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martes, 12 de mayo de 2020

Raíces espirituales de Europa



8 abril 2018

Cada vez que leo cosas del tipo "las raíces Europa están en el cristianismo" un montón de muertos precristianos se remueven en sus tumbas, y los puedo sentir. Indignación, enfado, tristeza, frustración.

Las raíces se supone que son los orígenes, lo más profundo, de manera que todo ese discurso de "hay que dar relevancia al cristianismo porque son nuestras raíces" no es exactamente cierto. o no es toda la verdad. Sí se puede decir que hay una parte de raíces cristianas, pero son solo parte, y además de las últimas. Los cristianos llegaron a Europa cuando este continente llevaba miles y miles de años habitado por una gran diversidad de otras culturas. Y si alguien me dice que lasraíces de Europa son romanas, o griegas, le diré que comete el mismo error que los otros. No, señores, las raíces de la conciencia de los habitantes de este contiente NO son TAN RECIENTES.

Si nos fijamos en qué cosas hacen que un primate pase a ser "un ser humano" podemos decir sin lugar a dudas que una de estas cosas es el sentido artístico, el adorno personal, la creación de arte. Entonces, los primeros humanos que habitaron este continente y que desarrollaron en él su conciencia y su sentido de identidad (pues seguro que algún sentimiento identitario tuvieron, a su manera) fueron los creadores de las pinturas rupestres y todo el arte parietal que hoy encontramos. Un arte que además, posee un estilo propio, con temas recurrentes y motivos que se pueden encontrar en todo este continente (como las figurillas femeninas, por ejemplo)

De manera que las raíces de la conciencia de los humanos europeos no son cristianas, ni romanas, ni griegas, ni bárbaras. Hay que buscarlas en los bosques y las cuevas. Luego ya, desde ahí, podemos ir siguiendo el curso de crecimiento del árbol, y vemos como hay cambios en la población, y añadidos, y mezclas, y podemos añadir a la lista las raíces de todas las tribus pre romanas celtas, nórdicas, germanas, etc; las raíces griegas; las raíces romanas; y solo a partir de ahí, entonces sí, podemos añadir las raíces judías y las cristianas, pues fue a través del imperio romano que estas religiones llegaron a los últimos rincones de Europa. Especialmente la cristiana porque, al contrario de los judíos, los cristianos estaban llenos de proselitismo misionero.

Para el cristiano, es necesario y casi obligado, difundir su religión, para que todos puedan ver la luz o ser "salvados". Para el judío, cada persona nace donde nace y debe adscribirse a la religión de su contexto. La religión de los judíos es para los hijos de madre judía (al loro, porque la de la madre es la que importa más) y para contadas "almas" que por algún misterioso designio, Dios llame a ser judías, pero en todo caso no es algo para atraer a otros, sino muy personal. De manera que es debido al proselitismo cristiano, que pudo cabalgar a lomos del Imperio Romano (como religión oficial del imperio a partir del siglo IV) y sus sucesores, que el cristianismo llegó y se impuso prácticamente en todos los pueblos europeos. De ahí a decir que nuestras raíces son cristianas, hay una larga historia por contar.

Ahora bien, si uno quiere conocer a sus ancestros y la cultura sobre la que está subido o construido todo esto que hoy llamamos Europa, sin duda es necesario conocer todas estas cosmovisiones de creencias e ideas, asociadas a las distintas culturas que he dicho: pre-romanos (con su diversidad), griegos, romanos, cristianos, judíos, los musulmanes que llegaron después y también dejaron su huella y pobladores, y etc, etc, hasta el día de hoy.

Muchos hemos crecido en familias cuyo catolicismo se remonta a siglos, y sería de tontos pensar que podemos entender a nuestros antepasados sin entender sus creencias, su cultura cristiana. Y esos antepasados son parte de nuestras raíces, perio como digo, no todas. A la que permites que aflore en tu ser todo lo que cargas, no vas a tardar en encontrarte con los ancestros judíos, musulmanes, gitanos, pre romanos, etc. Y si sigues tirando del hilo, puede que te pase como a mí, que acabes en los bosques sagrados originarios y en las cavernas, sintiendo lo que de veras es la raíz final. El momento en el que aquellos humanos empezaron a hacer cosas que nos definen como humanos. Enterrar a los muertos. Ritos fúnebres. Adornos corporales. Pinturas en las rocas. Figurillas. Armas. Herramientas.

Si alguien quiere conocer las raíces originarias de los pueblos europeos, entonces deberá llegar hasta las raíces en lugar de detenerse a medio camino. Y si alguien, desde otro continente y cultura, piensa que el europeo sólo puede ser como parece estar siendo en los últimos siglos, pues podría estar equivocado. Porque si en algún momento, suficientes personas conectan con sus raíces y sanan sus cuestiones ancestrales, podrían llegar a tener una perspectiva de la vida MUY distinta a la del Imperio y los imperios. Tan distinta como para sentir las rocas terrestres como al cuerpo de una Madre, y la oscuridad (de las cuevas y la Noche) como algo sagrado, y como para querer vivir en los bosques y cuidarlos como si fueran la viva imagen y representación de Lo Divino creciendo, multiplicando la vida, siendo la vida y al mismo tiempo sustentándola.

Acompaño esto de un vídeo que expresa mil veces mejor que muchos templos recargados y pomposos, el espíritu de sacralidad que vivieron nuestros ancestros europeos, y que aún puede sentirse en los últimos espacios libres y salvajes de este continente.

Atravieso las capas de cultura cristiana de la historia, pero mi destino no es detenerme ahí, sino unir el Fin con el Principio. Reseguir el hilo de la conciencia que late en mi ser, amando y conociendo sus meandros y ramificaciones, pero volviendo hacia el final...que es el Origen. El Origen del que habla el Génesis, por cierto. Porque al final los creadores de las religiones del mundo, todas, han hecho lo mismo que estoy haciendo yo: ir hacia lo hondo y describir como han podido la conciencia, su origen y sus expresiones.

viernes, 30 de marzo de 2018

Vírgenes Abrideras y Matriarcado.


(Post de mi muro del face, en respuesta a una controversia en otro muro)

Imaginemos que debido a cataclismos y al paso de las eras, se destruye mucho todo, todo, excepto algunos restos que quedan preservados casi por casualidad, en un rincón privilegiado que no ha vivido tanta devastación. Imaginemos que entonces algún arqueólogo del futuro encuentra, escondidas y fuera de su contexto, estas imágenes que comparto. Son "Vírgenes Abrideras", un tipo de escultura medieval que representa a María como "Madre de Dios", y reina y madre de todos.


En base a estas tallas, bien podrían interpretar los arqueólogos del futuro hipotético (si no tuvieran muchos otros datos sobre la sociedad medieval) que, en Europa, se vivió un matriarcado, porque mira, ¿ves?, se adoraba a una especie de Diosa Suprema. 


Solo si los estudiosos del futuro consiguieran unir estas imágenes con otras, y si además pudieran obtener muchas otras informaciones sobre el modo de vida de los europeos medievales (textos escritos, etc), podrían entender que la cuestión no es tan simple. Que, efectivamente, hubo un culto a la Madre (a través del culto a María, llamada Nuestra Señora), pero que, en realidad, esto coexistía con la idea de un dios creador que era "imaginado" por los cristianos (religión dominante) como algo más masculino que otra cosa. 

Además, las sociedades medievales de este continente eran muy variadas y, aunque en algunas de ellas la mujer tenía cierto poder, en general los hombres dominaban mucho más la esfera de lo público. Así que en muchos lugares donde se veneraba a estas mismas imágenes, las mujeres estaban sometidas en muchos aspectos.

Así que si esto sucedería con imágenes tan recientes en la historia como las medievales, ¿cómo podemos afirmar sin ninguna duda, y de manera tajante, que las figurillas de mujeres prehistóricas significan que hubo un matriarcado, o culturas "solo matrísticas"? 

Peor aún: ¿Cómo asegurar cosas tan pilladas de los pelos y arriesgadas como decir que los hombres "aun no conocían su papel (como elemento masculino y fecundador) en la reproducción"? Porque si hasta los primates SABEN distinguir entre su prole y la de otros machos, y atacan a veces a los hijos de otros machos (es decir, instintivamente saben que fecundan a las hembras) no se puede asegurar de manera tan tajante que el hombre humano pudo pasar por una etapa de no saber ver las consecuencias de tener sexo con una hembra.

Se ha repetido mucho que la existencia de estas figuritas femeninas prehistóricas es signo de matriarcado porque, además de lo que representan ellas mismas, algunos textos dicen que "no hay  representaciones de escenas sexuales, ni de sexo masculino". 

Pero esta afirmación va quedando desmentida a medida que se encuentran nuevos restos arqueológicos. Puede que "antes" pareciera que esa afirmación era cierta, porque todavía no se habían descubierto suficientes restos prehistóricos, pero todo va quedando cuestionado conforme se avanza en el hallazgo de nuevas piezas y vestigios. (Ver foto)


Así que ya tenemos falos de piedra (y bastantes). Ya tenemos escenas sexuales apareciendo en cuevas prehistóricas. Ya tenemos imágenes rupestres (grabados) de hombres en estado de erección. Con lo cual...en lugar de afirmar de manera rotunda cosas que no sabemos ¿no sería mejor plantearlo solo como hipótesis, mientras se continua excavando y reuniendo piezas?

(Abajo, escena sexual de figuras antropomorfas con cabeza animal, que ha sido llamada "la Venus y el Hechicero", en la cueva de Chauvet, Francia)

(Abajo, otra imagen prehistórica de temática heterosexual, esta procedente de Serra da Capivara, Brasil)


Y en todo caso ¿tanto "nos" importaría si hubo o no matriarcado, o si no hubo ni una cosa ni otra? Es decir: a efectos de luchar para mejorar lo presente, no nos debiera afectar tanto lo que vivían los humanos de la prehistoria. Porque no somos "ellos". Y además, somos seres creativos y razonantes y se supone que, si nos lo proponemos, podemos introducir cambios en la historia y nuestra realidad, si vemos que algo nos está haciendo daño.

En fin, ahí queda eso. Observad las imágenes de Vírgenes Abrideras. ¿No "parecen" imágenes de "La Diosa" conteniendo a todo, y dando lugar al "Dios masculino" (que sería, según esa interpretación VISUAL, posterior a Sí Misma) y al resto de "almas" y seres? Pero SABEMOS con datos, que en la época en que estas imágenes se hacían y que además se VENERABAN, la situación de las mujeres en general, NO era la de las imágenes veneradas. 

Lo comparto sólo para reflexionar (extrapolándolo a lo prehistórico) sobre lo difícil que es pensar, desde nuestro ahora, culturas de no solo hace siglos, sino incluso milenios. Decenas de miles de años.

 

lunes, 15 de agosto de 2016

La búsqueda (religiosa cristiana) de La Madre

(Arriba, imagen de la "Virgen Blanca", en la catedral de León)

La búsqueda de LA Madre en mi interior me viene desde niña, aunque yo entonces no sabía identificar mi pasión por las imágenes de María con esa búsqueda o impulso de encontrarme con LA Madre, conectar con Ella, entender algo...recibir ese amor incondicional pero también unirme a su corriente de amparo y cariño hacia la vida y hacia el mundo.

Rebuscando entre las cajas de mis viejas pertenencias que se guardan en el pueblo de mi madre, encuentro mi viejo álbum donde guardaba la colección de imágenes de María...O sea, en mi comprensión de hoy: imágenes de LA Madre. Me produce ternura y me conmueve encontrarme con esta colección de fotos, postales, estampas...Algunas con valor artístico, otras casi feas o directamente ñoñas y horteras, pero todas ellas expresando diversos aspectos de la maternidad, amparo, cuidado, cariño...
                                                       
¿Cómo podría burlarme hoy, desde mi ser adulto, de las imágenes de María que guardé, si fueron lo más maravilloso para la niña que fui­, su salvación frente a pesadillas y terrores nocturnos, la certeza de que existía algo mayor que nuestras pequeñas y asfixiantes vidas, y un gran amor maternal en alguna parte, esperando ser encontrado y aceptado...?

Nunca podré unirme a las corrientes que se burlan de María, o de sus imágenes, o que desprecian y atacan las creencias de otros en Ella. Entiendo las mofas, y la ira: son la expresión de la rabia rebelde de personas que han sufrido a causa de la religión y necesitan sacar eso afuera y además quieren reivindicar otra cosa. Pero cada uno ha de ser fiel a su verdad íntima y yo soy fiel a mi niña interior y su verdad. Y veo a las niñas que, estos días, van a las procesiones o salen de misa y, aunque detesto la estructura de poder eclesial y ya no soy católica, ni de misas, ni de "curas" (y tengo también mi rabia y mi ira hacia la iglesia), me conmuevo con esas niñas, porque me veo a mí­.

Y no puedo, ni quiero odiarme en retrospectiva por ser "esa clase de niña" que llevaba orgullosa un lazo en el pelo, un vestido de volantes, y rezaba con fé total a un trozo de piedra con rostro de bondad. Ya he tenido bastante odio en la vida. Y sufrimiento. Por ser así, o por ser asá. 


He estado, de hecho, en los 2 extremos (credulidad infantil total, y cinismo escéptico casi ateo) antes de ser lo que soy ahora. Así que ya sé lo que es recibir burlas y desprecio por parte de ambos lados. Por creer, o por no creer. Por ser "beata" (insulto a las creyentes) o por ser "puta" (insulto a las progres-liberales promiscuas). Y qué más dá, al final todo es odio. Y tan inútil.

Mi niña y sus postales de Marí­a... Mi niña como el pequeño niño androide protagonista de "Inteligencia Artificial", (peliculón, 100% recomendado) rezándole a una imagen de aspecto femenino y bondadoso, creyendo en su poder aunque sea sólo un trozo de escayola coloreada en modo kitsch. Porque yo estaba convencida de que un dí­a me encontrarí­a con La Madre, que me acogería bajo su manto, pegadita a su cuerpo, y luego me unirí­a a Ella y ya está. Eso sería la felicidad, no habría más problemas, ni angustias...

¿No es eso, al final, lo que han deseado millones de creyentes en la larga historia del cristianismo europeo? ¿Acaso no están todos los pueblos y ciudades poblados de iglesas y ermitas con su correspondiente imagen de María debido al insaciable e infinito deseo de MADRE? 

Hubo un tiempo en que yo detestaba todo lo religioso. Hoy no me molesta vivir en un territorio sembrado de imágenes que me recuerdan que, el gran anhelo secreto de mi amada tierra Europea, en su aspecto más antiguo, genuino y salvaje, la gran vocación sin realizar o culminar todavía, es regresar a LA Madre. Volver a las cuevas sagradas donde la "Señora" se aparece y bendice vidas y vientres, a las fuentes y los árboles sagrados donde Ella pone su pie, a las montañas donde Ella vive... Europa desea ser "La Tierra de La Madre" otra vez.

Delante de nuestras narices, miles de imágenes muestran que no hay deseo mayor en esta tierra y sus gentes, que volver a LA Madre. Desean devolverle a ELLA su lugar, su trono, su espacio. Reconvertir esta tierra en sagrada otra vez (como realmente lo es), sin "necesitar" psicológicamente que una religión estructurada de origen foráneo e imperial le dé a la gente el "permiso" para sentir o decir que ELLA sigue estando aquí. Que la tierra continental de Europa sigue siendo SU tierra. Que las cuevas, los manantiales, los bosques, la vida, es SU vida, su rastro, su presencia.

Las religiones estructuradas pasarán. La estructura católica pasará. Pero LA Madre no. Ella seguirá aquí, independientemente de cómo la pinten, la vistan o la vean. Cualquier religión extranjera, sea antigua o de nuevo cuño, que se desee "imponer" o extender por Europa, será infiltrada desde dentro por LA Madre, tal como una vivienda construída sobre un manantial, acaba viendo aflorar el agua por sus paredes. 

Porque esta tierra lo lleva en sus venas. La Tierra continental Europea es parte de su jardín, y ES su cuerpo. Por eso se aparece aquí y allá, independientemente de las creencias que tenga la gente. La Madre ya estaba en Europa antes de que aparecieran por aquí los cristianos, ha seguido estando después de la implantación de su religión, y seguirá estando cuando todo cambie y tal vez otras creencias dominen el escenario. 







lunes, 1 de agosto de 2016

Para sanar a Europa.

(Arriba, pintura de Marlis Laduree)
 
Mi camino espiritual y chamánico siempre ha estado estrechamente vinculado a la escucha de la Tierra y la sanación de diferentes aspectos de la misma, como por ejemplo el vínculo del ser humano con Ella. Es una relación profunda, desde el corazó (centro del pecho) y siempre inspirada por energías que identifico como más sagradas. Así, he vivido sueños y visiones internas con la Tierra como ente global, pero mi sorpresa fue grande cuando las visiones y "voces" internas me fueron conduciendo hacia la contemplación de lo que podríamos llamar "Tierras Locales" que, como sucede con las partes de un cuerpo, a pesar de formar parte de un unico "todo", cada una tiene diferentes tonos, caracteres o acentos. Y cada una tiene su historia particular y sus historias.

Así, a lo largo de los años, fruto de las sensaciones internas surgidas en trances de oración y sueños, se me ha ido formando una perspectiva muy particular acerca de la esencia espiritual de la Tierra Local que es el contiente europeo. Y se ha ido despertando en mí un sentimiento de identidad profunda asociada a ser "hija de Europa" en una parte de mi ser, aunque también y por supuesto sea hija de la Tierra global y luego, de las diferentes Tierras Locales de España. Pero es que esto de las "tierras" , territorios o paisaes tiene su miga.

Como en otras partes, la tradición espiritual europea GENUINA u "originaria", enseñaba y sanaba a través de narraciones. Europa es tierra de miles de cuentos, de mitos y leyendas en profusión portentosa... Tal vez por eso, cuando en los trances se me han indicado caminos para sanar el sufrimiento que la Tierra continental Europea tiene enquistado, todo ha surgido en forma de historias y mitos. Y eso es lo que puedo compartir. Tomad este escrito como una narración alegórica destinada a hacer vibrar verdaderes profundas, nada más.

...

Los que crearon la bandera de Europa no supieron conscientemente que estaban reflejando la verdad de la esencia de este continente: la unión de las estrellas con la Tierra. Porque desde una perspectiva mítica (pero también energética) Europa, en su esencia, es como una mujer "amada de los dioses" del Cielo. Una mujer coronada de estrellas...

Algunos mitos reflejan esto, aunque si es cierta la perspectiva que yo he recibido, no han sido bien interpretados. Europa, en el mito griego, era una mujer "raptada" por Zeus, dios celeste, pero ésto no debe interpretarse como un rapto forzoso, en plan violación machista, sino como un "rapto" en el sentido ANTIGUO del término: trance de éxtasis, arrobo, elevación. ¡Es muy interesante rastrear el significado original de las palabras, y darse cuenta de que el cambio de un término puede cambiar por completo el sentido de una leyenda!


Europa sería, entonces, como una mujer o entidad terrestre femenina que recibe la visita del Cielo y entra en éxtasis espontáneamente. Se produce una unión orgásmica-espiritual de la Tierra (simbolizada como una mujer) con el poder fecundador del rayo del Cielo (simbolizado por Zeus y sus "rayos", nada que ver con el personaje vulgar en que se convirtió luego, en la mente humana) 

El hecho de que Europa cruce el mar Mediterráneo a lomos del toro, es otro poderoso símbolo de las aguas salvajes y repletas de vida, de la fertilidad de esa unión, que lejos de ser "seca" o árida implica un viaje fantástico y victorioso cruzando un mar maravilloso. Aquí el toro-Zeus simboliza la fuerza capaz de vencer obstáculos y de cruzar "mares" , pasando de un mundo a otro, de una dimensión a otra, de una etapa vital como "tierra/mujer" sola y sin frutos, a una etapa de mujer/reina que da vida en abundancia. Porque la leyenda cuenta que el "toro" dejó a Europa en Creta, donde tuvo 3 hijos fruto de esa unión, y donde terminó siendo reina.


El toro blanco tiene otro profundo sentido: el toro es también un símbolo de la Tierra, o lo terrestre, pero el color blanco se suele asociar al Cielo en nuestra cultura, de manera que con la imagen de un toro blanco se simboliza un acto: el Cielo "desciende" y se pone a la altura de la Tierra, para poder unirse a Ella y actuar en Ella para su beneficio. 

El poder del Cielo, humildemente, se "animaliza" para estar en una onda o materia compatible con la de la Tierra y poderla "tocar" y "fecundar" de algo nuevo (vida, en definitiva). Europa no podía salir en pos de las estrellas, pero las estrellas sí podían enviarle su luz. 

De manera que el Cielo se vuelve "terrestre" por amor. No exige, arrogantemente, que la Tierra ascienda hasta sus alturas, desciende Él aunque para ello tenga que cambiar de forma y hacer algo que, a ojos de los endiosados y soberbios, sería "rebajarse". Pero es que el verdadero poder del Cielo es un servidor de la Vida y es humilde... Hacerse pequeño y hacerse de tierra para ser accesible a su amada es algo que surge del amor y también de la atracción entre polaridades complementarias.

Los mitos... Ay, los mitos. Han sido tan reescritos y reinterpretados, que cuesta encontrar en ellos el rastro de las visiones primordiales que los originaron. Pero en su inicio, los mitos fueron soñados por visionarios, místicos, chamanes, gente "del espíritu" y por eso, muchas veces, en ellos, a pesar de los siglos y distorsiones, encontramos todavía un destello de verdad.


(pintura de Svetlin. Europa feliz sobre el toro, surcando las aguas del azulísimo Mediterráneo)
 
Y si lo que la propia Tierra me ha susurrado es cierto, la verdad es ésta: Europa en su esencia es una "Amada del Dios Celeste", y por lo tanto su naturaleza es ser una tierra fecunda en vida, ideas, prosperidad, fuerza, creatividad sin fin, arte...¡Como así ha sido en muchas etapas! 

Pero también por eso, si se distorsiona o se pierde su sentido, toda la fuerza y poder del Cielo pueden convertirse en algo sombrío, despiadado e implacable. La fuerza de un toro enfurecido puede pisotearlo todo. 

Y las estrellas, en lugar de ser la brillante consciencia que corona a la tierra/mujer, se pueden convertir en instrumentos de luz cruel, fría, implacable y desprovista de compasión. Estrellas de tortura, afiladas como cuchillos, cortando en pedazos el mundo y repartiéndoselo. Abuso de poder en todos los sentidos, y una corona de luces falsas y aviesas que, en lugar de amar a la Tierra y ayudarla a dar y cuidar vida, la han esclavizado y alienado mentalmente. Pues la propia Tierra de Europa está aplastada y encarcelada en muchas de sus partes y capas, debido al retorcimiento de ciertos poderes y a la pérdida de la visión extática original. Cuando Europa dejó de vivir el éxtasis de unión con lo divino, cayó en manos de los falsos dioses y perdió su fecundidad y exuberancia originales y verdaderas.

Así, el círculo de estrellas de la bandera europea puede simbolizar esas "consciencias brillantes" que en tiempos remotos surgieron de la unión del Cielo y de la Tierra...o acabar simbolizando el brillo de la codicia por el oro, la fría luz de quien no mide al mundo más que por el dinero y el despotismo. Hay que elegir entre el significado de un tipo de estrella, u otro. La sanación de Europa pasa por volvernos, cuantos más europeos mejor, "estrellas radiantes de consciencia/luz". Y unirnos en el sagrado círculo de relaciones armoniosas... Ha de ser un círculo, no un cuadrado ni un triángulo, porque no hay nada más integrador que un círculo.

Las "falsas estrellas" de la faz sombría de Europa no surgen del éxtasis del amor entre Cielo y Tierra sino que caen a Ella como Lucifer en el mito: luces maliciosas, engañosas, que tienen conocimiento pero lo emplean mal, de manera sesgada. Luces que son como semillas malditas, sembrando discordia, destruyendo armonía alrededor y, lo que es peor, engañando a muchos. Porque falta mucho discernimiento para distinguir la verdadera luz de otras luminosidades que no son más que propaganda seductora...


                                                                               ***
 

sábado, 9 de julio de 2016

Sobre la gratitud y el éxtasis (Anciana Maestra del Desierto)

 



Ayer pretendía hacer una regresión para enfocar ciertas movidas que vengo arrastrando, pero cuando me puse a realizar mi meditación encaminada a, primero, refugiarme en mi lugar seguro interno, un lugar que fuera sólo accesible a mí y a Dios, vino una mujer nativa de otro lugar y me cambió los planes.

Es curiosa la instencia del "yo" de querer planificarlo todo, y la insistencia de Aquello Que Es Más, en sorprenderme y mostrarme perspectivas en las que no he reparado. Una vez hube especificado en mi interior que me iba a "recoger" con el fin de encontrar ayuda y curación, la Tierra me condujo a un espacio natural del desierto, y luego me ví tumbada sobre unas esteras, y rodeada de espesos cortinajes de color granate oscuro. Como si estuviera en una tienda del desierto.

Entonces una mujer mayor con pañuelo o velo oscuro en la cabeza abrió las cortinas de mi pequeño espacio. Su rostro era sonriente (ella se parecía a la mujer de la foto de arriba) y emanaba una gran bondad. Realmente, esa era la cualidad principal que me transmitía, bondad. Sus manos arrugadas se acercaron a mi pecho izquierdo, que ayer me dolía. En otras circunstancias me hubiera sentido incómoda, pero aquellas manos parecían desprender cariño y bondad como su dueña, y me dejé tocar por ellas. La buena mujer empezó, así, a hacerme un masaje en el pecho, y me dijo:

"Debes recordar que lo primero es, siempre, atender los dolores del cuerpo. Si hoy te dolía el pecho izquierdo, eso es lo que debías atender y enfocar, y postergar las otras búsquedas espirituales. El dolor es como el hambre, es inútil intentar enseñar al hambriento, si antes no le das de comer. Aquel que siente dolores, necesita que atiendan primero a su cuerpo, y luego ya se verá el resto".

La mujer, luego, me empezó a tocar con sus dedos de un modo que era como si éstos "escucharan" mi cuerpo. En silencio, le prestaban una atención total y absoluta. Así que más que masajearme, aquellos dedos estaban actuando como oídos atentos y cariñosos, recogiendo información de mi dolor.

Me puse yo también a escuchar mi dolor, y me topé una vez más con algo que llevo tiempo sintiendo, sin saber qué solución darle. es una mezcla de frustraciones, tristezas y sentimientos de amargura e impotencia por logros no alcanzados, sensación de fracaso y tristeza por no haber podido ser madre otra vez. Era como si mi cuerpo tuviera un pensamiento fijo: tenía dos tetas, pero le falta un hijo. Más en concreto, le faltaba la hija con la que llevo soñando años. Mi teta derecha estaba bien, porque mi pequeño se duerme abrazado a ese lado y es como si ella le diera amor. Pero mi teta izquierda se siente "llena" de algo y al mismo tiempo desolada.

"Mal arreglo tiene esto -pensé para mí misma- Porque tal y como está mi vida, es casi imposible que pueda ser madre otra vez". 

Pero la mujer parecía verlo todo desde otra parte y de repente hizo algo inesperado. Me mostró un adorno tradicional femenino en sus manos. Era una especie de cinta llena de pequeñas moneditas cosidas, o medallitas brillantes, cosidas a la tela. 

Entonces me dijo:

"Te voy a desvelar un secreto que te puede servir, para que lo uses y lo COMPARTAS Al mundo. Entre mi gente, las mujeres teníamos una costumbre. Llegada cierta edad, nos confeccionábamos una tira o adorno de este tipo. 

"Para ello, repasábamos nuestra vida, buscando aquellos momentos y experiencias que sentíamos que habían sido un regalo especial, algo maravilloso, o significativo para nosotras. Esos momentos que te hacen sentirte afortunada y que, muy adentro, sientes que son una bendición, y a veces (casi) un milagro, un golpe de "suerte", algo muy bueno. 

"Entonces, para cada bendición experimentada en la vida, cosíamos o añadíamos una monedita a la tela, dejando el diseño abierto para poder añadir moneditas conforme nos sucedieran nuevas experiencias-regalo. De manera que ésta era la verdadera riqueza que celebrábamos: no la de las medallas de oro, plata o cobre que llevábamos encima, sino nuestra conciencia y nuestro recuerdo de las bendiciones recibidas"

"Hazte un adorno a tu manera y a tu gusto, en el que puedas ir poniendo moneditas o medallitas por cada bendición que hayas recibido en la vida, pero especialmente en los últimos 8 años, porque es ahí donde empezó la amargura que hoy notas. Y ponte este adorno durante un tiempo, encima del cuerpo, de manera que cuando te muevas, escuches su tintineo y notes su sensación, su peso. El sutil sonido te recordará todo el brillo del oro espiritual y las bendiciones que has ido recibiendo en ciertos momentos, y te harás más consciente, también, de cada nueva bendición, pues estarás atenta para añadir la monedita pertinente a cada nueva cosa que vivas y que te haga sentirte "afortunada", regalada, feliz."

"En nuestro caso, el tintineo y la acumulación de moneditas, nos terminaban llevando muchas veces a un estado de gratitud y alabanza a Dios constante. Entonces se desataba algo adentro nuestro y acabábamos bailando y cantando alabanzas desde el corazón, en el día a día. Las dificultades, enfermedades y tragedias existían, pero nuestro empeño en recordar las bendiciones nos hacían vivir la permanencia de la maravilla de la vida, y la transitoriedad de lo desagradable y doloroso. Era como tener un pájaro en el pecho, que cantaba todos los días..."

"Tu pecho izquierdo está lleno de "algo", y yo no tengo el conocimiento necesario para decirte si volverás a ser madre o no, pero sí puedo decirte que si entras en la gratitud y la alabanza, "eso" que guardas dentro saldrá, porque se volcará en amor hacia Dios, y descubrirás que no podrás sino agradecer y cantar por la vida. Nadie te estará presionando para alabar a Dios, sino que te surgirá sin más, porque estará saliendo una parte de tu verdadera naturaleza, que ¡es así!"

Yo escuchaba, completamente sorprendida pero también fascinada por aquella tradición o enseñanza espiritual de la que nunca había oído hablar (mi mente racional tenía sus dudas, of course, sobre si aquello era real o sólo producto de mi imaginación) porque contenía una belleza, un significado profundo, y mucho sentido místico. Pero además, una parte de mi ser estaba conmovida por aquello y decía que le gustaba aquello, que era muy buena idea y que la buena señora tenía razón, porque en ese mismo instante notaba que en mi cuerpo y en mi ser entero estaba grabado el recuerdo de momentos bellos y maravillosos que "siento" muy adentro que han sido regalos, bendiciones, cosas muy especiales.

Así que empecé enseguida a confeccionar una lista mental con las bendiciones y regalos vitales experimentados en los últimos 8 años. Haber conocido a mi ex pareja (que en su dia supuso una experiencia casi increíble y maravillosa), el embarazo de mi hijo, poder parirlo tan bien y en casa... mira, ya iban 3 moneditas. Luego pensé en las publicaciones de mis libros, rayando en lo increíble (por lo difícil que es hoy en día publicar con una editorial si eres alguien desconocido y encima con seudónimo), y añadí moneditas para los libros; luego...

Bueno, era increíble, pero la tira de tela imaginaria con monedas iba creciendo, porque afloraba de mi cuerpo el recuerdo de muchos otros momentos en los que sentí que vivia algo extraordinario, aunque fuera pequeño e íntimo, como mis paseos por el bosque del último año. Y eran cosas por las que, efectivamente, había sentido mucha gratitud en su día porque podrían no haber sucedido, y sin embargo sucedieron, sin que realmente fuera "sólo yo" la que lo hubiera conseguido, sino que fueron necesarias confluencias de factores muy laboriosas y complicadas para que aquello terminara siendo.

La mujer sonreía en silencio, y cuando le dije que seguiría su consejo, asintió sin dejar de sonreír. Luego me dijo que aquella tradición se había perdido hacía mucho, y hoy en día las moneditas colgando de la ropa o de joyas femeninas sólo se veían como adornos para seducir, agradar o como ostentación de poder económico. Pero eso no siempre fue así, o al menos "no fue así en todas partes". Hubo por lo menos un colectivo donde las mujeres guardaban este "secreto" entre ellas y lo vivían para sí. Esa era su vida mística, secreta hacia la sociedad, pero compartida y retransmitida entre ellas.

- Pero ¿cómo es entonces que tú no llevas estos adornos? -le pregunté, pues la mujer vestía muy sencillamente y no llevaba adorno ninguno. 

Y me dijo: "Porque si vas integrando el agradecimiento y las bendiciones en tu ser, y te vuelves plenamente consciente de ello, llega un momento en que dejas de necesitar los recordatorios externos. Toda tú te llenas de moneditas, y necesitarías de hecho una túnica llena de moneditas que te recubriera completa, porque si entras en el espiritu de gratitud, terminas loando a Dios por cada respirar, por cada momento... Los objetos devocionales dejan de ser necesarios cuando todo tu ser es devoción, alabanza, gratitud. Así que llegaba un punto en el que liberábamos la materia retenida en moneditas y se las dábamos a otras o las empleábamos en otras cosas, porque ya no las necesitábamos."

"Cuando te vuelves "recuerdo completo" y constante de las bendiciones, dejas de existir como lo que eras, un ser demandando ayuda constante por sentirte desamparado. Te conviertes sólo en gratitud y alabanza. Y estas son puertas al Amor, así que terminas convirtiéndote en un flujo de Amor en el Universo. Y te sientes tan colmada que no sientes otra necesidad salvo la de dar y liberar a otros tu riqueza..."

Me quedé sin palabras. Convertirse en "Flujo de Amor" en el Universo. ¿Qué se podía decir ante eso? Pero la mujer sí tenía algo que añadir:

"Los adornos y objetos devocionales son necesarios cuando se vive en el olvido. Pero cuando se vive en el recuerdo, ya no. Si usas durante un tiempo algo que te recuerde cuántas bendiciones recibiste y vas recibiendo, tu ser irá integrando el recuerdo y saldrás del olvido. Y puede que así se te desate el canto de adentro. Porque todas las almas son como un pájaro en cierto modo, y necesitan cantar. Pero cada alma tiene su manera de cantar, y tú aún no has descubierto la tuya, y desconoces tu "voz", tu sonido real"

"¿Sabes? - Añadió la mujer, ya para acabar de dejarme sin palabras- Algunas de entre nosotras llegaron a estar tan plenamente "cubiertas" de moneditas gracias a su vivencia de la gratitud y la alabanza, que se convirtieron en oro todas ellas. Y no les cabía ni un poquito más de oro. Aunque ya hacía tiempo que no llevaban adornos, habían ido integrando cada destello de oro, cada bendicion, hasta llenarse de la cabeza a los pies y finalmente convertirse en eso. 

"Entonces ellas se disolvieron en ese oro, desapareciendo del mundo en una especie de suave explosión de luz que dejaba tras de sí una nube de partículas doradas, un sonido tintineante y alegre, y una ola de éxtasis que nos alcanzaba a todas las compañeras que permanecíamos con ella para despedirla. Porque entre nosotras, todo lo compartíamos".

¡Oh Dios mío! Mientras la mujer me decía eso yo veía en mi mente una escena: mujeres del desierto descalzas, bailando en trance, como dando vueltas sobre sí mismas, con las manos y los rostros elevados hacia el cielo, sin orden pre establecido, espontáneamente, y cantando, emitiendo sonidos de alegría, mientras una especie de destellos dorados caían suavemente y centelleando sobre ellas. Recibían una bendición póstuma, un regalo de su compañera, que había transitado de este mundo a otro estado, de un modo incomprensible para mí, pero bellísimo.

En alguna parte estaría el cadáver, o no, pero eso era secundario. Lo principal era aquello de "convertirse en oro espiritual" y disolverse en él, y luego desaparecer, desintegrarse, sembrando a las amigas y amadas con un regalo final. 

Aquello era tan bello y tan poderoso, era una cosa tan amorosa y tan inmensa, que no podía soportarlo casi, y me puse a llorar, llena de un nosequé y una especie de nostalgia tremenda. ¡Quién pudiera vivir algo así...! O algo similar siquiera...

"Está en tu posibilidad hacerlo -me dijo la mujer- Pero primero empieza por el principio: por las moneditas. Haz como las jóvenes de mi pueblo: necesitas empezar por recordar."

Me había quedado sin palabras. Y mi pecho ya no me dolía. Yo lloraba nada más, y quise agradecerle a la mujer todo aquello. Tal vez había algo que pudiera hacer por ella, para devolverle la ayuda prestada. 

Me acabó de "matar" cuando me respondió lo siguiente: "Yo trabajo para Dios y Dios es Quien me "paga". No me tienes que retribuir de ninguna manera "tú", porque probablemente no aciertes a darme lo que es justo para mí, o lo que necesito. Y no tengo que decirte yo un "precio" porque ni squiera yo sé cuánto "vale" lo que te he hecho y lo que te he contado. Sólo Dios lo sabe. 

"Las personas que trabajamos para Dios no podemos cobrar por lo que hacemos, porque sería un disparate, un error seguro. Pero es que tampoco se nos ocurre someter nuestro acto a un intercambio. Porque es otra clase de acto."

"Escucha: Dios es sabio, Dios es justo. Dios es bondad y derrame constante de bendiciones. Es como el Sol. En el mismo momento en que te estoy ayudando, Dios me está bendiciendo para que todo en mí siga en equilibrio, y me suceda lo mejor. El Sol está aquí sobre nosotras y te sana a tí y me baña a mí. No me debes nada. No quedas en deuda. Estamos ambas bañadas. Y puesto que fue Dios quien me trajo hasta tí, y todo corre de Su cuenta, despreocúpate y estate feliz y tranquila, porque tal cual está sucediendo esto, seguro que es justo, es sabio, y es bueno"

Me sentí abrumada por la fé de esa mujer, por su perspectiva (que me seguía rompiendo los esquemas) y por la grandeza de su generosidad y entrega, pero insistí: "A pesar de todo quiero darte algo".

- ¿Y qué vas a darme? -me dijo- ¿Un objeto, que me pesará con el tiempo y no me lo voy a poder llevar al Final? ¿Qué vás a darme? ¿Qué tienes para darme?

Me quedé unos segundos sin respuesta hasta que sentí en mi interior la realidad: en verdad yo sólo quería expresarle gratitud-amor, decírselo de alguna manera. Pero realmente no tenía manera de saber "qué" podía ser útil o bueno para ella, que ni siquiera era "física" o una mujer de carne, con lo cual...

Y me dijo: "Tu amor ya me llega. ¿Ves? Ya me estás dando algo "a cambio" de mi ayuda. Dios ha puesto amor en tu corazón y éste brota de tí hacia mí. Vívelo, yo lo recibo, y ahora nos convertimos ambas en un Flujo de Amor en el Universo. Y eso Ya Es Todo."

Ya Es Todo.

Puf. Mis lágrimas me sacaron del trance, se diluyó todo, y mi conciencia volvió a la normalidad completa. Estaba en la gran ciudad, en el siglo XXI, en mi cama... Y volví a lo diurno, a lo de cada día, pero intentando no olvidar lo escuchado, para intentar poner en práctica el consejo.

                                      

***

Esta mañana, cuando volví a retirarme un rato, una visión interior me mostró la imagen de una mujer madura que acaba de morir. Estaba tumbada, vestida con velos y llevaba varios adornos de ésos con moneditas o medallitas. Muchas. En la cabeza, el cuello, la ropa... Sentí que era una imagen asociada a un legado que deseaba ser retransmitido, y escuché una petición: "No olvides compartir el regalo. No deseamos que nuestro secreto y nuestro conocimiento queden relegados al olvido y se desaproveche su utilidad y su riqueza. En su día, las últimas de nosotras no pudimos retransmitir más a otras jóvenes nuestro "oro" y nuestro saber, pero esto es patrimonio de la humanidad y otras mujeres pueden recibirlo, si hablas de ello".

-¿Y es algo sólo para mujeres?- pregunté.

- Las mujeres reciben las mayores bendiciones, porque se asocian a ser madre y albergar la vida. Dios pone oro en el interior de la mujer, pero no es sólo para ellas sino también oro añadido para que puedan gestar, y para que cada nuevo ser que se gesta tenga su nutrición de oro y pueda construirse, con lo que su madre le da, un núcleo dorado interno. 

"Una mujer puede llegar a ser como una vasija totalmente recubierta de oro por dentro. Pero por esta misma razón, fuerzas codiciosas las han cercado muchas veces, para aprovecharse del "oro" de las mujeres y tomarlo para sí, robándoselo a ellas y a sus pequeños. 

"De manera que algunas mujeres pensaron la manera de expresar su gratitud y mantenerse en el recuerdo de tantas bendiciones sin resultar evidentes, encriptando su misticismo, y velando con secreto ciertas experiencias internas. En un contexto difícil, hay que aguzar el ingenio para lograr mantenerse centrada en lo que verdaderamente importa. 

"Un hombre también podría vivir esto, pero en tu mundo ellos no se adornan así. Tendrían que buscar una manera personal de ayudarse a recordar y entrar en la gratitud. Yo sólo puedo hablarte de mi tiempo: ellos no compartían sus ritos con nosotras, y nosotras creamos los nuestros para poder vivir el éxtasis y la gracia, pero también para preservarnos "doradas" y preservar también el oro que nuestros hijos e hijas necesitaban recibir desde nuestro ser".

Y eso fue todo. La imagen del enterramiento de la última mujer conocedora de aquella tradición se disolvió, y me vine corriendo al ordenador a ponerlo todo por escrito, y compartirlo por aquí, antes de que se me olvide.

Se me caen las lágrimas otra vez.








miércoles, 12 de agosto de 2015

Sobre las "verdaderas" Hadas.

 
(Arriba, las Nornas tejiendo el tapiz vital del Arbol de la Vida, según Cornelia Bauman)
 
Es fascinante descubrir las raíces de los mitos y comprobar cómo algunos han ido evolucionando a lo largo de los milenios, viviendo a veces transformaciones tan grandes que olvidamos la raíz que los creó, o su oculta verdad. Pero también es impresionante comprobar la resistencia a morir de la imaginería mítica, que pervive en la mente colectiva incluso aunque los humanos actuales desconozcan su significado, o lo malinterpreten.

Las hadas. Cuando oímos esa palabra, pensamos en seres diminutos de alas delicadas y luminosas. O, como mucho, en el hada madrina del cuento de Cenicienta. Pero cada vez pasa más de moda aquella Hada Madrina con cara de abuela habilidosa e incluso un poco entrada en carnes. Cada vez más se entiende por "hada" a un ser siempre luminoso, con chispitas, etéreo y volador, casi transparente y muy, muy pequeñito, travieso, gracioso...

Para entender la raíz del mito, hay que ir a la raíz de la palabra "hada". Hada viene de "fatum", que significa destino en latín. Y entonces comprobamos que el origen de la palabra no es celta, ni siquiera medieval, sino romano, aunque entroncado con la mitología griega. Es decir, que el origen de la creencia en las hadas (en cuanto al uso de la palabra hada) procede del Mediterráneo antiguo.

La historia del mito es muy larga y enrevesada. Resumiéndola, diré que en la antigua Grecia creían en las Moiras, unos personajes femeninos asociados con el nacimiento, la duración de la vida y la muerte de cada persona. Una Moira iniciaba el hilado cuando un bebé nacía, otra medía la longitud que tendría su vida, y la otra cortaba el hilo cuando la vida debía llegar a su fin. Hubo épocas en que se consideró a las Moiras como una sola diosa asociada a la muerte (la Moira), en otras etapas se acentuó mucho la asociación con los partos y la nueva vida. Fueron vaivenes en la percepción de la gente, dependiendo de los miedos de cada época o de sus fijaciones. En todo caso, las Moiras estaban muy presentes en las creencias espirituales de los griegos y su importancia era tan grande que se decía que tenían más poder que el propio Zeus, padre de los dioses conocidos, ya que ni él podía torcer los designios de las Moiras: cuando ellas decían que era la hora de cortar el hilo de una vida, no había nada que hacer, los dioses no podían impedirlo.

Esto las sitúa fuera incluso del mundo de los dioses. Es como si, en el fondo, este mito sugiriera que todo ese panteón de dioses y diosas, tan parecido a una gran familia de la época, con sus roles, jerarquías y enredos, no fuera más que un grupo de personajes que salen en un escenario, y en ese entorno crean, a su vez, un espectaculo de títeres. Los títeres movidos por el plantel de decenas de dioses y diosas (con Zeus en la cúspide, en teoría) serían los seres humanos, pero las Moiras estarían fuera del escenario, fuera del teatro y no estarían sometidas a todos esos personajes divinos, ni mucho menos humanos. Representarían entonces a fuerzas vivas y creadoras que están más allá de todo, no sometidas a ninguna ilusión.

Algunos dicen que las Moiras eran femeninas porque procedían, a su vez, de cultos antiguos a la Gran Diosa o Diosa Creadora. Es posible. Se decía que eran hijas de Nix (La Noche) Caos (El Caos Cósmico Original) o Ananké (una fuerza divina que representa a la "Necesidad" o "Lo que tiene que ser") El hecho de que las Moiras surgieran de esas fuerzas divinas tan abstractas y cósmicas parecer reafirmar que no están sometidas al espejismo e influjo del teatro del mundo, sino que lo ven todo como desde otra parte: desde el lado del que se tejen y destejen los destinos, las vidas, las historias y la Historia.

Los romanos, por su parte, tenían en su mitología unos personajes similares: El Fatum (el destino, en masculino) y la Parca (la Muerte, en femenino) Cuando entraron en contacto con la mitología griega, se produjo una fusión entre El Fatum y las Moiras, del cual surgió un particular trío: La Tria Fata. O "las tres destinos". Y éste es el origen de la palabra hada: Fata. Las primeras "hadas" nombradas, pues, fueron las Tres "Fatas" o Fuerzas TEJEDORAS del destino de cada ser humano.

Pero la cosa todavía se transformó más, ya que La Parca romana (La Muerte) también se sincretizó con las tres Moiras, dando lugar a LaS ParcaS en plural. Y al final la Tria Fata y las Parcas se convirtieron en una sola tríada: Las Parcas o Las Fatas serán nombradas indistintamente para referirse a las fuerzas sobrenaturales asociadas al hilado de la vida y que rigen el nacimiento, la longitud de vida y la muerte, aunque los romanos incluyeron, además, el matrimonio (la Parca o Fata "del medio" regía o establecía el matrimonio de cada quien)

Esta "Tría Fata" dio lugar a las "fatas" medievales, que, en España, con los siglos perdieron la f, cambiada por la h, y se llamaron hadas (en Italia un hada se sigue llamando "fata") Con esto se entiende porqué en los cuentos tradicionales europeos era típica la figura del Hada "Madrina": una figura femenina sobrenatural que aparecía para "amadrinar" a cada ser humano, que además tenía poder para intervenir en su destino, sobretodo cuando este atravesaba dificultades o peligro de muerte.

En mi opinión, el Hada Madrina benéfica de los cuentos surge sobretodo de la Fata, Parca o Moira encargada del nacimiento y el hilado de una vida; pero también de la que enrolla el hilo, lo alisa, lo controla durante su longitud. Pero la tercera del trío, ¿qué pasó con ella? En la Edad Media se terminó disociando a la Muerte del trío, de manera que, con los siglos, las Hadas quedaron como entes amorosos que nunca infundían miedo y ayudaban a sobrevivir, mientras que apareció aquella figura de la Muerte con Guadaña, pavorosa, fea y desconectada del resto del cuidado vital, cuya única función era matar. Pero la "fata" asociada con la muerte inevitable también dio lugar a figuras "malignas", como se puede intuir en el cuento de la Bella Durmiente.


Este cuento tiene fuertes ecos de la mitologia clásica: hay 3 hadas "madrinas" que aparecen en el nacimiento y establecen cuestiones acerca del destino de la niña; y además hay un vínculo con el arte de hilar, aunque el cuento ya padece la disociación en la que se separa a la muerte (hada Maléfica) y se relega a ella el uso de la rueca y el huso de hilar. (Ver postdata) En otros cuentos también el Hada Madrina o Las Hadas a veces son representadas como mujeres ancianas que uno se encuentra en el bosque, o como abuelitas misteriosas que se hacen las encontradizas en el bosque, las encrucijadas o los caminos, y que solo con el tiempo se revelan como entidades sobrenaturales, poseedoras de un poder sobre los elementos (lo que llamaron "magia") y capacitadas para intervenir en el destino de una persona o, al menos, vaticinarlo o profetizarlo.

Todo el asunto de las varitas mágicas es muy posterior, así como el concepto moderno de "magia", entendida como hechizo voluntario generado a través de rituales concretos y organizados para obtener logros a beneficio personal o de otras personas o seres. Las Moiras, Parcas o Fata no ejercían esa magia. No eran brujas, al menos no en origen. Eran Fuerzas Creadoras  "fuera del sistema", no humanas, muy alejadas de nuestra conciencia ordinaria, y por eso carecían de deseos personales o de una visión que podríamos llamar humana, individual, tejida de anhelos personales o de un "yo". Las Fuerzas Creadoras tejen desde un interior profundo que es cósmico, y que no elige ni decreta cosas desde la conciencia ordinaria, sino que sigue el impulso de la Fuente Creadora, energía inteligente mas allá de toda humana comprensión. Las varitas mágicas de las hadas de los cuentos son herederas de la imaginería de la hechicería ritual desarrollada en países anglosajones en siglos recientes (Una magia en la que se recomienda el uso de una serie de instrumentos o herramientas, etcétera)

La imagen de hadas "pequeñitas y con alas" surge del mundo celta y anglosajón. En las creencias celtas y las posteriores del mundo anglosajón más moderno, nos encontramos con seres "pequeños" de diferentes tipos, formas y cualidades, de espíritu a veces travieso (aunque no siempre) y con ciertas cualidades "mágicas", o poderes sobre el mundo natural. Una parte de estos seres pequeños, en este caso femeninos, terminó recibiendo el nombre de "hada" porque hubo una sincretización o fusión con la "Tria Fata" romana. Pero en origen esta "gente pequeña" tenía su propio nombre celta, por ejemplo unos de ellos han sido conocidos como "pixies". No conozco los nombres celtas originales de tanta "gente pequeña", todos ellos espíritus de la naturaleza, incluyendo a los de aspecto femenino y delicado que hoy llamamos "hadas". Pero quien quiera rastrear ese tema puede empezar por "pixies" e ir tirando del hilo, y se dará cuenta de lo muy diferentes que son esas "hadas" de las Hadas medievales del mundo latino no celta, y ya no digamos de las Moiras, Parcas o "Fatae".

¿Cómo se llegó a llamar "hada" a una parte de los seres de aspecto pequeño que tan bien conocían los pueblos de las Islas Británicas? Fácil: fue "culpa" del Imperio Romano. Cito el resumen sobre etimología de Alejandra, esta bloguera, porque lo resume muy clarito: "En cuanto a la palabra “hada”, se rastrea un mismo origen en el resto de las lenguas europeas. Todas tomaron la misma raíz para designar a estos seres. La palabra francesa “fée” procede del latín "fatae." Según cuentan por ahí, cuando los romanos decidieron que Roma era poco para ellos y decidieron extenderse por Europa (que por aquellos entonces no se llamaba Europa),  llegaron a las Galias y llevaron la creencia en la "fata" con ellos. La presencia de las hadas es muy importante en el folclore francés. A nuestro país vecino le debemos la primera versión escrita sobre Melusina, una de las hadas más conocida por todas las culturas.
Tiempo después, y ya dominadas las Galias, los romanos continuaron su conquista por Europa e invadieron la actual Inglaterra. Cuentan también que tampoco esta vez las olvidaron, y las "fées" francesas acompañaron a los soldados. Del francés “fée”  surgió por evolución la palabra que usan los ingleses para designarlas. Primero crearon “fay” y posteriormente “fairy”, en plural “fayries”, como se les conoce actualmente. También los ingleses dedicaron muchas páginas a las hadas,  y si no recordemos todo el ciclo artúrico y a Morgan La Fay, que rescató o secuestró, según se interprete, al rey Arturo.
No sólo el avance romano es responsable de la extensión del significado de la palabra “hada”, tampoco hay que olvidar el papel relevante que jugaron las Cruzadas en la historia europea. Con las Cruzadas también se introdujeron en Europa las ideas predominantes en Oriente acerca de los seres fantásticos, formando una literatura del Reino de las Hadas que llegó incluso a constituir un género poético especial. "

En la Edad Media fue cuando se empezó a atribuir la hechicería a las hadas, llegando a fusionarse su figura, a veces, con la de las brujas, como en la saga artúrica, en la que Morgan Le Fay (El Hada Morgana) es una hechicera. Pero, como se ve al rastrear la raíz de la palabra, en origen el mito no contemplaba la hechicería. La bruja tradicional siempre ha existido, pero en la Italia antigua (Roma)siempre se tuvo clara la diferencia entre una mujer humana que "hace ritos hechiceros" que pueden ser buenos o malos (Strega) y una Fata (entidad no humana)

Los mitos, sin embargo, son incontrolables en sus mezclas, simbiosis y mutaciones, y cada vez que hay un cambio en las creencias, emociones o modos de organizarse de una sociedad o cultura, los mitos se adaptan a ello y reflejan el cambio de mentalidad. Así que con el tiempo y todos estos cruces y mestizajes de culturas y épocas también surgieron los personajes de "brujas malas" que no eran personas (mujeres) humanas, sino entidades sobrenaturales femeninas con ganas de hacer daño (como la Bruja Maléfica del cuento de la Bella Durmiente, y otras brujas de cuento) En fin, la mitología y las ideas asociadas a la palabra "bruja" y "brujería" son un tema demasiado extenso de por sí en el que no quiero entrar ahora. Sólo quería anotar la mezcla que hubo entre las Hadas Medievales y la Hechicería, lo cual conectó el asunto de las Hadas, de manera lateral, al de las Brujas.

Como se ve, y si no os habéis mareado con las vueltas y giros que da un mito desde que se crea hasta que llega a nosotros, realmente sabemos muy poco acerca del significado de muchas creencias, leyendas y símbolos que utilizamos. Solemos dar por sentado que sabemos en lo que creemos, pero el caso de las "hadas" es un ejemplo muy claro de que no es así. Es decir: tal vez sí sepamos un poco en qué creemos, pero no podemos dar por sentado que, por el hecho de usar un nombre comúnmente utilizado durante milenios, nuestras creencias sean las mismas de aquellos que acuñaron el término. ¿Me explico?

No sé si se ve adónde quiero ir a parar. El caso de la deriva del mito de las Moiras-versus Hadas (desde las mujeres hiératicas tejiendo los hilos del destino a las casi niñas, chiquitinas, de alitas brillantes y espíritu juguetón, hay mucho trecho) no es único. Sucede lo mismo con otros mitos, con otras creencias. Gracias a unir mi camino de percepción chamánica con mi afición al análisis racional de lo que vivo internamente, me he dado cuenta de que la mayoría de personas no tenemos ni idea de las raíces de nuestro imaginario colectivo. No lo sabemos intelectualmente, pero tampoco desde un punto de vista chamánico. Es decir: nos fiamos de lo que nos ha dicho nuestra sociedad actual acerca de qué es cada cosa, y no solemos llegar a ver o sentir a qué líneas de energía mental y emocional estamos conectados, qué fuentes de energía psíquica nos nutren y alimentan nuestros sueños, nuestros miedos y nuestras creencias, ni cuál es la consistencia ni el carácter real de las energías o "entidades" que aparecen en nuestros sueños, trances visionarios o imaginaciones.

Y sin embargo heredamos estas "líneas" o hilos de energía psíquica de nuestros ancestros. Son como venas pulsantes o hilos vivos de un tapiz vital familiar y ancestral a través de los cuales viajan y llegan hasta nosotros las energías, creencias y "entidades" asociadas a los humanos que nos antecedieron, hasta remontarnos al origen de nuestro árbol familiar. Y como ese origen queda muy, pero que muy atrás, a épocas con creencias muy distintas a lo que podemos pensar, pero como además las raíces y ramas de nuestro árbol pueden extenderse desde muchos puntos y culturas del planeta, en sueños y trances nos podemos encontrar con símbolos, imágenes y "entidades" que no comprendemos, que no sabemos interpretar o que no entendemos cómo han llegado hasta nosotros, si en teoría no creemos en ellos.

El rastreo de estas raíces míticas nos ayuda a conocer cómo ha sido la vida de nuestros ancestros, pero también la vida de la humanidad. Y cómo ha ido cambiando, evolucionando, transformándose. Pero también nos ayuda a comprender la diferencia entre lo eterno y lo pasajero, pues descubriremos, asombrados, que algunos mitos antiguos, una vez desojados de las capas secundarias con las que fueron revestidos, disfrazados o modificados, se originaron alrededor de verdades que siguen siendo válidas hoy. Y así, te puedes encontrar reconciliándote con un mito que hasta entonces despreciabas, porque has captado en él una verdad intensa, con la que resuenas.

Yo me he llevado unas cuantas sorpresas de estas. Ir hacia las raíces es de las mejores cosas que he hecho. Me enseña a llamar a las cosas por su nombre, pero también a unirme más profundamente a la savia del núcleo de mi Arbol Ancestral, hasta su origen. Hasta sus raíces. Y eso me revitaliza y me infunde fuerza.

Y es que cuando llegas a las raíces de tu árbol ancestral te puedes encontrar con lo que los nórdicos llamaron las Nornas. No podía cerrar este capítulo sin hablar de ellas, claro. Son las mismas Fuerzas Sagradas que los griegos llamaron Moiras y los romanos Parcas o Fatas, aunque con matices distintos. Son tejedoras y regidoras del destino vital de cada persona, pero viven en las raíces del "Árbol de la Vida" y custodian, también, la Fuente de La Vida de la que se nutre el Árbol. Esto significa -entre otras cosas- que custodian el acceso a la fuente de la cual surge la savia que riega y nutre el árbol ancestral del cual formamos parte.

Y por eso las Nornas son mis preferidas, porque su simbología entronca con lo arbóreo y lo ancestral, y te conecta también con la Fuente de Vida (de TU vida y la de TUS hijos y familiares vivos), y con el Misterio puro que late oculto en LAS RAÍCES. En la Tierra. En lo profundo.

El mensaje es: ¿Quieres sanarte? Ve a las raíces. ¿Quieres cambiar? Ve a las raíces. ¿Quieres purificarte o renovarte o fortalecerte? A las raíces. Allí se decide todo, aunque, hinotizados por el espectáculo del cielo exterior, pensemos que no, que nuestra vida y destino se deciden fuera o en la punta de las ramas. "Ellas" tejen, "Ellas" miden, "Ellas" cortan o terminan, y lo hacen desde dentro. En nuestro interior están, en nuestra sangre, en la raíz de nuestros huesos, conectados al Árbol de la Vida del que formamos parte. Ahí están las "fuerzas" que tejen nuestro destino y contra las que tantos dioses y diosas, entes pasajeros y temporales a fin de cuentas, nada pueden hacer.

                                                                          ***

P.D: Observar paralelismos entre la Bella Durmiente y uno de los mitos más vivos y más extendidos en el mundo griego, el nacimiento del héroe Meleagro, hijo de Éneo y Altea, reyes de Calidonia. A este nacimiento asistieron las Moiras o tres hilanderas con la intención de  pronosticar el futuro del bebé: Cloto profetizó que sería una persona noble, Láquesis que sería valiente y Átropos que su vida sería tan breve como una de las brasas de la chimenea. Después de escuchar estas palabras, y con la intención de socorrer la vida de su hijo, la madre retiró el calor, apagó el fuego y, seguidamente,  escondió la brasa restante donde nadie  pudiera encontrarlas. Desgraciadamente, el inexorable curso del destino se cumple y la brasa será finalmente quemada, dando por terminada la vida del héroe.
 

domingo, 12 de enero de 2014

Morir sin haberlo logrado. (Conocimiento guerrero)



Cerré los ojos para intentar dormir, y entonces me ví tumbada en una barca de madera que se mecía en las calmadas aguas de un estrecho. Avanzaba hacia el mar, y en las orillas ardían fuegos inmensos. ¿O era mi barca, la que ardía? En todo caso, se quemaba mi mundo.

Sollocé mientras contemplaba el resplandor naranja de las llamaradas que ascendían hacia el negro cielo de la noche, sintiendo una pena desgarradora. "Es el final del Norte. Se acaba una era, se acaba mi mundo" Y la nostalgia de un Norte que conocí, en el que fui parte de sus piedras, su nieve, sus aguas, su verde y su silencio, me atenazó el corazón. Ya no habría más de eso. Me había muerto tras una batalla que, además, había perdido la esencia genuina del Norte. Aquel mundo, que había sido el mío, se acababa.

Entregarme a la muerte, pues. No me quedaba otra. Dejar que mi cuerpo inerte fuera llevado por las plácidas aguas, sobre aquella barca, dejando atrás la devastación, la memoria, mi tierra, mi horizonte conocido...todo.

Finalmente llegué al mar. Allí me esperaba la niebla, flotando sobre las aguas. Su espesor húmedo y helado me envolvió. Un silencio absoluto, una quietud, y mi cuerpo ahí, estirado y amortajado sobre cubierta. Más entrega (y qué remedio) 

Es duro ser guerrer@ y morir sabiendo que no sólo no lograste proteger o restaurar tu tierra, sino que nadie mas de tu generación lo va a hacer, porque la guerra ya se ha perdido y el nuevo poder, contrario a lo que era la esencia que defendías, se lo ha comido todo. 

Hoy, muchos libros de autoayuda hablan del ser guerrer@, y dicen "No importa cuantas veces te hieran, o cometas errores. Lo que importa es levantarse cada vez". Son libros falsos y ficticios, no aptos para la guerra de verdad, porque no expresan la posibilidad de que mueras sin haberlo logrado. Insisten en que siempre se logra, inculcan la creencia de que no existe la posibilidad de no lograrlo al final. De que un día no puedas levantarte otra vez, y todo lo que te quede es entregarte a la muerte. Y de que, yendo más lejos aún, todo tu pueblo pierda la guerra, y además no quede nadie vivo capaz de recoger el legado espiritual, ni de reiniciar la defensa, la protección de lo que era justo y bueno preservar.

Perdimos el Norte. Y ya está. Y una "yo" que fui, murió en esa guerra.

Otros tienen al Norte en su poder, hoy. Otros se disfrazan de Norte y hacen ver que son eso, cuando no es verdad. Solo los muertos lo sabemos, claro. Los que morimos intentando detener aquello, lo sabemos. Hoy, muchos hablan del Norte sin saber que en realidad no lo están viendo, ni conociendo. Solo pueden describir a los que usan el poder del Norte a su manera, sin ser ni hijos del Norte, ni mucho menos sus amantes. Pero ¿acaso puedes conocer aquello a lo que no amas?

Amé tanto al Norte... Un dia fuimos uno. Ahora permanezco sol@, flotando en estas aguas, más muert@ imposible, esperando lo que sea que venga. Menos mal que yo sí pude recibir verdaderas enseñanzas guerreras, porque en éstas se me habló no sólo de la posibilidad de perder la vida sin haber logrado mi propósito, sino de que incluso se perdiera la batalla que luchaba mi tribu entera, y la batalla por mi Tierra. 

De esta manera, avisada y preparadaa, me ha costado menos afrontar la realidad. He vivido las peores posibilidades que como guerrera se puede vivir, los capítulos más amargos, pero esto entraba dentro de lo posible, eso es todo. Volvería a hacer lo que hice. Volvería a intentarlo, porque así es mi esencia, así es mi vocación. ¿Podría haber llamado vida a una serie de actos contrarios a mi naturaleza? Sólo puedo ser lo que soy, amante del Norte, guerrera, hija  y esposa del mismo.

Por fin, del silencio, el agua, la negrura y la niebla, surge la forma del Guardián de la Muerte. Se abre un vórtice, un remolino de aguas que empiezan a succionar mi barca y, por supuesto, a mí con ella. El Guardián me dice: "No temas, entrégate". Hace bien en recordarme que está ahí, porque su presencia me tranquiliza un poco ante la perspectiva del remolino. Es duro asumir que vas a ser tragado por un caos de aguas y oscuridad, cuyo resultado es incierto.

El remolino me traga. La barca se rompe en pedazos, mi cuerpo queda libre en las negras aguas. No veo absolutamente nada. Floto en los abismos y abro mis brazos en un gesto de entrega última, dejándome llevar. (De nuevo me digo: ¿Y qué le vamos a hacer? Cuanto antes me entregue del todo, mejor)

Silencio. Oscuridad. Mi cuerpo es succionado aún más profundamente, aguas adentro. Ya no siento nada. Todo desaparece.

...




Cuando abro los ojos otra vez, veo un águila con el cuerpo oscuro y la cabeza blanca. Estoy en otra parte, en una tierra muy lejana del Oeste, en un gran cañón de tierra rocosa y rojiza. Hay unas vistas impresionantes. El águila se fusiona con mi espíritu y abro los brazos, pero esta vez es para volar. Sobrevuelo el cañón, aunque estoy algo desconcertada, porque no entiendo por qué estoy aquí, ni dónde estoy. Pero me dejo llevar. A fin de cuentas, ¿no estoy ya muerta?

Entonces oigo una voz que dice: "Y ahora vas a recuperar tu espíritu". Me pongo en pie sobre un saliente del cañón y me muevo siguiendo gestos con los que reclamo, de manera silenciosa, a mi espíritu. Siento que voy a recuperar algo de alguna parte, aunque no imagino qué podrá ser.

Y aquí se diluye toda visión. Abro los ojos otra vez y se termina todo eco de otras realidades y de otro mundo. Lo nuevo está sin escribirse, y mientras espero que venga a mí lo que tenga que venir, estoy vacía. Inmensamente vacía.





miércoles, 20 de marzo de 2013

La nuez partida y ruptura entre sexos. (Conspiranoia total)





Voy a seguir con el tema de los hemisferios cerebrales, pero ahora lo haré con historietas chamánicas de mi cosecha personal, que para eso también soy contadora de historias.

En cierta ocasión me encontraba haciéndole una sesión de sanación a un amigo. Tuvo una especie de regresión catártica en la que recordó haber sido víctima de un sacrificio humano. El no creía en vidas pasadas,  y yo no lo tenía del todo claro, pero eso era lo que salía de su cuerpo dolorido: una memoria brutal y dolorosa de haber sido "sacrificado" de adolescente a algún "dios" exigente de carne y sangre. 
O no, porque igual el tal dios no exigía nada o ni siquiera existía como tal, y eran los humanos los locos obsesionados por "agradar" a no se sabe qué energía cósmica, a base de darle vida joven, sangre derramada. 

En fin, no lo puedo saber, porque eran mis primeros tiempos como chamanita en prácticas y no llegué a tanta averiguación, ni tuve tanta claridad. De hecho, el asunto se fue tornando turbulento y confuso en escala ascendente. Era como ir tirando del hilo de una emoción y sensación física, del cual iban saliendo historias encadenadas en diferentes tiempos y lugares, todas con el denominador común del "sacrificio" (ser sacrificado en aras de algún dios) Mi amigo flipaba porque era la primera vez que sentía algo así, pero yo también me estaba viendo afectada. (De hecho, casi siempre soy enormemente afectada por cualquier sesión realizada a otra persona, o incluso por el hecho de escuchar su historia o dialogar con alguien sobre determinados temas)

Y bueno, en esa "afectación", empecé a sentir que mi mente entraba en una especie de nebulosa y espesor. Me empecé a sentir extraña, como si fuera a perder el sentido de lo real, o me estuviera desorientando de alguna manera, y oí que mis Guías me decían que mi estado se debía a que se estaba removiendo, también en mí, una memoria muy profunda que afectaba a mi cuerpo de energía. Debía dejar mi rol activo en la sesión, tumbarme en otra cama (mi amigo ya estaba tumbado, con los ojos cerrados y relajado) y permitir que los Guías "trabajaran" con nuestra energía liberando los ecos de algo enquistado en nuestro ser, gracias a la sinergia que se había creado entre mi amigo y yo.

Así que me tumbé, cerré los ojos y en cuanto puse en segundo plano mi rol terapéutico y me puse receptiva a la sanación que yo también debía recibir, viví por mi parte una regresión extrañísima que explicaba la momentánea desorientación y nebulosa padecida. En ese "recuerdo", experimenté durante instantes fugaces cómo fue vivir en una época y mundo donde existía una armonía perfecta entre los dos sexos, es decir, entre hombres y mujeres. Había una comunicación plena entre ambos, no se producían esos problemas de comprensión mutua y respectivo desconocimiento a los que hoy estamos tan acostumbrados. Casi que nos entendíamos sin palabras y actuábamos unidos, sincronizados, sin chirridos ni disonancias. Pero entonces, una noche, sucedió "la distorsión".

Sí, suena extraño incluso para mí, hoy, decirlo así: ¡En una sola noche...! Ni siquiera estoy segura de que lo que recordé fuera literal. No sé si reviví una especie de resumen encriptado de una verdad más compleja o profunda. Pero, sea como sea, recordé que una noche hubo algo así como una "onda" de energía (¿electromagnética? ¿o de qué tipo?) recorriendo la faz de la Tierra y, al despertar, las mujeres y los hombres ya no estaban sincronizados ni armonizados. ¡De repente, y sin saber por qué, sintieron desconfianza mutua! Y surgieron los primeros malentendidos.

Recordé la primera angustia que conllevó sentir la súbita dificultad comunicativa, y lo que vino luego: las discusiones de pareja entre hombres y mujeres, las conversaciones absurdas o en bucle, que no conducían a ninguna parte. Recordé la "sensación de recordar", siendo una humana antigua, que "antes" nos entendíamos, y recordé el esfuerzo desesperado que hice por recuperar "lo de antes". Esa armonía que teníamos.

Al mismo tiempo, también sentí que ese recuerdo era medio inconsciente y ninguno de los dos sexos podíamos verbalizarlo claramente. Sabíamos algo, recordábamos algo, pero no podíamos expresarlo con palabras. Era como intuir un no se sabe qué o intentar traer a la consciencia algo que se te escapa una y otra vez. La frustración, entonces, nos dominaba, nos superaba, y acabábamos muy a menudo pagándolo con el otro: "¡No me entiendes! ¡No me escuchas! ¡Ya no te importo!¡Sólo piensas en tí!" etc.

Así surgieron los primeros llantos de impotencia y tristeza porque, asociada a la distorsión comunicativa, surgió por primera vez la sensación de soledad. La mujer empezó a sentirse sola junto al hombre, y viceversa. Enseguida se crearon los primeros conciliábulos de mujeres con mujeres para desahogar su frustración y criticar a los hombres, y de hombres con hombres haciendo lo mismo hacia las mujeres. 

Hasta entonces era normal que las mujeres estuvieran juntas muchas veces, pero no existía esa sensación de "sólo entre nosotras nos entendemos", y lo mismo había sucedido con los hombres. Había sido natural que hombres y mujeres formaran a veces grupos aparte, pero de ahí a reunirse para reforzarse haciendo complicidad "contra" el sexo opuesto había un trecho. Antes, por el contrario, el hombre y la mujer encajaban entre sí como las dos mitades de algo cuya naturaleza consistiera en fundirse suavemente entre sí, sin esfuerzos, pero tampoco sin reticencias. Y nada podía superar la complicidad que surgía entre ambos.

Yo estaba asombrada y a la vez acongojada por lo que estaba recordando, y no pude menos que gritar a los Guías (en silencio, para no estorbar el proceso personal de mi amigo) una pregunta: ¿Qué sucedió? ¿Qué estaba recordando yo exactamente? 

La respuesta me horrorizó: "Una manipulación". La imagen que acompañaba a esta respuesta era la de una especie de "espina" o cuña afilada introduciéndose sibilinamente entre nuestros dos hemisferios cerebrales. ¡Zas! Esa cosa de energía, finísima y afilada, había hendido nuestro puente calloso y había alterado para siempre la sincronización y armonía entre los dos hemisferios. En consecuencia, había introducido la división en el mundo, sobretodo entre lo masculino y lo femenino.

La repercusión que yo estaba recordando, esa especie de muro de distancia e incomprensión entre sexos, en realidad sólo era una de las diferentes consecuencias de la manipulación. Porque esa espina hiriendo nuestra unidad cerebral estaba distorsionando nuestra percepción y convirtiendo lo que veíamos en una eterna competencia, lucha y tensión entre dos bandos, y además lo estaba haciendo para siempre... Porque esto se iba a retransmitir de padres a hijos, y por lo tanto a perpetuar, salvo que uno llegara a "recordarlo", a "verlo" y así, consciencia mediante y con la ayuda de los Guías (símbolo y representación de las consciencias despiertas que viven más cerca de la Unidad), desintalara la maligna "espina" y se deshiciera de su efecto pernicioso.

No era casual, pues, que aquel tema hubiera surgido al ayudar a un amigo con quien, además, yo había tenido una relación afectiva en el pasado (aunque no prosperó) Estábamos constelando un drama antiguo porque, debido a nuestras diferencias y a nuestra historia común, estábamos en una situación idónea para hacerlo. 

¿Y por qué el tema había surgido a raíz de su regresión relativa a sacrificios humanos? Pues porque una idea tan aberrante como el sacrificio de un ser humano "para agradar a los dioses" o "a Dios", sólo pudo surgir en el ser humano una vez que éste perdió la comunicación plena y empezó, literalmente, a desvariar en su percepción del "otro", pero también de Dios y de Lo Sagrado. 


En fin: recordar la armonía perdida y la distorsión divisoria me mareaba. Realmente, lo más adecuado era permanecer tumbada en la cama y sin mover un dedo, porque pasé por unos minutos de total confusión en los que me parecía que había perdido el norte, las coordenadas, el sentido del tiempo. Sentía todo extrañísimo. Menos mal que oía a los Guías como a lo lejos, diciéndome: "No tengas miedo, respira, pronto se habrá terminado". Era como si me estuvieran "operando" en la energía y yo, tumbada en una camilla y medio anestesiada, estuviera sintiendo que mi cerebro era puesto del revés, removido, recosido, limpiado... qué se yo.

Luego pensé: "¡Qué bien, ahora mi entendimiento con el sexo opuesto será instantáneo, ya no viviré más distorsiones!". Y me imaginé viviendo de un modo beatífico, desconocido hasta el momento, sintiendo una comprensión absoluta e inmediata de todo. 

En fin, sueños eran, porque los Guías pronto se encargaron de decirme que los efectos de aquella "sesión" solo se notarían muy a largo plazo y que, además, yo no existía sola en el mundo. Y mientras la mayoría de mi sociedad tuviera la dichosa "espina" metida entre hemisferio y hemisferio, poco se podría hacer, ya que nos influimos mutuamente y constantemente. Es como lo que le sucede a quien nace "viendo" la energía, que al crecer entre "ciegos" se le quita esa facultad si no la comparte con nadie y si el mundo entero a su alrededor niega la capacidad visionaria. 

Nuestra percepción y nuestra mente es más compartida de lo que pensamos, por eso cuesta vivir ciertas verdades si seguimos inmersos en un mundo que las contraría. Sostener una visión distinta a la de la mayoría requiere un esfuerzo casi constante, o estar muy consolidado, y yo... ¡Bueno, he hecho lo que he podido! Hay lo que hay, y toca lidiar con un mundo muy polarizado, eso es todo.

La ventaja que sí me ha dado vivir aquella "operación de limpieza" tal vez sólo ha sido una: siempre me ha quedado el recuerdo de aquella "vida" distinta. El eco. La certeza de que hay otra forma de ser "hombres" y "mujeres" y entendernos, vivir juntos. 

En su momento escribí la regresión, la comenté con mi amigo, y de algún modo hice todo lo posible para no olvidarla, para que no volviera al mundo de las sombras. Por eso, muy de tanto en tanto, rememoro aquel día y atisbo, una vez más, el vértigo aquél de haber experimentado la armonía original, y luego la extraña manipulación nocturna. Despertarse y de repente desconfiar de tu compañero sin más, todo porque algo en tu cerebro se ha desencajado tan sólo una milésima de centímetro, muy poco, pero lo suficiente como para fastidiarlo todo. Y saber que, en algún tiempo, fuimos de otra manera. Que no es obligatorio ser como somos. 

También me sirvió para llegar a la conclusión de que, en realidad, tal vez ni siquiera sabemos, pero de veras, lo que significa ser hombre y mujer o vivir una relación de pareja. Nos basamos en lo que conocemos para dogmatizar, elucubrar, repetir y asegurar que las cosas son así, o asá, pero... ¿Y si fuera verdad que nuestro estado actual es un estado enfermo, distorsionado? ¿Cómo sería "ser" de otra manera? ¿Qué sabemos, en verdad, acerca de la humanidad? ¡Muy poco!

Por supuesto, en su día pregunté si aquella manipulación fue algo deliberado, porque no podía creerlo. Tal vez por influencia del mito de Adán y Eva, estaba predispuesta a pensar que todo problema posible es siempre culpa nuestra, que siempre todo se explica porque hicimos algo mal y por eso lo jodimos todo, así que no entraba en mis expectativas escuchar la respuesta que escuché: "Fue una manipulación deliberada". Me cayeron lágrimas al oírlo. Enterarme de que existe la crueldad deliberada hacia seres inocentes siempre me supera. Asumir que algo puede querer hacerte daño sin que tú le hayas dado, en teoría, motivos, es siempre una enormidad para cualquiera. ¡Parece tan injusto...! 

A través de mis lágrimas pregunté: ¿Por qué? Y la respuesta fue: "Para dominar a la humanidad. Divide y vencerás. ¿Crees que habría tanto sufrimiento y tantas guerras en el mundo, si el hombre y la mujer vivieran en la armonía original? ¡El amor mutuo entre sexos lo cambia todo...! Cuando Dios creó a los dos sexos, no era para que vivieran con sufrimiento la relación mutua, ¡sino al contrario!

Y aquí ya me acabé. Mi cerebro literalmente me dolía (supongo que mis esquemas mentales estaban saltando hechos pedazos), pero es que además una tristeza enorme me salía de dentro. ¡Ay...! ¡Qué nostalgia, qué desesperación! ¡Yo quería volver a vivir ese amor, esa unidad, "aquello"...! Sentí la misma tristeza desesperada que siento aún ahora, en las ocasiones en las que he discutido por tonterías con mi pareja, todo para darme cuenta horas después de que, ¡una vez más!, hemos hecho el idiota, "algo" nos ha nublado la mente, hemos vivido la distorsión y hemos salido de la armonía y sincronicidad que en otras ocasiones hemos experimentado. 

¡A veces me siento tan impotente...! Es como vivir en una pesadilla: sabes que solo es un estado, que muchas cosas percibidas son ilusorias y tramposas, pero caes de nuevo sin que te des cuenta en algunas de esas trampas. Dios mío... ¿No podemos vivir simplemente el amor que nos tenemos? ¿No puede ser todo más sencillo? ¿Quién odia tanto a la humanidad, quién quiere desgraciar el sagrado amor de las parejas? ¿Qué es todo esto? ¿O soy yo, que me he vuelto loca y busco culpables misteriosos y desconocidos en el exterior para atriburiles lo que solo es el fruto de mis propios errores?

Pero mis Guías insistieron en su versión del asunto, y no sólo ellos. En sueños a veces veo cosas similares a una "invasión" de la energía terrestre realizada desde el "exterior". Un "mal" extraño e innombrable, infeccioso aunque intangible, enfermando a nuestro mundo. Es algo, en verdad, muy enigmático. 

Desde el hemisferio izquierdo, o sea, poniéndome científica, me he llegado a preguntar si el desequilibrio de ciertas sociedades humanas y nuestra pérdida de armonía y unidad no tendrá su origen en algo así como virus o elementos nocivos llegados del espacio a través de meteoritos, y que sea "eso" lo que luego la mente traduzca como "entidades malignas distorsionantes", "demonios" y tal. A fin de cuentas, un desequilibrio bioquímico o un evenenamiento puede producir síntomas de perturbación emocional y mental, comportamientos desequilibrados. Entonces, y si esto fuera cierto, nuestro cerebro estaría haciendo algo así como dibujar en nuestra mente un monigote feo con grandes dientes y cara de mala ostia, todo para representar al virus/veneno de turno. Sería una estrategia infantil, pero efectiva para darnos un mensaje: estamos psíquicamente enfermos y, como colectivo, necesitamos desarrollar unas defensas específicas que combatan o anulen los efectos en nuestro ser de este "mal". 

Pero luego recuerdo aquella "onda" recorriendo la faz de la Tierra durante una noche, y no me cuadra con lo del virus. Y me sigo haciendo muchas preguntas. ¿Qué significa eso de que sucedió de noche, mientras el ser humano dormía

En fin, sea como sea, me cuesta asumir una intencionalidad de esa manipulación. ¿Por qué querría nada o nadie dividir a la humanidad, si esta división no ha hecho más que causar desastres en la Tierra, desastres que afectan a todas las otras especies vivas, y al mismísimo planeta? Me digo entonces que esta es una idea absurda, es algo totalmente conspiranoico. Y yo no quiero ser conspiranoica. (Ya sé que a veces parece que sí, pero en realidad me resisto mucho a estas ideas) 

En todo caso, la respuesta que los Guías me dan al "por qué" es otra pregunta: "¿Para qué partes una nuez, si no es para comértela?" Es decir: el cerebro se simboliza, en esta frase, con una nuez que "algo" o "alguien" parte en dos, con la intención de comérselo. Puf. ¿Quién o qué se come nuestro cerebro, entonces? (Su energía, quiero decir) ¡Buena pregunta! 

Y si os digo la verdad, todavía no tengo la respuesta. Eso sí, me gustaría averiguarlo antes de morirme para transmitir a otros el conocimiento que surja, sea éste cual sea (incluso si contraría todo lo que acabo de decir, y tengo que rectificarme) Porque aunque yo no sé si podré vivir, en mis días, una recuperación de aquella fantástica armonía original, no pierdo la esperanza de que otros seres humanos lo consigan. ¿Quién sabe? Pero para que eso suceda hay que compartir lo que se sabe.

Como chamana, me veo a mí misma como una celulita exploradora que sale a investigar, con la idea de retornar con las demás y contarles lo que ha visto. Y si todos hacemos lo mismo a nuestra manera, con nuestras particularidades y nuestros medios, tal vez algún día lleguemos a comprender lo que nos sucede como especie. Y entonces podríamos detener este desastre, este desenfreno "extinguidor" de vida y tanto sufrimiento.