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domingo, 27 de noviembre de 2022

Los profetas bíblicos y el chamanismo. (Sobre el poder de la oración)



















(Arriba, el sabio y líder espiritual Fools Crow, y el de la dcha. puede representar al profeta Esdras)

Hace año y medio asistí a una serie de clases de A. Roitman sobre misticismo judío antiguo, tuvimos un breve intercambio de emails hablando sobre la posible relación entre las técnicas chamánicas y los estados visionarios de los profetas, y él me animó a hacer público mi comentario en el foro particular de las clases. Así que un día decidí responder a una de las preguntas formuladas por un alumno en el muro de aportaciones, que decía más o menos esto:

 "Es interesante la relación entre el paradigma chamánico (con los estados alterados de consciencia que implican) y la historia de los profetas, concretamente la narración del profeta Esdras, en la cual una "voz" del mundo sagrado le ofrece una copa llena de misterioso líquido "como de fuego", la bebe y entra en otro estado,etc. Efectivamente, esa bebida se parece en sus efectos a un brebaje enteógeno o psicoactivo, pero la pregunta es: ¿se usaban estas sustancias en la época bíblica, o hay registro de que lo hicieran los judíos?"

A mí la respuesta me salía sola, y hasta podía dar argumentos y detalles. Tal vez porque si algo he hecho en 18 años es leer y aprender todo lo leíble y aprendible sobre chamanismoS en plural, y últimamente, estoy cotejando mis vivencias chamánicas con el marco judío, lo cual es muy interesante. 

Así que corto y pego la respuesta que me atreví a publicar entonces en el espacio de las clases, porque así comparto por aquí mis reflexiones. Y es que estoy pensando en este asunto y me parece que debería escribir un libro sobre ello (otro libro para la lista de pendientes, jaja) En fin, Dios dirá si me da tiempo a tanto, pero realmente lo voy viendo necesario. "Si no encuentras el puente creado ahí fuera, y tú sabes cómo serlo, sé tú ese puente".

En fin, corto y pego mi respuesta enviada:

Me gustaría matizar que el paradigma chamánico integra diferentes caminos o modalidades para alcanzar un estado alterado de consciencia de tipo extática. Solo algunas de las diversas tradiciones chamánicas nativas utilizan sustancias psicoactivas (plantas, hongos, o sustancias químicas de origen animal) El resto utilizan otras técnicas, como sonidos, cantos, movimientos, ayunos, o ritos diversos impregnados de silencio y aislamiento personal, como la "Imploración de Visión" en la naturaleza, propia de algunos pueblos nativos de Norte América.

Esta variación se debe sobre todo a que el chamanismo -y las técnicas del éxtasis nativas o antiguas- es «ecosistemático», es decir nace en simbiosis y unión con la naturaleza donde vive una tribu o cultura determinada, y por lo tanto utiliza los recursos propios de esa realidad natural concreta.

Los cactus se usan en pueblos donde crecen éstos; la ayahuasca y otras plantas o venenos animales, en las tribus selváticas donde estos forman parte del entorno; la amanita muscaria en las zonas planetarias boscosas más frías; los tambores son más propios de culturas donde no hay estos recursos, etc. Aun y así, no todos los chamanes que han vivido en lugares donde también se utilizan sustancias psicoactivas, las han utilizado, porque existe, como digo, una gran diversidad de caminos.

En mi modesta opinión, es poco probable que los profetas de tiempos bíblicos tomaran sustancias psicoactivas (y me refiero en forma de bebida, en alusión al texto de Esdras) comparables a las utilizadas por los chamanes, ya que no se conocen (me parece) otros referentes a dichas sustancias bebibles, utilizadas en esas tribus o pueblos, en la antigüedad, ni en nuestros días. Pero cuando existen usos tradicionales de sustancias psicoactivas en un pueblo o tribus, no suelen desaparecer así como así, y dejan otros ecos o registros en la cultura de esa zona. 

Tengo entendido que en las zonas donde vivieron los profetas, sí existían plantas como el cannabis, o la mandrágora, pero ninguna de ellas parece encajar con algo capaz de crear una bebida con aspecto como de fuego, ni hay otros referentes similares en la Biblia. (Añado ahora: además no son capaces, esas sustancias, de desencadenar un estado de sabiduría verbal, ni mucho menos un estado de sabiduría o inspiración sostenido a lo largo de días)

No obstante, sí pienso que los profetas, y en concreto Esdras (al menos, por lo narrado en el texto bíblico) pudieron utilizar rezos, canto, movimiento o simplemente los días de ayuno y petición de visión en aislamiento (como hacen los nativos norteamericanos), que es lo que refleja el texto de Esdras, el cual realizó un ayuno largo, oración.

La oración ya es en sí misma una acción de apertura mental que puede produicir "efectos" en la consciencia. Además, ciertas oraciones recitadas con reiteración, con ritmo, con respiración, pueden inducir el trance por sí mismas, incluso al margen de entender bien lo que se diga en ellas. Pero si unimos a las mismas el poder unificado de su significado y las emociones que podían producir en los orantes (como en el caso de Esdras) el efecto inductor de un cambio de estado de consciencia sería mayor.

La ausencia de uso de drogas no estaría en contradicción con la narración (en Esdras) de ingestión de una bebida de propiedades inspiradoras, ya que en las experiencias de trance visionario de tipo chamánico, es relativamente común que se produzcan encuentros con seres de otras dimensiones o mundos (generalmente solo perceptibles por el chamán, aunque a veces también por otras personas que le acompañan) Este podría ser el caso de esa «voz» que le hablaba a Esdras y le ofrecía la copa con una bebida «como de fuego». Tal vez se trataba de un encuentro con una presencia sagrada de otra dimensión, que le ofrecía una bebida sólo experimentable y «bebible» en trance.

Y es que además, en los relatos de trances visionarios donde aparecen seres de otro tipo o dimensión, también se ven casos de que se ofrezca comida, bebida o regalos diversos procedentes «de otro mundo» al chamán o hombre "elegido". Estos regalos, si son aceptados por el chamán o visionario (siendo comidos, bebidos o integrados en el ser de un modo u otro) modifican sus capacidades y conducen hacia su transformación, y crean un vínculo imperecedero entre esa persona y el «mundo» desde el cual se le ha ofrecido la comida/bebida o regalo.

Este tipo de relatos de ofrecimiento de comidas o bebidas, trasciende incluso el chamanismo tradicional y aflora en la mitología clásica y en el folklore general, donde se señala la posible peligrosidad de ingerir comida o bebida ofrecida por seres de otro mundo, pues esto genera efectos irreversibles de ligazón con éste (por ejemplo, en el mito de Perséfone hay todo un asunto con las semillas de granada que comió durante su estancia en el Inframundo, y que la ligaron al mismo, pero hay más relatos en los que "comer" algo ofrecido por otros seres, modifica la historia personal del individuo)

En el caso de Esdras, sin embargo, está claro que este vínculo con ese "otro mundo" o dimensión es lo que se acepta y se busca: cuando Esdras bebe la copa ofrecida por la «presencia» que se percibe como una «voz» del mundo sagrado, de algún modo sella su cambio personal. Sería el equivalente a lo que algunos chamanes han vivido en iniciaciones acontecidas en trance, donde solo ellos han podido ver y vivir una serie de cuestiones, pero gracias a las cuales se convierten en mediadores entre el mundo sagrado y éste, y en una ayuda para su tribu, su clan o su pueblo.

Por último, quiero añadir un apunte interesante en relación al paralelismo entre chamanismo y experiencias proféticas. Conviene tener en cuenta la enorme diversidad de caminos en lo que llamamos chamanismo, como dije, pero tal vez unas de las personas más parecidas a los profetas, serían las «Personas Sagradas», como por ejemplo las conocidas entre los nativos lakota.

Una Persona Sagrada practica ritos para entrar en trance, pero su vida está fundamentada en la oración, la reverencia al Creador y la Imploración por visiones que sean de ayuda a su tribu o comunidad. La Persona Sagrada es ligeramente diferente de un curandero de otro tipo, el cual tal vez vive trances, pero no tiene un rol tan marcado como guía espiritual de su pueblo.

Dejo aquí una cita del libro biográfico del difunto Fools Crow (entrevistas personales recopiladas por Thomas E. Mails) , que fue uno de los hombres sagrados más importantes de los lakota (vulgarmente conocidos como sioux) Este hombre decía de sí mismo: 

«Nunca he probado el alcohol o las drogas; ni siquiera he tomado el peyote, 
como se hace en la iglesia nativa americana. 
Wakan Tanka (traducible para nosotros como El Gran Misterio, Dios) 
puede llevarme más lejos que cualquier droga(…) »

Por este y otros ejemplos, creo que es posible conjeturar que los profetas utilizaban algunas de las mismas técnicas que usan otros chamanes y Personas Sagradas que han existido y existen en diferentes culturas nativas de la Tierra, pero no necesariamente sería el uso de sustancias psicoactivas, ya que ni siquiera son necesarias en un contexto indígena, si desde «el Gran Misterio» se otorga la visión a quien la implora adecuadamente, sacrificando tiempo y comodidad para ello"

(Fin de mi intervención)

Y esta ha sido mi aportación, que se resume en lo que dijo Cuervo Loco y que yo suscribo: Ríete de las drogas, cuando entran ángeles o "x seres" en tu espacio de energía, ya te cambian el estado de consciencia por sí solos. Y como les dé por "hacerte" algo para que aprendas algo, veas más, o entiendas o adquieras una capacidad, vas a flipar. Ni drogas ni nada: cuando el poder sagrado actúa, no se necesita más.

Esto no es un desprecio por las tradiciones que usan plantas, hongos o venenos, ya que tienen un sentido y un valor EN SU CONTEXTO natural (de fusión y simbiosis con la naturaleza donde viven) y cultural. Pero como se ve, la ingestión de sustancias no es estrictamente necesaria, o imprescindible para entrar en trance visionario. Me parece una excesiva simplificación pensar que los profetas tomaban cosas alucinógenas, algo que ni siquiera hacen "todos" los chamanes. 

Ya hablando en términos personales, "sé" que lo que los lakota llaman Wakan Tanka o Gran Misterio, es lo mismo que lo que los judíos llaman Dios, "abriendo" la boca a quien quiere, e inspirándole para que diga lo que debe ser dicho en su contexto, y ya está. Pero conviene recordar algo así en un mundo tan olvidadizo y confundido como éste en el que vivimos.

Como me dice Anubis siempre: "Reza. Tú reza".


miércoles, 1 de mayo de 2019

Sobre la película "Khadak".

(Arriba, la chamana que sale en la película "Khadak", en pleno rescate de un alma extraviada)

En culturas nativas variadas, el rol de "rescate" espiritual lo desarrollaban los chamanes y chamanas. Sobre esto habría mucho que hablar, pero os dejo un videíto corto extraído de una película de Mongolia (Se titula "Khadak") Es una escena de "rescate de alma" realizado por una chamana. Explico el contexto de la escena inicial para los curiosos y las personas fans del chamanismo/terapias alternativas: el chico tumbado en la cama ha sufrido en la nieve un ataque que lo ha dejado ko, catatónico, inconsciente, y aunque lo han llevado a casa (a la yurta) no se recupera. Así que llaman a la chamana.

La chamana es esa mujer con pinta de "vieja despeinada y loca" que empieza a hacer cosas "raras" junto al chico tumbado. (Todo lo que se ve está documentado, son rasgos del chamanismo de esos lugares)

La chamana luego toca un tambor... El hombre sentado que la sostiene al final es el padre del chico. La mujer más joven es la madre. La chamana se derrumba al final porque tanto trance y tan intenso es algo muy exigente para el cuerpo físico. El chamanismo tradicional es algo muy, muy corporal. Muy de los cinco sentidos y algunos más.

La chamana está llamando al alma del chico, que está extraviada (por eso no ha recuperado la consciencia) Se ve cómo se solapan dos escenarios: la yurta, donde están los cuerpos, y el paisaje nevado, donde están las "almas": la del chico enfermo, y la de la chamana, que se "proyecta" en su búsqueda.

Es un rescate en toda regla, porque solo gracias a la llamada, los gestos, los gritos de ella, el chico reacciona. Los "rescates de alma" se realizan para recuperar trozos de la energía del ser que se han quedado "fuera" o "lejos" debido a sustos, impactos fuertes, traumas, etcétera. Pero no todos los chamanes saben hacer estas cosas, que son especialidades de algunos. Yo por ejemplo nunca he hecho un "rescate" de estos. Tengo otro camino, en general trabajo con la escucha corporal y el diálogo con los "trozos del ser" o con el cuerpo (según) Pero también es que vivo en la cultura más verbal que existe, y aquí todo se quiere "entender". En fin, es un temazo, no me quiero enrollar mucho sobre chamanismo sino sobre el concepto de rescatar a otro. Todas las culturas han tenido su manera y sus personas especializadas en unos tipos de ayuda u otras.

También comparto este vídeo porque la conexión con el arquetipo de "bruja despeinada y loca" está clara y nos puede ayudar a entender ciertos cuentos antiguos. Existieron mujeres así en las culturas nativas de muchos paises. Algunas formas de chamanismo se recreaban en el cuidado personal, pero otras no. Hay un tipo de camino chamánico que es deliberadamente rompedor y extraño, inquietante y perturbador. Muchos chamanes y chamanas no eran precisamente populares en sus comunidades, sino temidos por "raros", o porque nadie sabía con qué podían salir o qué se les iba a ocurrir hacer. Trabajar cerca del Infinito puede producir combinaciones raras en la gente. O en alguna gente.

Cuando vi esta película me hice muy fan de la chamana. Tengo un vínculo con el chamanismo de Siberia/mongolia y zonas aledañas que cuando asoma, me hace añorar otros modos de comunicarse y moverse. Pero en fin, vivo donde vivo y aquí soy la del moño. Nada de greñas. Y nada de pegar latigazos "de broma" a los inconscientes para que despierten, que aquí eso no se entiende (aunque a Abuela Norte le encantaría repartir unas cuantas os. y pegar unos cuantos gritos ja ja)

Por cierto: detalle maravilloso, la chamana llama al "Arbol Sagrado", Madre. Es la diosa Madre Árbol...la que tanto me gusta y que asoma en tantas zonas del mundo (Yo la descubrí gracias a la conexión pagana eslava y su diosa Mokosh /Makos)

Rescate de alma con uds, al modo antiguo salvaje, verlo aquí:

www.facebook.com/estudioschamanicos/videos/1294988067185828/

jueves, 20 de agosto de 2015

No sé lo que son los ángeles. (Pero aman a las madres)

(Arriba, pintura de Henry O. Tanner)
 
No sé lo que son los ángeles, aunque desde fuera pueda pensarse que sí. Cuesta explicar cómo se pueden escribir libros sobre ángeles sin tener una definición sobre los mismos, pero mis libros no son para definir, ni para enseñar desde la ciencia o los estudios históricos, abundando en citas, estudios, etcétera. Solo soy como una emisora de radio que acoge en su corazón a múltiples energías y les da voz. Les coloca el micro y permite que, así, sean oídas por otros. 

Agradezco las visitas presenciales de los que llaman a mi emisora de radio para salir en antena, y aprendo de todos ellos y ellas. Pero no soy eso. Sólo soy emisora, mensajera, casi periodista del "Más Allá". Ni siquiera comparto todo lo que oigo, ni todo lo que escribo cuando doy voz a otras energías. Es distinto cuando hablo desde mi "yo", como en este blog, o cuando narro alguna batallita o aventuras personales.

No sé lo que son los ángeles, pues, aunque amo generalmente su energía, la sensación de su presencia. Porque a mi cuerpo y a mi corazón les sienta muy bien. Se notan porque entro en calor, mi corazón se expande y de repente siento coraje e inspiración. Mi cuerpo salta de alegría y se le quitan todos los dolores o cansancios. Es un chute de energía. Mi corazón se abre maravillado y dice :"¡Oooh, sí!". Solo mi mente se asusta un poco a veces, porque percibe algo grande y enigmático, y le da vértigo, pues no lo entiende intelectualmente. 

Mi mente siempre anda con la pregunta: ¿Qué será esto realmente? 
Y claro, es la que menos goza con las visitas de "energías" como las de los ángeles. Aunque cuando empiezan a hablar, entonces tiene su alimento (palabras) y ahí sí disfruta, porque siempre siente que aprende. Así que al final mi mente se abre, como el corazón, y vive su propio éxtasis.

El resultado final es una sensación de paz y bienestar corporal, aunada a una inspiración interior en la que se mezcla entusiasmo, fuerza y una sensación de tener un montón de ideas y comprensiones nuevas. Cuando me sugieren otras personas que tal vez los ángeles sean mis propias energías más altas, sabias y desconocidas, y que por eso me parece que vengan de "fuera" (Porque mi cuerpo las siente viniendo de fuera, y las percibió la primera vez como un calor y presión externa rozando su piel) yo pienso: Pues mira, no sé, a lo mejor es cierto que los ángeles "sólo son yo", pero incluso si es así ¡bienvenidos sean!

El camino chamánico exige saber pasar de un hemisferio a otro. Espacios para reflexionar e intelectualizar y razonar; y espacios para sólo vivir la energía y los hechos, apartando la prioridad del análisis intelectual. Porque de otro modo no puedes experimentar ciertos estados, ni entrar en comunicación interior con ciertas energías. Para todo hay un método y unas estrategias útiles y válidas: para la ciencia, unos; para las cuestiones del espíritu, o del alma y del sentir, otros. Para aprender a sentir el cuerpo y lo que nuestras células sienten en lo más profundo hay que aparcar el método científico y la mente que razona, y entrar en un modo de funcionar sin censura. Dejarse llevar.

Mi teoría personal es que los estados de trance chamánico son como los orgasmos o como los partos, es decir: son momentos en los que tienes que dejarte llevar, o no llegas al meollo del asunto, a la catarsis, a que salga "eso" de dentro que tiene que salir. Son estados, pues, dependientes (seguramente) de la oxitocina, la llamada hormona del amor. Es mi hipótesis. De ahí que suceda con el trance chamánico como en el parto. 

Según Michel Odent, para vivir una fluidez de oxitocina en el cuerpo hay que eliminar estímulos fuertes como la luz, el sonido que te pueda asustar, o cosas que te hagan pensar y razonar o preocuparte. El parto se te bloquea si te hacen sentir miedo, o si te preguntan cosas como la lista de la compra, si te sientes expuesta a miradas extrañas y sin intimidad, o si te meten prisa o si tienes frío y no te sientes cobijada y calentita. Y resulta que justo estas mismas condiciones son las que yo he experimentado que son necesarias (generalmente) para aprender a sentir el cuerpo y fundirse con las "energías" que éste alberga internamente, pero también para sentir las que lo rozan desde afuera. Y finalmente, poderse "parir" desde dentro. Sacar a la luz la propia verdad desde el interior.

(Arriba pintura de F Scott Hess)

Así que me encuentro en un momento en el que, si alguien me preguntara qué tiene que hacer para acceder al mundo espiritual, le diría: Léete a Michel Odent y aplica el consejo en el terreno de la vida espiritual. Enciérrate en un lugar que sientas seguro, en penumbra o como te guste más (luz de velas u oscuridad completa) Que sea "tu" refugio, que te sientas seguro y confiado. Luego, elimina el reloj, olvídate de él (no te retires para "sentir" si tienes prisa por terminar) Elimina estímulos ruidosos (yo me tapo los oídos muchas veces con tapones de espuma para aislarme sensorialmente) Y si alguien te acompaña, que sea como una doula o un doulo silencioso, respetuoso. Una presencia amorosa y no intrusiva que conozca ya por experiencia el proceso y te pueda sostener cuando la catarsis emocional quiera producirse.

Y así, sólo así, es posible vivir "el parto del alma". Y esto sirve para mujeres y para hombres, porque ellos también pueden vivir este "parto espiritual", mira por donde. Lo he visto. Lo sé. Porque el alma profunda es más andrógina de lo que pensamos. También hay otra particularidad de este "parto" y es que no se puede vivir de una vez, sino que sucede con el tiempo, a base de retirarse día tras día, tras día...

Las gestaciones y los partos del alma a veces necesitan muchos meses de persistencia y confianza y entrega al sentir sin censura, reloj, presión ni razonamiento. Yo tardé meses de terapia intensiva (1-2 sesiones de "refugio/penumbra/sentir sin censura", todo acompañada por una especie de "doula" del alma, una terapeuta amiga) hasta que sentí por primera vez a los ángeles. Por ejemplo. Aunque no buscábamos eso, buscábamos sólo mi expresión liberadora de traumas, y el nacimiento de mi verdadero ser. Lo que pasa es que al final resultó que, así como mi terapeuta era doula o incluso partera, había "otros" que me esperaban allí en la salita de terapias para dare la bienvenida o ayudarme a renacer. Otros y "otras"... Pero ¡ya estoy hablando desde el hemisferio cerebral "chamánico" otra vez :-) !

Los procesos internos se pueden intentar explicar desde el lenguaje científico, pero es mucho más fácil y efectivo hacerlo desde un lenguaje mítico o alegórico. Así como las ecuaciones o los estudios de estadísticas, porcentajes y probabilidades son lenguaje adecuado para la ciencia, las metáforas e imágenes visuales son adecuadas para la vida espiritual. Pero cuando en tu vida dedicas mucho rato a observar el mundo desde los 2 hemisferios a la vez, te puede suceder como a mí, que empiezas a usar los dos lenguajes de manera indistinta, y saltas de uno a otro casi sin darte cuenta. De Michel Odent a los ángeles y al parto del alma. De la oxitocina y la necesidad de "entregarse al descontrol" para vivir el éxtasis, a las visiones debidas a catarsis emocionales profundas.

Cuando Bernini esculpió el éxtasis de Santa Teresa de Ávila, ya sabía que existía una relación entre ambos éxtasis, el físico y el espiritual. Lo que no sé si sabía es que, aunque utilizan los mismos resortes y procesos bioquímicos, no se viven igual. Un éxtasis espiritual puede ser terrible y doloroso como algunos partos. Puedes hasta sufrir en algunos momentos, y llorar o gritar. La idea de que todo éxtasis espiritual ha de ser como un orgasmo placentero es falsa y fantasiosa y procede de elucubraciones hechas desde el exterior.

Tampoco todas las "energías", por positivas o benéficas que sean, te dejan igual, ni todas producen placer exactamente. Yo he llegado a entender a qué se referían los antiguos con la expresión "temor de Dios". Siempre creí que decían eso porque esas gentes estaban atrasadas espiritualmente y vivían una relación de miedo con una especie de divinidad autoritaria y tiránica en la que creían. O que querían manipular a los demás través del miedo, y entonces decían que a Dios se le debía tener temor, obedecerlo, etcétera. Y bien, puede que a posteriori sucediera algo de eso, pero he entendido que, en origen, posiblemente todo se iniciara con vivencias de un temor ante lo divino que no surgía ni de ideología autoritaria, ni de creencias manipulativas.

Porque lo cierto es que también yo, que estaba muy concienciada de mi rebeldía a todas esas ideas y manipulaciones religiosas con el miedo, acabé viviendo sin querer el "temor" y cuando lo sentí, me dije: "¡Bingo! A esto se referían los místicos antiguos, sólo que luego algunas personas han construido ideologías del miedo utilizando los relatos de sus experiencias".

Y lo que yo experimenté era muy diferente a lo que creía previamente. No tenía nada que ver con el miedo. Es el temor que puede sentir un pequeño pájaro al acercarse a una fuente de energía incandescente y de energía tan fuerte que se dice: "Oh Dios, me puedo morir si sigo aquí o me acerco más, me voy a morir abrasado, volatilizado". Porque temes ser aniquilada, no por falta de amor, sino por la intensidad. Como si te acercas al sol. Y eso se vive con temor, aunque no es miedo. 

Es un temor también definible como "tenerle respeto a la energía", darse cuenta de la propia pequeñez ante según qué realidades o fenómenos. Por eso me hace gracia quien dice "Todos somos dioses". Bueno, es una manera de decirlo, maneras de hablar, pero yo digo: Vuela hasta el sol y dime si al acercarte todavía sientes que eres el sol. A lo mejor llevas un pedacito de sol en tu corazón y eso te hace ser afín a él, familiar, pero en fin...

Yo no soy el sol. Lo tengo clarísimo. Pero no lo sé porque nadie me lo haya dicho. Es que lo he vivido y eso es todo. El sol esta muy bien donde está, y yo en mi lugar. En la Tierra.

No sé lo que son los ángeles, pero cuando esporádicamente vienen a visitarme o decirme algo, y noto su calor y su expansión acercándose, lo agradezco, pero también agradezco que no se me precipiten encima sin más. Por si me fundo o derrito o quedo aniquilada. Porque mi percepción de los ángeles es "fuego". Hay otros fuegos que percibo, está también el fuego interno de la Tierra y el de la carne o el cuerpo. El de los ángeles es distinto. Es el fuego intermedio, que une Tierra y Cielo. Y el del Cielo es aún otro. Bueno, ¡ya estoy hablando desde el lenguaje chamánico otra vez! No sé qué puede pensar un científico que no haya transitado los estados "oxitocínicos" del espíritu si lee mi discurso :-D

No sé lo que son los ángeles, pero su relación con el cuerpo y la carne, como "fuego intermedio" capaz de unirlo todo y entretejerlo todo, es indudable para mí. Un ejemplo: Cuando me convertí en madre ignoraba muchas cosas acerca de la crianza. No tenía gran idea, o ninguna casi. Así, pensaba que si se me daba bien dar el pecho a mi hijo, lo haría, pero si me cansaba o me costaba, el biberón estaría ahí sin más dilación ni espera. Tanto es así, que el mismo día que parí a mi hijo ya me aseguré de tener leche de bote en casa. No conocía los beneficios de la leche materna ni los ingredientes sospechosos de la leche de bote. Ni muchas otras cosas, como la relación entre lactancia y vínculo madre hijo, hormonas, etcétera.

Así que cuando empecé a comprobar lo cansado que era despertarme por las noches para dar el pecho a mi hijo, una noche decidí acabar con eso y cambiar al biberón. Decían otras madres que así el niño dormiría más horas, y además el padre podría compartir ese "trabajo" conmigo. Pero entonces ¿sabéis lo que pasó? Que vinieron los ángeles casi que para suplicar que no destetara a mi hijo, o que no lo hiciera tan pronto al menos (El niño tenía solo un mes y pico...) 

Yo protesté. "Es que es muy cansado", les decía. Ellos me respondieron que no tenía NI IDEA de la cantidad de amor y beneficios "en la energía" que mi hijo tenía si le daba el pecho. Que existía una etapa tras el parto que era como un tiempo en el que un bebé "se completaba" en la energía con la energía DE SU MADRE, y que eso se podía vivir de manera "ideal" si se le daba el pecho "con amor" (Obviamente, sin amor no funcionaba igual) Que aunque con el biberón se podía lograr algo así, costaba muchísimo más, y además se mezclaban energías "externas", mientras que el pecho de una madre era algo que pasaba 100% desde su interior, desde su ser. "No solo es la leche materna, es el amor y son tus energías. Es tu herencia como ser espiritual, incluso, lo que letransfieres a tu hijo si le das el pecho con amor".

Yo lloré, porque me transmitieron algo muy profundo. Así que me dije: "De acuerdo, no voy a destetar aún a mi hijo, pero sigo estando muy cansada, no sé si voy a poder con tanta falta de sueño". Entonces los ángeles me dieron el mismo consejo que luego he leído en muchos grupos de madres: "Esto sólo es una etapa pasajera. Piensa que este tiempo va a pasar, pero lo que le des ahora a tu hijo, permanecerá con él toda su vida".

Hoy sé que la ciencia médica explica lo mismo que me dijeron los ángeles, sólo que con otro lenguaje. Pero en su día yo desconocía eso. Simplemente me fie de los ángeles. Tuve la enorme suerte de haber aprendido años antes a sentirles desde mi cuerpo, de otro modo hubiera destetado a mi hijo y hubiera hecho muchas otras cosas con él de las que hoy, sabiendo todo lo que sé, me habría arrepentido. Por eso cuando alguien me pregunta cómo aprender a ser madre, o cómo prepararse, pienso que lo más importante, lo primero, es aprender a sentir el cuerpo. Sanar el cuerpo. Sanar las emociones. Lo demás irá llegando.

La visión de los ángeles (los que yo oigo, al menos) sobre la lactancia queda expresada en estos versos que me cantaron/contaron hace 2 años, para que yo, como "emisora de radio" los difundiera a través de mi antena. Están incluidos en el libro "El Camino de las Flores" (edit. Amatista), son versos de una energía angélica que dijo ser o venir "de Gabriel" y dicen así:


EL PECHO DE UNA MADRE

El amor de la madre fluye especialmente por sus pechos,
pues estos son flores abiertas
en las que se refugia el hijo.
Flores en las que el niño liba,
como un colibrí,
vuestro néctar, feliz.

 

Dar el pecho es más que dar leche: es dar el alma.
Dar el pecho es nutrir con un amor que durará toda la vida.
Dar el pecho es contribuir a construir,
en el interior de ese ser,
un Hogar Sagrado capaz de albergarlo pase lo que pase,
y esté donde esté, hasta su muerte.

¡Que vuestros pechos florezcan!
Volcamos sobre ellos nuestro amor,
porque os amamos a vosotras
y porque amamos a los pequeños colibrís.

¡Alegría, alegría!
Dejad que los niños duerman en el jardín florido del pecho de su madre
y no os preocupéis por el mañana,
pues, de ese amor, toda posibilidad nace,
y una paz secreta perdura, pase lo que pase.

No arrebatéis a vuestros hijos del jardín florido,
si no es por fuerte necesidad o emergencia.
Dejadlos que vivan entre flores mientras puedan,
ya tendrán tiempo de descubrir el mundo con sus guerras.

Jardines maternales, rosas exuberantes,
no os avergoncéis más por vuestro apego florido
a los pequeños pajarillos.

Con leche o sin leche,
dar el pecho es más que “dar comida”.
Es -insistimos- dar el alma
y proporcionar, a vuestros hijos,
la secreta permanencia de vuestro amor,
algo que les acompañará,
pase lo que pase, hasta la eternidad.

Benditas seáis, madres.

 
(Arriba, pintura de Léon Fréderic)


domingo, 13 de octubre de 2013

¿Quién soy "yo"?



(Arriba, pintura de Howard Terpning)

Los indios de Norteamérica también han jugado un papel crucial en mis reflexiones acerca de la identidad. "¿Quién soy yo?" es la gran pregunta que muchas personas se hacen, y yo no he sido distinta a los demás. Sin embargo, la respuesta no es tan sencilla...

Durante años soñé con los indios, especialmente con los de Norte América, mucho tiempo antes de siquiera imaginar que el chamanismo y yo tuviéramos nada que ver, y desde mucho antes que estuviera interesada por cuestiones, digamos “de la energía” o temas llamados "espirituales". Lo único que yo buscaba en aquella época eran respuestas, ayuda, guía interior para mejorar mi vida y enderezarla, y por eso observaba mis sueños. Intentaba encontrar en el mundo onírico pistas psicológicas para ayudarme. Sentía que mi vida era errónea, discordante por algún lado. Si hubiera sido música, habría dicho que mi vida emitía ruidos chirriantes y desasosegadores que me hacían daño. Sufría internamente por muchas cuestiones, pero tal vez la más extraña de todas era que, desde hacía un tiempo, tenía la persistente sensación de que necesitaba saber quién era. 

Sí, eso era muy, muy raro para mí, pero tenía que admitir la condenada y terrible sensación de que no sabía quién era "yo", y que me sentía más perdida que…que un lobo en la planta 22 de un rascacielos en medio de Manhattan, ni más ni menos. Aparentemente, tenía muy clara mi identidad, y mi vida social se construía alrededor de una imagen, de unas actividades, un círculo de relaciones…También aparentemente no tenía mayores problemas. Pero en realidad sí los tenía.

Por dentro me crecía esa extraña sensación de pérdida, de no estar dándome cuenta de algo verdaderamente importante, algo que se me escapaba. Era un misterio. Por eso empecé a leer cosas sobre los sueños y su práctica, porque sabía que, en ellos, se manifiestan aspectos escondidos del subconsciente o del ser, y eso, el universo psicológico, era lo que más se acercaba a mi idea acerca de la "identidad personal". Empecé a participar en un foro sobre sueños y, con el tiempo, empecé a lograr cierta lucidez onírica, es decir, a darme cuenta de que estaba soñando. Aunque aquello no era algo nuevo en mi vida, pues ya lo había experimentado de niña, me resultó muy valioso iniciar ese reencuentro con los sueños y volver a valorarlos.

Entonces, cuando vivía -en sueños- uno de esos momentos de lucidez, intentaba aprovecharlo para preguntar, investigar, aprender. No me interesaba verdaderamente nada más. Pronto me aficioné mucho al asunto de soñar. Tenía sueños que me parecían fascinantes, en los cuales aprendía cosas, y al mismo tiempo se me presentaban más y más enigmas, y todo me pareció tan interesante que planifiqué toda mi vida de manera que pudiera dormir adecuadamente. Hasta me organicé para dejar de trabajar algunas cortas temporadas, todo con la finalidad de poderme permitir el lujo de dormir largas siestas durante la mañana o la tarde, pues sabía -por experiencia- que en esos momentos era mucho más fácil entrar en un estado de sueño especialmente lúcido.

Además, por aquel entonces vivía sola, lo cual mejoró muchísimo la calidad de mi vida onírica. Vivía todo a mi ritmo. En mi casa todo iba acorde con mi energía, y todo estaba ordenado con la intención de que mi espacio fuera un reducto de tranquilidad, un lugar de descanso. Mi habitación estaba totalmente vacía, excepto por la cama y la mesita de noche. Las paredes estaban pintadas de blanco, todo era blanco, hasta mis sábanas. No quería distracciones, ni colores, ni estampados, ni cachivaches… Quería sumergirme en un lugar casi sagrado, limpio como un papel inmaculado, como una pantalla en blanco. Cuando llegaba la hora nocturna de acostarme, me sentía como una exploradora que va a utilizar, una noche más, una "nave espacial" onírica, mi cama, a la que llamaba "la nave del soñar". Estaba emocionada con ese nuevo campo de aprendizaje que se abría ante mí, por misterioso e indescifrable que pareciera.

En esa etapa de mi vida, y durante una de esas cortas temporadas en las que estaba en un parón laboral deliberado, una mañana en la que estaba en casa y me sentía especialmente tranquila, decidí acostarme y dormir un rato. Así por que sí. Pensé, como siempre que decidía acostarme: “A ver si sueño algo interesante”. Y nada, me zambullí en la blancura de mi “nave para soñar”. Luego me dormí, y al poco rato me "desperté" en el sueño, es decir, cobré consciencia de que estaba dormida y soñando. 

Entonces me levanté (en sueños, se entiende) y me encontré de pie frente a la pared de mi habitación. En ese instante, sin que nada pareciera motivarlo, me asaltó una emoción hondísima y vino a mí el recuerdo de una melodía india de un CD étnico (el que enlazo abajo del párrafo), titulada "Who am I?", como si estuviera flotando en el ambiente. Me encontré soñando y despierta, de pie ante la blanca pared de mi habitación, y resonaba en mí no sólo esa melodía, sino que además surgió de mi con una fuerza desgarradora, desde todo mi ser, la pregunta: ¿Quién soy? 


Soñando y lúcida a la vez, levanté los brazos hacia lo alto, me apoyé sobre la muda y vacía pared como si ésta fuera un espejo de mi propio enigma interior, y grité a todo el Universo con toda mi potencia, consciente de que Algo me oiría: ¿Quién soy?

El anhelo por saber era tan intenso en ese momento que se me saltaron las lágrimas. Sentí que no podía vivir más sin saber eso, o sin tener, siquiera, una pista, un acercamiento. Mi esfuerzo, en la energía, debió de ser enorme, porque acto seguido volví a encontrarme tumbada en la cama. Seguía dormida y lúcida, pero ya no tenía fuerzas para estar en pie. Rendida, decidí dejarme llevar por el sueño aunque perdiera la lucidez. Pero no llegué a perderla, ni a meterme en ningún sueño común, sino al contrario.

En ese momento, sentí un dolor terrible en el vientre. Fue exactamente como si algo me lo cortara de arriba abajo con un cuchillo. El “cuchillo” parecía haber tocado todas mis vísceras y me sentía como si la energía se me escapara por ahí, muriéndome. Y de repente, mi consciencia estuvo en dos lugares y tiempos a la vez. 

Perpleja y anonadada, empecé a oir la voz de mujer indígena, y era como si yo la cantara, o como si saliera de dentro de mí. Pero no lo oía como una voz interior, sino que escuchaba a la mujer india cantando como si estuviera de verdad ahí, fuera de mí, y al mismo tiempo saliendo de mí, porque yo era la que cantaba. La "yo" que conocía de mi misma no entendía nada, pero la experiencia era abrumadora por lo poderosa, por lo intensa, y no pude menos que rendirme a ella y contemplarla y escuchar la canción, expectante.

La voz cantaba y era una melodía tristísima. Es más, toda yo empecé a padecer una tristeza gigantesca, enorme, apabullante. Todo mi ser era tristeza y empecé a llorar entre convulsiones, como si la pena y el llanto salieran de mi vientre desgarrado. Realmente no podía soportar tanta pena. Yo cantaba porque toda mi gente había muerto y porque todo mi mundo se moría. Cantaba porque me estaba despidiendo de todo cuanto de bello había conocido. Cantaba porque sabía que nunca más volvería a ver a los míos, y porque sabía que mi mundo terminaba. No habría más de aquello a lo que yo amaba tantísimo. Era como estar viviendo el tremendo FIN de toda una era.

Sentir aquello fue un enigma para mí. Mi consciencia habitual, mi "yo" de aquel momento, regresaba por instantes a la sensación de estar tumbada en la cama y se decía: “Pero yo soy ésta, estoy en mi cama, esto es un sueño...”. Sin embargo, al mismo tiempo oía esa voz que salía de mi…lamentándose…Porque mi canto era un lamento, sí. También me estaba muriendo. 

De hecho, a mi alrededor estaba mi gente, muerta y tirada por el suelo, y yo estaba desangrándome por el vientre. Agonizaba, tras haber sobrevivido durante unas horas a un ataque en el que los "blancos" nos habían masacrado a centenares, y ahora me despedía. Me despedía de mis amigos y familiares, muertos a mi alrededor, de la Tierra que amaba, de los árboles, de la hierba, de todo. Y no podía soportar tanta pena. Pero la cantaba. Me iba cantando… Mi espíritu escapaba de mi cuerpo a través del lamento cantado de mi voz.

En el mismo instante en que cesó el dolor de mi vientre, el canto se apagó. Se esfumó la visión. Tal vez acababa de morirme en ese otro tiempo, en ese otro espacio... Entonces me desperté aturdida por mis propios sollozos, por la pena que me salía de dentro. Incluso despierta, no podía dejar de llorar. Y al mismo tiempo, ahora entendía mucho menos mi vida que antes. Porque había preguntado: ¿Quién soy yo? Y... ¿ésa era la respuesta? ¿Qué clase de pista onírica era aquella? 

Me quedé profundamente impactada por esta experiencia. Sin saberlo, había experimentado mi primera regresión espontánea en una época en la que ni siquiera me planteaba la existencia de la reencarnación (mi perspectiva de todo era, ya lo he dicho, casi exclusivamente psicológica) Le dí muchas vueltas a lo que me había sucedido porque realmente no sabía cómo interpretarlo, ni tenía a nadie conocido a quien consultarle al respecto.

Entonces recordé algo que me sucedió en la adolescencia, y que me había parecido tan absurdo y difícil de interpretar como lo que acababa de experimentar. Sucedió cuando estrenaron aquella película, “Bailando con lobos”. Yo había visto mil películas de indios sin haber sentido nada especial, y por eso no estaba preparada para lo que me sucedió en el cine. ¡Casi no pude soportar la visión de la película! Me moría de pena, pero, atención, no tanto por lo trágico del argumento, sino por la descabellada y loca sensación (eso me pareció, al menos) de que había un error gigantesco y garrafal en mi vida: sin duda yo había nacido en un lugar equivocado y entre la gente equivocada. Porque yo no era de aquí. De existir Dios, se tuvo que confundir conmigo. Yo era de esos paisajes, yo era de los indios. ¿Qué hacía, entonces, en Barcelona...?

                                (Arriba, pintura de  Howard Terpning)

La sensación fue tan tremenda que me sumió en un gran sufrimiento. Primero, porque pensaba que aquel sentimiento no tenía pies ni cabeza. En aquellos días ni siquiera había oído hablar de la teoría de la reencarnación. Mi educación había sido católica y tradicional, y por eso en mi mente, sencillamente, esas cosas de haber vivido otras vidas no existían. 

Segundo, porque aunque quisiera hacerlo, no podía solucionar aquel error: miles de km nos separaban a mí y a los indios y yo era, sencillamente, hija de otra tierra y de una cultura muy lejana, diferente, extraña. Tenía 19 años. Aunque me empeñara en trabajar y ahorrar para viajar a América para ver a los indios nunca sería india. Nunca me aceptarían. Siempre sería una mujer blanca, hija nada menos que del enemigo blanco y europeo. Y además, tampoco los indios de ahora viven como vivían…aunque (me decía yo) algo quedaría de cómo fueron, ¿no? Bien, la verdad es que no tenía ni idea.

¿Qué gran error cósmico se había cometido conmigo? ¿Cómo era posible estar tan cambiada de sitio? Me resultaba insoportable, después de haberme dado cuenta de esta verdad, seguir viviendo donde vivía: en una gran ciudad, lejos, incluso, de los paisajes que más me gustaban. Lejos de praderas verdes, lejos de arboledas, lejos de las montañas. Y con una gente que se me antojaba extraña, llevando una vida que…Uf, ahora percibía que aquella gente con la que compartía mi vida en aquellos momentos -me había ido de casa, compartía proyecto vital con gente laica de la Iglesia- nunca funcionaría para mí. Porque la suya no era una vida india. Por lo tanto, nunca sería feliz allí, con ellos.

Fue horrible sentir eso y deducir, con mi pobre lógica de aquel entonces, que si esta era la verdad de mi identidad, la felicidad estaría siempre lejos de mi alcance. Tendría que conformarme con lo que pudiera arañar de “mi estilo de vida” a hurtadillas, viviendo en un lugar ajeno y entre una gente extraña a mi verdadera naturaleza. Mi destino era cruel: había descubierto en unos instantes dónde estaba mi gente, mi lugar, y acto seguido tenía que olvidarme de ello, porque no era posible vivirlo. Me sumí en una sensación de fatalidad, de dolor. Yo era muy simple entonces, muy inocente, y no supe reaccionar de otro modo.

Ironías de la vida, me habían invitado al cine los amigos con los que compartía proyecto vital. Hasta aquel día, ellos me habían parecido lo más interesante del mundo, pero de repente sabía, con una certeza desesperante y aplastante, que no eran mi gente, y peor aun, supe que en lo profundo yo no tenía nada que ver con ellos. Gente con buena intención eran, tal vez, pero eran “otros”, tenían otro espíritu, otra manera de sentir, pensar, percibir el mundo, actuar. 

Había entrado en el cine siendo "yo", pero salía siendo otra "yo" que, valga la paradoja, era la "verdadera yo". Al entrar en el cine, había sido natural en todo, pero al salir fingí, disimulé. Hice ver que era la de siempre, pero ya no lo era. Y sabía que ninguna de aquellas personas que me acompañaban, y que me habían regalado la entrada y la experiencia, me hubieran entendido. Llegué a casa como pude, disimulando mi tristeza, y, cuando estuve sola, me deshice en un llanto desesperado. Juro que casi gritaba. Me daban ganas de golpear las paredes, de desesperación. 

Lo pasé tan mal, surgió un conflicto tan grande en mí, que al final lo borré de mi mente. Corrí un espeso velo sobre lo sucedido aquel dia, porque tener esa verdad frente a mi consciencia me hacía sufrir demasiado. Me dije a mí misma que todo no había sido más que una autosugestión alucinada, fruto de una película con guión conmovedor. Vas al cine y mira lo que pasa, te identificas con alguien que no eres, y sales creyendo tonterías inútiles. Caso cerrado. 

Seguí adelante sin mirar atrás, ni volver a pensar jamás en los indios. Cuando, un año después, abandoné a aquel grupo de gente (con los cuales, efectivamente, descubrí con el tiempo que yo no tenía nada que hacer), ya ni recordaba lo que había experimentado al ver la película "Bailando con lobos". Pero 10 años después, había lanzado al aire la pregunta ¿Quién soy? y el asunto indio regresaba a mí.

Sin embargo, todo era un enigma, porque no comprendía el mecanismo de la regresión. ¿Cómo había podido oírme a mi misma cantar con tanta nitidez de sonido, aquel lamento tristísimo, aquella despedida, mientras al mismo tiempo me oía respirar en mi cama, dormida? Claro que entonces ya no tenía 19 años sino cerca de 29. Y estaba decidida a saber, a investigar, a aprender lo más posible de otras perspectivas.

Así, ayudada por investigación y lecturas, la hipótesis de la reencarnación se abrió camino: ¿Y si yo había sido india en otra vida? Pero, aún considerando esa posibilidad: ¿Qué clase de respuesta era ésta a mi pregunta? ¿De qué me servía saber que “fui” india en otro tiempo? ¿Y hoy? ¿Qué era yo "hoy" y qué podía hacer yo con eso hoy? Porque mi vida y mi contexto seguían siendo opuestos a los de los indios. 

Tal y como hacía con los sueños más especiales, tomé nota de aquella experiencia. Esta vez no la descarté o censuré por absurda, como había hecho con la vivencia de "Bailando con Lobos". Guardé mi experiencia onírica como si fuera un enigma precioso, un momento de sabor intenso y contenido misterioso que esperaba que, algún dia, se me desvelara...

(Continua en la siguiente entrada)

miércoles, 20 de marzo de 2013

La nuez partida y ruptura entre sexos. (Conspiranoia total)





Voy a seguir con el tema de los hemisferios cerebrales, pero ahora lo haré con historietas chamánicas de mi cosecha personal, que para eso también soy contadora de historias.

En cierta ocasión me encontraba haciéndole una sesión de sanación a un amigo. Tuvo una especie de regresión catártica en la que recordó haber sido víctima de un sacrificio humano. El no creía en vidas pasadas,  y yo no lo tenía del todo claro, pero eso era lo que salía de su cuerpo dolorido: una memoria brutal y dolorosa de haber sido "sacrificado" de adolescente a algún "dios" exigente de carne y sangre. 
O no, porque igual el tal dios no exigía nada o ni siquiera existía como tal, y eran los humanos los locos obsesionados por "agradar" a no se sabe qué energía cósmica, a base de darle vida joven, sangre derramada. 

En fin, no lo puedo saber, porque eran mis primeros tiempos como chamanita en prácticas y no llegué a tanta averiguación, ni tuve tanta claridad. De hecho, el asunto se fue tornando turbulento y confuso en escala ascendente. Era como ir tirando del hilo de una emoción y sensación física, del cual iban saliendo historias encadenadas en diferentes tiempos y lugares, todas con el denominador común del "sacrificio" (ser sacrificado en aras de algún dios) Mi amigo flipaba porque era la primera vez que sentía algo así, pero yo también me estaba viendo afectada. (De hecho, casi siempre soy enormemente afectada por cualquier sesión realizada a otra persona, o incluso por el hecho de escuchar su historia o dialogar con alguien sobre determinados temas)

Y bueno, en esa "afectación", empecé a sentir que mi mente entraba en una especie de nebulosa y espesor. Me empecé a sentir extraña, como si fuera a perder el sentido de lo real, o me estuviera desorientando de alguna manera, y oí que mis Guías me decían que mi estado se debía a que se estaba removiendo, también en mí, una memoria muy profunda que afectaba a mi cuerpo de energía. Debía dejar mi rol activo en la sesión, tumbarme en otra cama (mi amigo ya estaba tumbado, con los ojos cerrados y relajado) y permitir que los Guías "trabajaran" con nuestra energía liberando los ecos de algo enquistado en nuestro ser, gracias a la sinergia que se había creado entre mi amigo y yo.

Así que me tumbé, cerré los ojos y en cuanto puse en segundo plano mi rol terapéutico y me puse receptiva a la sanación que yo también debía recibir, viví por mi parte una regresión extrañísima que explicaba la momentánea desorientación y nebulosa padecida. En ese "recuerdo", experimenté durante instantes fugaces cómo fue vivir en una época y mundo donde existía una armonía perfecta entre los dos sexos, es decir, entre hombres y mujeres. Había una comunicación plena entre ambos, no se producían esos problemas de comprensión mutua y respectivo desconocimiento a los que hoy estamos tan acostumbrados. Casi que nos entendíamos sin palabras y actuábamos unidos, sincronizados, sin chirridos ni disonancias. Pero entonces, una noche, sucedió "la distorsión".

Sí, suena extraño incluso para mí, hoy, decirlo así: ¡En una sola noche...! Ni siquiera estoy segura de que lo que recordé fuera literal. No sé si reviví una especie de resumen encriptado de una verdad más compleja o profunda. Pero, sea como sea, recordé que una noche hubo algo así como una "onda" de energía (¿electromagnética? ¿o de qué tipo?) recorriendo la faz de la Tierra y, al despertar, las mujeres y los hombres ya no estaban sincronizados ni armonizados. ¡De repente, y sin saber por qué, sintieron desconfianza mutua! Y surgieron los primeros malentendidos.

Recordé la primera angustia que conllevó sentir la súbita dificultad comunicativa, y lo que vino luego: las discusiones de pareja entre hombres y mujeres, las conversaciones absurdas o en bucle, que no conducían a ninguna parte. Recordé la "sensación de recordar", siendo una humana antigua, que "antes" nos entendíamos, y recordé el esfuerzo desesperado que hice por recuperar "lo de antes". Esa armonía que teníamos.

Al mismo tiempo, también sentí que ese recuerdo era medio inconsciente y ninguno de los dos sexos podíamos verbalizarlo claramente. Sabíamos algo, recordábamos algo, pero no podíamos expresarlo con palabras. Era como intuir un no se sabe qué o intentar traer a la consciencia algo que se te escapa una y otra vez. La frustración, entonces, nos dominaba, nos superaba, y acabábamos muy a menudo pagándolo con el otro: "¡No me entiendes! ¡No me escuchas! ¡Ya no te importo!¡Sólo piensas en tí!" etc.

Así surgieron los primeros llantos de impotencia y tristeza porque, asociada a la distorsión comunicativa, surgió por primera vez la sensación de soledad. La mujer empezó a sentirse sola junto al hombre, y viceversa. Enseguida se crearon los primeros conciliábulos de mujeres con mujeres para desahogar su frustración y criticar a los hombres, y de hombres con hombres haciendo lo mismo hacia las mujeres. 

Hasta entonces era normal que las mujeres estuvieran juntas muchas veces, pero no existía esa sensación de "sólo entre nosotras nos entendemos", y lo mismo había sucedido con los hombres. Había sido natural que hombres y mujeres formaran a veces grupos aparte, pero de ahí a reunirse para reforzarse haciendo complicidad "contra" el sexo opuesto había un trecho. Antes, por el contrario, el hombre y la mujer encajaban entre sí como las dos mitades de algo cuya naturaleza consistiera en fundirse suavemente entre sí, sin esfuerzos, pero tampoco sin reticencias. Y nada podía superar la complicidad que surgía entre ambos.

Yo estaba asombrada y a la vez acongojada por lo que estaba recordando, y no pude menos que gritar a los Guías (en silencio, para no estorbar el proceso personal de mi amigo) una pregunta: ¿Qué sucedió? ¿Qué estaba recordando yo exactamente? 

La respuesta me horrorizó: "Una manipulación". La imagen que acompañaba a esta respuesta era la de una especie de "espina" o cuña afilada introduciéndose sibilinamente entre nuestros dos hemisferios cerebrales. ¡Zas! Esa cosa de energía, finísima y afilada, había hendido nuestro puente calloso y había alterado para siempre la sincronización y armonía entre los dos hemisferios. En consecuencia, había introducido la división en el mundo, sobretodo entre lo masculino y lo femenino.

La repercusión que yo estaba recordando, esa especie de muro de distancia e incomprensión entre sexos, en realidad sólo era una de las diferentes consecuencias de la manipulación. Porque esa espina hiriendo nuestra unidad cerebral estaba distorsionando nuestra percepción y convirtiendo lo que veíamos en una eterna competencia, lucha y tensión entre dos bandos, y además lo estaba haciendo para siempre... Porque esto se iba a retransmitir de padres a hijos, y por lo tanto a perpetuar, salvo que uno llegara a "recordarlo", a "verlo" y así, consciencia mediante y con la ayuda de los Guías (símbolo y representación de las consciencias despiertas que viven más cerca de la Unidad), desintalara la maligna "espina" y se deshiciera de su efecto pernicioso.

No era casual, pues, que aquel tema hubiera surgido al ayudar a un amigo con quien, además, yo había tenido una relación afectiva en el pasado (aunque no prosperó) Estábamos constelando un drama antiguo porque, debido a nuestras diferencias y a nuestra historia común, estábamos en una situación idónea para hacerlo. 

¿Y por qué el tema había surgido a raíz de su regresión relativa a sacrificios humanos? Pues porque una idea tan aberrante como el sacrificio de un ser humano "para agradar a los dioses" o "a Dios", sólo pudo surgir en el ser humano una vez que éste perdió la comunicación plena y empezó, literalmente, a desvariar en su percepción del "otro", pero también de Dios y de Lo Sagrado. 


En fin: recordar la armonía perdida y la distorsión divisoria me mareaba. Realmente, lo más adecuado era permanecer tumbada en la cama y sin mover un dedo, porque pasé por unos minutos de total confusión en los que me parecía que había perdido el norte, las coordenadas, el sentido del tiempo. Sentía todo extrañísimo. Menos mal que oía a los Guías como a lo lejos, diciéndome: "No tengas miedo, respira, pronto se habrá terminado". Era como si me estuvieran "operando" en la energía y yo, tumbada en una camilla y medio anestesiada, estuviera sintiendo que mi cerebro era puesto del revés, removido, recosido, limpiado... qué se yo.

Luego pensé: "¡Qué bien, ahora mi entendimiento con el sexo opuesto será instantáneo, ya no viviré más distorsiones!". Y me imaginé viviendo de un modo beatífico, desconocido hasta el momento, sintiendo una comprensión absoluta e inmediata de todo. 

En fin, sueños eran, porque los Guías pronto se encargaron de decirme que los efectos de aquella "sesión" solo se notarían muy a largo plazo y que, además, yo no existía sola en el mundo. Y mientras la mayoría de mi sociedad tuviera la dichosa "espina" metida entre hemisferio y hemisferio, poco se podría hacer, ya que nos influimos mutuamente y constantemente. Es como lo que le sucede a quien nace "viendo" la energía, que al crecer entre "ciegos" se le quita esa facultad si no la comparte con nadie y si el mundo entero a su alrededor niega la capacidad visionaria. 

Nuestra percepción y nuestra mente es más compartida de lo que pensamos, por eso cuesta vivir ciertas verdades si seguimos inmersos en un mundo que las contraría. Sostener una visión distinta a la de la mayoría requiere un esfuerzo casi constante, o estar muy consolidado, y yo... ¡Bueno, he hecho lo que he podido! Hay lo que hay, y toca lidiar con un mundo muy polarizado, eso es todo.

La ventaja que sí me ha dado vivir aquella "operación de limpieza" tal vez sólo ha sido una: siempre me ha quedado el recuerdo de aquella "vida" distinta. El eco. La certeza de que hay otra forma de ser "hombres" y "mujeres" y entendernos, vivir juntos. 

En su momento escribí la regresión, la comenté con mi amigo, y de algún modo hice todo lo posible para no olvidarla, para que no volviera al mundo de las sombras. Por eso, muy de tanto en tanto, rememoro aquel día y atisbo, una vez más, el vértigo aquél de haber experimentado la armonía original, y luego la extraña manipulación nocturna. Despertarse y de repente desconfiar de tu compañero sin más, todo porque algo en tu cerebro se ha desencajado tan sólo una milésima de centímetro, muy poco, pero lo suficiente como para fastidiarlo todo. Y saber que, en algún tiempo, fuimos de otra manera. Que no es obligatorio ser como somos. 

También me sirvió para llegar a la conclusión de que, en realidad, tal vez ni siquiera sabemos, pero de veras, lo que significa ser hombre y mujer o vivir una relación de pareja. Nos basamos en lo que conocemos para dogmatizar, elucubrar, repetir y asegurar que las cosas son así, o asá, pero... ¿Y si fuera verdad que nuestro estado actual es un estado enfermo, distorsionado? ¿Cómo sería "ser" de otra manera? ¿Qué sabemos, en verdad, acerca de la humanidad? ¡Muy poco!

Por supuesto, en su día pregunté si aquella manipulación fue algo deliberado, porque no podía creerlo. Tal vez por influencia del mito de Adán y Eva, estaba predispuesta a pensar que todo problema posible es siempre culpa nuestra, que siempre todo se explica porque hicimos algo mal y por eso lo jodimos todo, así que no entraba en mis expectativas escuchar la respuesta que escuché: "Fue una manipulación deliberada". Me cayeron lágrimas al oírlo. Enterarme de que existe la crueldad deliberada hacia seres inocentes siempre me supera. Asumir que algo puede querer hacerte daño sin que tú le hayas dado, en teoría, motivos, es siempre una enormidad para cualquiera. ¡Parece tan injusto...! 

A través de mis lágrimas pregunté: ¿Por qué? Y la respuesta fue: "Para dominar a la humanidad. Divide y vencerás. ¿Crees que habría tanto sufrimiento y tantas guerras en el mundo, si el hombre y la mujer vivieran en la armonía original? ¡El amor mutuo entre sexos lo cambia todo...! Cuando Dios creó a los dos sexos, no era para que vivieran con sufrimiento la relación mutua, ¡sino al contrario!

Y aquí ya me acabé. Mi cerebro literalmente me dolía (supongo que mis esquemas mentales estaban saltando hechos pedazos), pero es que además una tristeza enorme me salía de dentro. ¡Ay...! ¡Qué nostalgia, qué desesperación! ¡Yo quería volver a vivir ese amor, esa unidad, "aquello"...! Sentí la misma tristeza desesperada que siento aún ahora, en las ocasiones en las que he discutido por tonterías con mi pareja, todo para darme cuenta horas después de que, ¡una vez más!, hemos hecho el idiota, "algo" nos ha nublado la mente, hemos vivido la distorsión y hemos salido de la armonía y sincronicidad que en otras ocasiones hemos experimentado. 

¡A veces me siento tan impotente...! Es como vivir en una pesadilla: sabes que solo es un estado, que muchas cosas percibidas son ilusorias y tramposas, pero caes de nuevo sin que te des cuenta en algunas de esas trampas. Dios mío... ¿No podemos vivir simplemente el amor que nos tenemos? ¿No puede ser todo más sencillo? ¿Quién odia tanto a la humanidad, quién quiere desgraciar el sagrado amor de las parejas? ¿Qué es todo esto? ¿O soy yo, que me he vuelto loca y busco culpables misteriosos y desconocidos en el exterior para atriburiles lo que solo es el fruto de mis propios errores?

Pero mis Guías insistieron en su versión del asunto, y no sólo ellos. En sueños a veces veo cosas similares a una "invasión" de la energía terrestre realizada desde el "exterior". Un "mal" extraño e innombrable, infeccioso aunque intangible, enfermando a nuestro mundo. Es algo, en verdad, muy enigmático. 

Desde el hemisferio izquierdo, o sea, poniéndome científica, me he llegado a preguntar si el desequilibrio de ciertas sociedades humanas y nuestra pérdida de armonía y unidad no tendrá su origen en algo así como virus o elementos nocivos llegados del espacio a través de meteoritos, y que sea "eso" lo que luego la mente traduzca como "entidades malignas distorsionantes", "demonios" y tal. A fin de cuentas, un desequilibrio bioquímico o un evenenamiento puede producir síntomas de perturbación emocional y mental, comportamientos desequilibrados. Entonces, y si esto fuera cierto, nuestro cerebro estaría haciendo algo así como dibujar en nuestra mente un monigote feo con grandes dientes y cara de mala ostia, todo para representar al virus/veneno de turno. Sería una estrategia infantil, pero efectiva para darnos un mensaje: estamos psíquicamente enfermos y, como colectivo, necesitamos desarrollar unas defensas específicas que combatan o anulen los efectos en nuestro ser de este "mal". 

Pero luego recuerdo aquella "onda" recorriendo la faz de la Tierra durante una noche, y no me cuadra con lo del virus. Y me sigo haciendo muchas preguntas. ¿Qué significa eso de que sucedió de noche, mientras el ser humano dormía

En fin, sea como sea, me cuesta asumir una intencionalidad de esa manipulación. ¿Por qué querría nada o nadie dividir a la humanidad, si esta división no ha hecho más que causar desastres en la Tierra, desastres que afectan a todas las otras especies vivas, y al mismísimo planeta? Me digo entonces que esta es una idea absurda, es algo totalmente conspiranoico. Y yo no quiero ser conspiranoica. (Ya sé que a veces parece que sí, pero en realidad me resisto mucho a estas ideas) 

En todo caso, la respuesta que los Guías me dan al "por qué" es otra pregunta: "¿Para qué partes una nuez, si no es para comértela?" Es decir: el cerebro se simboliza, en esta frase, con una nuez que "algo" o "alguien" parte en dos, con la intención de comérselo. Puf. ¿Quién o qué se come nuestro cerebro, entonces? (Su energía, quiero decir) ¡Buena pregunta! 

Y si os digo la verdad, todavía no tengo la respuesta. Eso sí, me gustaría averiguarlo antes de morirme para transmitir a otros el conocimiento que surja, sea éste cual sea (incluso si contraría todo lo que acabo de decir, y tengo que rectificarme) Porque aunque yo no sé si podré vivir, en mis días, una recuperación de aquella fantástica armonía original, no pierdo la esperanza de que otros seres humanos lo consigan. ¿Quién sabe? Pero para que eso suceda hay que compartir lo que se sabe.

Como chamana, me veo a mí misma como una celulita exploradora que sale a investigar, con la idea de retornar con las demás y contarles lo que ha visto. Y si todos hacemos lo mismo a nuestra manera, con nuestras particularidades y nuestros medios, tal vez algún día lleguemos a comprender lo que nos sucede como especie. Y entonces podríamos detener este desastre, este desenfreno "extinguidor" de vida y tanto sufrimiento.