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domingo, 2 de enero de 2022

El verdadero Amor a los niños

(Arriba, pintura de Aaron Wiesenfeld)


(Otro post rescatado del año 2018)

El que dice que ama a los niños (o a un niño en concreto) pero luego actúa dañando a su madre, o a su padre, o a la relación entre ambos, es como quien dice "yo amo a los peces" y se dedica a secar o a contaminar con tóxicos el río donde nadan o el lago donde viven.

Mentiroso, tú no amas a los peces. Tú solo quieres jugar con una cosita que ni siquiera sabes lo que es de verdad. Vives en tu mundo ilusorio, que ha crecido alrededor de la raíz del egoismo. No quieres un pez , quieres una posesión juguete que te satisfaga.

"Quiero disfrutar de mi nieto", dicen algunos adultos, mientras joden a los padres o las madres o desbaratan lo necesario para que el pececillo tenga un buen hogar, estabilidad, etcétera. 

"Quiero mucho a este niño", dicen otros, mientras ponen a la madre de vuelta y media a sus espaldas, y le hacen trampas, o la traicionan, o abandonan, obstaculizando su proyección social o creando conflictos en su vida familiar. 

"Queremos mucho a esta personita", dicen otros, mientras dejan a los padres con el c. al aire. 

"El estado protege a los niños", dice el estado, mientras desampara a las madres y a las familias y cuando surgen dificultades, incluso rapta a los pececillos y los pone en jaulas. 

Y así, suma y sigue, aplicado a mil relaciones y situaciones...

Quien ama de veras a los peces... ¿cómo se comporta con ellos? El que ama de veras a la vida acuática y está muy concienciado con la necesidad de proteger la vida de los peces, ¿cómo actúa...?

Supongo que se entiende lo que quiero decir. Podría simbolizarlo también con la vida de primates que mueren cuando la selva es devastada y las madres asesinadas, pero he elegido decir "peces" porque reflejan muy bien lo que es un embarazo. El bebé es como un pez en el vientre materno. Así que todo amor a la infancia que supuestamente tengamos, empieza por ahí: por el cuidado de la madre.

miércoles, 22 de mayo de 2019

La Tierra es Niñista.


                                               (La pintura es de Eugenio Zampighi)


(De mi muro de facebook, el 17 de marzo del 2018)

Pues pienso que de igual modo que se creó el feminismo, podríamos crear un "niñismo". Defensa de la igualdad de derechos de los niños. Pero en realidad la Tierra me corrige y me dice que eso no le sirve, ya que Ella lo que quiere es que los niños tengan MÁS derechos que los adultos.

Por ejemplo: si un adulto desconocido viene, se pone borde y te suelta un guantazo, estás en tu derecho de defenderte con fuerza o devolvérselo con otro golpe. Pero con un niño eso no debe hacerse. Si un niño pequeñito de pega, ¡no debes devolverle golpes! Detener sus manitas, sí, pegarle no! Has de ebseñarle de otra manera, pero sobretodo sería muy injusto y desequilibrado golpear a alguien que está en tal inferioridad de condiciones. 

"En realidad todo debiera enfocarse, proyectarse y decidirse pensando en los niños como prioridad, pensando en el bien de los niños"- me dice la Abuelita Tierra del Teleno- "Y eso no se está haciendo ni siquiera en mucho del feminismo".

"En toda situación en la que tengas dudas acerca de qué es lo mejor, observa lo que cada opción produce en los niños implicados en la situación de manera directa o indirecta, y decide en consecuencia. 

"Si quieres ser como mis manos sobre mi superficie, has de saber que así piensa mi corazón: lo primero, los niños. Hay que elegir la mejor opción para ellos, de las que sean factibles para tí. Y que sepas que todas las cosas que te sugiero surgen de la búsqueda de lo mejor para ellos".

Gran consejo.



viernes, 21 de octubre de 2016

Matrix, la Gran Abuela, los ángeles y los niños.




(Primavera 2015)

Mis Guías sacan a colación la peli "Matrix" muchas veces, y usan partes de su argumento a su manera, como fábulas con moraleja.

Hoy se reían de las fantasías que la gente se hace sobre las guerreras. Se las imaginan con melena al viento, un buen escote, muslos al descubierto y maquillaje subido de tono. No se sabe si van a la guerra o a rodar una película erótica. En realidad las guerreras se parecen un poco más a Trinity o a la otra rubia de la tripulación: pelo corto o en todo caso recogido, cero maquillaje seductor y cara de estar enfadada o a punto de estarlo. Pero ni siquiera ésta es toda la verdad, aunque lo parezca en una primera impresión, puesto que el máximo poder guerrero en esa película ¿a quién obedece?
A Oráculo.



                  
Oráculo representa a La Madre o casi mejor dicho, a La Gran Madre, es decir a la Gran Abuela (capaz de ser madre a lo largo de generaciones) Y si a alguien le sorprende lo que digo, que se pregunte: ¿A quién, sino, protege y cuida Seraph, personaje que representa a las fuerzas angélicas defensivas y protectoras?
Pues a Oráculo. A La Madre. ¿Quién sinó una Madre despierta, consciente (es decir una madre cuya mente vive FUERA de la Matrix) conoce los potenciales de cada hijo? Oráculo predice porque Oráculo es Madre y Abuela, eso es todo. Por eso conoce las cosas desde dentro. Su conocimiento es intuitivo y visceral, por eso no se entiende bien lo que dice a la primera, pero como es un conocimiento sobre lo congénito y medular del Ser, sus palabras remueven el fondo y producen efectos, detonan procesos, cambios internos.



Pero claro, Oráculo, ¿a quién protege? Pues a los niños, representados en la película por esos niños llamados "nuevos potenciales" que viven resguardados en su casa, o que son enviados cerca de ella. Como Satie, esa misteriosa niña de aspecto hindú que aparece en la tercera parte, y cuyo rol en la película sólo es un enigma salvo que no se entienda, o no se capte, que TODO gira entorno de la infancia. De los niños. Y de lograr que al menos algunos "realicen su potencial".



                            

Por eso van saliendo niños en toda la película hasta el final, (concretamente la niña final es Satie, milagrosamente "salvada" y especialmente protegida por Oráculo y Seraph) Y por eso no se ven casi escenas maternales en "Matrix", porque la peli refleja un mundo donde toda maternidad natural e instintiva ha sido secuestrada por las máquinas, por la propia "matrix".




Si alguien cree aún que Matrix trata de batallitas marciales para el propio lucimiento (qué cool y qué guay es pelearse con efectos especiales), ja. Si alguien cree que Matrix sólo trata de "despertar" y salirse del "sistema", también JA.



En realidad Matrix (siempre según mis Guías) trata de la liberación de la infancia. De las luchas de fuerzas y poderes que la quieren usar y esclavizar encarrilándola en una dirección o en otra. Y de la dificultad que existe en liberarse cuando, en realidad, uno ha vivido en una "jaula" desde que nació. 



Por eso los Guerreros despiertos se ocupan de proteger a La Madre, a la Abuela y a los niños. Otros tipos de guerrero, para mis Guías, son "guerreros de salón". Viven para dar lustre a su "yo", o para sentirse guays y poderosos, o sólo ara cuidar su salud, o para satisfacer su ansia de bienestar personal (pues la "energía" se siente bien, y sentirse más fuerte y hábil que el vecino, también) Y ojo, que no es que cuidarse esté mal, pero si sólo nos quedamos ahí...seguimos fuera de la onda de la Gran Madre, de la energía de Defensa genuina y verdadera, y de lo que realmente se trata todo al final.

Seraph sólo desafía a los que quieren llegar junto a La Madre. Para probarlos y para comprobar de qué pie calzan. Para conocerlos (pues luchar también es conocerse) y para integrar esa información sobre sus personas. Pues eso es, en parte, lo que hace un Guardaespaldas. 



Y colorín colorado...Lo que me contaban hoy ha terminado.

...


 Seraph, un ángel, es decir= luz acumulada "al servicio".



Criar Hijos de la Matrix o, por el contrario,  Hijos de la Sagrada Matriz de Vida, ésa es la cuestión. El dilema de la humanidad. No hay madres "reales" en la Matrix. No interesan ni las madres, ni sus cuerpos como procreadores. Todo es CONTROL y más control...





La maternidad según la Sagrada Matriz de la Vida, éso es lo que hay que recuperar, pero éso es también lo que nos quieren terminar de arrebatar. Y es a esa "salvación" y recuperación que buscan ser útiles y servidoras las Fuerzas Sagradas Guerreras (masculinas o femeninas) Lo demás...a La Vida le importa poco.

jueves, 20 de agosto de 2015

No sé lo que son los ángeles. (Pero aman a las madres)

(Arriba, pintura de Henry O. Tanner)
 
No sé lo que son los ángeles, aunque desde fuera pueda pensarse que sí. Cuesta explicar cómo se pueden escribir libros sobre ángeles sin tener una definición sobre los mismos, pero mis libros no son para definir, ni para enseñar desde la ciencia o los estudios históricos, abundando en citas, estudios, etcétera. Solo soy como una emisora de radio que acoge en su corazón a múltiples energías y les da voz. Les coloca el micro y permite que, así, sean oídas por otros. 

Agradezco las visitas presenciales de los que llaman a mi emisora de radio para salir en antena, y aprendo de todos ellos y ellas. Pero no soy eso. Sólo soy emisora, mensajera, casi periodista del "Más Allá". Ni siquiera comparto todo lo que oigo, ni todo lo que escribo cuando doy voz a otras energías. Es distinto cuando hablo desde mi "yo", como en este blog, o cuando narro alguna batallita o aventuras personales.

No sé lo que son los ángeles, pues, aunque amo generalmente su energía, la sensación de su presencia. Porque a mi cuerpo y a mi corazón les sienta muy bien. Se notan porque entro en calor, mi corazón se expande y de repente siento coraje e inspiración. Mi cuerpo salta de alegría y se le quitan todos los dolores o cansancios. Es un chute de energía. Mi corazón se abre maravillado y dice :"¡Oooh, sí!". Solo mi mente se asusta un poco a veces, porque percibe algo grande y enigmático, y le da vértigo, pues no lo entiende intelectualmente. 

Mi mente siempre anda con la pregunta: ¿Qué será esto realmente? 
Y claro, es la que menos goza con las visitas de "energías" como las de los ángeles. Aunque cuando empiezan a hablar, entonces tiene su alimento (palabras) y ahí sí disfruta, porque siempre siente que aprende. Así que al final mi mente se abre, como el corazón, y vive su propio éxtasis.

El resultado final es una sensación de paz y bienestar corporal, aunada a una inspiración interior en la que se mezcla entusiasmo, fuerza y una sensación de tener un montón de ideas y comprensiones nuevas. Cuando me sugieren otras personas que tal vez los ángeles sean mis propias energías más altas, sabias y desconocidas, y que por eso me parece que vengan de "fuera" (Porque mi cuerpo las siente viniendo de fuera, y las percibió la primera vez como un calor y presión externa rozando su piel) yo pienso: Pues mira, no sé, a lo mejor es cierto que los ángeles "sólo son yo", pero incluso si es así ¡bienvenidos sean!

El camino chamánico exige saber pasar de un hemisferio a otro. Espacios para reflexionar e intelectualizar y razonar; y espacios para sólo vivir la energía y los hechos, apartando la prioridad del análisis intelectual. Porque de otro modo no puedes experimentar ciertos estados, ni entrar en comunicación interior con ciertas energías. Para todo hay un método y unas estrategias útiles y válidas: para la ciencia, unos; para las cuestiones del espíritu, o del alma y del sentir, otros. Para aprender a sentir el cuerpo y lo que nuestras células sienten en lo más profundo hay que aparcar el método científico y la mente que razona, y entrar en un modo de funcionar sin censura. Dejarse llevar.

Mi teoría personal es que los estados de trance chamánico son como los orgasmos o como los partos, es decir: son momentos en los que tienes que dejarte llevar, o no llegas al meollo del asunto, a la catarsis, a que salga "eso" de dentro que tiene que salir. Son estados, pues, dependientes (seguramente) de la oxitocina, la llamada hormona del amor. Es mi hipótesis. De ahí que suceda con el trance chamánico como en el parto. 

Según Michel Odent, para vivir una fluidez de oxitocina en el cuerpo hay que eliminar estímulos fuertes como la luz, el sonido que te pueda asustar, o cosas que te hagan pensar y razonar o preocuparte. El parto se te bloquea si te hacen sentir miedo, o si te preguntan cosas como la lista de la compra, si te sientes expuesta a miradas extrañas y sin intimidad, o si te meten prisa o si tienes frío y no te sientes cobijada y calentita. Y resulta que justo estas mismas condiciones son las que yo he experimentado que son necesarias (generalmente) para aprender a sentir el cuerpo y fundirse con las "energías" que éste alberga internamente, pero también para sentir las que lo rozan desde afuera. Y finalmente, poderse "parir" desde dentro. Sacar a la luz la propia verdad desde el interior.

(Arriba pintura de F Scott Hess)

Así que me encuentro en un momento en el que, si alguien me preguntara qué tiene que hacer para acceder al mundo espiritual, le diría: Léete a Michel Odent y aplica el consejo en el terreno de la vida espiritual. Enciérrate en un lugar que sientas seguro, en penumbra o como te guste más (luz de velas u oscuridad completa) Que sea "tu" refugio, que te sientas seguro y confiado. Luego, elimina el reloj, olvídate de él (no te retires para "sentir" si tienes prisa por terminar) Elimina estímulos ruidosos (yo me tapo los oídos muchas veces con tapones de espuma para aislarme sensorialmente) Y si alguien te acompaña, que sea como una doula o un doulo silencioso, respetuoso. Una presencia amorosa y no intrusiva que conozca ya por experiencia el proceso y te pueda sostener cuando la catarsis emocional quiera producirse.

Y así, sólo así, es posible vivir "el parto del alma". Y esto sirve para mujeres y para hombres, porque ellos también pueden vivir este "parto espiritual", mira por donde. Lo he visto. Lo sé. Porque el alma profunda es más andrógina de lo que pensamos. También hay otra particularidad de este "parto" y es que no se puede vivir de una vez, sino que sucede con el tiempo, a base de retirarse día tras día, tras día...

Las gestaciones y los partos del alma a veces necesitan muchos meses de persistencia y confianza y entrega al sentir sin censura, reloj, presión ni razonamiento. Yo tardé meses de terapia intensiva (1-2 sesiones de "refugio/penumbra/sentir sin censura", todo acompañada por una especie de "doula" del alma, una terapeuta amiga) hasta que sentí por primera vez a los ángeles. Por ejemplo. Aunque no buscábamos eso, buscábamos sólo mi expresión liberadora de traumas, y el nacimiento de mi verdadero ser. Lo que pasa es que al final resultó que, así como mi terapeuta era doula o incluso partera, había "otros" que me esperaban allí en la salita de terapias para dare la bienvenida o ayudarme a renacer. Otros y "otras"... Pero ¡ya estoy hablando desde el hemisferio cerebral "chamánico" otra vez :-) !

Los procesos internos se pueden intentar explicar desde el lenguaje científico, pero es mucho más fácil y efectivo hacerlo desde un lenguaje mítico o alegórico. Así como las ecuaciones o los estudios de estadísticas, porcentajes y probabilidades son lenguaje adecuado para la ciencia, las metáforas e imágenes visuales son adecuadas para la vida espiritual. Pero cuando en tu vida dedicas mucho rato a observar el mundo desde los 2 hemisferios a la vez, te puede suceder como a mí, que empiezas a usar los dos lenguajes de manera indistinta, y saltas de uno a otro casi sin darte cuenta. De Michel Odent a los ángeles y al parto del alma. De la oxitocina y la necesidad de "entregarse al descontrol" para vivir el éxtasis, a las visiones debidas a catarsis emocionales profundas.

Cuando Bernini esculpió el éxtasis de Santa Teresa de Ávila, ya sabía que existía una relación entre ambos éxtasis, el físico y el espiritual. Lo que no sé si sabía es que, aunque utilizan los mismos resortes y procesos bioquímicos, no se viven igual. Un éxtasis espiritual puede ser terrible y doloroso como algunos partos. Puedes hasta sufrir en algunos momentos, y llorar o gritar. La idea de que todo éxtasis espiritual ha de ser como un orgasmo placentero es falsa y fantasiosa y procede de elucubraciones hechas desde el exterior.

Tampoco todas las "energías", por positivas o benéficas que sean, te dejan igual, ni todas producen placer exactamente. Yo he llegado a entender a qué se referían los antiguos con la expresión "temor de Dios". Siempre creí que decían eso porque esas gentes estaban atrasadas espiritualmente y vivían una relación de miedo con una especie de divinidad autoritaria y tiránica en la que creían. O que querían manipular a los demás través del miedo, y entonces decían que a Dios se le debía tener temor, obedecerlo, etcétera. Y bien, puede que a posteriori sucediera algo de eso, pero he entendido que, en origen, posiblemente todo se iniciara con vivencias de un temor ante lo divino que no surgía ni de ideología autoritaria, ni de creencias manipulativas.

Porque lo cierto es que también yo, que estaba muy concienciada de mi rebeldía a todas esas ideas y manipulaciones religiosas con el miedo, acabé viviendo sin querer el "temor" y cuando lo sentí, me dije: "¡Bingo! A esto se referían los místicos antiguos, sólo que luego algunas personas han construido ideologías del miedo utilizando los relatos de sus experiencias".

Y lo que yo experimenté era muy diferente a lo que creía previamente. No tenía nada que ver con el miedo. Es el temor que puede sentir un pequeño pájaro al acercarse a una fuente de energía incandescente y de energía tan fuerte que se dice: "Oh Dios, me puedo morir si sigo aquí o me acerco más, me voy a morir abrasado, volatilizado". Porque temes ser aniquilada, no por falta de amor, sino por la intensidad. Como si te acercas al sol. Y eso se vive con temor, aunque no es miedo. 

Es un temor también definible como "tenerle respeto a la energía", darse cuenta de la propia pequeñez ante según qué realidades o fenómenos. Por eso me hace gracia quien dice "Todos somos dioses". Bueno, es una manera de decirlo, maneras de hablar, pero yo digo: Vuela hasta el sol y dime si al acercarte todavía sientes que eres el sol. A lo mejor llevas un pedacito de sol en tu corazón y eso te hace ser afín a él, familiar, pero en fin...

Yo no soy el sol. Lo tengo clarísimo. Pero no lo sé porque nadie me lo haya dicho. Es que lo he vivido y eso es todo. El sol esta muy bien donde está, y yo en mi lugar. En la Tierra.

No sé lo que son los ángeles, pero cuando esporádicamente vienen a visitarme o decirme algo, y noto su calor y su expansión acercándose, lo agradezco, pero también agradezco que no se me precipiten encima sin más. Por si me fundo o derrito o quedo aniquilada. Porque mi percepción de los ángeles es "fuego". Hay otros fuegos que percibo, está también el fuego interno de la Tierra y el de la carne o el cuerpo. El de los ángeles es distinto. Es el fuego intermedio, que une Tierra y Cielo. Y el del Cielo es aún otro. Bueno, ¡ya estoy hablando desde el lenguaje chamánico otra vez! No sé qué puede pensar un científico que no haya transitado los estados "oxitocínicos" del espíritu si lee mi discurso :-D

No sé lo que son los ángeles, pero su relación con el cuerpo y la carne, como "fuego intermedio" capaz de unirlo todo y entretejerlo todo, es indudable para mí. Un ejemplo: Cuando me convertí en madre ignoraba muchas cosas acerca de la crianza. No tenía gran idea, o ninguna casi. Así, pensaba que si se me daba bien dar el pecho a mi hijo, lo haría, pero si me cansaba o me costaba, el biberón estaría ahí sin más dilación ni espera. Tanto es así, que el mismo día que parí a mi hijo ya me aseguré de tener leche de bote en casa. No conocía los beneficios de la leche materna ni los ingredientes sospechosos de la leche de bote. Ni muchas otras cosas, como la relación entre lactancia y vínculo madre hijo, hormonas, etcétera.

Así que cuando empecé a comprobar lo cansado que era despertarme por las noches para dar el pecho a mi hijo, una noche decidí acabar con eso y cambiar al biberón. Decían otras madres que así el niño dormiría más horas, y además el padre podría compartir ese "trabajo" conmigo. Pero entonces ¿sabéis lo que pasó? Que vinieron los ángeles casi que para suplicar que no destetara a mi hijo, o que no lo hiciera tan pronto al menos (El niño tenía solo un mes y pico...) 

Yo protesté. "Es que es muy cansado", les decía. Ellos me respondieron que no tenía NI IDEA de la cantidad de amor y beneficios "en la energía" que mi hijo tenía si le daba el pecho. Que existía una etapa tras el parto que era como un tiempo en el que un bebé "se completaba" en la energía con la energía DE SU MADRE, y que eso se podía vivir de manera "ideal" si se le daba el pecho "con amor" (Obviamente, sin amor no funcionaba igual) Que aunque con el biberón se podía lograr algo así, costaba muchísimo más, y además se mezclaban energías "externas", mientras que el pecho de una madre era algo que pasaba 100% desde su interior, desde su ser. "No solo es la leche materna, es el amor y son tus energías. Es tu herencia como ser espiritual, incluso, lo que letransfieres a tu hijo si le das el pecho con amor".

Yo lloré, porque me transmitieron algo muy profundo. Así que me dije: "De acuerdo, no voy a destetar aún a mi hijo, pero sigo estando muy cansada, no sé si voy a poder con tanta falta de sueño". Entonces los ángeles me dieron el mismo consejo que luego he leído en muchos grupos de madres: "Esto sólo es una etapa pasajera. Piensa que este tiempo va a pasar, pero lo que le des ahora a tu hijo, permanecerá con él toda su vida".

Hoy sé que la ciencia médica explica lo mismo que me dijeron los ángeles, sólo que con otro lenguaje. Pero en su día yo desconocía eso. Simplemente me fie de los ángeles. Tuve la enorme suerte de haber aprendido años antes a sentirles desde mi cuerpo, de otro modo hubiera destetado a mi hijo y hubiera hecho muchas otras cosas con él de las que hoy, sabiendo todo lo que sé, me habría arrepentido. Por eso cuando alguien me pregunta cómo aprender a ser madre, o cómo prepararse, pienso que lo más importante, lo primero, es aprender a sentir el cuerpo. Sanar el cuerpo. Sanar las emociones. Lo demás irá llegando.

La visión de los ángeles (los que yo oigo, al menos) sobre la lactancia queda expresada en estos versos que me cantaron/contaron hace 2 años, para que yo, como "emisora de radio" los difundiera a través de mi antena. Están incluidos en el libro "El Camino de las Flores" (edit. Amatista), son versos de una energía angélica que dijo ser o venir "de Gabriel" y dicen así:


EL PECHO DE UNA MADRE

El amor de la madre fluye especialmente por sus pechos,
pues estos son flores abiertas
en las que se refugia el hijo.
Flores en las que el niño liba,
como un colibrí,
vuestro néctar, feliz.

 

Dar el pecho es más que dar leche: es dar el alma.
Dar el pecho es nutrir con un amor que durará toda la vida.
Dar el pecho es contribuir a construir,
en el interior de ese ser,
un Hogar Sagrado capaz de albergarlo pase lo que pase,
y esté donde esté, hasta su muerte.

¡Que vuestros pechos florezcan!
Volcamos sobre ellos nuestro amor,
porque os amamos a vosotras
y porque amamos a los pequeños colibrís.

¡Alegría, alegría!
Dejad que los niños duerman en el jardín florido del pecho de su madre
y no os preocupéis por el mañana,
pues, de ese amor, toda posibilidad nace,
y una paz secreta perdura, pase lo que pase.

No arrebatéis a vuestros hijos del jardín florido,
si no es por fuerte necesidad o emergencia.
Dejadlos que vivan entre flores mientras puedan,
ya tendrán tiempo de descubrir el mundo con sus guerras.

Jardines maternales, rosas exuberantes,
no os avergoncéis más por vuestro apego florido
a los pequeños pajarillos.

Con leche o sin leche,
dar el pecho es más que “dar comida”.
Es -insistimos- dar el alma
y proporcionar, a vuestros hijos,
la secreta permanencia de vuestro amor,
algo que les acompañará,
pase lo que pase, hasta la eternidad.

Benditas seáis, madres.

 
(Arriba, pintura de Léon Fréderic)


sábado, 2 de noviembre de 2013

La sopa intoxicada y El Juicio del Alma sobre la infancia.

(Pintura de Vadin Chazov)

Se necesita la poesía para poder afrontar lo que quiero decir, para poder asumirlo y procesarlo. La poesía de Walt Whitman, que da en la diana (los subrayados son míos):

"Erase un niño que se lanzaba a la aventura todos los días,
y en el primer objeto que miraba y aceptaba 
con asombro, piedad, amor o temor, en ese objeto se convertía,
y ese objeto se hacía parte de él durante el día o una parte
del día...O durante muchos años o largos ciclos de años.
 
Las primeras lilas se hacían parte de este niño, Y la hierba y el dondiego de día, blanco y rojo y el trébol, blanco y rojo, y el canto del febe,(...)
Y los brotes de abril y de mayo se hacían parte suya... los retoños del grano en invierno, los del maíz amarillento y las raíces comestibles del huerto,(...)

Sus mismos padres, el que había impulsado la sustancia paterna durante la noche y lo había engendrado, y la que lo concibió en su útero y le dio a luz... ellos dieron a este niño más que eso, 
le dieron después cada uno de sus días... se hicieron parte suya.

La madre en casa poniendo plácidamente los platos en la mesa para la cena, 
la madre de palabras dulces... el gorro y el camisón limpios... 
su persona y ropas exhalando un olor sano cuando pasa;

El padre fuerte, seguro, viril, mezquino, colérico, injusto, 
el bofetón, la palabra rápida y violenta, el pacto estricto, la persuasión astuta, 
el trato familiar, el lenguaje, la compañía, los muebles... 
el corazón anhelante y henchido, el afecto que no será denegado... 
La sensación de lo que es real... la idea de si, en definitiva, todo será irreal, 
las dudas diurnas y las dudas nocturnas... 
el sí y el cómo extraños,

Si lo que parece ser así es así... o si no son más que destellos y manchas. (...)
El filo del horizonte, el cuervo marino en vuelo, la fragancia de la marisma y el cieno de la playa,
Todas estas cosas se hicieron parte de aquel niño que se lanzaba a la aventura todos los días y que se lanza ahora y se lanzará a la aventura cada día,

Y todas esas cosas se hacen parte de aquel o de aquella que ahora las lee atentamente."

(Walt Whitman, "Hojas de Hierba", 1855)

Lo que me gustaría decir es que somos porosos. Desde que somos concebidos hasta que morimos, somos seres permeables al entorno, y también reactivos al mismo. El entorno no sólo nos moldea debido a nuestras reacciones hacia el mismo (reacciones conscientes y deliberadas, o por el contrario inconscientes y automáticas), sino también debido a que se nos mete como por debajo de la piel. Porque lo olemos, lo respiramos, lo comemos, lo absorbermos.

De hecho, lo que sucede con la biología del cuerpo está relacionado y tiene un paralelismo con lo que sucede en nuestra energía y en nuestro psiquismo. Si la contaminación física del entorno puede afectarnos físicamente, esto también lo hace otra clase de toxinas a las que podríamos llamar psíquicas. Y viceversa: un aire saludable puede sanarnos, o al menos conservar nuestra salud en buen estado. Las partículas del aire que respiramos, del agua que bebemos o de la tierra en la que cultivamos nuestros alimentos, terminan formando parte de nosotros físicamente. Pero en el mundo de la energía sutil, en el mundo espiritual y en el mundo psíquico, se cumple la misma ley: no somos impermeables al entorno.

Y esto es aún más cierto para el niño. Un adulto puede discernir y elegir qué alimentos tomar, descartando sustancias nocivas, puede elegir escapar de un entorno altamente contaminado, o al menos paliar o contrarrestar los efectos nocivos de determinadas sustancias, pero el niño no. Del mismo modo, en términos psíquicos y/o espirituales, un niño está igualmente expuesto a la "contaminación", y es, de hecho, más permeable a la misma que cualquier adulto poseedor de un mínimo sentido crítico o cierto discernimiento. Los niños, sí, rechazan instintivamente algunas energías/contenidos del entorno porque les producen repulsa, incomodidad o desasosiego, pero este incipiente "instinto de discernimiento" es muy embrionario y por esa razón pueden ser engañados por las apariencias, o confundidos por un ambiente saturante.

Si ni siquiera el instinto animal es infalible, y nos encontramos con animales "engañados" por cebos y trampas, o por los mismos plásticos que inundan la naturaleza y que ellos devoran, creyendo que son comida, ¿cómo vamos a creer -con fe ciega- que el instinto de nuestros hijos va a salvarles de "ingerir" contenidos dañinos, ya sean materiales o energéticos? Así, un niño puede aficionarse a la comida basura porque ésta "engaña" a su inteligencia instintiva innata; pero también puede ingerir una nube de energía emocional agresiva y violenta del entorno, si ésta adopta una forma seductora o engañosa.


(pintura de Vadin Chazov)

Pero el poema de Walt Whitman señala algo más profundo y doloroso: la coexistencia, en un mismo punto del espacio y el tiempo, de dos energías de mensaje antagonista que inciden sobre el niño. El poema habla de una madre "sana" y bondadosa, y de un padre injusto, iracundo y golpeador, pero podría ser a la inversa, o también podría tratarse de otras figuras de autoridad, cuidadoras y referentes del niño. Sea como sea, el asunto es que, en un mismo punto espacio/ temporal, un niño se ve expuesto a una energía benéfica y a una dañina; a una energía amorosa y a otra dominada por el miedo y la agresividad.

¿Qué sucede, entonces? Comparemos este binomio "educativo" con un plato de sopa que el niño se come, y que incluye, entre sus ingredientes, cosas nutritivas junto con otras tóxicas. No le es posible, a nadie y menos a un niño, abrirse y cerrarse al mismo tiempo. Si comes, comes todo lo que hay en la sopa. Si no la comes, no comes nada en absoluto de la misma. 

El asunto es que si descartas la sopa por tener componentes que tu ser rechaza, no ingieres tampoco los que tu ser necesita y anhela. Cuando en tu crianza inciden, desde una misma fuente (por ejemplo, los padres o la escuela) lo amoroso y compasivo junto con lo frío, brutal e injusto, no puedes cerrarte a lo uno sin dejar fuera también lo otro. Y, como generalmente la necesidad de "comer" (y de ser cuidado, atendido y amado) es más imperiosa que la repulsión a ciertos elementos, los niños suelen aceptar todo el pack. Lo cierto es que rara vez tienen alternativa, por no decir nunca. Sólo en casos de extremo maltrato un niño elige rechazar todo ese conjunto, lo cual implica elegir la muerte. Se deja morir de manera indirecta, como por "inanición", o se quita la vida directamente.

Dependiendo del grado de toxicidad de la sopa envenenada que muchas infancias ingieren, los resultados se perciben a corto o largo plazo, y su intensidad varía. Pero, sea como sea, no se puede negar la intoxicación, el daño. Muchos adultos esgrimen como argumento defensor de la crianza "convencional" el tópico "A mí también me pegaban y no me ha pasado nada, no estoy traumatizado". 

Bien, tal vez su organismo fue más fuerte que el de otros, o tal vez el grado de intoxicación fue menor, o incluso puede que algunas otras vivencias hayan ayudado a esa persona a "desintoxicarse", o al menos a contrarrestar los efectos de los elementos perniciosos incluídos en su pack "educativo". Ahora bien, de ahí no se puede concluir que éstos sean inocuos. La ira desatada contra un niño siempre es dañina, al margen de lo evidentes que resulten sus efectos. 

¿Y porqué la ira y la agresividad son dañinas, y no sirven (tal y como algunas personas sostienen) como otra forma de amor, un amor "severo", pero "necesario", según el cual golpear a los hijos o gritarles cada dos por tres es bueno, pues "los educa"? Pues porque el amor se relaciona con todo un funcionamiento hormonal, psíquico y espiritual, y la agresividad iracunda con otro. Cuando sientes amor, y cuando te sientes amado, tu energía se expande, tu cuerpo se relaja y se vuelve receptivo al otro. Sientes deseos de dar, pero también te vuelves, de manera instintiva y automática, capaz de recibir. Esto se relaciona con una apertura en todos los niveles, desde el físico al espiritual. 

En cambio, ante actitudes carentes de empatía y llenas de agresividad e ira (gritos, burlas sarcásticas, amenazas más o menos veladas) uno se pone, irremediablemente, a la defensiva. La energía corporal, emocional y espiritual se retrae y contrae. El ser se cierra porque, con toda razón, quiere protegerse de eso, pues lo percibe dañino, demasiado duro y cortante, agresivo, doloroso.

Entonces, y volviendo a la poesía de Walt Whitman, un niño que es criado con dosis mezcladas de amor y agresividad, se ve enfrentado a un problema de funcionamiento interno: su instinto le exige cerrarse y al mismo tiempo abrirse; aceptar y al mismo tiempo rechazar la energía (y el trato, y la persona) que tiene delante. En otras palabras: estamos ante una sopa envenenada, pero ¿qué se puede hacer cuando ésta es toda la comida que se tiene? 

Lo dicho: generalmente, los niños tarde o temprano se abren y "comen" o absorben lo que hay. Lo hacen a desgana, y de hecho aprenden a permanecer con la energía "abierta" o receptiva pasando por alto las señales evidentes de alarma o rechazo que su cuerpo les envía. Con el tiempo, la mayoría se acostumbran a este modo de funcionar, a este "estar abierto aunque no se quiera", lo cual se vuelve tan habitual para ellos que se convierte en algo inconsciente.

Estos niños crecen y, siendo adultos, o bien han aprendido a cerrarse a todo (entrando en insensibilidad), o bien siguen abriéndose a todo, de manera excesiva. Literalmente ni seleccionan, ni disciernen. Se convierten en esponjas excesivas, en personas más permeables que la media. 

Un ser humano es poroso de manera "natural", pero esta permeabilidad tiene límites. Tenemos piel, existe una barrera que filtra el tránsito de contenidos entre nuestro ser y el entorno, por el bien de nuestra salud. Pero cuando un ser ha vivido en la infancia un maltrato mezclado con "buen trato", y sobretodo si esta mezcla ha sido especialmente intensa, se convierte en alguien incapaz de poner límites o de filtrar, a través de su piel invisible ("La piel del alma") los contenidos psíquicos externos, las energías, e incluso los pensamientos e ideas ajenos.

Las heridas abiertas de la infancia se convierten en brechas a través de las cuales toda clase de contenidos externos pueden entrar y salir, sin orden ni discernimiento, de un ser humano. Y lo peor es que, a través de estas fracturas del ser, también se cuelan lo que podríamos llamar "infecciones oportunistas", energías sutiles dañinas equivalentes a virus o bacterias. 

(pintura de Vadim Chazov)

Estos seres humanos "rotos", con la piel abierta, viven un gran sufrimiento interno del cual intentan evadirse, precisamente, dejando de "sentir", porque lo que sienten les supone demasiado dolor. Así que viven entre dos extremos: sentir demasiado y sentir demasiado poco; acorcharse, acorazarse tras una placa de insensibilidad, y sentir demasiado intensamente las cosas...

Para restaurar este desequilibrio, esta herida, hay que vivir una purificación interna en la cual se pueda expresar lo que verdaderamente se sintió (y se siente) con algunas heridas. Ha de ser posible llamar a las cosas por su nombre, porque si no puedes decir, reconocer, o incluso gritar "¡Me han cortado, estoy sangrando!" no podrás reconocer tampoco que "eso" es un daño que hay que sanar, ni desde luego curarlo. 

Y es que para recibir una medicina, el primer paso es saberse enfermo, y el segundo diagnosticar el daño o enfermedad. Pero si te encuentras atrapado en un sentimiento contradictorio, a caballo entre la fidelidad, apego o incluso devoción hacia un padre o madre que era a veces afectuoso y genial, y la ira y el terror que te suscitaron sus agresiones esporádicas (o habituales), será mucho más difícil que reconozcas el origen de tu dolor. Hacerlo equivaldría, para tu subconsciente, a denunciar a tus padres ante la policía (los médicos del alma, en este caso), algo que te sientes incapaz de hacer porque, como por otro lado ellos eran tan buenos...No quieres perder lo bueno, y entonces no denuncias lo malo ni ante tí mismo.

Así que, en tu tribunal interior, único lugar donde se dirime todo proceso de Justicia autobiográfica, y único lugar donde se vive el Gran Juicio del Alma, tu voz no acertará a señalar al causante de tus heridas, porque es la misma persona que te ayudó en otras ocasiones, te alimentó y te dio cobijo. El Juicio, entonces, no se puede realizar. Se paraliza. Y, en esa parálisis "judicial", pueden transcurrir muchos años...en los cuales no se resuelve nada y, por lo tanto, no se puede producir la gran curación. La curación del alma.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Lo que me dijo el Espíritu sobre porqué el mundo va como va.

(Los Alpes...)
Voy a retomar ahora la onda chamánica (que hace días que no utilizo) para adentrarme en el insondable mundo de los sueños, del Espíritu con mayúsculas.

Hace siete años que viví lo que voy a contar. En esa época yo no había leído libros divulgativos de psicología, pedagogía, ni de psiquiatría y neurociencia infantil. De hecho, aunque ya había oido decir vagamente que era importante prestar atención a nuestra infancia, y aunque también me había encontrado, en mis sesiones de auto-terapia, con mi "niña interior" y reconocía su influencia en mi vida, no consideraba que ésta fuera muy determinante. El asunto infantil era, para mí, sólo un ingrediente más entre muchos otros, y ni siquiera el más importante. Sin embargo...

Un día un amigo me pidió una de mis sesiones de ayuda sanadora, ya que llevaba días con fuertes dolores en la espalda y se encontraba francamente mal. Acepté. Me gustaba bastante hacer sesiones, la verdad, pero es que además en aquella época mi vida era muy ermitaña y estaba casi totalmente enfocada en la meditación, la oración y la sanación interior, la mía y la de otros. Además, aunque a veces me cansaba, al final pesaba más en la balanza todo lo que aprendía y vivía ejerciendo aquello, que el agotamiento que algunos "viajes chamánicos" me producían.

En fin, que nos pusimos en "sesión" y yo empecé a sentir mi espalda dolorida, tensa y cansada, en resonancia con lo que mi amigo sentía. Así que mientras mi amigo se tumbaba en un sofá para no fastidiar más a su quejumbroso cuerpo, yo me tumbaba en el suelo cuan larga era, porque mi espalda estaba sintiendo lo que sentía la espalda de mi amigo. (Este curioso efecto se produce mucho en ciertos caminos chamánicos, pero ése es otro tema)

Era verano y vivíamos en una zona muy calurosa, así que lo de estirarme en el suelo era buena idea porque, de paso, el frío de los azulejos me refrescaba y me resultaba reconfortante. Después, poco a poco fui sintiéndome incapaz de mover un sólo músculo. Una especie de pesadez, o de lentitud, o no sé cómo describirlo, me fue invadiendo, arrastrándome hasta un trance de relajación muy profunda, con unas sensaciones físicas que no eran como las que yo solía sentir. No era la típica sensación que me producía la presencia de los ángeles, o de Anubis, o de otros guías espirituales. Era otra cosa...

Tenía los ojos cerrados y empecé a ver en mi mente una flor de alta montaña, una preciosa pulsatilla de color morado. La flor me pedía que me abriera a su energía, y eso hice. Entonces tuve una visión de cumbres altísimas, y se formó en mi mente la visión de un ave rapaz de gran tamaño. Luego algo me dijo: "Escucha al Espíritu de las Altas Cumbres".

Sorprendida por el novedoso giro que estaba tomando la sesión, pues nunca había tenido contacto con tal "espíritu" (?) presté atención. Sin embargo, me costaba "captar" el contenido del mensaje de aquella ¿entidad?, el Espíritu de las Altas Cumbres, ya que su energía me resultaba muy desconocida. 

Me sentía como intentando sintonizar una emisora nueva, y tardé un rato en realizar el "ajuste" energético o mental necesario, hasta que pude oir, traducido en forma de palabras, lo que aquel misterioso (y gigantesco) pájaro me quería decir. (Porque su tamaño me parecía casi tan grande como el del comedor de nuestra casa)

La explicación vino en forma de un pack condensado de información. Percibí una infinidad de imágenes y sensaciones veloces (en plan videoclip, pero mucho más rápido) que me hablaban de un sufrimiento interno de los niños muy particular, en el cual yo nunca había reparado

Ví que ciertos aspectos de la personalidad infantil, asociados con potenciales muy poderosos, se veían incapaces de "ser" en el mundo, porque nuestra sociedad se lo impedía. Entonces, estos aspectos de cada niño, en lugar de desaparecer, se disociaban del resto del ser y se convertían en formas de energía psíquica que se quedaban viviendo en una dimensión de energía paralela, y diferente a la física que conocemos. Allí estos "aspectos" disociados se reafirmaban en su voluntad de "ser" y construían su espacio o mundo personal, hecho a la medida de sus deseos. Y estos deseos eran un reflejo del potencial reprimido.

Pero lo más doloroso del asunto era que estos "mundos" psíquicos que yo estaba percibiendo no siempre eran precisamente paraísos. Por el contrario, estos aspectos que yo percibía, a veces se encontraban resentidos debido al sufrimiento que les reportaba "no poder ser" en el mundo consensuado, y se dedicaban a intentar influir en nuestro mundo de manera secreta y oculta, sombría, para ejercer a fin de cuentas un poder sobre la materia, sobre los hechos, sobre la gente. Los potenciales negados se convertían a menudo en energías retorcidas y hasta rencorosas, que manipulaban a los vivos para lograr (por la espalda y de manera indirecta) lo que de frente les era negado, porque habían sido rechazados, no habían sido amados.

Por ejemplo, ví escenas de un mundo psíquico de éstos en el cual un niño había desplegado un sin fin de artilugios ingeniosísimos. Era alguien muy inteligente, tanto, que su frustración al no haber podido desarrollar su don de "inventor" e investigador en el mundo "real", le impulsaba a experimentar como un científico, y sin compasión ninguna, con la energía de otros seres humanos, todo en la sombra. 

Así, en ese mundo psíquico, los artilugios inventados eran trampas en las cuales este "niño" disociado atrapaba a otros "aspectos" de la gente y les hacía sufrir, jugando con ellos como si fueran ratas en un laberinto diseñado por él. El resentimiento del niño se enfocaba hacia los adultos, porque los consideraba muy ignorantes, muy idiotas y muy culpables de su desgracia. Disfrutaba encerrándolos en sus trampas oníricas porque, de esa manera, se sentía superior a ellos y resarcía su intensa sensación de impotencia, y de haber sido una víctima del desamor y el "tú no puedes".

Me costó asumir lo que veía, porque yo no creía que los "aspectos infantiles" de la gente, ni aunque se disociaran (un concepto que aprendí entonces, porque yo de psicología no tenía ni idea) pudieran actuar de manera destructiva o dañina para otros. Estaba predispuesta a pensar en adultos locos y crueles, pero no en esa especie de niños interiores viviendo en mundos oníricos que parecían la creación de psicópatas.

Vi otras escenas similares y percibí, en definitiva, cómo con cada don o potencial frustrado, reprimido o ninguneado, un aspecto infantil se replegaba a ese mundo sombrío para hacer de las suyas desde allí. Cada uno creaba ese mundo con su estilo y según sus capacidades. Luego ví que no todos querían ni jugar con los adultos ni manipularlos, ya que todo dependía del tipo de sufrimiento que los hubiera llevado hasta allí. Había muchos mundos psíquicos con niños que más bien querían estar ahí aislados del resto del mundo, entregados a ensoñaciones agradables para ellos solos.

En todos los casos, sin embargo, lo que sucedía era que, al estar tan cerca, en la energía, este mundo psíquico del nuestro, nos influía. Tanto si lo queríamos como si no, tanto si lo veíamos como si no, percibí que éramos constantemente influidos por "lo que no pudo ser" de los niños (¡de nosotros mismos cuando fuimos niños...! Pero también de los niños interiores de la gente de nuestro entorno) Y esta influencia era a menudo un lastre, un problema, una fuente de confusiones, líos, distorsiones, depresiones, o sensaciones extrañas que nadie atinaba a ver de dónde procedían.

Sin embargo, la moraleja del asunto iba mucho más allá de toda esa influencia sombría. El Espíritu de las Altas Cumbres me señaló que la mayor parte del potencial creativo de la humanidad SE PERDÍA y nunca llegaba a florecer ni a dar fruto, salvo, a veces, en esos mundos medio paralelos. 

En otras palabras, casi todas nuestras capacidades creativas se desperdiciaban. Vivíamos, de hecho, muy por debajo de nuestras posibilidades de acción en el mundo material, de manera que si todos esos dones y potenciales creativos estuvieran con nosotros, en lugar de creando y sosteniendo realidades psíquicas paralelas, solucionaríamos SIN TARDAR muchos de los problemas cíclicos o recurrentes de los que no sabíamos salir. 

Nos faltaba energía creadora en acción. La teníamos en potencia, pero estos potenciales rara vez llegaban a "ser", todo porque se segaban o negaban desde la infancia o incluso desde el nacimiento.

Me estaba preguntando yo, toda asombrada e impresionada por lo que veía y comprendía, cómo sucedía exactamente este proceso tan empobrecedor, cuando el ave gigantesca me dijo: 

"Para empezar, rara vez consiguen los niños "nacer del todo" en la sociedad que les acoge. Entonces, y como la energía creativa no se puede destruir, crea un mundo paralelo que permanece comunicado constantemente con éste, pero en la sombra. 

"Y esta es la causa de que el mundo vaya como va
Las cosas van mal porque nunca habéis nacido DEL TODO. 
Crecéis, y con el crecimiento podríais llegar a nacer del todo, reparando el daño y manifestando al mundo todo vuestro potencial, pero rara vez se logra esto por falta de las condiciones contextuales adecuadas. 

"Todo está distorsionado, vivís en la ignorancia y la confusión. 
Para cambiar el mundo, para cambiar vuestro destino, ha de revertirse esta situación y empezar por ayudar a que los niños puedan nacer del todo. 
Y si no se puede ayudar durante el parto, al menos durante la infancia".

Me quedé abrumada por las enormes implicaciones de estas palabras. Además, no tenía ni idea de cómo podía ayudar a que los niños "nacieran del todo". Ni siquiera sabía si yo tenía alguno de esos "aspectos infantiles sombríos", acechándome o acechando a otros seres humanos desde mundos psíquicos paralelos, o viviendo en su propio "planeta" mental, puesto que nunca me había encontrado con ellos. En los meses pasados, había conectado con algo que me pareció que era mi niña interior, pero ahora me parecía que tal vez había más "aspectos" que no había visto.

"Por supuesto que los tienes -me dijo el Espíritu de las Altas Cumbres- Pero el aspecto principal de tu "niña interior" (que se asocia a tu mayor potencial) se ha estado escondiendo de tí. 

"Y es que muchos aspectos infantiles saben que, si son descubiertos, no podrán seguir influyendo al mundo desde la puerta de atrás. Y por eso se esconden. Pero otros se esconden porque ya NO confían en ser escuchados o aceptados. Temen ser censurados, reprimidos otra vez, o incluso castigados. 

"Así que muchos se esconden... Sin embargo, tienen siempre la secreta esperanza de ser reconocidos y valorados algún día, con lo cual basta con desearlo y llamarles para iniciar el camino de encuentro con ellos"

La energía del Espíritu de las Altas Cumbres resonaba muy alto en mi cuerpo físico (la notaba especialmente en la garganta y el entrecejo, casi como si me tocaran físicamente en la frente) pero su mensaje y su perspectiva vital me seguía sobrepasando.
- ¿Qué puedo hacer entonces? -pregunté.
- Puedes llamar a tu niña interior, la que se esconde de tí.
- ¿Sólo la llamo y ya está? -dije yo, que aún no entendía, ni siquiera sabía quién demonios era ese "pájaro", ni qué relación tenía con nuestra sesión de sanación.
- Sí -fue la respuesta.

Lo acepté, acostumbrada a lidiar con misterios y enigmas en las sesiones chamánicas, porque algo en mi interior decía que la información recibida tenía sentido, y merecía la pena intentarlo.

Así que llamé a mi niña interior "huída" y entonces, en mi mente se formó la imagen de una montaña de los Alpes Suizos, el Matterhorn o Monte Cervino. ¡Y supe que mi "niña interior" disociada estaba viviendo allí! Aquel era su mundo, y vivía allí, deambulando por aquellas cumbres de nieves perpetuas. Reía y jugaba entre las rocas, la nieve y los hielos. Estaba acostumbrada al aire frío y cortante de las alturas, conocía al tal "pájaro" y también a la flor, la pulsatilla morada del inicio de la sesión, y a muchas otras flores de alta montaña. 

Mi niña era feliz allí, ese era su "mundo paralelo", o al menos uno de ellos. Y comprendí que la "ausencia" de esa niña, de ese torrente de vitalidad y alegría que percibía en ella, me producía un vacío, una falta de energía, una grisez particular en mi vida cotidiana, de la que hasta el momento no había sido consciente... ¡Ay...!

Pensé que mi niña interior estaría mejor si vivía integrada conmigo, en mi interior, en mi mundo cotidiano. Me pareció "desordenado" que ella estuviera nada menos que en Suiza, mientras yo andaba por la costa tarraconense, pasando calor en aquellos secarrales polvorientos. Pero cuando le pedí que viniera conmigo, me dijo que ella era como una flor de alta montaña, y que esa clase de flores no se adaptan ni aunque quieran y se esfuercen mucho a otro clima, ni a vivir en un lugar como el que yo habitaba, en el cual ¡ni siquiera había "suficientes flores"! 

Y cuando me dijo esto, le asomaron lágrimas a los ojos y yo misma empecé a llorar, sintiendo una nostalgia enorme porque, en el lugar donde yo vivía, "faltaban" suficiente cantidad de flores y mi niña, eso, lo soportaba a duras penas. Tal carencia casi la aniquilaba.

"Si voy donde estás, me marchitaré como un edelweiss en maceta. No podré sobrevivir aunque lo intente, porque soy como soy. Eres tú quien tiene que acercarse a mí. Me tuve que ir porque no fui aceptada. No se trata de que yo decidiera irme por un capricho o cabezonería, es que el rechazo me "expulsó" e hizo imposible mi presencia en tí. Sólo si el mundo adulto me acoge y me acepta tal y como es mi naturaleza y mis necesidades, podré volver".

Me quedé muda ante su lógica respuesta. Luego me dí cuenta de que a mí me sentaba mucho mejor el clima fresco que el cálido, y que las altas montañas me encantaban desde niña. ¿Tendría algo que ver con ella? 

"Claro que sí -respondió- ¿Y ves? Es mejor que tú cambies tus circunstancias y te adaptes a lo que yo soy, que no a la inversa. Porque en el fondo, tú eres un poco yo, y yo soy un poco tú"

"Pero no puedo ir a vivir a Suiza, nada menos que junto al Matterhorn"- dije yo, abrumada por la enormidad que implicaba semejante empresa, teniendo en cuenta que era (soy) pobre y ni siquiera podía (ni puedo) permitirme un viaje turístico fugaz a ese carísimo país.

"Ya lo sé -dijo mi niña interior- Pero si al menos te vas a vivir a un lugar más alto, y montañas a la vista, en el que de vez en cuando nieve (porque NECESITO un poco de nieve), por ejemplo, y donde crezcan muchas más flores, y haga más frío, y esté todo más verde, podré acercarme y volver a tí poco a poco y seremos más felices".

"De acuerdo -dije yo, aliviada- Eso sí puedo intentarlo"


¡Pero el asunto no había terminado! Porque entonces se formó en mi mente la imagen de los Andes, y ví cómo se dibujaba un triángulo de energía que unía a los Andes con los Himalayas y los Alpes, y supe que esa singular conjunción de montañas estaba "al servicio" de esta misión espiritual consistente en ayudar a nacer a la humanidad "niña". Una misión que consistía tanto en sanar a los niños interiores de los adultos, como en ayudar a los nuevos bebés a nacer "mejor"...


El Espíritu de las Altas Cumbres me invitó, entonces, a que permitiera que mi energía se uniera a este triángulo entre Himalaya-Andes-Alpes y lo aceptara como una especie de... estructura o energía guía, protectora y orientadora. 

De algún modo, la energía de esta conjunción terrestre guiaría mi camino, de manera que se me irían presentando, poco a poco, las maneras de "ayudar" en este tema infantil, y podría aportar mi granito de arena a semejante y enormísima tarea planetaria. Yo la percibía descomunal, y me veía a mí misma ínfima y diminuta, pero a fin de cuentas se trataba de alinearse con algo mayor para contribuir a ello, nada más. 

Acepté, y fue como si ese "triángulo" que unía a esas montañas se pusiera en el cielo sobre mi cabeza, o algo así. Sentí mucha energía y de cualidades tan elevadas que casi no la podía soportar. Luego se fue diluyendo todo...

Fue así como tuve noticias, por primera vez, de lo importante que es el modo en que nacemos, cómo somos criados, y las complejas y adversas repercusiones que la represión, estrechez y rigidez social, pueden tener, no solo en la vida de un individuo, sino en el destino de toda la humanidad. 

Lo curioso era, también, aquella asociación entre Altas Cumbres y la ayuda espiritual a la infancia. En su día no lo entendí, pero a lo largo de estos años no he cesado de recibir, cíclicamente, mensajes e informaciones que corroboran esto. Las altas montañas "al servicio" de la Divinidad y La Vida apuestan, lo creamos o no, por ayudar a la humanidad a "nacer", lo cual implica tanto sanar la infancia menoscabada y herida, como ayudar a los nuevos nacimientos y crianzas. 

Las montañas, según me han repetido (de nuevo, últimemente, los guías) van a ser parte de los Guías de la Humanidad en los difíciles tiempos de cambio y tránsito que se acercan. Van a ser un refugio espiritual, pero en muchos casos puede que también sean un refugio físico, y van a ser maestras de maternidad/paternidad, maestras del "ser".

Termino este capítulo diciendo que en el resto de la sesión surgieron pistas acerca del "niño interior" disociado de mi amigo. Su terrible dolor de espalda se debía a una tristeza infantil enorme, escondida y sin sanar. Y aquella sesión fue el inicio de un tiempo en el que él empezó a enfocar este asunto y a acercarse a su pequeño y maravilloso niño olvidado, escondido, huído...y tan, tan triste.

...

(Nota añadida escrita tres años después: Ahora, que vivo junto al Monte Teleno, reafirmo la continuidad de este tema en mi camino chamánico, tal y como he plasmado en mi último libro, "El Camino del Teleno o la Defensa de la Tierra". Mi niña interior se acercó a mí gracias a vivir cerca del Monte Teleno, y se pone muy feliz cuando la montaña, a lo lejos, aparece nevada, en invierno. No digamos con las flores que hay en esta tierra. Este lugar no es "el ideal" para ella, pero ya es muuuuucho mejor que el anterior lugar donde vivía. Trasladarme aquí me ha ayudado a encarnarme más, y mejor)