que lo de reencarnarse era posible, pero no tenía ni idea de cómo lograrlo (no conocía a ningún "regresionador" en aquel entonces, año 2000 más o menos, pues en esa época no había la difusión actual de estos temas, gracias a la cual encuentras terapeutas regresivos a punta pala) 

Tampoco quería obsesionarme con ese tema, ni presionar a mis sueños en esa dirección, puesto que sabía por experiencia que, cuanto más libre dejara el espacio onírico, mejores eran mis sueños. Intentar ponerles bridas me sumergía en la grisez, y acababa dándome cuenta de que malamente podía mi "yo" saber qué dirección onírica era la mejor para mí. Los mejores resultados los obtenía entregándome antes de dormir en brazos del "Gran Espíritu" o "Espíritu Viviente", como yo lo llamaba (no sé ni recuerdo de dónde saqué esa expresión) y eso seguí haciendo.

No obstante, y sin hacer nada por lograrlo, volví a tener varios sueños con indígenas de Norteamérica en los cuales yo sentía que ellos eran "mi gente", y en los que experimenté catarsis emocionales y energéticas tremendamente sanadoras. Por eso llegué a plantearme, con el tiempo, la idea de viajar literalmente a Norteamérica para buscar a "mi gente", pero la empresa se me antojaba enorme ¿Por dónde empezar a buscar a "los míos"? ¡Como si América fuera pequeña! Y no sólo eso: dado que soñaba, también, con indígenas de otras zonas del planeta, y tenía de vez en cuando otros sueños en los que sentía que "mi gente" no eran indios, sino otros, al final me quedé completamente confusa respecto a la dirección de mi posible viaje.

¿Cuál era "mi gente" de verdad? ¿Debía viajar a Africa, tras las huellas de aquellos misteriosos grupos de mujeres silenciosas -y vestidas de flores- que me miraban de manera cómplice porque yo era de las suyas? ¿O era mejor que fuera a reunirme con los indios de México, que también se hacían presentes en mis sueños cíclicamente? ¿Y qué decir de mis recurrentes, intensos y especialísimos sueños con indígenas de Brasil? Pero no, espera, porque en sueños me había visto perfectamente integrada con los afrocaribeños de Haití. Ahora que, pensándolo bien, ¿cómo podía haber olvidado que en realidad yo pertenecía a una zona que había en algún lugar entre Siberia y Mongolia? ¡Lo había experimentado así en sueños más de una vez! ¡Yo era de allí! Pero ¡ay, un momento! Acababa de olvidar que, en uno de los sueños más impactantes que había tenido, yo formaba parte de un grupo de mujeres españolas que, en el norte de mi país, se reunían en círculo, en grandes prados y bajo la lluvia, para hacerle ofrendas florales a "Ella", una cosa o energía que yo todavía no entendía qué podía ser... Pero espera, porque en otro sueño...

¿Se entiende adónde quiero ir a parar? Yo no podía buscar a "mi gente" en ninguna parte, porque la respuesta escapaba a mi lógica. No sabía cuál era mi dirección "verdadera" ¡porque había muchas direcciones válidas, incluyendo una que me dirigía a mi propio país! Y si tenía tantas posibles tribus repartidas por todo el mundo (conste que he resumido), entonces seguía sin poder responder a la pregunta "¿Quién soy yo?", ya que, tal y como acertadamente la ciencia ha descubierto recientemente, nuestro "yo", nuestro sentido de identidad, no es algo fijo, sino que se construye gracias y a través de nuestras relaciones sociales. No hay nada como un "yo" totalmente independiente y aislado del entorno, por la sencilla razón de que nuestro cerebro nace "a medias" y no solo se desarrolla gracias a los vínculos con las personas del entorno, sino que queda totalmente marcado por los mismos.

Sí: lo que entendemos vulgarmente por ser humano es una construcción social. Se sabe, por los pocos y casi milagrosos casos de niños que han crecido en la naturaleza salvaje, adoptados por otros animales y sin ningún contacto con el ser humano, que lo que llamamos "yo humano" no se desarrolla sin relaciones humanas. Esos niños tienen, por supuesto un carácter y un espíritu, pero no tienen un "yo" como lo que nosotros entendemos por "yo humano", puesto que se identifican con el bosque o la selva, y se sienten animales parte de manadas de animales. No piensan en sí mismos como seres humanos. 

Con lo cual, nuestra sensación de "ser" esto o aquello no es, como muchos pensarían, algo que elijamos libremente, como quien elige ropa en un catálogo, sino que surge como el producto de todo lo que experimentamos en nuestra vida, y especialmente de nuestras relaciones afectivas más importantes. Se siente indio quien ha sido criado por indios y además siente afecto-apego hacia ellos, no hay vuelta de hoja, porque la sensación interna de identidad se forma gracias a las relaciones que tienen más peso emocional (no solo "intelectual") en nuestra vida.

Y claro, yo reflexionaba sobre estas verdades -y lo sigo haciendo- y me preguntaba: ¿Y entonces, cómo es posible que, aunque sí me siento española en cierto nivel del ser, también me siento de tantas otras partes a la vez, integrante de tribus con las que jamás he tenido relación directa, y de las que ni siquiera conozco el nombre? ¡Qué misterio! ¿Por qué en aquel sueño "bilocante", la respuesta a la pregunta "quién soy" había sido conectarme con la parte más trágica de las tribus indígenas de Norteamérica? ¿No debería haber sentido, directamente, que soy una nativa de suelo ibérico? ¿Qué tenían los indios que no tenía mi país, o mis compatriotas? Era para pensárselo. 

Abandoné la idea de viajar a América o a ningún otro país, pero ante mi incapacidad para definir mi identidad, también dejé de darle vueltas a aquel asunto. Y entonces fue cuando, de manera sutil y, siempre a través de los sueños, se empezó a formar una idea en mi mente: tal vez yo era una de esas "personas puente" de las que hablaban las tradiciones nativas de tantas partes del mundo. Tal vez mi identidad estaba, precisamente, en el medio de todos y en ninguna parte en concreto, porque mi esencia espiritual consistía en ser como el centro de una estrella en el cual toda la humanidad pudiera ser acogida y entendida, sintiéndose "como en casa". Una estrella con una misión: ser puente de luz/consciencia, a través de múltiples rayos, de unos seres hacia otros. 

Tal vez fuí india en alguna ocasión, ¿quién sabía?, y eso suponía una marca muy fuerte en mi ser, pero hoy había nacido en España, justo en el país del cual surgió la Conquista. ¿No era curioso? ¿Y no podía tener, aquello, un sentido profundo, como por ejemplo entender desde dentro la génesis del "mal" que asoló las tierras de América (la codicia, la rigidez dogmática, etc)? ¿Y si resultaba que había nacido donde había nacido para ayudar a sanar las heridas resultantes de aquella tragedia, o incluso...para ayudar a los nativos de mi país a sanar sus propias cegueras? Tal vez yo ni siquiera era la única viviendo algo así. ¡A lo mejor existían cientos, miles de personas que, como yo, eran "indias" por dentro y vivían en suelo imperial o civilizado, y la cosa tenía un sentido oculto, un significado...

("Maat" de Josephine Wall)

Han pasado los años, y esa idea ha ido evolucionando en mi interior, tomando forma en ciertas direcciones, aunque ha cambiado mucho en otras. Pero la meditación acerca de qué o quiénes son Anubis y Miguel, mis guías principales, o incluso a qué representan, me condujo a una confirmación de mi esencia y vocación espiritual: Mi lugar está en el eje de la balanza. 

Soy, de hecho, como ese eje que constantemente une a diferentes platillos en los cuales se sopesan y se miden cosas para obtener una comprensión, un juicio correcto. A menudo me identifico con uno de los lados, y entonces creo ser él; luego me identifico con el otro, y me siento siendo ello. 

Error, siempre error, porque no soy eso. Soy "la que observa", soy "la que escucha". Soy, ya últimamente y precisamente por eso, "la que escribe". Porque tal vez no soy más que una escriba de la vida. No invento nada, no hago novelas, ni improviso guiones. Me limito a retransmitir lo que "veo", lo que "oigo", lo que "siento". 

Y, como soy eje de balanza, persona-puente, y mujer-estrella, veo, oigo y siento muuuuchas cosas distintas, procedentes de diferentes direcciones, y de ahí la riqueza y profusión de mis escritos. Son lo que son porque dejé de querer ser "esto o aquello". "Oigo" lo que oigo porque dejé de preferir, de censurar, de tapar la boca a las "voces", sensaciones o visiones que no encajaban con mi sensación primaria de identidad. 

Y por eso, aunque alguna vez llevé colgantes con formas étnicas, o cruces egipcias, o decoré mi habitación con imágenes de indígenas, o de dioses, o de ángeles, hoy deliberadamente ya no llevo nada, ni decoro mi casa con nada que recuerde a ninguna tradición, ninguna tribu, ningún lugar específico. Tampoco me visto conforme a una moda, un estilo o una personalidad. Llevo ropa de segunda mano que me regalan, y si tengo que comprarme algo, compro algo asequible a mi bolsillo y que me sirva, así que muchas veces ni siquiera elijo. No tengo "estilo". Lo tuve hace tiempo, ahora mi estilo es "sin estilo". 

Me desdibujo, me deshago, me vuelvo una con mi entorno, cada vez me parezco más a las mujeres mayores de los pueblos donde vivo, perfectas anónimas. Me importo cada vez menos, me convierto en parte del paisaje sin poderlo evitar, pero tampoco sin quererlo evitar. Y cuando miro atrás, me sorprende ver lo distinta que soy ahora de lo que fui antes, tanto físicamente como internamente. Y, aunque a veces aún echo algunas cosas de menos, en general casi siempre me alegro. Porque en el fondo, este acto de desdibujarme lo vivo como un alivio, una liberación.

Y entonces pienso que, al margen de las posibles vidas en otros siglos, existe la reencarnación sin duda: yo la he vivido. Con un mismo cuerpo he sido otras "yoes" y todas han muerto. Y seguramente la "yo" que soy ahora morirá también y otra ocupará este mismo cuerpo que cada vez está más viejo. Pero ya no me importa dejar de ser "yo", porque no soy un yo. Soy, en verdad, otra cosa indefinible que queda cuando lo demás se esfuma. Un hálito de vida tal vez, un soplo que simplemente siente y observa...y que ni siquiera procede de sí mismo, eso es lo más fuerte, lo más impactante, lo más anonadante. 
Uf.

















domingo, 13 de octubre de 2013

¿Quién soy "yo"?



(Arriba, pintura de Howard Terpning)

Los indios de Norteamérica también han jugado un papel crucial en mis reflexiones acerca de la identidad. "¿Quién soy yo?" es la gran pregunta que muchas personas se hacen, y yo no he sido distinta a los demás. Sin embargo, la respuesta no es tan sencilla...

Durante años soñé con los indios, especialmente con los de Norte América, mucho tiempo antes de siquiera imaginar que el chamanismo y yo tuviéramos nada que ver, y desde mucho antes que estuviera interesada por cuestiones, digamos “de la energía” o temas llamados "espirituales". Lo único que yo buscaba en aquella época eran respuestas, ayuda, guía interior para mejorar mi vida y enderezarla, y por eso observaba mis sueños. Intentaba encontrar en el mundo onírico pistas psicológicas para ayudarme. Sentía que mi vida era errónea, discordante por algún lado. Si hubiera sido música, habría dicho que mi vida emitía ruidos chirriantes y desasosegadores que me hacían daño. Sufría internamente por muchas cuestiones, pero tal vez la más extraña de todas era que, desde hacía un tiempo, tenía la persistente sensación de que necesitaba saber quién era. 

Sí, eso era muy, muy raro para mí, pero tenía que admitir la condenada y terrible sensación de que no sabía quién era "yo", y que me sentía más perdida que…que un lobo en la planta 22 de un rascacielos en medio de Manhattan, ni más ni menos. Aparentemente, tenía muy clara mi identidad, y mi vida social se construía alrededor de una imagen, de unas actividades, un círculo de relaciones…También aparentemente no tenía mayores problemas. Pero en realidad sí los tenía.

Por dentro me crecía esa extraña sensación de pérdida, de no estar dándome cuenta de algo verdaderamente importante, algo que se me escapaba. Era un misterio. Por eso empecé a leer cosas sobre los sueños y su práctica, porque sabía que, en ellos, se manifiestan aspectos escondidos del subconsciente o del ser, y eso, el universo psicológico, era lo que más se acercaba a mi idea acerca de la "identidad personal". Empecé a participar en un foro sobre sueños y, con el tiempo, empecé a lograr cierta lucidez onírica, es decir, a darme cuenta de que estaba soñando. Aunque aquello no era algo nuevo en mi vida, pues ya lo había experimentado de niña, me resultó muy valioso iniciar ese reencuentro con los sueños y volver a valorarlos.

Entonces, cuando vivía -en sueños- uno de esos momentos de lucidez, intentaba aprovecharlo para preguntar, investigar, aprender. No me interesaba verdaderamente nada más. Pronto me aficioné mucho al asunto de soñar. Tenía sueños que me parecían fascinantes, en los cuales aprendía cosas, y al mismo tiempo se me presentaban más y más enigmas, y todo me pareció tan interesante que planifiqué toda mi vida de manera que pudiera dormir adecuadamente. Hasta me organicé para dejar de trabajar algunas cortas temporadas, todo con la finalidad de poderme permitir el lujo de dormir largas siestas durante la mañana o la tarde, pues sabía -por experiencia- que en esos momentos era mucho más fácil entrar en un estado de sueño especialmente lúcido.

Además, por aquel entonces vivía sola, lo cual mejoró muchísimo la calidad de mi vida onírica. Vivía todo a mi ritmo. En mi casa todo iba acorde con mi energía, y todo estaba ordenado con la intención de que mi espacio fuera un reducto de tranquilidad, un lugar de descanso. Mi habitación estaba totalmente vacía, excepto por la cama y la mesita de noche. Las paredes estaban pintadas de blanco, todo era blanco, hasta mis sábanas. No quería distracciones, ni colores, ni estampados, ni cachivaches… Quería sumergirme en un lugar casi sagrado, limpio como un papel inmaculado, como una pantalla en blanco. Cuando llegaba la hora nocturna de acostarme, me sentía como una exploradora que va a utilizar, una noche más, una "nave espacial" onírica, mi cama, a la que llamaba "la nave del soñar". Estaba emocionada con ese nuevo campo de aprendizaje que se abría ante mí, por misterioso e indescifrable que pareciera.

En esa etapa de mi vida, y durante una de esas cortas temporadas en las que estaba en un parón laboral deliberado, una mañana en la que estaba en casa y me sentía especialmente tranquila, decidí acostarme y dormir un rato. Así por que sí. Pensé, como siempre que decidía acostarme: “A ver si sueño algo interesante”. Y nada, me zambullí en la blancura de mi “nave para soñar”. Luego me dormí, y al poco rato me "desperté" en el sueño, es decir, cobré consciencia de que estaba dormida y soñando. 

Entonces me levanté (en sueños, se entiende) y me encontré de pie frente a la pared de mi habitación. En ese instante, sin que nada pareciera motivarlo, me asaltó una emoción hondísima y vino a mí el recuerdo de una melodía india de un CD étnico (el que enlazo abajo del párrafo), titulada "Who am I?", como si estuviera flotando en el ambiente. Me encontré soñando y despierta, de pie ante la blanca pared de mi habitación, y resonaba en mí no sólo esa melodía, sino que además surgió de mi con una fuerza desgarradora, desde todo mi ser, la pregunta: ¿Quién soy? 


Soñando y lúcida a la vez, levanté los brazos hacia lo alto, me apoyé sobre la muda y vacía pared como si ésta fuera un espejo de mi propio enigma interior, y grité a todo el Universo con toda mi potencia, consciente de que Algo me oiría: ¿Quién soy?

El anhelo por saber era tan intenso en ese momento que se me saltaron las lágrimas. Sentí que no podía vivir más sin saber eso, o sin tener, siquiera, una pista, un acercamiento. Mi esfuerzo, en la energía, debió de ser enorme, porque acto seguido volví a encontrarme tumbada en la cama. Seguía dormida y lúcida, pero ya no tenía fuerzas para estar en pie. Rendida, decidí dejarme llevar por el sueño aunque perdiera la lucidez. Pero no llegué a perderla, ni a meterme en ningún sueño común, sino al contrario.

En ese momento, sentí un dolor terrible en el vientre. Fue exactamente como si algo me lo cortara de arriba abajo con un cuchillo. El “cuchillo” parecía haber tocado todas mis vísceras y me sentía como si la energía se me escapara por ahí, muriéndome. Y de repente, mi consciencia estuvo en dos lugares y tiempos a la vez. 

Perpleja y anonadada, empecé a oir la voz de mujer indígena, y era como si yo la cantara, o como si saliera de dentro de mí. Pero no lo oía como una voz interior, sino que escuchaba a la mujer india cantando como si estuviera de verdad ahí, fuera de mí, y al mismo tiempo saliendo de mí, porque yo era la que cantaba. La "yo" que conocía de mi misma no entendía nada, pero la experiencia era abrumadora por lo poderosa, por lo intensa, y no pude menos que rendirme a ella y contemplarla y escuchar la canción, expectante.

La voz cantaba y era una melodía tristísima. Es más, toda yo empecé a padecer una tristeza gigantesca, enorme, apabullante. Todo mi ser era tristeza y empecé a llorar entre convulsiones, como si la pena y el llanto salieran de mi vientre desgarrado. Realmente no podía soportar tanta pena. Yo cantaba porque toda mi gente había muerto y porque todo mi mundo se moría. Cantaba porque me estaba despidiendo de todo cuanto de bello había conocido. Cantaba porque sabía que nunca más volvería a ver a los míos, y porque sabía que mi mundo terminaba. No habría más de aquello a lo que yo amaba tantísimo. Era como estar viviendo el tremendo FIN de toda una era.

Sentir aquello fue un enigma para mí. Mi consciencia habitual, mi "yo" de aquel momento, regresaba por instantes a la sensación de estar tumbada en la cama y se decía: “Pero yo soy ésta, estoy en mi cama, esto es un sueño...”. Sin embargo, al mismo tiempo oía esa voz que salía de mi…lamentándose…Porque mi canto era un lamento, sí. También me estaba muriendo. 

De hecho, a mi alrededor estaba mi gente, muerta y tirada por el suelo, y yo estaba desangrándome por el vientre. Agonizaba, tras haber sobrevivido durante unas horas a un ataque en el que los "blancos" nos habían masacrado a centenares, y ahora me despedía. Me despedía de mis amigos y familiares, muertos a mi alrededor, de la Tierra que amaba, de los árboles, de la hierba, de todo. Y no podía soportar tanta pena. Pero la cantaba. Me iba cantando… Mi espíritu escapaba de mi cuerpo a través del lamento cantado de mi voz.

En el mismo instante en que cesó el dolor de mi vientre, el canto se apagó. Se esfumó la visión. Tal vez acababa de morirme en ese otro tiempo, en ese otro espacio... Entonces me desperté aturdida por mis propios sollozos, por la pena que me salía de dentro. Incluso despierta, no podía dejar de llorar. Y al mismo tiempo, ahora entendía mucho menos mi vida que antes. Porque había preguntado: ¿Quién soy yo? Y... ¿ésa era la respuesta? ¿Qué clase de pista onírica era aquella? 

Me quedé profundamente impactada por esta experiencia. Sin saberlo, había experimentado mi primera regresión espontánea en una época en la que ni siquiera me planteaba la existencia de la reencarnación (mi perspectiva de todo era, ya lo he dicho, casi exclusivamente psicológica) Le dí muchas vueltas a lo que me había sucedido porque realmente no sabía cómo interpretarlo, ni tenía a nadie conocido a quien consultarle al respecto.

Entonces recordé algo que me sucedió en la adolescencia, y que me había parecido tan absurdo y difícil de interpretar como lo que acababa de experimentar. Sucedió cuando estrenaron aquella película, “Bailando con lobos”. Yo había visto mil películas de indios sin haber sentido nada especial, y por eso no estaba preparada para lo que me sucedió en el cine. ¡Casi no pude soportar la visión de la película! Me moría de pena, pero, atención, no tanto por lo trágico del argumento, sino por la descabellada y loca sensación (eso me pareció, al menos) de que había un error gigantesco y garrafal en mi vida: sin duda yo había nacido en un lugar equivocado y entre la gente equivocada. Porque yo no era de aquí. De existir Dios, se tuvo que confundir conmigo. Yo era de esos paisajes, yo era de los indios. ¿Qué hacía, entonces, en Barcelona...?

                                (Arriba, pintura de  Howard Terpning)

La sensación fue tan tremenda que me sumió en un gran sufrimiento. Primero, porque pensaba que aquel sentimiento no tenía pies ni cabeza. En aquellos días ni siquiera había oído hablar de la teoría de la reencarnación. Mi educación había sido católica y tradicional, y por eso en mi mente, sencillamente, esas cosas de haber vivido otras vidas no existían. 

Segundo, porque aunque quisiera hacerlo, no podía solucionar aquel error: miles de km nos separaban a mí y a los indios y yo era, sencillamente, hija de otra tierra y de una cultura muy lejana, diferente, extraña. Tenía 19 años. Aunque me empeñara en trabajar y ahorrar para viajar a América para ver a los indios nunca sería india. Nunca me aceptarían. Siempre sería una mujer blanca, hija nada menos que del enemigo blanco y europeo. Y además, tampoco los indios de ahora viven como vivían…aunque (me decía yo) algo quedaría de cómo fueron, ¿no? Bien, la verdad es que no tenía ni idea.

¿Qué gran error cósmico se había cometido conmigo? ¿Cómo era posible estar tan cambiada de sitio? Me resultaba insoportable, después de haberme dado cuenta de esta verdad, seguir viviendo donde vivía: en una gran ciudad, lejos, incluso, de los paisajes que más me gustaban. Lejos de praderas verdes, lejos de arboledas, lejos de las montañas. Y con una gente que se me antojaba extraña, llevando una vida que…Uf, ahora percibía que aquella gente con la que compartía mi vida en aquellos momentos -me había ido de casa, compartía proyecto vital con gente laica de la Iglesia- nunca funcionaría para mí. Porque la suya no era una vida india. Por lo tanto, nunca sería feliz allí, con ellos.

Fue horrible sentir eso y deducir, con mi pobre lógica de aquel entonces, que si esta era la verdad de mi identidad, la felicidad estaría siempre lejos de mi alcance. Tendría que conformarme con lo que pudiera arañar de “mi estilo de vida” a hurtadillas, viviendo en un lugar ajeno y entre una gente extraña a mi verdadera naturaleza. Mi destino era cruel: había descubierto en unos instantes dónde estaba mi gente, mi lugar, y acto seguido tenía que olvidarme de ello, porque no era posible vivirlo. Me sumí en una sensación de fatalidad, de dolor. Yo era muy simple entonces, muy inocente, y no supe reaccionar de otro modo.

Ironías de la vida, me habían invitado al cine los amigos con los que compartía proyecto vital. Hasta aquel día, ellos me habían parecido lo más interesante del mundo, pero de repente sabía, con una certeza desesperante y aplastante, que no eran mi gente, y peor aun, supe que en lo profundo yo no tenía nada que ver con ellos. Gente con buena intención eran, tal vez, pero eran “otros”, tenían otro espíritu, otra manera de sentir, pensar, percibir el mundo, actuar. 

Había entrado en el cine siendo "yo", pero salía siendo otra "yo" que, valga la paradoja, era la "verdadera yo". Al entrar en el cine, había sido natural en todo, pero al salir fingí, disimulé. Hice ver que era la de siempre, pero ya no lo era. Y sabía que ninguna de aquellas personas que me acompañaban, y que me habían regalado la entrada y la experiencia, me hubieran entendido. Llegué a casa como pude, disimulando mi tristeza, y, cuando estuve sola, me deshice en un llanto desesperado. Juro que casi gritaba. Me daban ganas de golpear las paredes, de desesperación. 

Lo pasé tan mal, surgió un conflicto tan grande en mí, que al final lo borré de mi mente. Corrí un espeso velo sobre lo sucedido aquel dia, porque tener esa verdad frente a mi consciencia me hacía sufrir demasiado. Me dije a mí misma que todo no había sido más que una autosugestión alucinada, fruto de una película con guión conmovedor. Vas al cine y mira lo que pasa, te identificas con alguien que no eres, y sales creyendo tonterías inútiles. Caso cerrado. 

Seguí adelante sin mirar atrás, ni volver a pensar jamás en los indios. Cuando, un año después, abandoné a aquel grupo de gente (con los cuales, efectivamente, descubrí con el tiempo que yo no tenía nada que hacer), ya ni recordaba lo que había experimentado al ver la película "Bailando con lobos". Pero 10 años después, había lanzado al aire la pregunta ¿Quién soy? y el asunto indio regresaba a mí.

Sin embargo, todo era un enigma, porque no comprendía el mecanismo de la regresión. ¿Cómo había podido oírme a mi misma cantar con tanta nitidez de sonido, aquel lamento tristísimo, aquella despedida, mientras al mismo tiempo me oía respirar en mi cama, dormida? Claro que entonces ya no tenía 19 años sino cerca de 29. Y estaba decidida a saber, a investigar, a aprender lo más posible de otras perspectivas.

Así, ayudada por investigación y lecturas, la hipótesis de la reencarnación se abrió camino: ¿Y si yo había sido india en otra vida? Pero, aún considerando esa posibilidad: ¿Qué clase de respuesta era ésta a mi pregunta? ¿De qué me servía saber que “fui” india en otro tiempo? ¿Y hoy? ¿Qué era yo "hoy" y qué podía hacer yo con eso hoy? Porque mi vida y mi contexto seguían siendo opuestos a los de los indios. 

Tal y como hacía con los sueños más especiales, tomé nota de aquella experiencia. Esta vez no la descarté o censuré por absurda, como había hecho con la vivencia de "Bailando con Lobos". Guardé mi experiencia onírica como si fuera un enigma precioso, un momento de sabor intenso y contenido misterioso que esperaba que, algún dia, se me desvelara...

(Continua en la siguiente entrada)