Ayer pretendía hacer una regresión
para enfocar ciertas movidas que vengo arrastrando, pero cuando me
puse a realizar mi meditación encaminada a, primero, refugiarme en mi lugar seguro interno, un lugar que fuera sólo accesible a mí y a Dios,
vino una mujer nativa de otro lugar y me cambió los planes.
Es curiosa la instencia del "yo"
de querer planificarlo todo, y la insistencia de Aquello Que Es Más, en sorprenderme y mostrarme perspectivas en las que no he reparado.
Una vez hube especificado en mi interior que me iba a "recoger"
con el fin de encontrar ayuda y curación, la Tierra me condujo a un
espacio natural del desierto, y luego me ví tumbada sobre unas
esteras, y rodeada de espesos cortinajes de color granate oscuro.
Como si estuviera en una tienda del desierto.
Entonces una mujer mayor con pañuelo o velo oscuro en la
cabeza abrió las cortinas de mi pequeño espacio. Su rostro era
sonriente (ella se parecía a la mujer de la foto de arriba) y emanaba una gran bondad. Realmente, esa era la cualidad
principal que me transmitía, bondad. Sus manos arrugadas se
acercaron a mi pecho izquierdo, que ayer me dolía. En otras
circunstancias me hubiera sentido incómoda, pero aquellas manos
parecían desprender cariño y bondad como su dueña, y me dejé
tocar por ellas. La buena mujer empezó, así, a hacerme un masaje en el pecho, y
me dijo:
"Debes recordar que lo primero es,
siempre, atender los dolores del cuerpo. Si hoy te dolía el pecho
izquierdo, eso es lo que debías atender y enfocar, y postergar las
otras búsquedas espirituales. El dolor es como el hambre, es inútil intentar
enseñar al hambriento, si antes no le das de comer. Aquel que siente
dolores, necesita que atiendan primero a su cuerpo, y luego ya se
verá el resto".
La mujer, luego, me empezó a tocar con
sus dedos de un modo que era como si éstos "escucharan" mi
cuerpo. En silencio, le prestaban una atención total y absoluta. Así
que más que masajearme, aquellos dedos estaban actuando como oídos
atentos y cariñosos, recogiendo información de mi dolor.
Me puse yo también a escuchar mi
dolor, y me topé una vez más con algo que llevo tiempo sintiendo,
sin saber qué solución darle. es una mezcla de frustraciones,
tristezas y sentimientos de amargura e impotencia por logros no
alcanzados, sensación de fracaso y tristeza por no haber podido ser
madre otra vez. Era como si mi cuerpo tuviera un pensamiento fijo:
tenía dos tetas, pero le falta un hijo. Más en concreto, le faltaba la hija con la que llevo soñando años. Mi teta derecha estaba bien,
porque mi pequeño se duerme abrazado a ese lado y es como si ella le
diera amor. Pero mi teta izquierda se siente "llena" de
algo y al mismo tiempo desolada.
"Mal arreglo tiene esto -pensé para mí misma-
Porque tal y como está mi vida, es casi imposible que pueda ser
madre otra vez".
Pero la mujer parecía verlo todo desde otra
parte y de repente hizo algo inesperado. Me mostró un adorno
tradicional femenino en sus manos. Era una especie de cinta llena de
pequeñas moneditas cosidas, o medallitas brillantes, cosidas a la tela.
Entonces me dijo:
"Te voy a desvelar un secreto que
te puede servir, para que lo uses y lo COMPARTAS Al mundo. Entre mi gente, las mujeres teníamos una costumbre.
Llegada cierta edad, nos confeccionábamos una tira o adorno de este
tipo.
"Para ello, repasábamos nuestra vida, buscando aquellos
momentos y experiencias que sentíamos que habían sido un regalo
especial, algo maravilloso, o significativo para nosotras. Esos
momentos que te hacen sentirte afortunada y que, muy adentro, sientes
que son una bendición, y a veces (casi) un milagro, un golpe de
"suerte", algo muy bueno.
"Entonces, para cada bendición
experimentada en la vida, cosíamos o añadíamos una monedita a la tela,
dejando el diseño abierto para poder añadir moneditas conforme nos
sucedieran nuevas experiencias-regalo. De manera que ésta era la
verdadera riqueza que celebrábamos: no la de las medallas de oro,
plata o cobre que llevábamos encima, sino nuestra conciencia y
nuestro recuerdo de las bendiciones recibidas"
"Hazte un adorno a tu manera y a
tu gusto, en el que puedas ir poniendo moneditas o medallitas por
cada bendición que hayas recibido en la vida, pero especialmente en
los últimos 8 años, porque es ahí donde empezó la amargura que
hoy notas. Y ponte este adorno durante un tiempo, encima del cuerpo,
de manera que cuando te muevas, escuches su tintineo y notes su
sensación, su peso. El sutil sonido te recordará todo el brillo del
oro espiritual y las bendiciones que has ido recibiendo en ciertos momentos, y te
harás más consciente, también, de cada nueva bendición, pues
estarás atenta para añadir la monedita pertinente a cada nueva cosa
que vivas y que te haga sentirte "afortunada", regalada,
feliz."
"En nuestro caso, el tintineo y la
acumulación de moneditas, nos terminaban llevando muchas veces a un
estado de gratitud y alabanza a Dios constante. Entonces se
desataba algo adentro nuestro y acabábamos bailando y cantando
alabanzas desde el corazón, en el día a día. Las dificultades,
enfermedades y tragedias existían, pero nuestro empeño en recordar
las bendiciones nos hacían vivir la permanencia de la maravilla de
la vida, y la transitoriedad de lo desagradable y doloroso. Era como
tener un pájaro en el pecho, que cantaba todos los días..."
"Tu pecho izquierdo está lleno de
"algo", y yo no tengo el conocimiento necesario para decirte si volverás
a ser madre o no, pero sí puedo decirte que si entras en la gratitud
y la alabanza, "eso" que guardas dentro saldrá, porque se
volcará en amor hacia Dios, y descubrirás que no podrás sino
agradecer y cantar por la vida. Nadie te estará presionando para alabar a Dios, sino
que te surgirá sin más, porque estará saliendo una parte de tu
verdadera naturaleza, que ¡es así!"
Yo escuchaba, completamente sorprendida
pero también fascinada por aquella tradición o enseñanza espiritual de la
que nunca había oído hablar (mi mente racional tenía sus dudas, of
course, sobre si aquello era real o sólo producto de mi imaginación)
porque contenía una belleza, un significado profundo, y mucho
sentido místico. Pero además, una parte de mi ser estaba conmovida
por aquello y decía que le gustaba aquello, que era muy buena idea y que la
buena señora tenía razón, porque en ese mismo instante notaba que
en mi cuerpo y en mi ser entero estaba grabado el recuerdo de
momentos bellos y maravillosos que "siento" muy adentro que
han sido regalos, bendiciones, cosas muy especiales.
Así que empecé enseguida a
confeccionar una lista mental con las bendiciones y
regalos vitales experimentados en los últimos 8 años. Haber
conocido a mi ex pareja (que en su dia supuso una experiencia casi
increíble y maravillosa), el embarazo de mi hijo, poder parirlo tan
bien y en casa... mira, ya iban 3 moneditas. Luego pensé en las
publicaciones de mis libros, rayando en lo increíble (por lo
difícil que es hoy en día publicar con una editorial si eres
alguien desconocido y encima con seudónimo), y añadí moneditas para
los libros; luego...
Bueno, era increíble, pero la tira de
tela imaginaria con monedas iba creciendo, porque afloraba de mi cuerpo el
recuerdo de muchos otros momentos en los que sentí que vivia algo
extraordinario, aunque fuera pequeño e íntimo, como mis
paseos por el bosque del último año. Y eran cosas por las que,
efectivamente, había sentido mucha gratitud en su día porque podrían no haber sucedido, y sin embargo sucedieron, sin
que realmente fuera "sólo yo" la que lo hubiera
conseguido, sino que fueron necesarias confluencias de factores muy
laboriosas y complicadas para que aquello terminara siendo.
La mujer sonreía en silencio, y cuando
le dije que seguiría su consejo, asintió sin dejar de sonreír.
Luego me dijo que aquella tradición se había perdido hacía mucho,
y hoy en día las moneditas colgando de la ropa o de joyas femeninas
sólo se veían como adornos para seducir, agradar o como
ostentación de poder económico. Pero eso no siempre fue así, o al
menos "no fue así en todas partes". Hubo por lo menos un
colectivo donde las mujeres guardaban este "secreto" entre
ellas y lo vivían para sí. Esa era su vida mística, secreta hacia la
sociedad, pero compartida y retransmitida entre ellas.
- Pero ¿cómo es entonces que tú no
llevas estos adornos? -le pregunté, pues la mujer vestía muy sencillamente y no llevaba adorno ninguno.
Y me dijo: "Porque si vas integrando el
agradecimiento y las bendiciones en tu ser, y te vuelves plenamente
consciente de ello, llega un momento en que dejas de necesitar los
recordatorios externos. Toda tú te llenas de moneditas, y
necesitarías de hecho una túnica llena de moneditas que te recubriera completa, porque
si entras en el espiritu de gratitud, terminas loando a Dios por cada
respirar, por cada momento... Los objetos devocionales dejan de ser
necesarios cuando todo tu ser es devoción, alabanza, gratitud. Así
que llegaba un punto en el que liberábamos la materia retenida en
moneditas y se las dábamos a otras o las empleábamos en otras cosas,
porque ya no las necesitábamos."
"Cuando te vuelves "recuerdo
completo" y constante de las bendiciones, dejas de existir como
lo que eras, un ser demandando ayuda constante por sentirte
desamparado. Te conviertes sólo en gratitud y alabanza. Y estas
son puertas al Amor, así que terminas convirtiéndote en un flujo
de Amor en el Universo. Y te sientes tan colmada que no sientes otra
necesidad salvo la de dar y liberar a otros tu riqueza..."
Me quedé sin palabras. Convertirse en
"Flujo de Amor" en el Universo. ¿Qué se podía decir ante
eso? Pero la mujer sí tenía algo que añadir:
"Los adornos y objetos
devocionales son necesarios cuando se vive en el olvido. Pero cuando
se vive en el recuerdo, ya no. Si usas durante un tiempo algo que te
recuerde cuántas bendiciones recibiste y vas recibiendo, tu ser irá
integrando el recuerdo y saldrás del olvido. Y puede que así se te
desate el canto de adentro. Porque todas las almas son como un pájaro
en cierto modo, y necesitan cantar. Pero cada alma tiene su manera de
cantar, y tú aún no has descubierto la tuya, y desconoces tu "voz",
tu sonido real"
"¿Sabes? - Añadió la mujer, ya
para acabar de dejarme sin palabras- Algunas de entre nosotras llegaron a estar tan
plenamente "cubiertas" de moneditas gracias a su vivencia
de la gratitud y la alabanza, que se convirtieron en oro todas ellas.
Y no les cabía ni un poquito más de oro. Aunque ya hacía tiempo
que no llevaban adornos, habían ido integrando cada destello de oro,
cada bendicion, hasta llenarse de la cabeza a los pies y finalmente
convertirse en eso.
"Entonces ellas se disolvieron en ese oro,
desapareciendo del mundo en una especie de suave explosión de luz que
dejaba tras de sí una nube de partículas doradas, un sonido
tintineante y alegre, y una ola de éxtasis que nos alcanzaba a todas
las compañeras que permanecíamos con ella para despedirla. Porque entre nosotras, todo lo compartíamos".
¡Oh Dios mío! Mientras la mujer me
decía eso yo veía en mi mente una escena: mujeres del desierto
descalzas, bailando en trance, como dando vueltas sobre sí mismas,
con las manos y los rostros elevados hacia el cielo, sin orden pre
establecido, espontáneamente, y cantando, emitiendo sonidos de
alegría, mientras una especie de destellos dorados caían suavemente
y centelleando sobre ellas. Recibían una bendición póstuma, un
regalo de su compañera, que había transitado de este mundo a otro
estado, de un modo incomprensible para mí, pero bellísimo.
En alguna parte estaría el cadáver, o
no, pero eso era secundario. Lo principal era aquello de "convertirse
en oro espiritual" y disolverse en él, y luego desaparecer,
desintegrarse, sembrando a las amigas y amadas con un regalo final.
Aquello era tan bello y tan poderoso, era una cosa tan amorosa y tan
inmensa, que no podía soportarlo casi, y me puse a llorar, llena de
un nosequé y una especie de nostalgia tremenda. ¡Quién pudiera
vivir algo así...! O algo similar siquiera...
"Está en tu posibilidad hacerlo -me dijo la mujer- Pero primero empieza por el principio: por las
moneditas. Haz como las jóvenes de mi pueblo: necesitas empezar por
recordar."
Me había quedado sin palabras. Y mi
pecho ya no me dolía. Yo lloraba nada más, y quise agradecerle a la
mujer todo aquello. Tal vez había algo que pudiera hacer por ella,
para devolverle la ayuda prestada.
Me acabó de "matar"
cuando me respondió lo siguiente: "Yo trabajo para Dios y Dios
es Quien me "paga". No me tienes que retribuir de ninguna
manera "tú", porque probablemente no aciertes a darme lo
que es justo para mí, o lo que necesito. Y no tengo que decirte yo un
"precio" porque ni squiera yo sé cuánto "vale"
lo que te he hecho y lo que te he contado. Sólo Dios lo sabe.
"Las
personas que trabajamos para Dios no podemos cobrar por lo que
hacemos, porque sería un disparate, un error seguro. Pero es que
tampoco se nos ocurre someter nuestro acto a un intercambio. Porque
es otra clase de acto."
"Escucha: Dios es sabio, Dios es
justo. Dios es bondad y derrame constante de bendiciones. Es como el
Sol. En el mismo momento en que te estoy ayudando, Dios me está
bendiciendo para que todo en mí siga en equilibrio, y me suceda lo
mejor. El Sol está aquí sobre nosotras y te sana a tí y me baña a
mí. No me debes nada. No quedas en deuda. Estamos ambas bañadas. Y
puesto que fue Dios quien me trajo hasta tí, y todo corre de Su
cuenta, despreocúpate y estate feliz y tranquila, porque tal cual
está sucediendo esto, seguro que es justo, es sabio, y es bueno"
Me sentí abrumada por la fé de esa
mujer, por su perspectiva (que me seguía rompiendo los esquemas) y
por la grandeza de su generosidad y entrega, pero insistí: "A
pesar de todo quiero darte algo".
- ¿Y qué vas a darme? -me dijo- ¿Un
objeto, que me pesará con el tiempo y no me lo voy a poder llevar al
Final? ¿Qué vás a darme? ¿Qué tienes para darme?
Me quedé unos segundos sin respuesta
hasta que sentí en mi interior la realidad: en verdad yo sólo
quería expresarle gratitud-amor, decírselo de alguna manera. Pero
realmente no tenía manera de saber "qué" podía ser útil
o bueno para ella, que ni siquiera era "física" o una mujer de
carne, con lo cual...
Y me dijo: "Tu amor ya me llega. ¿Ves? Ya me
estás dando algo "a cambio" de mi ayuda. Dios ha puesto
amor en tu corazón y éste brota de tí hacia mí. Vívelo, yo lo
recibo, y ahora nos convertimos ambas en un Flujo de Amor en el
Universo. Y eso Ya Es Todo."
Ya Es Todo.
Puf. Mis lágrimas me sacaron del
trance, se diluyó todo, y mi conciencia volvió a la normalidad
completa. Estaba en la gran ciudad, en el siglo XXI, en mi cama... Y volví a lo diurno, a
lo de cada día, pero intentando no olvidar lo escuchado, para
intentar poner en práctica el consejo.

***
Esta mañana, cuando volví a retirarme un rato, una visión interior me mostró la imagen de
una mujer madura que acaba de morir. Estaba tumbada, vestida con
velos y llevaba varios adornos de ésos con moneditas o medallitas.
Muchas. En la cabeza, el cuello, la ropa... Sentí que era una imagen
asociada a un legado que deseaba ser retransmitido, y escuché una
petición: "No olvides compartir el regalo. No deseamos que
nuestro secreto y nuestro conocimiento queden relegados
al olvido y se desaproveche su utilidad y su riqueza. En su día, las
últimas de nosotras no pudimos retransmitir más a otras jóvenes
nuestro "oro" y nuestro saber, pero esto es patrimonio de
la humanidad y otras mujeres pueden recibirlo, si hablas de ello".
-¿Y es algo sólo para mujeres?-
pregunté.
- Las mujeres reciben las mayores
bendiciones, porque se asocian a ser madre y albergar la vida. Dios
pone oro en el interior de la mujer, pero no es sólo para ellas sino
también oro añadido para que puedan gestar, y para que cada nuevo
ser que se gesta tenga su nutrición de oro y pueda construirse, con
lo que su madre le da, un núcleo dorado interno.
"Una mujer puede
llegar a ser como una vasija totalmente recubierta de oro por dentro.
Pero por esta misma razón, fuerzas codiciosas las han cercado muchas
veces, para aprovecharse del "oro" de las mujeres y tomarlo para sí, robándoselo a ellas y a sus pequeños.
"De manera que
algunas mujeres pensaron la manera de expresar su gratitud y
mantenerse en el recuerdo de tantas bendiciones sin resultar
evidentes, encriptando su misticismo, y velando con secreto ciertas
experiencias internas. En un contexto difícil, hay que aguzar el
ingenio para lograr mantenerse centrada en lo que verdaderamente
importa.
"Un hombre también podría vivir esto, pero en tu mundo ellos no
se adornan así. Tendrían que buscar una manera personal de ayudarse a
recordar y entrar en la gratitud. Yo sólo puedo hablarte de mi
tiempo: ellos no compartían sus ritos con nosotras, y nosotras
creamos los nuestros para poder vivir el éxtasis y la gracia, pero
también para preservarnos "doradas" y preservar también
el oro que nuestros hijos e hijas necesitaban recibir desde nuestro ser".
Y eso fue todo. La imagen del
enterramiento de la última mujer conocedora de aquella
tradición se disolvió, y me vine corriendo al ordenador a ponerlo todo por
escrito, y compartirlo por aquí, antes de que se me olvide.
Se me caen las lágrimas otra vez.